

Tres lamparitas colgadas cada una a la altura de un músico. Una alumbra a Bruno Giorgi (guitarras y efectos), la otra a JR Tolstoi (guitarras piano) y la del centro es para Lenine, una de las joyas más grandes que cultiva la música brasileña contemporánea, quien vino a la Buenos Aires a presentar su nuevo disco, Chão.
Luego de la cálida y ecléctica actuación de los Perotá Chingo (banda rioplatense en ascenso), que oficiaron de teloneros, a Lenine no le costó mucho romper el hielo de la fría noche de abril para un show parejo y armonioso en un Gran Rex a sala llena.
Mediante arreglos electrónicos, los sonidos de la vida cotidiana estuvieron omnipresentes en la presentación de Chão. A lo largo y a lo ancho de todo el teatro, se escuchó desde el canto de las cigarras ( en la canción Malvadeza ), una motosierra tumbando un árbol ( Envergo más não quebro ) o una pava con agua hirviendo ( Uma cançõ é só).
En casi dos horas de concierto, y ante la ausencia deliberada de un percusionista, Lenine fue pasando de la guitarra eléctrica a la acústica. Hubo lugar para clásicos de discos anteriores como “A tirador”, que encontraron inmediato eco del público.
Avergonzado de su pésimo portuñol, el músico nacido en Recife, se limitó a unas pocas palabras “no quiero quitarles tiempo, prefiero cantar”. Lenine cantó, bailó y con una sencillez similar a la cadencia de sus nuevas canciones, sedujo a todos los presentes que pidieron bises hasta ser diplomáticamente "echados" de la sala.











