El Cronista Comercial
MARTES 18/06/2019

Copas que cotizan alto: cómo invertir en vinos de alta gama

Invertir en vinos de colección es poco habitual en el país pero gana adeptos en el mundo. Las claves de un mercado con códigos propios. Qué precios se pagan y cuánto se revalúan.

Copas que cotizan alto: cómo invertir en vinos de alta gama

Al pensar en inversiones, a la mente acuden bonos, billetes, acciones… A lo sumo, si se afina el lápiz y se apunta a lo físico, ladrillos, obras de arte o tierras. Sin embargo, en ese rubro también hay opciones poco comunes, como los vinos. Tal es así que, en octubre de este año, un coleccionista asiático pagó US$ 558.000 por una botella de Romanée-Conti 1945 y rompió todos los récords establecidos hasta el momento. No se sabe si el asiático se deleitará con unas copas o si guardará la botella para obtener más dinero dentro de unos años. En caso de que los negocios venzan al placer, saldrá ganador: es que, en 2011, la casa Christie’s subastó la misma etiqueta, de idéntica añada, a US$ 123.899.

En la Argentina, la inversión en vinos es poco habitual, pero en el mundo es una práctica que gana cada vez más adeptos. De hecho, existe un índice, el Liv-ex Fine Wine, creado hace 18 años por un grupo de ingleses, que indica las variaciones de precios de los vinos más prestigiosos en el mercado secundario –la gran mayoría franceses, pero también algunos italianos, estadounidenses y australianos. Claro que, a otra escala, también hay mercado para la inversión en vinos argentinos. “Hoy, con una economía inflacionaria y en un periodo de crisis después de la devaluación, algunas bodegas solo ajustaron un 20 o 24 por ciento y otras más grandes aún esperan”, asegura Claudio Fontana, dueño de Terroir, una de las vinotecas más exclusivas de la ciudad.

Sus servicios incluyen la elaboración de portfolios de inversión a cinco, 10 y 15 años en base a los requerimientos del cliente: “Algunos tienen cavas personales de 2000 a 3000 botellas que compran tanto para disfrutar como para invertir, y tenemos un sistema de administración de esas carteras de vinos, buscamos la rotación y detectamos a quienes buscan determinados ejemplares y cosechas de los mismos”, explica. 

Otra manera de realizar una venta asesorada para coleccionistas y compradores de lujo son las degustaciones privadas. Fontana, por ejemplo, organizó el último mes una degustación del portfolio premium de los vinos que François Lurton elabora en la Argentina, Francia, Chile, Uruguay y España.

En su empresa World Wine Consultants, el inglés William Hancock realiza un trabajo similar en sus oficinas de Buenos Aires y Londres. Su misión es encontrar rarezas y cosechas casi inhallables de etiquetas súper prestigiosas para coleccionistas de todo el mundo, además de aconsejar a la hora de adquirir nuevas añadas que tienen potencial para pasar de capullo a mariposa en unos años como, por ejemplo, el Per Se “La Craie” 2015, uno de sus argentinos recomendados.

Por supuesto, estos expertos analizan otro factor clave que da cuenta del estado del vino: su almacenamiento. Es que si no se lo conservó en condiciones óptimas (lugares oscuros, temperatura constante alrededor de los 10°C, humedad superior al 50 por ciento, entre otras), el oro líquido puede convertirse en vinagre. Por eso ellos se encargan de evaluarlos y asegurar que la compra sea segura. 

Figuritas difíciles

Hay dos clases de vinos para invertir en el mercado: aquellos que son prácticamente inhallables, ya que forman parte de colecciones privadas y, en principio, no fueron adquiridos como inversión; y los excepcionales que sí están disponibles para los afortunados que puedan desembolsar la cantidad de dinero que cuestan (una cifra que se multiplicará varias veces con el paso del tiempo).

Entre estos últimos, Fontana destaca dos argentinos: “Sobresalen históricamente, y me arriesgo a decir que son un cheque al portador, el Felipe Rutini y el Estiba Reservada de Catena. Son vinos requeridos tanto por coleccionistas locales como del exterior”. Y sugiere otros nombres como el Achaval Ferrer Finca Bella Vista, el Per Se La Craie, el Mundus Bacillus de Catena, Alta Vista Alto, Apartado Gran Malbec, Kinien Mai y Chacayes de François Lurton cosecha 2008 –“Excelente”, acota. 

Si de etiquetas extranjeras se trata, algunas de las más reputadas son Domaine Georges & Christophe Roumier Musigny Grand Cru 1990 (Francia), Domaine Leroy Musigny Grand Cru 2012 (Francia) y Egon Muller Scharzhofberger Riesling Trockenbeerenauslese (Alemania), entre otras tantas. 

En cualquier caso, está comprobado que las inversiones en vinos son redituables. Todos los años, la consultora inglesa Knight Frank elabora un índice de inversiones de lujo –el Knight Frank Luxury Investment Index– y, en 2017, los vinos se destacaron como la inversión con mejor performance, dado que el crecimiento en los precios de las etiquetas “coleccionables” fue del 25 por ciento en el transcurso de ese año y acumuló un 61 por ciento en los últimos cinco. Superó, de esa forma, al activo más rentable hasta ese momento: el arte. 

Invertir en combo

Los vinos ofrecen, además, la oportunidad única de combinar dos inversiones: tierras y vino, es decir, los viñedos. Cómo elegir un viñedo y la gente idónea para gerenciarlo es una tarea compleja. En los últimos años surgieron algunas iniciativas que facilitan la cuestión, ya que dan la posibilidad de convertirse en propietario y hacer uso de la tierra sin riesgo alguno bajo la modalidad “llave en mano”. Uno de ellos es Casa de Uco Vineyards & Wine Resort, que cuenta con una sección de viñedos privados. 

Los propietarios pueden adquirir a partir de media hectárea y vinificar una cantidad mínima de 1 barrica (300 botellas) bajo el asesoramiento del equipo enológico de la bodega, liderado por el winemaker Alberto Antonini. Esta opción ofrece una doble oportunidad. “Por un lado es una inversión a largo plazo, dado que la tierra en el Valle de Uco es limitada y se trata de la mejor zona para hacer vinos de Mendoza. Pero, además, transmitimos que aquel que invierta no lo haga solo por el negocio sino también porque es una experiencia enriquecedora a nivel personal, una forma de estar en contacto con la naturaleza, aprender y divertirse”, asegura Juan Tonconogy, director de Casa de Uco. Además, los propietarios pasan a ser miembros del resort del lugar que cuenta con un wine bar & lounge, restaurant con zonas privadas y comunes, cava subterránea (con espacio para guarda de vinos privados), spa y una increíble infinity pool. 

Otra alternativa posible es inclinarse por proyectos que ofrecen un fractional ownership o propiedad fraccionada. Es decir, un sistema en el que diversas personas comparten la “propiedad” de un bien de lujo –en general, jets privados, complejos inmobiliarios– por el pago de un canon anual durante un tiempo determinado. En esa línea se inscribe Entrevero Wines and Vineyards, con emprendimientos en Las Compuertas (Luján de Cuyo) y Valle de Uco. “Vimos que los viñedos privados tenían un problema de funcionamiento porque el valor de la hectárea es bastante caro y no hay mercado secundario, es decir que es muy complicado salir de la inversión cuando se desea porque son muy difíciles de revender”, indica Andrés Ostropolsky, socio de la firma. 

Ofrecen una membresía de tres años (por un pago de US$ 36.000) en la que el cliente puede hacer uso de los servicios de un viñedo privado sin tener que pagar la tierra. Los members, entonces, pueden participar del proceso de elaboración de un vino con el grado de involucramiento que deseen (desde visitar la finca todas las semanas hasta ir solo en algún momento particular) y llevarse, al cabo de un año, unas 200 botellas –es decir, el equivalente a una barrica– de su propio vino. “Esta iniciativa es ideal para hacer un soft entry a la actividad. Al finalizar el periodo, el cliente decide si renovar o no, o bien, ya con el conocimiento de la dedicación y los costos que implica elaborar vinos, si quiere comprar un viñedo propio, tarea en la que también los podemos asesorar”, resume Ostropolsky. La famosa regla de que placer y negocios no se mezclan ya encontró su excepción. 

Whisky, otra bebida rentable

No solo de vino hace renta el hombre: el whisky también cotiza entre las bebidas más redituables para los inversores. El índice que manda en la materia es el Rare Whisky Icon 100 Index que mide, de manera mensual, el valor de las etiquetas más icónicas para coleccionistas. Además, tiene una versión instantánea, disponible online, en la que figuran las cotizaciones de scotch single malts y también los pujantes whiskys japoneses Karuizawa, Hanyu y Yamazaki.

En el caso de esta bebida, lo más habitual es participar de fondos de inversión, donde expertos en la materia se encargan de adquirir aquellas etiquetas que prometen dar más dividendos. El más famoso es el Platinum Whisky Investment Fund, que opera desde Hong Kong, pero ingresar no es nada accesible: pide un mínimo de u$s 250.000.

Miguel Ángel Reigosa, presidente de la asociación Whisky Malt Argentina y uno de los mayores coleccionistas de whisky a nivel mundial, es la persona que más conoce sobre esta bebida en el país. Desde el Club del Whisky, lugar que también preside, planeaban crear un fideicomiso. Sin embargo, aún no lo hicieron “por la inestabilidad del país, pero sí orientamos a mucha gente para adquirir productos que tendrán mucho valor a corto plazo”, señala.

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