Obras de Prudencio Hernández en el marco de MIR Festival

La muestra está integrada por una serie de pinturas que retratan edificios urbanos, cuyas siluetas apenas se divisan entre la bruma colorida.

El próximo miércoles 21 de agosto, a las 19, en el marco de MIRÁ Festival de Arte, organizado por el curador Julio Sapolnik, se inaugura en el Centro Cultural Borges una muestra de pinturas de Prudencio Hernández.

Hernández es un destacado artista que ha recibido numerosas distinciones como los premios Fundación Givré y Fundación Arché, Premio Nacional de Pintura Naif, Premio de Pintura Naif de la Asociación Latinoamericana de Artistas Plásticos y 1er. Premio de Artistas en pequeño formato.

Además de dedicarse a la pintura desde su juventud, es uno de los grandes referentes de los carruajes en nuestro país y posee una única e importante colección de carruajes históricos.

La muestra está integrada por una serie de pinturas que retratan edificios urbanos, cuyas siluetas apenas se divisan entre la bruma colorida.

“Las sucesivas trasparencias permiten penetrar la tela y destacar la imagen –describe el curador-. No hay nada de ingenuo en la resolución plástica que propone, todo está pensado y se forja trabajando la pintura. Pero si, hay una inocencia que está presente y sobrevuela el sentido de la composición. Prudencio transita un mundo donde sobrevive el más fuerte y sin embargo en sus pinturas no existe la cólera. Una y otra vez se adentra en una creación donde personajes solitarios anhelan comunicarse .

Hernández estudió con Marta Grinberg, Mario Vuono, Ideal Sánchez y Cristina Santander. Realizó exposiciones individuales en la galería Hoy en el Arte, el Pabellón de las Bellas Artes de la UCA, Arteclásica 2012, Expotrastiendas 2011, Museo Metropolitano, Banco de Boston, Galería Arthea Galería Lirolay y Galería Witcomb, entre otros espacios. Participó en exposiciones colectivas en Buenos Aires, Nueva York, San Pablo y Santiago de Chile.

Admirador del pintor metafísico Giorgio De Chirico, cuyos personajes viven en permanente soledad, Hernández propone imágenes que destacan el anhelo de comunicación. La obra invita a ver el mundo con ojos de artista.

Ante la pregunta sobre cómo Prudencio logra combinar su trabajo empresarial con la pintura, no duda en responder: “¡Es la vida!, ¡es la vida!; A la vida no se la dirige. Ella te pone ante diferentes situaciones y seguís adelante. Yo vivo atravesando mis miedos. No me quedo quieto.

Y agrega Sapolnik: “Prudencio Hernández no necesita copiar la realidad, inventa un mundo propio donde se interrelacionan formas, colores y personajes. La preponderancia de su estética está en la presencia del cielo, un elemento que lo conmueve tanto en la naturaleza como en el arte. Esa representación de la bóveda infinita invoca su creencia en el mundo celestial .

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