Turismo en las Islas Malvinas: la historia el faro que dejó de brillar

Turismo en las Islas Malvinas: la historia el faro que dejó de brillar

Ubicado en el punto más al este de la Isla Soledad, y a sólo 14 kilómetros de Puerto Argentino, es uno de los atractivosmás importantes de la zona.

Que algunos faros estén localizados en lugares recónditos y de difícil acceso no es ninguna novedad. Sin embargo, ciertos ingredientes hacen que la visita al faro del cabo San Felipe (en inglés Cape Pembroke) le otorgue a este coloso un halo de misterio, romanticismo e historia. El faro no está habitado, por lo que para poder acceder a él y conocerlo por dentro se debe pedir la llave en el museo local de la ciudad. Allí se abonan 5 libras esterlinas -destinadas a la fundación que mantiene el faro- y el turista se lleva algo más parecido a una pinza de fuerza (de casi dos kilos) que a una llave.

Algunos años atrás, para llegar al faro había que caminar varios kilómetros por un terreno fangoso y muy desparejo, por lo que el acceso al mismo era difícil y cansador. El frío, el rocío y la lluvia eran otros condimentos que hacían de esa caminata una aventura desafiante. Pero esta construcción ha atraído la atención de tanta gente que el Gobierno de las islas construyó un camino que finaliza a metros él y se puede transitar con cualquier vehículo.

Al subir los escalones que conducen hacia la puerta del faro se genera un interrogante: ¿cómo funcionará la inmensa llave? Luego de algunos minutos de prueba y error, maña y algo de fuerza, la pesada puerta de metal negra se abre. En su interior, fotos y dibujos que cuentan la historia del faro son exhibidos en vitrinas que le permiten al viajero conocer parte de sus secretos.

El primer faro se construyó en madera durante el año 1840 y sus colores eran rojo y blanco; mientras que en el año 1854 se lo reemplazó por una torre metálica prefabricada en Londres, que si bien mantenía los mismos colores tenía 60 pies de alto e iluminaba a través de 18 lámparas fijas que quemaban aceite de semillas de colza canola. Su luz alcanzaba unas 14 millas náuticas, siempre y cuando las condiciones meteorológicas fueran buenas.

En 1904 se construyeron nuevos cimientos porque los del primer faro, que eran de madera, estaban muy deteriorados. La nueva base de cemento se hizo a unos 200 metros hacia el oeste de su posición original y, en 1907, con sus nuevos 70 pies de altura, finalmente renació. Su sistema de iluminación a base de parafina, con una luz en forma de destellos y su nuevo alcance de 16 millas, cuidaba y vigilaba los mares de esas lejanas latitudes mejor que antes, hasta el día que dejó de funcionar.

Las escaleras de su interior son sumamente empinadas, se deben utilizar ambas manos para afirmarse. En el primer descanso está la maquinaria que hacía funcionar el faro, y un poco más arriba, lo que queda de su linterna; desde allí, la vista del paisaje es conmovedora. Las rocas de la costa, que son fuertemente golpeadas por el mar aun en días de calma, denotan la importancia que tenía su luz y alerta.

Asimismo, en una recorrida por las inmediaciones del lugar es posible ver la hélice que perteneció al Atlantic Conveyor, un buque de la marina británica que fue hundido durante el conflicto bélico de 1982. En 1990 se lo restauró por última vez y se lo dejó "listo", pero sólo para que pudiera ser visitado.

Al cerrar la puerta del faro los visitantes tienen sentimientos encontrados. Por un lado, la emoción de saber que este coloso aún continúa allí, cuidado, erguido y fiel, aunque el hecho de que su luz no sea más una guía provoca cierta nostalgia. El punto de inflexión de este faro fue la guerra de las Malvinas, porque a partir de abril del '82 dejó de brillar. Según cuentan algunos locales, el apagón sucedió por motivos estratégicos, pero tal vez, como dicen otros, simplemente ya era obsoleto.

Sea cual sea el motivo real de esa decisión, su destello, que nunca más ha cobijado a los navegantes que se animan a sortear las salientes rocosas del cabo, no ha opacado su luz interior que sigue despierta y mantiene la esperanza viva de que algún día pueda ser puesto en funcionamiento nuevamente.

¿Cómo llegar?

La única compañía que vuela a las Islas Malvinas es Latam. Es un vuelo semanal que sale de Santiago de Chile, realiza escala en Punta Arenas y aterriza en la Isla Soledad. La mejor opción es viajar desde Río Gallegos, ya que según el cronograma de la compañía, una vez por mes el vuelo proveniente de Chile toca suelo patagónico argentino antes de seguir hacia su destino final.

¿Dónde hospedarse?

El Hotel Malvina House está ubicado en la calle principal que balconea al mar. Habitaciones muy cómodas, excelente atención y un restaurante de sabores locales e internacionales marcan la diferencia. Además, cuenta con un destacado bar con muy buena variedad de whiskies. No deje de probar la cerveza local.

¿Con quién viajar?

El Estudio Fotográfico Marcelo Gurruchaga organiza viajes para conocer la historia, cultura y naturaleza de este destino. Para más información: www.marcelogurruchaga.com