Historias urbanas

Templos, cines y estacionamientos: el triste fin de los míticos cines porteños

En los '50, se multiplicaban en barrios como Boedo, Belgrano, Flores o Caballito. Pero no resistieron el paso del tiempo y fueron pocos los que se conservaron o terminaron reconvertidos en espacios culturales. Por qué la mayoría no pudo tener ese destino y terminaron demolidos

La película italiana Cinema Paradiso, estrenada a fines de los '80, fue profético con el destino de muchos de los cines porteños. Un joven, que desde niño proyectaba películas en el cine del pueblo italiano donde vivía, regresa ya de adulto y descubre que el edificio será demolido para instalar allí una playa de estacionamiento. Esa fue, precisamente, la suerte de las salas Libertad Lamarque, en Caballito, o el Coliseo, de Flores.

"Entre 1940 y 1950, hubo un auge en el mundo y en la Argentina. Como industria, el cine cobró mucha importancia y crecía la cantidad de cines por barrio. En la calle Lavalle, se hacían largas colas para entrar: eran salas amplias, con hasta dos pullman", cuenta Héctor Sarlinga, arquitecto, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y socio fundador de Daheda Construcciones.

El ex Cine Cabildo, en Belgrano

Cada barrio no tenía solo un cine, sino varios y hasta llegaban a convivir tres por manzana. "Eran teatros, con fachadas imponentes. Muchas se perdieron y se convirtieron en edificios. Otras se readecuaron y se utilizaron como boliches, templos religiosos o hasta bancos", agrega.

La lista puede ser interminable. Quizás, la reconversión más exitosa haya sido la del cine-teatro Gran Splendid, en Santa Fe entre Callao y Riobamba. El edificio fue inaugurado en mayo de 1919. Contaba con cuatro hileras de palcos y una platea con capacidad para 500 personas. Por su escenario, pasaron artistas de primera línea, como Carlos Gardel. Hoy, allí, funciona la librería El Ateneo.

Pero no todos corrieron con esa suerte. "En la zona de Cañitas y Palermo, muchos, inicialmente, se habían convertido en garajes. Luego, se vendieron para desarrollos inmobiliarios porque la tierra en estos barrios es muy escasa y buscada", explica Alicia Blanco, fundadora de Maure Inmobiliaria.

En Belgrano, por ejemplo, el Cine Cabildo, ubicado al 2300 de la avenida que le dio su nombre, hoy es una sucursal del Banco Santander Rio. Encima de la marquesina roja con el logo de la entidad financiera, se puede ver la fachada de lo que era aquel cine.

El  Grand Bourg (Monroe 5254) es otro de los que dejó de existir para convertirse en un edificio. Se trató de la segunda sala más grande de la ciudad, con 2108 butacas y una boca de escena de 16 metros de ancho. El cine fue inaugurado a comienzos de la década del '50 y cerró sus puertas casi 20 años después.

Cine Fenix, en Rivadavia y Pergamino; alli funciona hoy "El Teatro", una disco donde tocan bandas

"El principal objetivo es lograr reconvertirlos. Pero no parece una tarea sencilla porque son espacios muy grandes y, en este contexto de pandemia, ninguna empresa parece estar en condiciones de alquilar o comprar locales tan grandes", indica por su parte José Rozados, presidente de Reporte Inmobiliario.

Entre los barrios que más perdieron sus espacios culturales, se encuentra Flores y Boedo. "Flores, en la década del '60, llegó a tener hasta cinco salas con menos 10 cuadras a la redonda", explica Sarlinga.

En el barrio, un joven Jorge Bergoglio solía ver películas los fines de semana en esos cinco cines que ya no están: Flores, Coliseo, San José de Flores, Pueyrredón y el Fénix. El único que sobrevive es el Rivera Indarte.

Cine Libertad Lamarque, en Caballito. Hoy un estacionamiento

"En Boedo, la situación fue similar: había hasta cuatro cines a lo largo de tres cuadras", recuerda Rozados. Hoy, ninguno sigue en pie. En Boedo 777, se encontraba Los Andes. Ahora, funciona un supermercado de la cadena Coto. Se erigían dos salas más al 800 de la avenida que da nombre al barrio y, en la intersección con San Juan, se encontraba el famoso Nilo, en donde funciona el local de la cadena de electrodomésticos Hiper Rodó.

"Hoy, la arquitectura se modifica de forma más lenta que los cambios culturales. Hay que repensar esos espacios. Como sucedió en su momento con el mercado central del Abasto, que se resignificó en un shopping. El centro comercial de Villa del Parque es el viejo cine del barrio", recordó Sarlinga.

La librería El Ateneo-Grand Splendid, uno de los pocos casos de reconversión en espacio cultural

La lista puede ser interminable. Pero, entre los que todavía se puede ver la fachada de aquellos años dorados, se encuentra el Minerva (Rivadavia al 3600), donde hoy funciona un bar con bowling y un espacio donde tocan bandas under. También, el Fenix, ahora conocido como "El Teatro de Flores", donde tocaban -previo a la pandemia- desde Ricardo Mollo hasta La Beriso. O el Argos, de Colegiales, donde desde hace años funciona Vorterix (radio y teatro) y que, en las últimas dos décadas, supo ser desde una discoteca (Sahara) a boliches de todo género musical.

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