MIÉRCOLES 13/11/2019
El skyline de Panamá City es una imponente sucesión de rascacielos al borde de la costa del Pacífico
El skyline de Panamá City es una imponente sucesión de rascacielos al borde de la costa del Pacífico

Panamá: las claves ocultas de un paraíso de ley

Compras, convenciones, turismo extremo: el país centroamericano dejó de ser un mero hub aéreo para convertirse en un destino por derecho propio.

La cara turística de Panamá es muy distinta a la que muestran habitualmente los noticieros. La plaza financiera y el Canal son apenas dos facetas de un pequeño pero intenso territorio donde se puede vivir una multiplicidad de experiencias turísticas. En el mismo día se pasa de los lujosos pasillos de los shoppings a los senderos más cerrados de la jungla, se come en los restaurantes gourmet más renombrados y en una choza con una familia indígena, se recorren las playas bañadas por el mar Caribe en un pequeño bote y se navega entre los cargueros más grandes del mundo.

 

Panamá City, meca de shoppaholics

Ciudad de Panamá es una de las más pujante de América latina y el Caribe, ya que en los últimos años ha sido destino de grandes inversiones vinculadas a la industria del turismo, desde el presidente estadounidense Donald Trump, quien construyó una de las torres más reconocibles, hasta la cadena Hard-Rock Café, que estrenó un gran complejo de entretenimiento con hotel y restaurantes incluidos. Además, Panamá City se posicionó como una plaza de centros comerciales donde las marcas exclusivas se consiguen a precios más atractivos, incluso, que en el free shop del aeropuerto. La vida nocturna es igualmente intensa, ya que ofrece desde discotecas design hasta bares temáticos al pie de la selva de rascacielos que caracteriza al skyline de la urbe.

La Ciudad Vieja, por su parte, está en pleno proceso de restauración, y poco a poco también va dando espacio a nuevos edificios entre sus construcciones históricas. Desde el Cerro Ancón, una colina de más de 200 metros en pleno centro, se aprecian mejor esas dos caras: por un lado, el barrio de campanarios y techos bajos de la Panamá vieja; por otro, la imponente sucesión de buildings que se extiende al borde de la costa del Pacífico.

 

Naturaleza en exposición

El Museo de la Biodiversidad es el más flamante de Panamá. Abrió sus puertas a fines de 2014 en un edificio muy llamativo que es, además, la única obra del arquitecto estadounidense Frank Gehry –autor del Guggenheim de Bilbao, España– en América latina. Los paneles superpuestos que dan forma a su techo forman un mosaico de colores vivos en la entrada del Canal, de forma tal que se lo puede contemplar, como si fuese un hito geográfico, desde varios puntos e inclusive rutas costeras del centro de la ciudad. Recorrerlo es una buena manera de empezar una estadía en Panamá, porque allí se explica todo lo que se podrá descubrir, luego, en términos de paisajes y naturaleza: desde la formación del istmo hasta su rol como puente biológico entre las Américas. De hecho, la sala más llamativa es la del Gran Intercambio, donde reproducciones a escala de los animales actuales y los ya extintos indican cómo la fauna pasó de un subcontinente a otro a lo largo de los últimos 3 millones de años.

Bio Museo

 

Boquete, los cafés más caros del continente

En la frontera con Costa Rica, las montañas se elevan y las temperaturas bajan. Boquete, la capital de esta región, tiene un aspecto alpino-tropical, dado que fue poblada por familias de escandinavos que, tras participar en la construcción del Canal, decidieron afincarse en el país. El hotel histórico, por ejemplo, perteneció a una familia sueca y recuerda que en su suite principal se alojó la actriz Ingrid Bergman. No muy lejos, es un noruego quien fundó la Finca Lerida para cultivar café. Sus sucesores lograron reconocimiento internacional con la variedad geisha, derivada de una especie oriunda de Etiopía que encontró, en las faldas del volcán Baru, el clima y el suelo ideal para crecer. Hoy, los cafés de Boquete se cotizan entre los más caros del continente. Entre ellos se incluyen los de la Finca Lerida, que está abierta al público para mostrar el proceso de cosecha y secado de los granos. Mientras se recorren las plantaciones, se pueden observar decenas de colibríes. También se puede pernoctar en la plantación y, desde allí, coordinar salidas de avistaje de fauna autóctona, especialmente monos, perezosos y una especie de coatí al que llaman gato solo.

Finca Lerida

Esclusas célebres

Imposible visitar Panamá sin conocer el Canal. El tour clásico es el de Miraflores, el complejo de esclusas más cercano al centro de la ciudad. El pequeño centro de interpretación está en vías de reabrir sus puertas, con salas ampliadas y exposiciones a la altura de la obra de ingeniería de referencia. El Canal se puede observar, también, desde el mirador situado en uno de los extremos del Puente de las Américas o desde el Cerro Ancón. Allí se ve con claridad el nuevo paso, perforado al lado de las esclusas, para recibir a los buques de calado Neopanamax. Las demás compuertas están en Colón y en Pedro Miguel. Gracias a estas obras de hidroingeniería, los barcos pueden cruzar de un océano a otro por el lago Gatún y a 25 metros por encima del nivel del mar.

Canal de la Mancha

Experiencia con los nativos

En la Ciudad Vieja de Panamá es común cruzarse con mujeres de la etnia kuna vistiendo, con orgullo, los trajes tradicionales de su cultura. Siete grupos de habitantes originarios tienen reconocimiento oficial en el país. Los quera, por su parte, eligieron vivir del turismo: se mudaron a orillas de un recodo del río Gatún y se organizaron para recibir a visitantes que, durante un día, pueden compartir sus actividades cotidianas. Se llega a bordo de una piragua, remontando el río hasta el pueblo, donde varios miembros de la comunidad esperan con una demostración de música y danzas. Durante la jornada, abren las puertas de su asentamiento, especialmente la pequeña escuela, la pista de aterrizaje de helicópteros y las chozas que están preparando para servir de cabañas turísticas donde, pronto, se podrá pernoctar. El almuerzo compartido consta de platos típicos a base de pescados y plátanos fritos. Luego, se realiza un paseo con ‘el sabio’ del pueblo, encargado de mostrar la farmacopea natural que cultivan los quera. Otras opciones son tratar de avistar perezosos en la copa de los árboles, hacerse tatuajes vegetales o intentar convencer a la mascota del pueblo, el tucán Tonny, para que pose para una selfie.

La versión original de esta crónica fue publicada en la edición 183 de Clase Ejecutiva, la revista lifestyle de El Cronista