Sustentabilidad y RSE

Los emprendimientos verdes y sociales crecen en el país: quiénes son y cómo ganan dinero

Quiénes son los que piensan su empresa con la sostenibilidad en el centro. Por qué y qué aportan en materia ambiental y social

En los últimos años, se ha incrementado la actividad inversora en América latina. Según CB Insigths, los emprendedores emergentes de la región lograron recaudar u$s 20.000 millones en 2021, casi cuatro veces más que el año anterior. En este contexto, las startups con propósito tienen una gran oportunidad de pensar soluciones para un continente atravesado por las desigualdades sociales y problemas ambientales.

Gabriel Pablo Marcolongo, miembro de la comisión directiva de ASEA y fundador y CEO de Inclúyeme.com, refiere que en la región aún no existen datos consolidados sobre emprendimientos con un core business sustentable, pero asegura que hay una conciencia creciente sobre estos temas que los emprendedores deben aprovechar.

"No hay un vertical donde existan más o menos oportunidades para emprendimientos sostenibles. Tanto en lo ambiental como en lo social hay una infinidad de problemas por resolver. Cualquier emprendedor debería, como primera medida, definir en qué objetivo del desarrollo sustentable (ODS) se quiere enfocar para encontrar un marco de acción y su público objetivo", agrega.

Para Daniel Tricarico, fundador y CEO de Impact Latam, plataforma aceleradora de emprendimientos de triple impacto de América latina, el actual es un gran momento para emprender con impacto desde la región: "Hay una creciente industria del venture capital, iniciativas gubernamentales, privadas, de ONG, mucho talento emprendedor y políticas públicas que poco a poco van entendiendo que el emprendimiento debe ser la prioridad para el desarrollo de la región".

El experto cita un informe del Global Impact Investment Network (GIIN) de 2020 que indica que el tamaño del mercado de inversión de impacto global estimado es de u$s 715.000 millones. Sin embargo, los fondos basados en América latina representan solo el 4% de las inversiones totales. "El horizonte de crecimiento es enorme", opina.

En esta nota, El Cronista reúne a cinco emprendedores locales que abordan problemáticas muy diversas para dar así un panorama del sector: la seguridad hídrica, el acceso a los créditos de carbono, las criptomonedas verdes, la desnutrición infantil y la economía circular.

Waterplan

Existe un amplio consenso respecto a que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) producidas por la actividad humana representan el principal riesgo ambiental para la el futuro del planeta. Sin embargo, existe otra amenaza que tiene menos luz pública, pero que precisa el mismo nivel de atención: la falta de acceso a un agua segura.

Waterplan nació con el propósito de atender esta situación. Por tal motivo, desarrolló una plataforma de software como servicio (SaaS, por su sigla inglesa) que utiliza machine learning para analizar los datos operativos de las empresas con imágenes satelitales de agua locales para proporcionar una evaluación financiera en tiempo real del riesgo del agua. Sobre esa base, ofrece oportunidades personalizadas de mitigación y adaptación, que van desde la infraestructura convencional hasta soluciones basadas en la naturaleza.

La iniciativa fue creada a finales de 2020 por José Galindo (CEO), emprendedor e ingeniero de software; Olivia Cesio (COO), emprendedora e ingeniera industrial; Matías Comercio (CPO), emprendedor e ingeniero de software y Nicolás Wertheimer (CSO), médico, experto en agua y profesor de sostenibilidad. Además, cuenta con la participación de Jay Famiglietti en el rol de Jefe Científico (hidrólogo, profesor y excientífico senior de agua de la NASA).

"Lo más lindo que hace Waterplan es unir mundos: el de la ciencia, la tecnología y el agua", expresa Olivia Cesio, COO de la firma. La emprendedora cuenta que aprovecharon la experiencia en consultoría y la expertise en seguridad hídrica para combinarlo con la tecnología y generar un producto escalable.

El foco del negocio está dirigido a empresas multinacionales de sectores que dependen del agua, como la agricultura, la alimentación y las bebidas, la minería y la energía y la fabricación de ropa. "Somos second time founders. Esta experiencia explica que, a poco más de un año, ya hayamos firmado con marcas tan importantes", razona Cesio. La startup participó del reconocido programa de asesoramiento YCombinator el año pasado y, desde entonces, ayuda a compañías como Coca-Cola, Colgate y McCain Foods.

"El agua es una de las formas en las que se expresa el cambio climático. Los efectos de los malos usos que se vienen produciendo históricamente se aceleran por el cambio climático y después lo ves reflejado en las inundaciones, las sequías. Por eso la agenda del agua está cada vez más ligada a la del carbono. Y cada vez hay más presión de los inversores para que las empresas cuiden su impacto ambiental", afirma.

The Carbon Sink

En el camino hacia un modelo de producción con menos impacto ambiental, las empresas encuentran formas de consumir menos recursos, de reciclar materiales y otras tantas estrategias. Pero hay cierto punto en el que evitar la emisión de gases de efecto invernadero puede poner en riesgo la viabilidad del negocio en sí.

Para esos casos, existe la compensación de la huella de carbono, que consiste en neutralizar las emisiones de CO2 mediante la inversión en un proyecto que se ocupa especialmente de reducir las emisiones al ambiente, ya sea a través de la reforestación de bosques o de la generación de energía vía fuentes renovables, por ejemplo.

En Europa, existe un compromiso para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 que obliga a las empresas a limitar sus emisiones, por lo que acceder a créditos de carbono -es decir, una unidad que representa una tonelada de CO2 equivalente absorbida o evitada en la atmósfera gracias a los proyectos ambientales en los que se invierte- forma parte de la hoja de ruta de las compañías.

Para atender la demanda local, tres emprendedores crearon The Carbon Sink, una plataforma que permite medir y compensar la huella de grandes empresas latinoamericanas y de pymes, un segmento que hasta hora tuvo pocas oportunidades de hacer algo más por el ambiente.

"Lo que queremos nosotros es democratizar el acceso a la medición y compensación de la huella de carbono", dice Federico Falcón, cofundador y gerente general de la firma. Él se unió un poco después, pero cuenta que, junto a Federico Moyano y Sebastián Fragni, venían viendo la desigualdad de acceso a los créditos.

"Las grandes empresas desarrollan sus propios proyectos forestales. Toman decisiones a 20, 40 años y pueden hacer grandes inversiones. Esto le queda muy lejos a las pymes y los individuos mientras que cada vez hay mayor interés por este tema", comenta Falcón. La plataforma, creada en 2020, incluye una calculadora que ayuda a las empresas a conocer cuántas son las emisiones que producen con su actividad.

¿Cómo funciona el modelo de compensación? Una vez que se mide y se sabe el carbono emitido, se puede compensar mediante la adquisición de una participación (a través de un bono) en un proyecto que evite la emisión de dióxido de carbono y libere oxígeno a la atmósfera. Esos créditos son certificados por estándares internacionales y el comprador puede tener un registro de las emisiones compensadas, así como una garantía de que las ha compensado.

"El interés es gigante, todos quieren hacer algo. La realidad es que todavía no todos están compensando, pero sí están dando pequeños pasos como, por ejemplo, compensar eventos, vuelos, o los envíos de productos desde la fábrica hasta el consumidor final", explica Falcón.

El equipo planea expandirse a toda América latina, pero hoy el foco está puesto en la Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Colombia y México. Además de contar con proyectos forestales en varios de esos países, Falcón cuenta que hay una necesidad de concientización muy grande.

"Un montón de empresas nos han pedido dar workshops para explicar qué es la crisis climática y la huella de carbono a sus colaboradores para que luego la midan con nuestra calculadora y que las empresas puedan actuar al respecto. Así ayudamos a los empleados a compensarla, a la vez que les damos tips para reducirla", precisa.

GreenBondMeter

¿Pueden las criptomonedas transformarse en una fuente de financiamiento sostenible? A primera vista, parecería que están lejos de ser una opción amigable con el ambiente. Sin embargo, seis emprendedores argentinos decidieron hacerle frente a esta situación para conciliar el mundo de las finanzas descentralizadas con la sustentabilidad.

"Yo soy abogado especializado en tecnología de seguridad y desde el 2016 venía minando criptos. Cuando mi amigo me preguntó, en 2019, cómo recaudar dinero para reforestar la selva sin que sea una donación, le contesté que había que tokenizarlo", cuenta Juan José Núñez, CEO y cofundador de GBM.

Este fue el germen de lo que más tarde se transformó en GBM Coin, la primera criptomoneda donde el valor de cada token (1 GBM coin) está respaldado en un metro cuadrado de tierra reforestada. El proyecto se encuentra en fase semilla y ya recibió u$s 1 millón en una ronda liderada por fondos de la talla de Draper Cygnus.

Los tokens están por salir a la venta pública, pero Núñez anticipa que existe un mercado que se verá muy beneficiado. "Hay corporaciones que deben ser neutrales para 2030 y necesitan que esa compensación que hagan no sea riesgosa para la rentabilidad de sus negocios. GBM puede ser un aliado estratégico porque la compra de tokens no significa un gasto, sino una posibilidad de inversión", afirma.

GBM basa su estrategia de creación de valor a partir de un sistema creado por la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE) y el Intrinsic Exchange Group (IEG), que desarrollaron una nueva clase de activos denominados Empresas de Activos Naturales, o NAC, por sus siglas en inglés.

Bajo este modelo, los recursos naturales se transforman en activos y las acciones de las empresas para proteger el ambiente generan un valor en el mercado. "Los modelos filantrópicos no son escalables. Al tener un modelo de negocio con una rentabilidad estimada, podemos establecer un proceso a largo plazo para adquirir tierras y reforestar a niveles que a una fundación se le haría más complejo", explica el empresario.

Respecto al impacto ambiental que puede generar la utilización de sus tokens, GBM eligió recientemente la blockchain Avalanche por ser una de las más sustentables del mundo. Como referencia basta decir que, mientras Bitcoin consume la misma energía que 8,5 millones de hogares estadounidenses en un año (89.780 millones de kWh), la red Avalanche opera son la energía que necesitan 46 (uno 489.311 kWh anuales).

Además, la ‘ecofintech' se encuentra en un proceso de remediación de 24.500 hectáreas de la selva de Misiones y su objetivo es llegar a 300 millones en un plazo de 10 años. "El token está respaldado en tierra que remediamos por 100 años y que donamos al Estado para la creación de un Parque Nacional. Esto es una acción antrópica a perpetuidad por lo que el impacto del consumo de energía es mínimo", explica.

Pata Pila

Diego Bustamante es un joven porteño que viajaba una o dos veces por año al norte del país como misionero a hacer trabajo comunitario. Después de enfrentarse a la realidad que atraviesan miles de familias de las comunidades originarias, con dificultades de acceso a los servicios básicos, decidió radicarse en el territorio para liderar un proyecto que hiciera la diferencia.

"Hay mucho desbalance en el acceso a los derechos básicos con respecto a las ciudades. Las comunidades originarias del norte del país viven en una situación de pobreza estructural y las oportunidades están lejos", cuenta Bustamante. Hoy es el director general de Pata Pila, organización que creó en 2015 para combatir la desnutrición infantil en comunidades de cuatro provincias: Salta, Mendoza, Entre Ríos y Buenos Aires.

En 2014 se mudó a Santiago del Estero donde se familiarizó con la metodología de abordaje para la desnutrición infantil. Al cabo de un año de experiencias en Monte Quemado, Suncho Corral y Añatuya, migró a Salta para comenzar su proyecto en una comunidad guaraní establecida en Yacuy, a 20 kilómetros de la ciudad de Tartagal.

"De cada 100 chicos que diagnosticábamos, 30 padecían algún grado de desnutrición", asegura el emprendedor. La organización desarrolla un trabajo interdisciplinario en el que participan especialistas en nutrición, estimulación temprana y psicopedagogía que trabajan junto a los chicos y sus familias.

Pata Pila atiende a un total de 1100 niños y 890 madres a través diversos programas de nutrición, de educación para la primera infancia, hogares de niños en situaciones de vulnerabilidad y talleres de oficios. Además del centro de Yacuy, la ONG cuenta con cuatro centros más en el norte salteño, otro en San Rafael, Mendoza, y dos hogares ubicados en Gualeguay, Entre Ríos, y en Virreyes, Buenos Aires. También realizan visitas itinerantes para llegar a zonas de difícil acceso.

Hace dos meses, Bustamante fue seleccionado por EY Argentina como el emprendedor social del año. Alcanzar este reconocimiento no fue fácil. Al trabajo en el territorio se suma la ardua gestión con organismos públicos y e instituciones privadas. "Durante los primeros cinco años, la oficina de Pata Pila era una estación de servicio en medio de la ruta o un café en Tartagal. Desde ahí, hablaba con los caciques, me iba al hospital, nos inscribía en la AFIP y salía a buscar fondos", recuerda.

Es que ser un emprendedor con propósito implica enfrentar múltiples desafíos. "Tenés que encontrarle la vuelta a un país con mucha burocracia, conseguir y formar personas. Buscar recursos cuesta. La deuda en materia de derechos humanos con los pueblos originarios es enorme y tenés que tender puentes con los empresarios para que se conecten con esa realidad", explica.

Del mismo modo, la vida con las comunidades implica "desaprender una y otra vez". Es que las ideas de escritorio, según Bustamante, "se rompen en mil pedazos cuando llegan al territorio. Por eso, hay que ir con mucha cintura y ser muy creativo para darles herramientas a las familias".

Actualmente, la organización está terminando de construir dos nuevos centros, uno en la frontera con Paraguay y Bolivia y otro al sur de Salta. Además, se encuentra desarrollando una diplomatura orientada a los caciques para empoderarlos y formarlos en herramientas que los ayuden a interactuar con el sistema público-privado.

Ida y Vuelta Market

Cuando comenzó la pandemia y se decretó el aislamiento, millones de familias pusieron en pausa las actividades que hacían de forma presencial para hacerlas de manera remota. Una de ellas fueron las compras, que comenzaron a canalizarse por los medios digitales masivamente.

Santiago Morgan, Juan Donnelly, Alejandro Andereggen y Franco Fechino vieron una oportunidad. El aumento acelerado del comercio electrónico los motivó a desarrollar un supermercado 100% online para abastecer la demanda, pero con una particularidad: en cada entrega a domicilio que hace, también retira los residuos reciclables.

"Nos dimos cuenta de que había espacio ocioso en los transportes que repartían los productos, iban llenos y volvían vacíos. Por eso se nos ocurrió que en el mismo momento que se entreguen los productos se reciban reciclables, aprovechando el espacio liberado del transporte", cuentan los emprendedores.

Con un capital inicial de u$s 4000, el equipo empezó a desarrollar la tienda online mientras que conseguía el depósito que les permitiera mantener la operación, buscaba proveedores y se encargaba de resolver la logística de entrega y recepción de los reciclables.

Ida y Vuelta Market comenzó a recibir los primeros pedidos en febrero de 2021. A un año y medio de su fundación, ya cuenta con 100 clientes mensuales con un ticket promedio de $ 5000. Además de ofrecer productos de las marcas más conocidas, procuran contar con un surtido de marcas de origen sustentables y de pymes.

El emprendimiento realiza entregas tanto en la ciudad como en el conurbano bonaerense. Una vez que deja los pedidos, retira envases de vidrio, plástico, cartón e incluso metales. "Por mes juntamos 50 kg de cartón, 50 kg de mezcla (plásticos, telgopor, tetrabrik), 40 kg de vidrio y 25 kg de PET que entregamos a la ONG Proyectar. Ellos monetizan los reciclables y con el producto desarrollan actividades sociales", detallan.

Su aspiración es llegar al cliente "común y corriente" que aún no incorporó el reciclaje como un hábito y le resulta engorroso ir al punto verde. Y, más adelante, el objetivo es sumar cada vez más packaging reutilizable.

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