Emprendedores

El secreto de cómo estos 4 argentinos alcanzaron el éxito antes de los 30: qué hicieron bien

Estos emprendedores fundaron e hicieron crecer sus empresas incluso antes de cumplir 30. Cómo lo hicieron.

Un país como la Argentina enseña a los más jóvenes a rebuscárselas desde chicos. Por eso no es raro encontrar emprendedores que inician sus negocios a temprana edad. 

Incluso, hay casos de empresas cuyos fundadores ya se consolidaron incluso antes de cumplir los 30 años. Estas son algunas de ellas:

Maximo Cavazzani, fundador de Etermax

El creador de la empresa detrás de Preguntados fundó su compañía cuando tenía apenas 22 años. Este ingeniero Informático del ITBA (que empezó a programar cuando todavía era adolescente) siempre tuvo espíritu emprendedor, e incluso antes de Etermax ya había creado y vendido una empresa. Se llamaba iStockManager, servía para comprar y vender acciones desde el celular, y en 2009 la vendió a TD Ameritrade.

Con su nueva compañía se enfocó en los juegos y su primer hit fue Apalabrados, hasta que llegó Preguntados en 2014 y terminó de consolidarse como empresa con fanáticos alrededor de todo el mundo.

Máximo Cavazzani en sus oficinas de Villa Urquiza. Foto: Apertura.

"Nuestros juegos se los bajaron más de 300 millones de personas en Estados Unidos", dijo Cavazzan en una entrevista de este año con El Cronista. El número, impactante de por sí, cobra más fuerza si se tiene en cuenta que eso significa, prácticamente, una descarga por habitante. "Pocas marcas nacidas en la Argentina lograron eso", agregó.

En 2020, en el que las cuarentenas alrededor del mundo hicieron que muchas personas usaran aún más tiempo sus teléfonos móviles, Etermax lanzó ocho juegos, dos más de lo previsto. Sin embargo, el emprendedor cree que el éxito estuvo más relacionado con el trabajo previo que con la coyuntura.

"Queríamos lanzar seis juegos. En el medio nos agarró la pandemia y las 300 y pico de personas que trabajábamos en la empresa tuvimos que pasar a esta nueva modalidad. Y si bien teníamos las herramientas, es difícil lograr un proceso creativo. Y llegamos a lanzar ocho juegos. Uno de ellos, Preguntados Aventura, fue un éxito y nos permitió replantear un poco la estrategia. Y este año estamos para hacer cuatro lanzamientos más fuertes", dijo respecto a lo que significó el primer año de pandemia dentro de la firma que tiene sus oficinas centrales en Villa Urquiza y sedes en Montevideo y Berlin.

Christian Patiño y pablo ferreiro, fundadores de CoderHouse

Christian Patiño nació en Estados Unidos, vivió 13 años en Venezuela y estudió Administración de Empresas en la Argentina, por lo que es argentino por adopción. Estando en Buenos Aires, este trotamundos buscaba emprender en tecnología, y como no tenía formación técnica, se anotó en un curso de programación. El resultado fue malo. "Había mucho por hacer", recuerda.

Por esa época, las coding schools estaban tomando relevancia en los Estados Unidos, pero por estas latitudes la educación en esta materia era una cuenta pendiente. Con la visión de mejorar esta propuesta, en 2013, cuando tenía 25 años, se alió a Pablo Ferreiro -administrador de empresas con un master en tecnología- y juntos fundaron CoderHouse, una escuela de programación pionera en estos contenidos.

Patiño, el fundador de Coder House. Foto: Nico Pérez para Apertura.

Invirtieron US$ 10.000 de ahorros propios y pensaron un modelo que les permitió escalar rápidamente. En lugar de abrir una escuela con instalaciones propias, los emprendedores alquilaron una sala en un espacio de coworking de Palermo. Contrataron un profesor y para ese primer curso se anotaron siete personas. Desde ahí fueron reinvirtiendo lo que ganaban y se expandieron por más coworkings de la ciudad hasta llegar a cinco provincias del país e incluso pasar fronteras hacia Perú, Chile y Uruguay.

"En vez de tener un campus propio, alquilábamos oficinas y así fuimos creciendo y sumando cursos como marketing, diseño, Photoshop, Wordpress o eCommerce. Los alumnos traen cada uno su propia computadora y los coworkings están equipados con todo lo que necesitamos, desde un proyector hasta café", explica Patiño. Para los profesores buscaron profesionales que estuvieran trabajando en empresas de tecnología y pudieran llevar al aula su experiencia.

Pero luego de cinco años bajo la modalidad presencial, el equipo decidió dar un volantazo en el método y apostar a los cursos online. "Tiene sentido el online también desde un punto económico y de alcance. El modelo es mucho más rentable, obviamente, porque no necesitamos pagar por los espacios. Pero también nos permite desde la Argentina dar clases para casi toda América latina, siempre poniendo el foco en la calidad. Si podemos conseguir los mismos resultados, ¿por qué hacerlo de forma presencial? , desafía Patiño.

Este año recaudaron una ronda de Serie A de u$s 13.5 millones liderada por Monashees, junto con Reach Capital e Y Combinator. En la ronda también participaron David Vélez de Nubank, Guillermo Rauch de Vercel y Hugo Barra. Durante los últimos tres años, Coderhouse pasó de ser un equipo de 10 personas a un equipo de 150 personas, y planean crecer más.

Agostina y Antonella Mazza, cofundadoras de Mazz Makeup

Lo que empezó como un trabajo de fin de semana se convirtió en un negocio de tiempo completo para las hermanas Agostina y Antonella Mazza. Mientras eran estudiantes, Agostina de Arquitectura y Antonella de Administración de Empresas, vendían maquillajes a través de redes sociales y Agostina (también maquilladora) daba clases.

"Nos presentábamos en Instagram como dos chicas comunes y corrientes que enseñábamos a maquillarse rápido y en pocos pasos, con un contenido muy casero. Empezaron a crecer las consultas y vimos que teníamos una comunidad súper fiel. A la vez, veíamos que la única forma de tener buenos productos a un buen precio era si alguien viajaba y te traía de afuera. Vimos una oportunidad", recuerda Agostina, la mayor de las hermanas que comenzaron la empresa en 2014 desde Yerba Buena, Tucumán. Tenían apenas 24 y 22 años.

Las hermanas Mazza crearon su compañía desde Tucumán.

Ya con título en mano, repartían su tiempo con trabajos tradicionales: la arquitecta en una empresa constructora y la administradora en una firma ganadera. Hasta que en 2016 Agostina decidió anotarse en un MBA y dedicarse full time a Mazz, como bautizaron a su empresa de maquillajes. Para arrancar, invirtieron US$ 125.000 y trabajaron con laboratorios para crear un producto de calidad a buen precio, con el plus del diseño. "Participamos de toda la cadena de producción. Intercedemos en todo: desde el packaging y las etiquetas hasta la creación de las fórmulas, que son exclusivas para nosotras", dice.

Hoy tienen una cartera con 50 productos que incluye artículos para labios (en barra y brillo), ojos (sombra, máscara de pestañas y delineador), piel (con los productos más pedidos, los polvos iluminadores y de contorno), accesorios como pinceles y, lo más reciente, su línea de cuidado de piel que incluye primer y agua micelar. Fabrican unos 25.000 productos al año, todos de industria nacional, están camino a certificar como empresa cruelty free y una parte del portafolio también es libre de parabenos. "Creamos una marca para mujeres 360. Que estudian, trabajan, tienen hijos... y no pueden estar mil horas maquillándose. En eso nos basamos para la comunicación y la creación de los productos, que tienen muchos usos", explica la mayor.

Iniciaron la comercialización a través de un e-commerce propio (llegan a todo el país), y con el tiempo fueron sumando puntos de reventa, como estudios de maquillaje y locales multimarca. Además, en Yerba Buena tienen un local exclusivo y a futuro esperan crecer con más de estas tiendas propias. El segundo iba a abrir sus puertas en la ciudad de Buenos Aires, pero la cuarentena aplazó su inauguración.

Por el perfil de cada una, Agostina asegura que son el complemento perfecto: ella desde el lado creativo y el marketing, y Antonella desde lo comercial y administrativo: "Siempre nos llevamos muy bien, tenemos los mismos valores y además nos complementamos. Yo soy toda la parte artística y ella es la que me baja a tierra. Cada una tiene su área muy definida y la respetamos, aunque nos consultamos todo".

Martín Carro y José Carlos Molestina, cofundadores de PuraFrutta

Martín Carro es oriundo de la provincia de Neuquén, reconocida por una de sus principales economías regionales: el cultivo de manzana. Sin embargo, a Carro le parecía raro que no hubiera un jugo de manzana de la zona, un producto que le agregue valor a partir de la calidad de la materia prima. Esa fue la semilla de la que germinó Pura Frutta: ser una firma de jugos naturales.

Carro empezó en 2014 junto con José Carlos Molestina cuando tenían 30 y 29 años cada uno. Carro, ingeniero Industrial que estuvo a cargo de la parte productiva y de desarrollo de producto, mientras que Molestina, se especializó en el marketing.

Molestina, Carro y Mercado los socios de PuraFrutta.

Más tarde se sumó Marcos Mercado, quien se convirtió en socio en 2017 para aportar la pata financiera y comercial. "Pura Frutta fue el primer jugo 100 por ciento exprimido de manzana de Argentina, de manzana y nada más", aclara Mercado en diálogo con Apertura.

Con una inversión inicial de u$s 500.000, Pura Frutta, cuyo slogan es "100 % jugo, 0 % chamuyo" logró ingresar a las principales cadenas de supermercados del país en 2017 y exporta a Colombia, Uruguay y Brasil.

El primer destino fue el país charrúa, al que llegaron contactando importadores, en una segunda instancia llegó "Grupo Casino" una multinacional francesa que compró los productos para su filial colombiana. "Participamos en rondas de negocios en Colombia, Brasil, Estados Unidos y estamos siempre tratando de abrir nuevas vías al extranjero", explica Mercado y sostiene que, para una PyME como Pura Frutta, las herramientas estatales para el impulso exportador son clave. En este sentido, sugiere tres para mejorar el rendimiento del negocio: la facilidad de envío de muestras, la apertura de mejores canales de comunicación y la "educación exportadora" haciendo hincapié en los contratos de exclusividad, las formas de costear y en los que llama "costos ocultos" de la exportación.

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