Palabra de CEO

Zuccardi: "Las retenciones no tienen sentido conceptual en productos como el vino"

Presidente de Coviar, la corporación público-privada de la industria vitivinícola, el bodeguero mendocino describe la actualidad del sector

Es viernes, al mediodía. José Zuccardi se disculpa varias veces para revisar o atender su celular. Está sentado en el lobby del hotel, tras una mañana de intensas reuniones. Un par de días, en realidad: por la pandemia, escasearon sus visitas a Buenos Aires durante el año pasado y, en el arranque de 2021, aprovechó al máximo su estadía en una Capital que, por más Aspo o Dispo que se disponga, no pierde su paisaje habitual: afuera, a metros del ventanal, Diagonal Norte ya está cortada, e invadida, por una protesta de organizaciones sociales.

El celular suena, sea mensaje o llamada. Un par de veces, de sus hijos. En su caso, familia y negocios son un blend. Seguido de la huella que abrió su padre, en 1963, ahora, cada uno de sus hijos -Sebastián, Julia y Miguel- está a cargo de una unidad de negocio distinta del grupo que, a partir de la casa familiar (Santa Julia), creció hasta ser sinónimo de alta gama, con una de sus bodegas, Zuccardi Valle de Uco, reconocida por dos años consecutivos (2019 y 2020) como la mejor del mundo por la asociación The World's Best Vineyard, y la expansión de sus actividades a la elaboración de otros productos, como el aceite de oliva.

Pero, esta vez, la excusa del viaje de Zuccardi a Buenos Aires fue el lanzamiento del plan estratégico 2030 de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), organismo público-privado que el bodeguero mendocino preside desde marzo. La iniciativa apunta a vender, al cabo de la corriente década, 1000 millones de litros en el mercado interno -fueron 963 millones en 2020, el mejor volumen en un lustro- y a exportar por u$s 1380 millones, desde los u$s 1022 millones que toda la industria (vinos, jugo concentrado, pasa de uva y uva de mesa) despachó el año pasado.

"Son objetivos ambiciosos pero posibles. La vitivinicultura argentina está muy bien considerada en el mundo. Tenemos condiciones para crecer, para seguirnos desarrollando", dice Zuccardi. "Nunca tuvimos vinos de mejor calidad que ahora, ni mejor estructura humana, a nivel de agrónomos, enólogos, comerciales...", se entusiasma.

¿Cómo está hoy el sector? ¿Desde dónde parte para llegar a esas metas?

Hemos cumplido un objetivo importante. La vitivinicultura venía con una situación de desequilibrio entre stocks y demanda. Por distintos factores -el volumen de producción de 2020, los valores de ventas en el mercado interno y las mayores ventas de vinos en la exportación-, llegamos a la cosecha 2021 con una situación de mayor equilibrio. Enfrentamos un período de mucha mejor distribución de los recursos de la cadena. La fuerte valoración de las uvas para esta cosecha pone en mucha mejor situación al sector primario, a los productores. Tenemos condiciones para crecer, para seguirnos desarrollando. En octubre, hubo un aumento en los reintegros de los impuestos para exportar. Eso fue muy positivo. Pero, también, es muy importante que, al vino, se lo incluya en las exenciones de derechos que beneficiaron a los productos de las economías regionales. Vinos y jugos de uva no se incluyeron. Y la Argentina es el mayor exportador mundial de jugo uva concentrado a nivel mundial.

¿Por qué no se lo incluyó?

Me parece que porque ya se habían mejorado los reintegros. Pero ambas medidas son importantes y complementarias para darnos un plus de agresividad en los mercados externos. Cuando vamos al mercado internacional, países como Francia, Italia, Portugal, son muy agresivos en el soporte a sus vitiviniculturas. Son muy agresivos porque saben que es algo que lleva recursos a las regiones y, además, es un producto muy importante en la construcción de la marca país.

Dice que los objetivos son ambiciosos pero posibles. ¿De qué dependen?

De la situación macro. Queremos llegar a los u$s 1000 millones exportados de vino embotellado y a los 150 millones de litros a granel. También, buscamos 150.000 toneladas de jugo concentrado de uva. Estamos en el camino, en la dirección correcta. Pero dependemos mucho de las condiciones que se den a futuro. La situación macro tiene un impacto muy fuerte. Tenemos un potencial exportador muy superior al que hoy estamos haciendo. El vino argentino tiene gran reconocimiento del mundo. El malbec es una marca y una, además, asociada a la Argentina. Las condiciones para crecer están dadas.

Uno de los supuestos del plan es recuperar el tipo de cambio de 2019 y ajustarlo según la inflación. Una definición que roza con sutileza un término tan sensible como "devaluación".

Entre 2002 y 2010, tuvimos un tipo de cambio altamente conveniente y la vitivinicultura creció en términos muy, muy importantes. Se aplanó en 2011 y empezamos con uno no conveniente hasta 2018. Además, se sumaron factores internos, como muy malas cosechas en 2016 y 2017. Eso nos hizo perder competitividad. El tipo de cambio, hoy, nos permite ser competitivos. Corrigiendo las asimetrías que generan las retenciones (del 4,5%) y habiendo recompuesto los reintegros, creemos que estamos en condiciones de dar pelea.

¿Qué tipo de cambio es competitivo: el oficial, el blue, el bolsa...?

Nos manejamos con el único: el que nos pagan nuestras exportaciones. No existen los otros (se ríe).

¿Y para pagar insumos? ¿También existe sólo uno?

Tenemos una ecuación altamente conveniente para el país. Importamos un porcentaje ínfimo de lo que exportamos. Son pocos los insumos que traemos. Y, en general, cajas, botellas, etiquetas, son nacionales. Hay que importar cosas de maquinaria. Necesitaríamos que se nos permita comprar los elementos que necesitamos al mismo tipo de cambio al que nos pagan. Muchas veces, en el comercio, hay especulación. Se manejan otros tipos de cambio. Hay que evitar y corregir ese tipo de situaciones. La ecuación de la vitivinicultura es altamente positiva. Somos un sector conveniente desde la generación de divisas y la construcción de marca país. En productos de alto valor agregado como los nuestros -el vino y el jugo concentrado-, no tiene sentido conceptual la retención.

Aun así, en 2020, el sector tuvo su mejor año de exportaciones de los últimos cinco. ¿Por qué?

En fraccionado, exportamos 22 millones de cajas. Equivalen a 250 millones de botellas. El volumen fue 9% arriba pero el precio, entre 7% y 8% abajo. La pandemia generó, en todo el mundo, el cierre de restaurantes, hoteles y la paralización del turismo. Fomentó el consumo familiar. Y uno suele tomar vinos más caros cuando come afuera. Entonces, los vinos que se vendieron fueron los de segmento de precio un poco más bajo que en los años anteriores. Pero es una tendencia que, como jugadores chicos, podemos aspirar a revertir. Contamos, hoy, con la mejor estructura profesional en que la industria vitivinícola argentina haya tenido en su historia.

¿El vino argentino está ganando mercados? ¿O pelea por conservar los que tiene?

Hay mucho por hacer. Tenemos asignaturas pendientes, como China, donde hay que poner el foco para crecer en participación de mercado. Lo bueno es que tenemos mercados nuevos por ganar. Y, en los que somos importantes (los Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Brasil), todavía no tocamos techo. Todavía, podemos crecer mucho. Por eso, trabajamos con las embajadas. Firmamos un convenio con Cancillería para capacitar al personal diplomático sobre nuestra industria.

Lo saco un segundo de Coviar y le pregunto por su empresa. ¿Qué ve para este año?

No es muy distinto de lo que digo a nivel general. Tenemos posibilidades de crecer en exportación. Sí veo con preocupación el poder adquisitivo del mercado argentino. En 2020, como grupo, tuvimos un año de crecimiento, tanto en el mercado interno como en el externo. Y estamos proyectando otro año de crecimiento para 2021. No será un año fácil; será complejo por las variables macro y la incertidumbre de la pandemia. Pero creemos que hay potencial para desarrollarse. Veremos cómo evolucionan la economía y los precios relativos. También puede tener impacto la evolución de la pandemia. No sólo por las exportaciones. Tenemos una apuesta muy fuerte hecha al enoturismo, que -además- es uno de los objetivos nuevos del plan 2030. Para eso, será determinante qué pase con la apertura de fronteras. Son más incógnitas que certezas. Somos optimistas, con moderación.

¿Sigue siendo caro el costo del capital?

Aparecieron opciones de financiación con tasas razonables. Gradualmente, va apareciendo una oferta de crédito que, un año atrás, no existían. Hablo de líneas para inversión productiva, de banca oficial. El tema de las tasas positivas, del 80%, agudizó el problema de la sobreoferta de la industria. Esa etapa de altísimas tasas de interés fue muy compleja para el sector. Ahora, en cambio, se están generando herramientas. Para muchos productores y proyectos chicos, todavía, no son tan accesibles. Ojalá que se estén abriendo porque hay necesidad de inversión en el sector.

¿Qué inflación presupuesta?

Es complejo. El arranque del año fue un poco duro. Sería muy deseable que el objetivo del Gobierno, de bajar el 5%, se pueda cumplir.

Pero, cuando usted hace números, ¿cuál anota?

No soy economista... (se ríe). Uno de los males de la Argentina es que todos opinamos de todo. Prefiero hablar de lo que manejo, de lo que sé, que es vino.

¿Qué pesa más en su tablero de control: el dólar o la inflación?

El tipo de cambio. Como empresa, exportamos el 60% de nuestra producción. Para nosotros, el tipo de cambio pesa. Para el sector, no: el 75% del vino se vende en el mercado argentino.

Hace un año, su elección en Coviar fue resistida por un grupo que incluyó a bodegas grandes. ¿Ese conflicto, ‘la grieta bodeguera', es impedimento para la ejecución de este plan?

Es un conflicto creado. Por definición, la vitivinicultura es diversa. En el mundo, no es una actividad concentrada. Hay muchos actores. Juegan, en la misma cancha, bodegas garage y multinacionales, pasando por cooperativas, pymes o empresas familiares grandes. La diversidad es una condición puesta por el consumidor. El conflicto con Coviar es fabricado por gente que no entiende la naturaleza de la actividad. No se asumen como parte de un conjunto y quieren manejar la vitivinicultura desde una oficina en Buenos Aires, sin vivir la realidad del sector, ni tener raíces en la realidad social y económica de las zonas productivas. La corporación se creó por ley. La norma también definió las participaciones. Los lugares están en la mesa y están abiertos. Es decisión de cada actor

Pero las sillas vacías son de bodegas grandes, con mucho peso en la exportación. Le darían otro músculo al plan.

De nuevo: el conflicto fue artificialmente planteado y basado en una gran incomprensión de las reglas de la actividad. Somos una organización de articulación: mientras mayor es la participación, y más actores lo hacen activamente, más rico son el resultado y la gestión. Hay empresas que no entienden conceptos fuertes, como la diversidad de la vitivinicultura, y no evalúan las cosas desde otro ángulo. La Corporación siguió trabajando con mucha decisión. Hubo un equipo de 30 profesionales; se consultó a 1500 actores de la cadena (de productores a sommeliers) y a 55 entidades de todo el país. En aquel momento, se los invitó a elaborar un plan. La hoja estaba en blanco. Hoy, ya no lo está. Se logró un producto muy bueno, que plantea la realidad de la vitivinicultura en su conjunto. Y que no excluye a nadie, más allá de aquellos que se autoexcluyeron.

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