Está en Starbucks y Café Martínez

Descubrió un negocio haciendo las galletitas que acompañan el café y factura $ 200 millones

Todos los meses produce 6 millones de galletitas que acompañan la infusión en varias cadenas. Ahora lanzó marca propia y planea volver a lanzarse a Brasil.

Cuando Gonzalo Perrin era chico, sus padres decidieron mudarse de Rosario a O'Higgins, una localidad bonaerense de poco más de 1000 habitantes. El objetivo era estar cerca de Mariápolis, la ciudadela fundada por el movimiento católico de los focolares a fines de los 60. Ahí vivió toda su infancia hasta que retornó a Rosario para estudiar la tecnicatura en Hotelería y Turismo. Trabajó en hoteles, pero finalmente regresó a O'Higgins y ahí que se enteró de algo que lo preocupó.

"Hace como 15 años lo declararon como un ‘pueblo en vías de extinción', entonces con mi papá (Jorge Perrin) y otro socio (Germán Jorge) queríamos hacer un emprendimiento para crear empleo genuino", recuerda. De esta manera surgió Pasticcino, dedicada a la elaboración de patisserie para cadenas de cafeterías como Starbucks, Tostado, Café Martínez y Le Pain Quotidien, entre otras.

Gonzalo Perrín, cofundador y CEO de Pasticcino

La idea surgió en 2008 cuando se enteraron que Café Martínez buscaba un proveedor que le fabricara las galletitas que acompañaban el café. Buscaron recetas por internet, hablaron con pasteleros e hicieron pruebas en el horno de la cocina de su casa hasta que al año siguiente abrieron su fábrica. Para distinguirse, la firma presentó una galletita con forma de grano de café. "Es nuestra marca registrada", asegura Perrin, CEO de Pasticcino. Luego llegaron Cabrales, Puerto Blest y otros distribuidores.

A las galletitas se les sumaron otros productos, esta vez de exhibición para take away, que incorporaron al portfolio dulce. Empezaron a fabricar cookies estilo americanas, alfajores, cuadrados rellenos de limón, waffles belgas y stroopwafels rellenos de caramelo. No obstante, hoy las galletitas continúan como su core y elaboran cerca de 6 millones de unidades por mes.

En 2017 la compañía dio un paso importante en su estrategia y abrió una fábrica en Brasil. Perrin se mudó durante tres años a San Pablo para armar la red de clientes y el negocio marchaba bien, pero la pandemia lo obligó a recalcular. Con las cafeterías cerradas, esta unidad ya no era viable por lo que optó por cerrarla. "Sacamos créditos en los bancos para mantener la empresa, teníamos cero ventas y en algún momento pensamos cerrar", afirma.

Para sobrevivir lanzaron su marca propia a través de distribuidores que la llevaron a tiendas gourmet. Hoy este vertical representa un 20 por ciento de los ingresos de la empresa. Poco a poco los clientes regresaron, aparecieron nuevos y la fábrica volvió a respirar. Ahora, apunta, le gustaría retomar el proyecto brasileño y crecer en exportaciones, aunque todavía hay obstáculos. "Estamos haciendo envíos a Paraguay, pero el mercado que teníamos en Uruguay y Chile se perdió. Me gustaría que la Argentina fuera más competitiva para exportar, pero entre el dólar y los aranceles, no lo somos", puntualiza.

El foco de la empresa está puesto en agrandar su familia de productos en retail. "Vamos a tener muffins, brownies y una línea baja en azúcar y alta en proteínas", detalla Perrin. Sin embargo, hay un proyecto aún más ambicioso y a largo plazo: "Quiero armar una oficina en Italia, fabricar allá a fasón y desde ahí que asocian el tomar café con un producto mío. Que todos los que tomen una cápsula de espresso nos reconozcan como el mejor acompañamiento".

En cifras

Fundación: 2009

Inversión inicial: US$ 50.000

Facturación (p): $ 200 millones

Empleados: 25

La versión original de esta nota se publicó en el número 344 de revista Apertura.

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