Entrevista

Aranguren: "Si seguimos postergando las decisiones de política energética, tal vez sea tarde para aprovechar los recursos"

El ex ministro de Energía y Minería, y con 12 años de presidente de Shell Argentina, es un referente en el sector energético argentino. Polémico y directo, habla sobre la política del Gobierno actual y también sobre lo que sucedió en el gobierno anterior, las tarifas y el negocio petrolero, entre muchos otros temas.

Juan José Aranguren habla sin cassette. Deja decenas de frases que podrían ser títulos. Sus dos años y medio al frente del Ministerio de Energía y Minería, en donde implementó aumentos de tarifas de luz y gas para bajar los subsidios y licitaciones de generación térmica y renovable para ampliar la capacidad del sistema, se sumaron a sus 12 años como presidente de Shell Argentina, que coincidieron casi exactamente con los tres primeros gobiernos kirchneristas, que lo tuvieron entre ceja y ceja por los aumentos de combustibles.

Alejado del poder y la vida empresarial, dirige desde hace casi tres años la consultora Energy Consilium y, como La Bersuit, observa al futuro repetir el pasado.

El Gobierno destaca en distintos spots de campaña como algo positivo que se frenaron las subas de tarifas, en contra de lo que fue una política de la anterior administración: bajar los subsidios e impulsar ahorros de energía. ¿Piensa que el grueso de la población valora pagar menos por la luz y el gas o prefiere otro camino?

La única política de Estado que tiene la Argentina es el déjà vu permanente, esa sensación de que estamos viviendo algo que ya habíamos experimentado en el pasado. Y sabemos cuál es la consecuencia: se incrementan los subsidios, no se focalizan para los que más lo necesitan.

El dirigente Juan Grabois dijo que los subsidios para los chetos son 10 veces más altos que para la gente que realmente los necesita. Es una política meramente electoralista y forma parte de los serruchos en los que estamos acostumbrados a vivir en el país. Estamos estancados en el mismo fango. Se está haciendo propaganda de una política que ya hemos visto que falló. Tengo la esperanza de que la población se dé cuenta de que les están vendiendo espejitos de colores.

Este año las tarifas eléctricas no subieron más que 9% para los hogares, pero sí hubo una quita de subsidios a las industrias. Se necesita acotar el déficit público. ¿Qué va a pasar el año que viene, después de las elecciones? ¿Sigue todo igual y vamos a pensar en 2023? La Argentina no se puede construir con relajamientos y endurecimientos de la política fiscal de acuerdo a la cercanía o no de las elecciones.

¿Cómo evalúa la gestión del área energética en estos últimos dos años?

Si no desarrollamos el potencial que tenemos en Vaca Muerta hoy, va a ser tarde cuando lo hagamos.

El Gobierno canceló el año pasado la licitación que se lanzó en 2019 para construir un nuevo gasoducto desde Vaca Muerta. Y luego se le da a un consorcio chino para que haga un estudio de factibilidad y se presupuestan fondos para el gasoducto "Néstor Kirchner". Y acá no tiene que ver la pandemia: hubo siete meses de inacción, un nuevo secretario de Energía que tardó dos meses más en asumir, y un cambio de presidente de YPF, cuyos titulares dijeron que tenían planes para promover la producción pero todavía no se conocen.

Creo que se han perdido dos años. Toman como un logro que frenaron los aumentos de tarifa; quiero aclarar que frenaron lo que dice una ley, de aumentos semestrales. Si alguien me dice que no se pueden pagar, lo acepto, pero hagamos que se cumpla la ley para los que sí pueden.

Mi calificación es mala. Otro ejemplo: sabíamos hace mucho tiempo que en mayo de 2021 vencía el régimen de promoción de los biocombustibles. El Senado propuso extender la vigencia por cuatro años más, a alguien no le gustó y Diputados hizo otra ley. Se prorroga por decreto y ahora se desanda la participación de biodiesel y FAME en el gasoil y las naftas. Todas estas contradicciones, que hablan de peleas internas dentro de la misma coalición de Gobierno, son innecesarias, pero ocurrieron.

¿Considera que es inevitable un aumento de las tarifas en 2022, de la mano de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI)?

Si alguien quiere que haya Inversión Extranjera Directa o si el Gobierno quiere tomar dinero para construir un gasoducto, la única forma de que eso se logre es que el riesgo país baje, acceder a capital para inversión genuina a tasas bajas, entonces no creo que se logre sostener tamaña distorsión tarifaria.

Alguien va a tener que hacer el ajuste para que se cumpla lo que prometió el ministro Martín Guzmán cuando envió el Presupuesto: mantener constantes los subsidios a la energía en relación al PBI, que sean del 1,7%. Vamos camino a que sea de 2,5% o 2,7% o más aún, si la economía crece menos. Esto no es magia.

¿Vamos a una crisis energética?

No tenemos un problema en la oferta, sino en los costos. Como no hay suficiente gas para poder abastecer toda la capacidad térmica disponible, hay que recurrir a combustibles alternativos más caros y contaminantes, que a su vez generan déficit fiscal. Y también más importaciones de LNG, en un momento en que su precio está aumentando en el mundo y está por encima de los u$s 10 por millón de BTU.

No vamos a tener problemas de generación. Tampoco creo que haya problemas en distribución y transmisión este año, tal vez algunos cortes más en el verano. Es muy probable que se estén postergando inversiones, pero no de la magnitud como para que haya cortes masivos.

Distintos informes privados muestran que el porcentaje que subsidia el Estado sobre el costo de la energía eléctrica es similar al de 2016, tras el primer aumento de las tarifas. ¿Hay alguna alternativa para atender este problema sin que eso produzca un golpe sobre los ingresos de los más vulnerables, la clase media y las pymes?

La cuestión pasa por la focalización de subsidios. Habíamos empezado un camino con la tarifa social federal, intentamos que no hubiera errores de inclusión ni de exclusión.

Las tarifas que son irreales engrosaron los bolsillos de la población, pero lo que daban por un lado lo quitaban por otro lado. La inflación hoy es del 3% mensual y no subieron las tarifas, con los combustibles congelados. Hay algo que está fallando en el manejo de la economía. El déficit fiscal continúo retroalimenta la inflación. Están bajando las tarifas, pero aumentan el peor de los impuestos, el inflacionario.

¿Por qué no lograron en el anterior Gobierno focalizar los subsidios y hacer un esquema sostenible para que no golpee a toda la población y a las pequeñas y medianas empresas?

Yo hablo por lo que fue mi gestión en el Ministerio de Energía y Minería, entre diciembre de 2015 y junio de 2018. Me hago cargo: claramente no fuimos capaces de tener un mecanismo. La política energética no está aislada del resto; en mayo de 2018 el tipo de cambio pasa a $ 25 y en agosto de 2019 se va arriba de $ 50, entonces la política macroeconómica afectó al sector energético.

Veamos si se pueden sostener estas políticas de congelar las tarifas, como pasó entre 2003 y 2015. Nosotros empezamos teniendo éxito en desarmarlo pero no fue sostenible. Disiento con el argumento alarmista de que quedaron cientos de miles de pymes afuera y gente en la indigencia por las tarifas. Hubo gente afectada y se hizo un esfuerzo relevante en focalizar subsidios, pero el actual Gobierno optó por generalizarlos. Así como hubo ley de zona fría, va a haber ley de zona caliente, y terminaremos pagando esos subsidios con inflación.

La solución es generar condiciones para resolver el problema macro. No lo pudieron hacer los gobiernos kirchneristas, tampoco del de Mauricio Macri ni el de Alberto Fernández. Hay dos formas de financiar el déficit: maquinita o préstamos, y hoy no tenemos acceso al crédito. Aquellos que pueden prestar dinero van a pedir que se les muestre un plan económico.

Algunos sectores del Gobierno señalan que las empresas energéticas tuvieron ganancias extraordinarias en los años de la anterior administración, y que fugaron dinero al exterior.

Es tan sencillo decir eso. Si no estuvieran las empresas, ¿quién invierte? Si dicen que se fugaron la plata, que vayan a la Justicia y lo denuncien, porque los funcionarios son responsables de avisar que encontraron un delito. Remitir dividendos al exterior no es fugar dinero. Ninguna empresa del mundo hace beneficencia; cuando traen dinero a un país, es para sacar más de lo que ponen.

¿Quiénes manejan la política energética: Martín Guzmán y Darío Martínez o Federico Basualdo y Federico Bernal? Estamos mal si el Poder Ejecutivo es unipersonal, se designa a un secretario de Energía que depende del ministro de Economía y que dos entes autárquicos como el ENRE y el Enargas, que están bajo su órbita, se manejan en forma totalmente independiente.

Los combustibles están congelados hasta fin de año. ¿La industria petrolera pudo adaptarse bien?

No es cierto eso. Están congelados para el público minorista, pero no pasa lo mismo en el sector agro e industrial, donde hubo aumentos en el precio mayorista del gasoil, esto representa cerca del 40% de la demanda.

El precio del crudo otra vez es artificial y no hay "barril criollo". Las empresas se tienen que mover en la irracionalidad. Se pusieron de acuerdo para que el precio del petróleo esté por debajo de la paridad de exportación. En los países normales, el precio más bajo es aquel que se consigue en los mercados más lejanos de exportación; y el más alto es el import parity(lo que pide el puerto de origen más el transporte).

Acá se está vendiendo u$s 15 por debajo del precio de exportación. Alguno puede pensar que es coyuntural y no estructural, algo bueno para ganar una elección. Pero hay que ver si se desarrolla el sector energético así. La política actual no es sostenible y se hipoteca a las generaciones futuras.

Yo también acudí a "barril criollo" para arriba y para abajo. La ley habilita a modificar los impuestos para evitar grandes impactos en los surtidores, pero no tuve éxito al hablar con el Ministerio de Economía para que se implemente.

¿Los nuevos regímenes de promoción para petroleras van a servir para tentar a los inversores y ofrecerles estabilidad por 10 a 20 años?

Ojalá. Si no pasa eso, va a ser tarde en unos años. Vamos a dejar de usar los hidrocarburos cuando todavía haya recursos enterrados, por las nuevas propuestas energéticas con menor impacto en el cambio climático.

En el caso del petróleo, con un crecimiento bajo de la economía, se produce lo suficiente como para satisfacer la demanda interna. Todo lo que se promueva es para aumentar el ingreso de divisas por exportaciones. Hoy no existen problemas de transporte, de capacidad de evacuación. En 1998 se produjeron 850.000 barriles diarios en el pico. Fácilmente se puede duplicar la producción actual (520.000 barriles diarios) con muy pequeñas modificaciones: ventas a Chile o mediante Bahía Blanca. Ahí la energía contribuye con la macroeconomía.

El que va a invertir se quiere asegurar de que el dinero que va a poner lo va a poder sacar, que va a poder remitir dividendos, que el tipo de cambio no va a ser artificial al pasarlo por el Banco Central. Si por ley se logran esas garantías, ganamos todos.

En el gas, hay un tema de estacionalidad de la demanda. En invierno se demandan 180 millones de m3 por día y en verano unos 110 o 120 millones. Hay que ver cuál es el equilibrio. Si se importa toda la demanda extra de invierno, no alcanzan los dólares; y si se quiere producir, no alcanza la capacidad para evacuarlo. Cualquier nueva promoción va a tratar de tentar a los inversores con una mejora en el sistema de transporte. Y el sostenimiento de las reglas de juego.

¿Se puede seguir invirtiendo y creciendo en energías renovables?

El programa RenovAr pretendió dar certeza a los inversores de que iban a estar protegidos. Eso logró que bajaran los precios. El 12% de la demanda eléctrica es renovable, y con lo que falta terminar vamos a estar en el 15-16% antes de fin de año, en el promedio mensual. Y faltan cinco puntos porcentuales para llegar a lo que la ley nos pide para 2025.

No queda mucha capacidad de transporte disponible. Una de las tantas licitaciones que quedaron truncas fue una nueva ronda de RenovAr con transmisión al mismo tiempo. Hay que ir pensando que para seguir incorporando energía eólica y solar no alcanza la inversión en generación, sino también reforzar el transporte, para ir a un 25% o un 30% de energía renovable, mientras tanto no aparezca una solución económica de almacenamiento.

¿Está trabajando con algún candidato de Juntos?

Contesto las preguntas que me hacen en el área que conozco. La energía no es un elemento distintivo por el cual alguien quiera hacer política. La política apela al voluntarismo. Nadie va a decir que va a aumentar las tarifas el año que viene. En 2021 no se están votando administradores, sino legisladores, más allá de que algunos lo vean como un trampolín hacia 2023.

¿Si tuviera la chance de volver hacia atrás, qué cambiaría?

Comunicar más y mejor. Por ser parte de un equipo, algunos preferían no dar o no explicar las malas noticias. Lo acepté y soy responsable. Había que explicar que no regalar la energía no es en contra de la población.

No estamos en la misma situación que en 2015. Hay cambios estructurales relevantes. La Agencia Internacional de la Energía dice que no es necesario explorar más petróleo y gas en todo el mundo, algo que creo que es apresurado. Si no se atiende a tiempo, los cambios que sufrirán los sistemas energéticos locales y regionales no se van a poder adaptar.

De acá a 2050 va a crecer la población mundial y se va a duplicar el Producto Bruto Interno. Entonces la oferta energética va a tener que satisfacer esa demanda y mitigar el impacto sobre el cambio climático, porque generan dióxido de carbono. Sabemos a dónde queremos llegar, pero el camino va a ser distinto. Si seguimos postergando las decisiones de política energética, tal vez sea tarde para aprovechar los recursos que tenemos. 

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