En esta noticia

Argentina atraviesa una etapa en la que la estabilidad económica aparece como un punto de partida, sin embargo, el desafío pasa por convertir esa mejora en crecimiento sostenido.

Juan Farinati, presidente & CEO de Bayer Cono Sur, conversó con El Cronista y afirmó que el próximo paso exige algo más que ordenar las cuentas: reglas claras, inversión, innovación y una estrategia capaz de aprovechar sectores con potencial para generar más valor.

Juan Farinati, presidente & CEO de Bayer Cono Sur
Juan Farinati, presidente & CEO de Bayer Cono SurAlejandro Baccarat

“La combinación ideal es que haya estabilidad junto con políticas públicas que permitan el desarrollo”, sostuvo Farinati al referirse al proceso que atraviesa la Argentina. Para el ejecutivo, bajar la inflación y recuperar previsibilidad es una condición necesaria, pero no suficiente para que el país pueda dar el siguiente paso.

El desafío de mirar más allá de la urgencia

El presidente de Bayer Cono Sur considera que uno de los principales aprendizajes de los procesos de estabilización analizados en el Coloquio IDEA —como los de Australia, Uruguay, Perú, Israel, Chile, Polonia e Irlanda— es que se trata de transformaciones de fondo que requieren tiempo. En la gran mayoría de los casos estudiados, alcanzar una inflación de un solo dígito tomó entre 6 y 8 años, lo que demuestra la necesidad imperiosa de combinar las medidas de contención de la urgencia con una estrategia de desarrollo de largo alcance.

Australia aparece como un caso interesante por la combinación de una industria alimentaria relevante con una fuerte actividad minera, mientras que Uruguay muestra, según su análisis, la importancia de sostener determinadas bases más allá de los cambios políticos.

“Las urgencias hay que atacarlas, pero al mismo tiempo tenemos que pensar en algo que trascienda el corto”, señaló Farinati.

Para el ejecutivo, Argentina también necesita reconocer con mayor precisión cuáles son sus fortalezas y cuáles son las brechas que todavía debe cerrar. Ese diagnóstico resulta clave para definir dónde concentrar inversiones y qué sectores pueden convertirse en motores de crecimiento.

Del campo a la plataforma agrobioindustrial

El sector agropecuario tiene el reto de trascender el enfoque centrado exclusivamente en el volumen de cosecha. La verdadera oportunidad radica, para Farinati, en transformar localmente una mayor proporción de lo que se produce.

El objetivo estratégico es redefinir el rol del campo para que deje de concebirse como un mero proveedor de granos y funcione como una plataforma agrobioindustrial integradora. Para alcanzarlo, se identifican tres ejes prioritarios: elevar la producción mediante la adopción tecnológica, producir bajo estándares superiores con trazabilidad, y profundizar la industrialización de los recursos primarios.

“Tenemos una oportunidad enorme de poder transformar mucho lo que producimos. Para tomar dimensión, hoy Argentina exporta cerca del 60% de su maíz en grano (sin procesar), cuando Brasil lo hace en un 25% y Estados Unidos apenas en un 12%. Existe un espacio gigantesco para agregarle valor a esa producción, ya sea a través de la proteína animal o de los biocombustibles. El concepto de cadena agrobioindustrial es algo que desde el agro tenemos que impulsar con fuerza: no debemos quedarnos únicamente en la producción de materias primas, sino avanzar decididamente en la transformación”, mencionó el CEO de Bayer Cono Sur.

Argentina presenta un nivel históricamente bajo de superficie agrícola bajo irrigación en comparación con su potencial. La canalización de financiamiento hacia obras de infraestructura de riego y tecnología hídrica mediante estos regímenes permitiría estabilizar los rendimientos, mitigar riesgos climáticos y dar un salto cualitativo en la productividad por hectárea, e incluso aumentar la superficie destinada a agricultura.

El problema en números: u$s 3 mil millones desaprovechados

La discusión sobre la tecnología en el agro adquiere un sustento cuantitativo concreto al medir sus resultados productivos. Según estudios de la Bolsa de Comercio de Rosario citados por Juan Farinati, la Argentina deja de generar aproximadamente US$ 3.000 millones al año solo en soja debido a la brecha en el nivel de adopción tecnológica frente a competidores internacionales.

Esta cifra refleja la magnitud del valor económico que el país podría capturar si su producción alcanzara los estándares de innovación disponibles globalmente.

Una de las causas de adopción tecnológica radica en que la ley de semillas vigente data de 1973 (50 años de antigüedad). Al no contar con una norma moderna sobre germoplasma, el mecanismo del ‘uso propio’ no compensado atrapa al mercado en un círculo vicioso: las empresas, las pymes semilleras, el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) y las universidades reducen su presupuesto de I+D, obligando al productor a comprar ‘lo que hay’ en lugar de acceder a las mejores plataformas del mundo.

“Si no hay una normativa de propiedad intelectual que asegure la retribución de lo que estás desarrollando, va en contra de que tengas interés en invertir. Hoy, como no hay un incentivo suficiente para invertir en I+D en ciertos cultivos, el mercado está liderado por la oferta y el productor termina comprando lo que hay. Estás en esa trampa donde no hay un formato claro de cómo se paga por la investigación, y dejando un montón de valor en la mesa que otros países sí están capturando”, afirmó Farinati.

Para revertir este estancamiento, se impulsa la modernización del marco normativo mediante la adopción de estándares internacionales como el convenio UPOV 91. La fijación de reglas claras de compensación a la innovación permitiría multiplicar los actores que investigan en el país y devolverle al productor la libertad de elegir qué semilla utilizar en función de su rentabilidad y calidad.

AgroBayer acompaña a productores y distribuidores durante todo el ciclo productivo, integrando soluciones en semillas, protección de cultivos, herramientas digitales y beneficios exclusivos.
AgroBayer acompaña a productores y distribuidores durante todo el ciclo productivo, integrando soluciones en semillas, protección de cultivos, herramientas digitales y beneficios exclusivos.Bayer

La oportunidad detrás del campo argentino

La apuesta por el agro no significa, para Farinati, dejar de lado sectores que están ganando protagonismo en la economía argentina, como la energía y la minería. Por el contrario, considera que el crecimiento de esas industrias puede complementar el desarrollo agroindustrial.

La clave estaría en aprovechar las ventajas que el país ya tiene y sumar tecnología, infraestructura, industrialización y acceso a nuevos mercados.

El sistema impositivo sigue siendo uno de los principales desafíos para la competitividad del agro argentino. La actividad enfrenta una elevada carga tributaria, con impuestos nacionales, provinciales y municipales que se superponen y, en algunos casos, impactan directamente sobre la producción y las exportaciones. Para un sector que compite globalmente, avanzar hacia un esquema más simple, previsible y con menor carga distorsiva es clave para generar mejores condiciones de inversión, incorporar tecnología y transformar el potencial productivo del país en mayor crecimiento y desarrollo.

“Argentina tiene todo para ser protagonista: recursos naturales, talento, ciencia, productores de clase mundial y sectores estratégicos. El próximo salto del agro argentino tiene que venir, tanto de la productividad como de la industrialización. Tenemos margen para reducir brechas de rendimiento, incorporar más riego y mejorar la fertilización. Pero lo más potente es pensar estas oportunidades de manera integrada. Argentina tiene recursos energéticos extraordinarios y, al mismo tiempo, uno de los sistemas agroproductivos más competitivos del mundo. Conectar ambos mundos, por ejemplo convirtiendo gas en fertilizantes de producción local, como ya está sucediendo puede generar una ventaja estructural para el país. Aprovechar nuestras fortalezas, agregar valor localmente y construir competitividad con una mirada de largo plazo”, concluyó Farinati.