El Cronista Comercial

Qué papel juegan las zonas francas y cómo pueden ayudar a atraer inversiones

La competencia regional y el papel de la economía del conocimiento.

Qué papel juegan las zonas francas y cómo pueden ayudar a atraer inversiones

Las zonas francas son espacios en los cuales la mercadería no es sometida al control habitual del servicio aduanero y, tanto su importación como exportación, no están gravadas con tributos ni alcanzadas por prohibiciones de tipo económico, según define la letra fría de la AFIP. Pero lo cierto es que, en un mundo crecientemente interconectado y complejo, se han transformado en un arma competitiva que empuja la frontera de su objetivo inicial –fomentar el comercio y las exportaciones.

Marcelo Leite, CEO de Buenos Aires Zona Franca La Plata, explica que hubo una evolución en el mundo en lo que es el régimen de zonas francas. “Hoy tenés zonas francas 4.0, zonas francas del conocimiento, algunas vinculadas a proyectos turísticos, entre otras. Es decir, se ha ido complejizando el régimen en todo el mundo. Hay regiones en el mundo que están bajo el régimen de zonas francas”, explica Leite.

En la Argentina, hasta el momento, las zonas francas han tenido un perfil de primer grado, destinadas a meras cuestiones logísticas y concebidas como lugares de almacenamiento. En la actualidad hay 13 zonas francas en todo el territorio argentino ubicadas en Buenos Aires, San Luis, Tucumán, Córdoba, Mendoza, La Pampa, Chubut, Salta, Misiones, Entre Ríos y Santa Fe.

“En la zona franca de La Plata pudimos desarrollar el perfil que nos quedó, que no está vedado y que por nuestra geografía era más fácil de desarrollar, que era el perfil logístico. Somos una suerte de ‘buffer’ del puerto de Buenos Aires, es decir, del bloque portuario de la ciudad de Buenos Aires. Somos un eslabón en la cadena logística”, ahonda Leite.

Recientemente, la provincia de Jujuy llamó a licitación y adjudicó dos zonas francas. Una es la de Perico y otra es la de La Quiaca. La primera tendrá un perfil más industrial mientras que, en el caso de la segunda, va a tener autorizada la venta al por menor. “Lo que se busca en La Quiaca, de alguna manera, es protegerse del comercio fronterizo. Hay mucho consumidor local jujeño que hoy cruza a comprar en Bolivia. La idea es tener una herramienta similar a las zonas francas fronterizas para preservar nuestro comercio y poder competir”, sintetiza.

Por otro lado, se sumará la zona franca de Neuquén, que estará radicada en Zapala con un perfil totalmente diferente. “La idea es que esa zona franca le dé apoyo a la operación logística de Vaca Muerta. Allí, indudablemente, tendrá un perfil logístico pero con cargas de otro tipo, es decir, cargas de proyecto vinculada a la operación del petróleo”, concluye Leite.

El presidente de la Zona Franca de Bahía Blanca, Lisandro Ganuza, explica que, hasta el momento, las zonas francas han sido utilizadas como una serie de depósito fiscal sin límite de tiempo y bajo costo. “Hoy la zona franca te da la posibilidad de tener un almacenamiento sin tener que pagar. Por ejemplo, podés traer insumos para todo un año, todos los meses vas ingresando y pagás sólo esa parte que ingresás. Por otro lado, no tenés impuesto sobre los servicios y podés ingresar equipamiento –usado o nuevo– sin ningún costo. Tampoco pagás la tasa de exportación ni por bienes ni servicios”, resume Ganuza respecto a los beneficios.

Cambiar para competir

Ganuza, quien también es director de World Free Zones Organization (World “FZO”), expresa que las zonas francas son un pilar fundamental para este momento en la Argentina. Sin embargo, entiende que es necesaria una modificación del marco normativo con el fin de que sean más atractivas y lograr una consolidación dentro del territorio nacional. “El marco normativo en la Argentina es una ley previa a la Organización Mundial del Comercio (OMC), es una ley vieja que se hizo en los ’90 pero con una mentalidad anterior. De esta manera, no te permite ingresar al territorio, no cumplís hoy con los lineamientos o las normativas de la OMC, porque solamente está hecha pensando en la exportación. Se basa en un viejo concepto de ‘exportar es bueno e importar es malo’, entonces ya tenés un inconveniente el cual ha generado que las zonas francas en la Argentina no tengan el desarrollo que tienen a nivel, no sólo regional, sino internacional”, explica Gamuza.

Leite afirma que para lograr mayor competitividad es necesario modificar el perfil de la zona franca: “Tiene que ser de atracción de inversión extranjera directa, fundamentalmente, y generación de empleo. La exportación va a ser una consecuencia de eso, pero no debe ser el principio rector de su creación”.

Martín Gustavo Ibarra, presidente honorario de la Junta Directiva de la Asociación de Zonas Francas de las Américas, señala que uno de los problemas de las zonas francas locales es que deben ser más competitivas frente a la región. “Hay un axioma que se llama nivelación fiscal internacional donde, si querés atraer nuevos proyectos de inversión destinados al comercio internacional, tenés que dar unos niveles de tributación iguales o mejores que los de tu competencia internacional”, puntualiza.

En Centro América y el Caribe hay 260 zonas francas con impuestos cero a la renta. Según Ibarra, la Argentina no ha tenido éxito hasta ahora porque no ha podido construir una propuesta fiscal que lo nivele con su competencia.

“Por eso las mayores exportaciones de la Argentina son semillas, alimentos, carnes, entre otras cosas; una base de exportación totalmente primaria”, explica. Ibarra señala que otro de los grandes inconvenientes que ha tenido la Argentina para explotar el potencial de las zonas francas es que “ha tenido las manos atadas con el Mercosur, el cual construyó una muralla hacia fuera”. Esto –agrega– creó una norma que le dio a las zonas francas el tratamiento de tercer país. De esta manera, si una mercancía del Mercosur toca una zona franca de uno de los países que lo integran –ya sea por una cuestión de logística– se le niega cualquier tipo de beneficio.

“Si una empresa se ubica en una zona franca en Colombia o en Brasil –en la zona franca de Manaos– puede venderle a la Argentina sin impuestos por los acuerdos de libre comercio. Entonces, curiosamente, la Argentina le está dando mejores condiciones a las zonas francas de otros países que a sus propias zonas francas”, aclara Martín Ibarra.

Colombia, un ejemplo

Un caso paradigmático para América Latina es el de Colombia, que hizo un aprovechamiento de las zonas francas muy importante: en el 2004 tenía 11 zonas francas –al igual que la Argentina– y ahora tienen 112. Leite afirma que desde el Gobierno nacional se ha tomado conciencia de la zona franca como una herramienta que puede potenciar mucho la exportación y la radicación de inversión extranjera a partir de observar cómo funciona en otros modelos del mundo. “El modelo colombiano le ha despertado al Gobierno mucho interés porque es una evidencia”, aclara Leite.

Colombia implementó a partir de 1991 el esquema de zonas francas privadas, donde se permitió por primera vez que particulares puedan administrarlas. “Después de eso se crearon las zonas francas ‘uni-empresariales’ para grandes proyectos, de más de US$ 35 millones de inversión y 950 empleos. El gobierno le daba la posibilidad, si la empresa lo deseaba, de tener la categoría de zona franca. Hasta tal punto que hay 112 en el país”, profundiza Ibarra.

Hoy en día, las zonas francas en Colombia generan 250.000 empleos –directos e indirectos– y US$ 3500 millones de exportación, en su mayoría de valor agregado. Ibarra enfatiza que un estudio reciente determinó que “casi el 70 por ciento de las inversiones no hubieran llegado a Colombia si no hubieran tenido el estímulo de la zona franca”. Al comienzo, las zonas francas eran utilizadas –al igual que en la Argentina– como un lugar de almacenamiento. “Hoy en día son mixtas: hacen almacenamiento, manufactura, producen servicios, logística y lo que el país necesite”, completa Ibarra.

Potencial

Para Ganuza, el desarrollo de las zonas francas en el país estará ligado a la economía del conocimiento. “Claramente la economía del conocimiento va a tener un espacio con seguridad física y jurídica. Ése es un mercado que piensa para el mundo, para el comercio exterior y en donde se pueden ver beneficios”, expresa Ganuza. Por otro lado –apunta– serán un instrumento para potenciar las economías regionale y potenciar el desarrollo de Vaca Muerta. “Tenés la posibilidad que se está desarrollando en Jujuy, por ejemplo, que tiene que ver con el cultivo de cannabis medicinal. Hoy hay un laboratorio canadiense que está haciendo grandes inversiones y se está instalando en Uruguay en una zona franca, donde tiene parte de su producción. Es decir, las empresas requieren de beneficios reales para instalarse porque la competencia es en todo el mundo”, ahonda el titular de la zona franca de Bahía Blanca.

Belén Gutiérrez Eguía, representante de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional (AAICI), explica que las zonas francas van a contar con el beneficio que tiene la nueva ley de economía del conocimiento con el fin de que se incentiven las inversiones en ese sector y se les dé ciertos beneficios. Es decir, una zona franca va a poder ofrecer los beneficios impositivos que ya tiene más los de la ley de economía del conocimiento.

En la misma línea, Ganuza expresa que el hecho de estar incluidos en la ley de economía del conocimiento es el primer gran reconocimiento que se les hace a las zonas francas: “Estamos hablando de beneficios reales, como un porcentaje del impuesto a las Ganancias. Nosotros no estamos teniendo competitividad porque pagás exactamente lo mismo en una zona franca que afuera del territorio. De mínima tenemos que tener zonas francas en las que lo que vos produzcas puedas ingresarlo al territorio. Estamos hablando de utilizar una herramienta con beneficios, generar que la pyme no deba tener dos unidades de producción en caso de que quiera recurrir a una zona franca para lograr una mayor competitividad”.

“Algo que está en análisis es el hecho de que los beneficios que da la ley de la economía del conocimiento se apliquen en las zonas francas, pero no solo para ese sector –el del conocimiento sino para todos. Pero esto se está viendo ya que importa mucho el impacto que pueda llegar a tener. No sólo es potenciar las zonas francas sino que hay que mirar la economía argentina como un todo”, describe Eguía.

La representante de la AAICI adelanta que algo que se está haciendo en algunos países, teniendo en consideración el auge de los e-commerce, es utilizar las zonas francas como depósitos de artículos que el Ministerio de Producción junto con Aduana permiten entrar sin pagar aranceles para quedar almacenados en una zona franca.

“Es como si estos artículos siguieran en su país de origen. Una vez que el usuario los compra, por ejemplo a través de Mercado Libre, la compañía lo solicita y, en vez de tardar en llegar 10 días con un costo logístico enorme porque traen de una sola cosa, MercadoLibre lo compra como si lo comprara en el exterior pero lo compra acá en la Argentina. Así, tarda sólo 24 horas en llegar con un costo que creemos que se reduce casi a la mitad”, profundiza.

Primer puerto franco

La zona franca que se encuentra en Villa Constitución no es un caso más: será la primera del país que contará con puerto propio, ubicada en el kilómetro 365 de la Hidrovía. Tiene aproximadamente unas 60 hectáreas de superficie y 670 metros de muelle. Miguel Álvarez, director de Zona Franca de Villa Constitución, destaca que ya efectuó una inversión de más de US$ 12 millones y que el fuerte de la zona está puesto en los fertilizantes.

De todas formas, todas las expectativas están puestas en la construcción del primer puerto franco de la Argentina. “Nosotros presentamos el proyecto para construir el puerto franco y ya están hechas todas las autorizaciones. Calculamos que en tres meses estará empezando la construcción y estará listo dentro de 18 o 20 meses. De esta manera, será el primer puerto franco de la Argentina con una inversión de US$ 40 millones”, se entusiasma Álvarez.

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