Palabra de CEO

Argüelles, de Sidus: "Mi empresa vale un tercio menos de lo que valdría en Australia"

A un año de haber comprado el negocio local del laboratorio francés Pierre Fabre, Marcelo Argüelles contó sus planes y dio su visión de los principales problemas de la Argentina de hoy y el rol del sector privado

Como en toda charla en época de pandemia, la vacuna acapara los primeros minutos del encuentro virtual que el Marcelo Argüelles tiene con El Cronista a un año de haber comprado el negocio local de Pierre Fabre. "Lo que se ha logrado en un año, la verdad es un cosa increíble", dice el empresario, que ya recibió las dos dosis. Dispuesto a hablar de todos los temas da su visión sobre la situación del país y cuenta en primera persona las problemáticas que hoy vive su negocio, aunque aclara en todo momento que su situación, como sector escencial, es privilegiada.

-¿Qué balance hace del manejo de la pandemia?

-Mi voto no es positivo como hubiera dicho Julio Cobos. Incluso pasó con las experiencias cotidianas de cada uno. La primera vez que me fui a vacunar entré, esperé 15 minutos y salí. La segunda vez, cuando habían abierto la posibilidad de que todos los vacunados que tuvieran más de, creo que era, 50 años podían ir sin turno, tardé tres horas. Y había vacunas, había enfermeros, el problema es que también había desorden.

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-¿Qué le preocupa más hoy la salud o la economía?

-Sin querer parafrasear al presidente creo que es más importante la salud, pero lo que pasa es que el problema económico nos agrava el sanitario. Entonces, buscar una combinación de ambas cosas es muy difícil. En otros países del mundo recurrieron a su propio financiamiento o al financiamiento externo y nosotros no tenemos.

También hay que decir que yo lo hablo desde el punto de vista de una industria que fue esencial desde el primer día. Nosotros hemos vivido la problemática económica prácticamente mirándola no viviéndola, entonces es una opinión un poco sesgada.

-¿Y le preocupa la economía argentina hoy?

-Totalmente. Yo veo que la Argentina tiene dos grandes problemas: el principal, la inflación porque pervierte todos los sistemas y mucho más a la gente de bajos recursos. Es un cáncer que tenemos que solucionar. El segundo es que tenemos una economía informal de unos niveles que son escalofriantes. Entonces, un país con inflación y con una economía informal que ronda, no sé, el 30 o 40% y que tiene un PBI afuera o adentro pero que no se usa, que es lo que pasa cuando los ahorros en moneda fuerte no están en el circuito productivo, está en gravísimos problemas.

Me preocupa mucho eso. Y también me preocupa las visiones muy sesgadas que tiene el gobierno sobre cómo solucionar algunos temas como, por ejemplo, el cierre de las importaciones, como el tema de la carne. Temas que están, evidentemente, mal manejados y repercuten en un resultado que al final es peor que el que se pretendió atender.

-Y esto se da por falta de diálogo, por querer imponer una visión...

-Yo creo que es tratar de imponer una visión y esa visión no es homogénea en todo el gobierno. Da toda la sensación que tenemos esquemas que no son compartidos. Por ejemplo, los aumentos de las tarifas eléctricas. Es ridículo pensar que un país que tiene una inflación del 50% aumente sus tarifas en un 9%. De algún lugar finalmente sale la plata que falta.

-Como empresario, ¿qué solución le ve?

-Lo que me llama la atención del momento actual es cómo perdura la, no me gusta llamarla decadencia pero es una palabra muy parecida a esa. En otra época tuvimos procesos que fueron más explosivos, como la hiperinflación. Teníamos crisis que eran todas "V". Si uno lo veía parecía la escudería de VW. Pero ahora, es una curva plana en descenso. A mí no me gusta hablar así porque nosotros somos la antítesis. Pensá que en medio de la pandemia hicimos una operación por la cual incorporamos a 160 personas (NdR: se refiere a la compra del negocio local de Pierre Fabre).

Te digo la verdad, no nos va mal. Pero lo que la gente tiene que saber es, por ejemplo, que la valuación de mi empresa acá debe ser un tercio de lo que valdría en Australia o en países similares al nuestro. Y otra cosa es que todo el contexto está muy deteriorado: la gente no invierte, no tiene expectativas positivas respecto del futuro. Los sectores "perdedores" de este período va a ser muy difícil que se recuperen.

-¿Crees que la Argentina debe abrirse más al mundo?

-Totalmente. Hoy es imposible pensar en no abrirse al mundo. Es algo que hoy en el mundo no se discute. Pero, increíblemente el gobierno nos plantea que queremos exportar. Y nosotros acabamos de comprar dos equipos de liofilización como primera etapa para hacer una planta de otra envargadura en Buenos Aires (NdR: ya cuentan con una en Gaiman). Comprar uno de esos equipos a China tiene un recargo del 35%. Es decir, estás comprando una máquina productiva pero tenés que pagar un 35% adicional a todo lo que hay que pagar por otras yerbas. Y, por exportar, vendemos afuera materia prima biológica de uso en medicamentos, tenemos un impuesto del orden del 5%, cuando estamos compitiendo con países que tienen costos más bajos que los nuestros y, adicionalmente, tiene un reintegro. Son pequeñas cosas que hacen que uno tenga la desilusión de no ver cómo es este proceso. Y, por otro lado, sufrimos enormemente la limitante que tenemos a la importación: incorporamos una línea de dermocosmética y mayo, junio y julio, por falta de productos, vendimos un 40% menos que lo que teníamos que haber vendido.

Es más, tengo pedidos que ya están en la Argentina, que están en la Aduana, tengo recargo por estar en la Aduana y que en un momento determinado me van a decir, si usted nos los libera va a tener que mandarlos de nuevo al destino de origen. Es todo un sistema un poco corrosivo.

Ya lo dijo el general todo en su medida y armoniosamente.

-¿Qué expectativas tiene con las próximas elecciones? ¿Cree que es necesario un pacto al estilo la Moncloa?

-Cien por ciento. Creo que no de los principales problemas que tuvo el gobierno de Macri fue en los aspectos de vincularse con la oposición fue tan sectario como lo fueron todos en la Argentina. Estoy vislumbrando, con este optimismo combativo que trato de tener permanentemente, que se puede empezar a dar algo diferente porque hoy la oferta me parece que bastante más amplia. Me parece que estamos empezando a tener un medio que es lo que quiere toda la gente, no extremos.

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-¿Ve a la Argentina encontrando un rumbo en el corto plazo?

-SÍ. No sé si lo veo o lo deseo. Lo que es fundamental es que esa mayoría, que ya no es tan silenciosa como fue siempre, debería definir 10 puntos cruciales: la inflación; el trabajo formal, que alguien pueda valorar que tiene un trabajo y que reciba un sueldo en un banco; la seguridad; cómo lograr que la cantidad de pobres que tenemos se integren al proceso social y productivo. Creo que el mundo está de acuerdo en que a la gente hay que asistirla pero esto no puede ir en contra del trabajo.

-¿Y desde el sector privado se presentan iniciativas al gobierno?

-Sí, aunque se hace difícil establecer un diálogo. Las antinomias hacen que no sea pueda. Yo creo que el empresario, antes todo, debe responder al principio de confiar en el país, invertir y dar trabajo inclusivo, serio y en condiciones laborales buenas.

Los sindicatos también deben ayudar en eso. Creo que los sindicatos han cumplido un rol importante en la historia del trabajo, pero acá hay un nexo fundamental que es el empresario con el trabajador y los sindicatos han perdido consistencia. De forma que hay que empezar de cero.



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