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Tras el auge de 2020 por la pandemia, vuelve a caer fuerte el consumo de vino

En julio, las ventas se redujeron 21% y acumulan una baja de 13,7% en lo que va del año. Tetra-briks y vinos en botella de menor precio, entre los más afectados. Cuáles son las razones de la caída

La venta de vino cae fuerte en el país este año, tras el notable crecimiento vivido en 2020, de 6,5%, de la mano de la pandemia y de la mayor permanencia de los argentinos en sus casas.

En julio, los despachos de bodegas para el consumo se redujeron nada menos que un 21,1%, a 775.437 hectolitros, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Así, en los primeros siete meses del año, acumulan una baja de 13,7%, a 4,6 millones de hectolitros.

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En el sector consideran que, por un lado, las ventas están volviendo al nivel que se registraba en 2018 y 2019, previo a la pandemia. Por otro lado, los insumos aumentaron muy por encima de la inflación y las bodegas tuvieron que ajustar sus precios, en un contexto donde el poder adquisitivo de la población -especialmente los sectores de bajos o medios recursos- también retrocedió.

De hecho, la mayor baja se evidencia en los vinos en tetra-brik, que retrocedieron un 20,3% en lo que va del año y 19,7% en julio. Pero, también, aunque en menor medida, en el consumo en botella, que acumula una caída de 9,8% en lo que va del año, especialmente por la baja de los botellones de 1 a 1,5 litros, de 25,4%. Estos envases grandes, de vino económico, habían explotado en 2020, al crecer 35% frente a 2019.

Dentro de los botellas tradicionales, de 750 cm3, se verifica, además, una baja en los vinos sin variedad (usualmente vinos finos genéricos de bajo precio): acumulan un 16,8% de disminución hasta julio inclusive, mientras que los varietales crecen 7,5% en el mismo lapso. Es decir, en general, los vinos de media y alta gama no pierden ventas.

También retroceden las damajuanas, un 12,2% (en 2020 habían recuperado un 14,6%), pero apenas captan el 3,7% del total, con lo cual no inciden en el resultado final.

Sin embargo, cabe destacar que, en este contexto de caída general, avanzan dos envases, desde una base muy pequeña: las latas, envase que debutó en el vino a fines de 2019 y ya cuenta con varias etiquetas diferentes, otras nuevas por salir, y hasta se lanzó el primer espumante del país, con lo cual en el sector se espera que se tripliquen este año. En julio, se despacharon 451% más de latas de vino y acumulan un alza de 44,9% en lo que va del año.

Por otro lado, volvieron también a crecer los Bag in Box, un 124% este año. un envase de cartón, de 3 a 5 litros con una bolsa de vacío en su interior y una válvula, que evitan que el vino entre en contacto con el oxígeno y, así, mantiene su calidad. Ideal para tomar vino por copa y con un valor más atractivo que en botella, habían aumentado fuerte en 2015, con el lanzamiento de varias bodegas de vinos de calidad, pero el consumidor nunca terminó de entenderlo. Ahora, vuelven a crecer, si bien aportan -al igual que las latas- apenas el 0,3% del total.


Las razones de la caída

"Vemos que, en realidad, se está volviendo a la normalidad. En 2020, hubo un crecimiento desmedido por los cambios de hábito por la pandemia, la gente estaba más en sus casas, tenía más ocasiones de consumo. Ahora estamos volviendo a los números de 2018 y 2019. Y estamos expectantes para ver qué pasa este segundo semestre", comentó Patricia Ortiz, presidente de Bodegas de Argentina.

Al boom del vino en lata, ahora se suma el primer espumante del país

Sergio Villanueva, gerente del Fondo Vitivinícola coincide: "Estamos comparando con la etapa de la pandemia en la que el vino creció mucho, con meses de altísimos despachos, y eso acentúa la caída. La gente almorzaba y cenaba en su casa y el vino tenía un precio razonable para el bolsillo, por debajo del aumento de costos. Fue un buen desempeño, pero también un espejismo, estamos aterrizando a la realidad", comenta Villanueva.

Carlos Fiochetta, gerente de la Coviar (Corporación Vitivinícola), coincide con ambos en que "las ventas se comparan con un año atípico. En 2020 nadie esperaba ese aumento de consumo; llegamos a 950 millones de litros, 60 millones más que el año previo, y pudimos volver a 21 litros por persona", destaca.

Pero, además, Fiochetta y Villanueva agregan otro factor determinante: el fuerte aumento de insumos y la caída del poder adquisitivo. 

"Los insumos del vino subieron mucho este año y el precio al público se actualizó, en 2020 era bajo. A ciertos precios, se vio en la pandemia que el vino tenía mayor consumo; pero hoy los sectores populares tienen sus salarios muy afectados y eso se nota en la caída en tetra-brik y en los botellones, que eran convenientes en precio. Mucha gente hoy no puede comprarlos", explica Villanueva.

Al respecto, Fiochetta agrega que "el poder adquisitivo está muy resentido este año. Hubo un ajuste muy fuerte de los insumos, muy por encima de la inflación en botellas -que además escasean-, cajas, etiquetas y cápsulas. En algunos casos, aumentaron de 70% a 80%. Además se incrementó la uva, algo que es positivo, porque su valor estaba muy bajo y afectaba a productores. La uva para vinos básicos -los más masivos- pasaron de entre $ 8 y $ 10 el kilo en 2020 a $ 18 a $ 20 hoy. Todo en un contexto complejo, de 50% de inflación interanual y baja del poder adquisitivo, que se nota más en tetra-brik y botellones".

Sobre el aumento de insumos, Villanueva comenta que la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, comenzó una investigación sobre envases por el fuerte incremento en los precios, algo que en vinos afecta en botellas de vidrio pero también en tetra-brik. "Los fuertes aumentos achicaron la rentabilidad del sector, no es fácil trasladar precios al producto final y hubo que hacerlo. Pero los salarios están muy golpeados", destaca Villanueva.

Por otro lado, como positivo en este contexto complejo, "todavía los stocks de vino están a niveles aceptables, no hay sobrestock. Y en los últimos meses algunos formatos crecen, como la lata, que es aún muy nueva. Pero está por empezar el calor y hay mucha expectativa en sus ventas. Además, los restaurantes están trabajando más y crece el consumo en ese canal, y los espumantes están recuperando ventas, una bebida que venía cayendo en los últimos años, sobre todo en 2020, porque no hubo encuentros sociales ni eventos", precisa Fiochetta.

Pero Villanueva agrega un signo de alerta: "Este año hay una gran sequía en Mendoza y San Juan, nevó muy poco y por el momento no alcanza. Eso puede afectar a los próximos niveles de producción e impulsar una suba en el precio del vino. Con la sequía, se adelanta la brotación de las vides y luego viene el frío, con heladas, y las quema", advierte.


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