El Cronista Comercial
MARTES 16/07/2019

Cómo y por qué estudiar coaching

La demanda de coaching llevó a las escuelas de negocios a incorporar esta disciplina en sus programas. Mitos y verdades de su práctica en las empresas.

Cómo y por qué estudiar coaching

Líderes que alcancen resultados en equipo, tengan un impacto dentro de la organización y puedan contener a las nuevas generaciones. Esas son solo algunas de las necesidades que salen de las gerencias de Recursos Humanos y llegan hasta los oídos de los directores de las Escuelas de Negocios de las universidades locales. “Hoy, el alto desempeño pasa por el engagement y eso se genera a partir de un buen jefe”, destaca Néstor Vázquez, vicerrector de Innovación, Investigación y Posgrado de la Universidad Siglo 21, quien reconoce que en el último año creció la demanda de capacitación in company en temáticas de liderazgo para sectores como el bancario y el automotor. Esto llevó a que las universidades comenzaran a incluir una disciplina que resuena tanto entre directivos como jóvenes profesionales: el coaching.

“Es una disciplina nueva que busca ampliar la productividad laboral”, define Ignacio Bossi, profesor de Habilidades Gerenciales y Liderazgo en Negociación en la Universidad del CEMA (Ucema) y coach profesional. Antes de iniciar el diálogo con APERTURA, Bossi estaba hablando con un “Pumita” –miembro del seleccionado juvenil de rugby argentino– sobre su rendimiento: “Por ejemplo, con un deportista trabajo desde el punto de vista de cómo mejorar su productividad para el próximo partido. La productividad y la efectividad son los dos valores clave que promueve el coaching”. 

La disciplina parte de la premisa de que se puede aprender a ser un buen líder. Pero, para inspirar a otros, se necesita realizar un trabajo personal. “Se convierte en un arma fuertísima desde dos aspectos. Como jefe, te provee de herramientas de escucha para ser facilitador del rendimiento del otro pero, primero, te permite conocerte más a vos mismo a partir de ejercicios y reflexiones que buscan desarrollar la inteligencia emocional”, define Vázquez y aclara que las empresas están comenzando a hacer un cambio con respecto a la selección de los jefes, porque el mejor líder no es el que más sabe del tema, sino el que conduce al equipo al mejor resultado.

Bossi explica que en la Ucema el coaching se da en cursos en los que se aplican metodologías individuales y colectivas para incentivar el liderazgo. Para eso, Bossi designa un coach cada seis alumnos, encargado de realizar el seguimiento individual. En los talleres grupales se utilizan distintos tipos de recursos didácticos. Por ejemplo, se les pide a los alumnos que en una película vean cómo el protagonista usa de manera efectiva o no las herramientas que se les enseña en clase y hacen ejercicios de role playing y juego en equipo. “Aprender por medio de talleres es el estándar en el mercado corporativo”, detalla Bossi quien cree que este tipo de prácticas es clave para el negocio: “Los consumidores y los empleados van a empezar a exigir cada vez más a las compañías”. 

Conversaciones efectivas

Guillermo Grünwaldt es director de la Escuela de Negocios de IDEA y se desempeña como coach ejecutivo asesorando en aspectos de liderazgo y desarrollo de equipos. Explica que la transformación digital y la innovación dentro de las organizaciones obligan a las personas a cambiar. “La reinvención lleva a uno mismo a reinventarse y generar una nueva identidad con una propuesta de valor que sea percibida por el cliente”, aclara y destaca que es en este punto en el que el coaching se posiciona como una de las mejores prácticas para que los profesionales puedan adaptarse a las nuevas reglas. “Para eso trabajamos la gestión emocional y conversacional”, cuenta Grünwaldt quien no titubea al asegurar que la base de todo negocio está 100 por ciento ligada a la comunicación. “Todos estamos a unas cuantas conversaciones de lograr lo que queremos, pero en general somos malos gestionándolas. Vemos que a muchos les cuesta hacer pedidos y generar impacto”, destaca.

Desde su experiencia, Grünwaldt asegura que a muchos ejecutivos encarar el trabajo sobre las emociones les “da pánico”. Y asegura que las nuevas generaciones llegaron para erradicar este tipo de preconceptos: “Tienen menos pelos en la lengua, tienen sentido de propósito aunque aún tenemos que descubrir qué es lo que los motiva”.

Grünwaldt hace un llamado de atención y reconoce que los pedidos de las organizaciones siempre están ligados a resultados, pero resulta difícil medir cambios en el comportamiento actitudinal en el corto y mediano plazo. “Las personas no cambiamos de un día para el otro. Si esperan un cambio medible va a ser difícil”, sostiene. Esta aclaración también se relaciona al auge del coaching fuera del ámbito de las Escuelas de Negocios. Los especialistas aseguran que no hay fórmulas mágicas en una o dos jornadas de capacitación. “Es como querer ser piloto de avión: no podés serlo si no te entrenás de la manera adecuada y tenés horas de vuelo”, explica Marisa Failla, codirectora de la Diplomatura en Liderazgo, Coach e Inteligencia Emocional de la Universidad Siglo 21. La propuesta consiste en una cursada de siete meses en la que participa un coach mentor cada 10 personas. 

Desde su creación en 2015, el curso creció de manera exponencial, así como la presencia de hombres dentro de las aulas, que hoy representan el 40 por ciento, de distintas profesiones. Otro fenómeno está ligado a la presencia generacional. Mientras que el promedio se ubicaba en los 40 años, hay cada vez más hombres cercanos a los 60. “Les sucede que el cambio trasciende lo laboral”, sostiene Failla.

El cambio empieza por uno 

Andrea Liñan es consultora en recursos humanos, especialista en en programas de transformación y liderazgo, cambio cultural, gestión de talento, coaching y procesos de aprendizaje. Además, es profesora de la Escuela de Negocios de la Universidad Católica Argentina (UCA), espacio en el que trabaja con líderes que llegan para aprender a gestionar equipos diversos y capitanear los cambios que se dan en los negocios de manera más frecuente. “La premisa básica es mejorar la calidad de las conversaciones para impactar en los resultados”, define y asegura que el crecimiento de la demanda tiene que ver con la diversidad de equipos dentro del contexto cambiante en el que imperan los valores VICA –acrónimo de Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad. “En este contexto necesitamos cultivar la capacidad de aprendizaje, no podemos seguir repitiendo las recetas del pasado”, afirma Liñan. En sus talleres, Liñan prefiere trabajar con casos reales. “El mayor reto en este tipo de capacitaciones es lograr la transferencia al espacio concreto en donde cada uno haga el puente con lo que les ocupa en su gestión”, reconoce. 

La Universidad del Salvador es la única que ofrece una Maestría en Coaching y Cambio Organizacional. Con un programa de dos años, tiene como objetivo capacitar a graduados universitarios que buscan desarrollar competencias para gestionar el talento humano. “La particularidad recae en la diversidad de abordajes. No está basado únicamente en la mirada de un referente, como el chileno Humberto Maturana. También ofrecemos la mirada del MIT y de la neurociencia”, destaca Jorge Cámpora, su director, quien aclara que las distintas visiones se abordan desde la organización que plantea el espacio europeo de educación superior, por lo que la maestría no es un espacio dedicado a “arreglar personas”, sino a capacitar en procedimientos que optimicen la capacidad de acción efectiva en el trabajo.

Arquitecto de profesión, Cámpora subraya el impacto del liderazgo: “Apple no vale por su edificio, sino por las ideas que logran y ejecutan sus equipos”. El primer año se compone de un 60 por ciento de teoría y un 40 por ciento de práctica, proporción que se invierte en el segundo.

El directivo coincide en que ningún profesional puede cambiar su desempeño laboral si no hace un cambio a nivel personal. “Hacemos énfasis en la persona como principio y fin. Creemos en el desarrollo de la persona promoviendo el bien común y aplicamos los valores de los jesuitas, que son el autoconocimiento, la creatividad, el amor como estilo de vida y el heroísmo”, sostiene. Por las aulas de la universidad pasaron contadores, abogados, militares y hasta el jefe del Ejército en la Antártida. Cámpora pone énfasis en la importancia de los valores: “Si te enseño a manejar emociones, a interpretar el lenguaje corporal, y eso lo usás para tu propio beneficio, te convertís en un manipulador. Sin integridad, coherencia y sentido de propósito no hay sentido”.

Comentarios1
rodrigo macana
rodrigo macana 04/12/2018 05:12:11

Excelente.

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