Plan B: opciones para disfrutar Buenos Aires este fin de semana largo

Plan B: opciones para disfrutar Buenos Aires este fin de semana largo

Desde salidas en bicicleta o lancha hasta juegos de escape, alternativas originales para divertirse en la capital argentina. Recorridos alternativos para conocer la otra cara de los espacios públicos y la noche porteña.

La Ciudad de Buenos Aires es generosa: cafecitos, restaurantes, teatros o discotecas. Y, cuando llega la primavera, sus parques se llenan de familias que salen a respirar naturaleza. De día, tarde y noche, las altas temperaturas empujan a salir y redescubrir la ciudad.

“En primavera y verano crece notablemente la demanda de opciones de esparcimiento al aire libre. La gente busca experiencias recreativas para distenderse en un momento del año en el que el cansancio es mayor”, comenta Pablo Hauscarriague, Country manager de Eventbrite. Turismo en bicicleta, visitas guiadas por el casco histórico, recorridos por ferias artesanales, salidas fotográficas y encuentros deportivos son algunas de las actividades que –según esta plataforma online para encontrar y organizar eventos– más se están ofertando.

Antes de que el sol de la tarde caiga, las actividades deportivas son las preferidas. Y, entre las más turísticas, está la de conocer la ciudad en bicicleta. Puerto Madero, La Boca, la reserva ecológica, los lagos y bosques de Palermo y Recoleta son los circuitos más elegidos. El concepto de turismo en dos ruedas floreció hace por lo menos 10 años. Más acostumbrados a pedalear las ciudades, los extranjeros –fundamentalmente, europeos– fueron los primeros en adoptar esta actividad en Buenos Aires. Sin embargo, con la construcción de bicisendas y la opción gratuita de alquiler de bicicletas, el público local también comenzó a volcarse a esta actividad.

Ahora bien, como no todos saben andar en bicicleta y el buen tiempo motiva a muchos a saldar esta cuenta pendiente, se volvió a abrir, por sexto año consecutivo, la inscripción a la biciescuela para adultos de Ciclofamilia, una organización fundada por Marcela Espósito y Fernando Rinaldi, un matrimonio amante de la vida en pedales. Las clases se dictan los fines de semana con reserva previa en el predio de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, duran dos horas y los grupos no superan las seis personas. Las clases tienen un valor de $ 400 cada una e incluyen las bicicletas; en caso que un alumno tenga la suya y la quiera usar, el arancel es de $ 300. “Si bien depende mucho de la destreza y el deseo de cada uno, estimamos que para que el alumno pueda hacer sus primeros trayectos solo necesita tomar entre cuatro y seis clases”, explica Espíndola. Para Ciclofamilia, pedalear no es lo mismo que conducir, por lo que también enseñan teoría para que las personas sepan manejarse en la calle interpretando no solo las señales de tránsito sino también al resto de los conductores.

1. Desde el agua

Luego del recorrido en bicicleta, y antes o después del almuerzo, se puede hacer un paseo fluvial que permite conocer Buenos Aires desde otra perspectiva. Para una ciudad que creció dándole la espalda al río, el mejor lugar para apreciar el Río de La Plata –el más ancho del mundo con sus 219 km– es navegándolo.

Postales de Buenos Aires es la propuesta de Sturla Viajes para quien quiera conocer la metrópoli en una escapada náutica de 30 minutos. La embarcación, que tiene capacidad para 88 personas, navega hacia el este unos 6 km hasta donde se obtiene una vista panorámica de la ciudad. Atrás van quedando los vidrios espejados de los edificios de oficinas que, cual gigantes, tapan el paisaje del río a los porteños. A medida que se avanza, esos monstruos van quedando pequeños ante la maleza de la reserva ecológica que se va visualizando cada vez con más fuerza. Dock Sud, La Boca y sus barcos; el paisaje del sur de la ciudad y el Gran Buenos Aires ganan protagonismo.

“Las personas se sorprenden con el río, no pueden creer lo inmenso que es, incluso muchos creen que es un mar”, cuenta Pablo González, del departamento comercial de Sturla. Durante los recesos de vacaciones de verano e invierno son más los turistas locales que se embarcan, mientras que el resto del año se destacan los brasileros, alemanes e ingleses. Por ello, remarca González, la lancha cuenta con un servicio de audioguía en español, inglés y portugués. La salida es cada media hora desde la Dársena Norte en Puerto Madero.

2. Tours porteños

Para cuando va cayendo el sol y Buenos Aires hace honor a su apodo “La París de América del Sur”, vale la pena levantar la mirada porque la ciudad también transcurre por sobre nuestras cabezas. Este es un tour que trasporta al peatón por un viaje al pasado y a deleitarse con su arquitectura art decó, art nouveau, neogótico y francés borbónico. Sin despegar los pies de la tierra, Europa se hace presente gratuitamente. “Hoy, la ciudad se vive como un museo a cielo abierto”, asegura Mariela Blanco, quien, junto al arquitecto Horacio Ludigliani, acaba de publicar Leyendas de Ladrillos y Adoquines (DUNKEN).

Para ella, hay tres visitas que son imperdibles y están al alcance de cualquier viajero: el Café Tortoni, el Zanjón de Granados y el Teatro Colón. “El primero por toda la cultura popular que habita en las paredes, el segundo porque es un viaje a las mismísimas entrañas de la ciudad y el tercero porque el hecho artístico sobre el escenario compite todo el tiempo con la obra arquitectónica que lo contiene”, argumenta. Para escribir el libro, Blanco gastó zapatos visitando museos, calles y ferias. Lo que lo que le llamó la atención fue no solo la amplia oferta de visitas guiadas, sino la presencia de jóvenes locales sub-40. “Esto demuestra el interés por conocer nuestros baluartes arquitectónicos dentro de un circuito cultural alternativo al cine o al teatro, hasta ahora reservado a turistas”, opina.

Buenos Aires es cuna también de decena de historias misteriosas, algunas reales y otras inverificables convertidas en leyendas, pero que muchos quieren conocer: los fantasmas de la cancha de Boca, la historia del asesinato del arquitecto del Teatro Colón, los fantasmas del Banco Nación de Plaza de Mayo, las leyendas del Castillo de La Boca y la historia de Santa Felicitas son solo algunos de los misterios que esconde la capital argentina y que Diego Zigotto, de la agencia de viajes que lleva su apellido, devela en un tour todos los viernes y sábados desde hace 13 años. En sus inicios, el circuito temático trataba de historias de fantasmas, pero, según el empresario, los turistas quedaban desilusionados por no poder ver ninguno –una demanda imposible de satisfacer y onerosa para efectos especiales–, por lo que decidió cambiarle el nombre “Fantasmas en Buenos Aires” por “Buenos Aires Misteriosa”, jugando con el título del libro de Mujica Lainez.

En los recorridos se cuentan historias de crímenes y leyendas urbanas, y el toque mágico lo da Alejandra Parets, una narradora que acompaña a los pasajeros y que, con su relato, los va trasportando a las escenas de esos escalofriantes relatos. El traslado, de todos modos, es tanto imaginario como físico, ya que se los llevan a los lugares donde transcurrieron los hechos. Con excepción del que va al cementerio de la Recoleta, que sale un domingo al mes por la tarde ya que el predio cierra a las 18 hs, todos los recorridos son de noche cuando los vampiros y fantasmas salen al acecho. Por lo general, se trata de grupos de 45 personas y van en un micro que sale de Plaza Congreso, siempre con reserva previa. Cuesta $ 190 por persona y dura dos horas y media. “La actividad está pensada para el turismo local de todas las edades. Vienen de centros de jubilados hasta grupos de adolescentes; en ocasiones nos contratan para festejar cumpleaños”, comenta Ziggioto, quien, además, es el autor de Buenos Aires Misteriosa, un libro en el que cuenta algunas de las historias del tour y otras también.

3. Largas noches

Hablando de misterios y escapadas,  al terminar la jornada, Juegos Mentales es una de las alternativas de la noche porteña. Conocida en el exterior como Escape Room, se trata de una actividad lúdica que tuvo su origen en Japón cerca del año 2008. ¿Su meta? Lograr escaparse de una habitación cerrada resolviendo pistas y acertijos que van abriendo candados y cerraduras.

“La idea se inspiró en los videojuegos y cuentan que se inició cuando el dueño de una empresa vio que todos sus empleados jugaban a ese juego y decidió encerrarlos para ver cómo se desenvolvían en una situación real”, cuenta Danil Tchapovski, quien importó la idea en 2015 y fundó la versión local. La primera sala de Juegos Mentales fue la que está en San Telmo, donde funcionan dos opciones de escape: “Robo en el Museo”, en que el participante se convierte en un ladrón de piezas de arte; y “Hospital Psiquiát”, en la que debe escaparse de tres habitaciones en una hora.

Tchapovski reconoce que, cuando conoció el concepto en el exterior, le pareció ridícula la idea de pagar para que lo encerraran, pero que quedó fascinado cuando probó la actividad. En Buenos Aires hay tres sucursales de Juegos Mentales (Palermo, San Telmo y Recoleta), también hay una en Montevideo (Uruguay) y nueve experiencias para probar. Además, están por abrir una en Ramos Mejía y ya están avanzando para desembarcar en Colombia y Paraguay. La expansión es necesaria para que, a medida que los participantes vayan resolviendo cada sala, puedan tener más alternativas de juegos. Por lo general, es una actividad que les gusta a hacer a jóvenes de entre 15 y 30 años, y muchos van en familia. Las salas están habilitadas de lunes a sábado desde las 11 hs hasta las 24 hs; aunque los fines de semana el horario se puede extender un poco. Para participar, hay que inscribirse a través de la web: un juego cuesta $ 899. No obstante, según Tchapovski, por la cantidad de promociones que hay, se puede acceder pagando hasta un 50 por ciento menos.

Para terminar el día, las parejas pueden optar por pasar una noche romántica fuera de casa. En esa línea, Carles Hotel –en Retiro, frente al imponente Palacio Estrugamou– ofrece un servicio que promete ser de ensueño: un gran ramo de flores, un burbujeante champagne y alguna rica delicatessen para saborear van a estar listos cuando lleguen a la habitación, que por supuesto está totalmente equipada con televisor, cama king size, minibar y caja de seguridad, entre otras cosas. “Por lo general, el servicio lo contratan parejas argentinas para festejar su aniversario o pasar la noche de bodas previa a la luna de miel”, cuenta Alejandra Castro, del departamento comercial del hotel.

Los valores arrancan en $ 2500 (más impuestos), dependiendo de si se trata de un día de semana o fin de semana. La entrada es a partir de las 15 hs y las parejas pueden extender su horario de salida: en vez de retirarse a las 12, tienen tiempo hasta las 14, por lo que la estadía es de casi 24 horas.

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