'EL LICENCIADO SCIOLI'


por Sebastián Iñurrieta

A los 58 años por primera vez lo llamaron "licenciado" a Daniel Scioli. Fue después de defender su tesis sobre el caso de Durax, una empresa quebrada (como su emprendimiento familiar Casa Scioli) recuperada por sus trabajadores con una cooperativa. Un símbolo de la bisagra del 2001, en la que él participó de ambos lados de la puerta: como defensor en una banca de diputado de las políticas del menemismo que llevaron al cierre de la fábrica y como embanderado de la reindustrialización de la que se jacta el kirchnerismo que lo hizo vicepresidente, gobernador del principal distrito del país y aspirante único a suceder a Cristina Fernández de Kirchner. Con su trabajo final se sacó un 7.

El lunes 5 de octubre, 20 días antes de los comicios que podrían mudarlo a la Quinta de Olivos, el candidato del Frente para la Victoria dejó la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) con la promesa cumplida a su padre José Osvaldo Scioli. No la de no correr en las lanchas de offshore ("Odiaba los deportes de mecánica de riesgo"*) sino la de obtener un título. Con un parate en los estudios de dos décadas, siete meses antes había regresado a la facultad a terminar lo que había empezado. En medio de administrar la provincia de Buenos Aires, con doble campaña presidencial, jugando de 9 al futsal con Villa La Ñata Sporting Club, Scioli se las apañó a rendir 9 materias más la Tesis. Un dilatado recibimiento. Como si no se tuviera fe (optimismo y esperanza, la triada sciolista que repite como el Padre Nuestro), impulsó a que cumpliera su promesa a su hija Lorena, a la que (también) tardó 16 años en reconocer como propia luego de ocultarla de su mujer Karina Rabolini: ella se recibió de Licenciada en Comercialización (Marketing) en la UADE en cuatro años.

No fue lo único a lo llegó tarde en la vida un hiperquinético e inquieto Scioli, que quiere estar en todos lados en 15 minutos y no dedicaría mucho más que eso en cada lugar, que corría lanchas a 250 kilómetros por hora y que no ve películas porque se aburre a la mitad. Se afilió al Partido Justicialista a los 40 años.

Fue luego de trabajar en la empresa familiar de electrodomésticos. Después de conocer, desde niño, la farándula local en los pasillos de Canal 9, propiedad en parte de su padre, José, junto al recordado Zar de la TV, Alejandro Romay. Y del secuestro que marcó su vida, el de su hermano José "Pepe" a manos del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1975. Fue cuando ya estaba pensando en jubilarse del offshore con el que había conocido la fama, gracias a la inédita cobertura televisiva de un deporte que no despertaba pasiones como el fútbol. Fue a poco de conocer al presidente Carlos Menem; de invitarlo a que fuera su copiloto en una carrera, 'Los 1000 kilómetros del Delta', el 3 de diciembre de 1989, un día antes de perder el brazo derecho en el río por una ola que lo agarró desprevenido. Fue más tarde de salir campeón mundial, de acostumbrarse a la prótesis (hoy tiene dos con tonalidades distintas, una para invierno y otra para el verano), de volver a aprender a comer solo (con la ayuda de un cuchillo-tenedor francés), a hacerse el nudo de la corbata, de escribir ahora como zurdo. Lo único que no puede hacer solo es atarse los cordones.

No fue hasta 1997 cuando, veraneando en Punta del Este, la por entonces secretaria de Gestión Pública, Claudia Bello, le transmitió la bendición menemista para entrar a la arena institucional como candidato a diputado por la ciudad de Buenos Aires. No era el primer referente de la farándula que el riojano buscó para llevar a una boleta en un círculo político que empezaba y terminaba en la revista Caras. "Le dije: 'Voy a las internas, no me gusta que me regalen nada"'*. Tuvo que afiliarse de urgencia al PJ. Nunca había militado, ni siquiera en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini de la que egresó. Y no tenía un mandato familiar. De haber existido, no habría sido peronista: su padre José trabajó en la campaña financiera de Raúl Alfonsín, legando una amistad entre su hijo y el cacique radical hasta el día de su muerte en 2009.

Apenas tarareando la marcha, 12 años en el futuro, con la renuncia de Néstor Kirchner a la titularidad partidaria, Scioli sería ungido presidente del peronismo nacional. Y hoy, con el justicialismo como sostén, ante la mera bendición de un kirchnerismo al que acompaña desde 2003, pero que nunca lo reconoció como un propio emergente, intenta llegar a la Casa Rosada. En su mandato, Scioli fue un legislador de asistencia perfecta. Presentó 140 proyectos, la mayoría reconocimientos u homenajes a figuras del deporte, como él hasta hacía poco, o artistas populares, con quienes siempre gustó rodearse. Además, tramitó subsidios para obras sociales y Pymes. No sólo por nobleza a su pasado de vendedor de electrodomésticos: desde que su padre la fundó, quedaría ligado a la Confederación Argentina de Mediadas Empresa (CAME).

Llegó el caótico final del 2001. Adolfo Rodríguez Saá era el tercer presidente en 72 horas luego del último viaje en helicóptero de Fernando de la Rúa. Mientras los 39 muertos en las calles eran velados, el peronismo impuso al gobernador de San Luis por 169 votos contra 138 en la Asamblea Legislativa. El puntano se reunió con sus pares en el Salón Gris del Senado para consensuar su futuro gabinete. Luego desfilaron los legisladores para la congratulación de rigor. Scioli no lo conocía. "Lo felicito, cuente conmigo para lo que sea", le dijo. -Me encantaría ¿Qué te gustaría?- le devolvió el Jefe de Estado. -Lo mío es el turismo y el deporte. -Entonces te ofrezco ser mi secretario de Turismo y Deporte. Una semana después, el flamante funcionario regresaría desde San Luis a la Capital en el Tango 03 solo con el edecán, el capitán de fragata Horacio Nadale. Llevaban la renuncia de Rodríguez Saá. Esta anécdota, junto a sus visitas a un Menem preso VIP en la quinta en su amigo Armando Gostanián, son repetidas por la tropa sciolista para demostrar su peronismo atípico: traspasa las puertas del cementerio.

Llegó Eduardo Duhalde. Su pasado menemista lo condenaba. No sería la primera vez. "Seguía en la Secretaría. Y ahí pensé: 'Soy el primero al que le van a pegar una patada en el culo'"*. Fue al único al que el cacique bonaerense no le pidió la renuncia. A fuerza de partidas de ajedrez compartidas, en las que hoy enfrenta a Alberto Samid, se terminó ganando su confianza. Un día, el secretario estaba en La Rioja. Llamó al Presidente a la Rosada. "Acá está Menem. No sé qué hacer, si voy a saludarlo o no". Tanto a Néstor como a Cristina Kirchner ya no les pediría permiso para sacarse fotos incómodas para el oficialismo. Es más, tendría en eso un postgrado de enviar mensajes cifrados al poder y mostrarse ante el electorado como el menos kirchnerista de los kirchneristas.

Tenía 16 años cuando su padre se separó de su madre María Esther. Eso no impidió que ambos compartieran domingueros almuerzos familiares, aún cuando José estaba en pareja con Liliana Neumann, con quien tuvo a su hermano menor Nicolás. Mismo rictus familiar repite hoy Scioli: haciendo coincidir en un mismo salón a Rabolini con Margarita Beltrán, madre de su hija Lorena. "Daniel habla con todos", es la ley sciolista, inquebrantable como la gravedad. Familiar y política. Eso lo convirtió en un espécimen extraño de un sectario kirchnerismo. A tres meses de asumir como vice, en 2003, al prometer descongelar las tarifas ante empresarios en su primer discurso en el Coloquio de IDEA, el patagónico lo frizó en el Senado. Como su esposa haría luego con Julio Cobos. Y como la Justicia haría con Amado Boudou. Fue la primera de varias congelaciones K en 12 años a Scioli, incluyendo necesarios fondos nacionales al ya gobernador bonaerense. A pesar de las veladas amenazas, el Gobierno siempre lo apretó. Pero no lo ahorcó.

"Este espacio tiene tres candidatos competitivos: Cristina, vos y yo", jura Scioli que le dijo un pragmático Kirchner antes de morir, en 2010, cuando lo recibió en su imponente quinta de Benavídez. Fue la primera y la última visita. Una reconciliación que lo llevó, cinco años después con las clásicas idas y vueltas, a que Cristina olvidara el poco respeto que le tenía a su ex compañero de banca en el Congreso (como a todos los productos políticos no surgidos de la propia política) y lo ungiera como su único heredero. Hoy Scioli tiene, al cumplir mayoría de edad como funcionario (18 años), la oportunidad única de ser su propio jefe.

*Entrevista con el autor.

Bienes declarados

Scioli comunicó en su última declaración jurada que entre bienes, depósitos y dinero posee $ 13.653.787. Entre lo que declaró hay una casa en Benavidez ($ 2.188.101), un auto Ford Mondeo del año 1998 que no aparece en la tabla de valuación de automotores, una lancha ($ 1.279), acciones ($ 9.104.471) y depósitos en diferentes cuentas en el país ($ 1.501.653). También informó que tiene créditos por $ 721.657. Aquí el detalle.

  • Inversiones en pesos

  • Perfil del votante de Scioli según

  • Ficha técnica

    Nombre: Daniel Osvaldo Scioli

    Nacimiento: 13/01/1957 (Capital Federal)

    Edad: 58 años

    Estudios: Lic. en Comercialización (UADE) 2015

    Antecedentes políticos:

    Diputado nacional por Capital (1997-2001),

    Secretario de Turismo y Deportes (2001-2003),

    Vicepresidente de la Nación (2003-2007),

    Gobernador de Buenos Aires (2007-2015),

    Un referente político: Nelson Mandela

    Un prócer: José de San Martín

    Un ídolo: el Papa Francisco

    Un equipo: Boca Juniors

    Un libro: El arte de la guerra, de Sun Tzu.

    Una película: -.

    Un actor: Pepe Soriano

    Una actriz: Nacha Guevara

    Un cantante: Pimpinela

CRÉDITOS

Perfil: Sebastián Iñurrieta

Edición fotográfica: Romina Bono

Diseño gral. e infografías: Analía Llorente

Colaboraciones: Félix Ramallo

Coordinación: Javier Rodríguez Petersen