PRODUCE LAS MARCAS YOGS Y SHIMY

Se enfría la venta de ARSA, la empresa de Vicentin que fabrica los yogures SanCor

Los interesados habrían congelado las conversaciones por cuestiones vinculadas a la negociación y a la economía. En 2016, el gigante cerealero le pagó a la cooperativa u$s 100 millones por la firma, que también elabora postres frescos

Luego de desprenderse del frigorífico Friar en septiembrela familia Vicentin puso en venta otra empresa a fines del año pasado: busca comprador para Alimentos Refrigerados Sociedad Anónima (ARSA), la dueña de los yogures SanCor y los postrecitos Shimy, una firma que gestiona desde que la cooperativa se la cedió en 2016, por u$s 100 millones.

En medio de la pandemia y la crisis que atraviesa el sector lácteo, Vicentin Family Group, que intenta despegar a ARSA del concurso del gigante cerealero bajo su órbita, le dio el mandato de venta al ex Ernst & Young Daniel Serventi y un socio. Tuvo acercamientos con algunos grupos, pero las negociaciones se habrían congelado. 

"Más que enfriarse, nunca llegaron a calentarse. No hay interesados con capacidad para hacerle frente al negocio", dicen en el sector. Hoy no existe ninguna conversación firme que derive en un inminente cierre de la transacción, de acuerdo a conocedores de la operación. Consultada al respecto, la empresa prefirió no hacer declaraciones.

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La lista inicial de potenciales candidatos incluía a fondos de inversión como Inverlat, cuyo portfolio comprende a compañías como Havanna y Aspro. Según pudo saber El Cronista, el private-equity rechazó hacer una oferta cuando vio los números. "No le cerraba por ningún lado, se retiró apenas le pusieron la hoja sobre la mesa", comentan allegados a la negociación.

También se habrían alistado dos alimenticias, por fuera del mercado de refrigerados, y otro fondo local, que habrían adoptado una actitud más cauta, a la espera de la evolución de indicadores macro. "Fueron charlas preliminares", sostienen.

Asimismo, cuando se conoció que ARSA se encontraba a la venta, trascendió que grupos como Werthein y CarVal tenían interés, un hecho que fuentes vinculadas a ambos le desmintieron a este medio. "No es el tipo de negocio que buscan", aseguran.

Incluso, se dijo que SanCor estaba preocupada por recuperar la división de frescos que le vendió a Vicentin hace cinco años. También fue desmentido por allegados a la cooperativa. "En la actualidad, está abocada a retomar la senda del crecimiento y dejar atrás su magro período de su historia, con un plan que ya puso en marcha", señalan.

En 2016, Vicentin pagó u$s 100 millones por ARSA

Con dos plantas, una ubicada en las cercanías de la ciudad de Córdoba, camino a la localidad de Montecristo, y otra en Arenaza, en el partido bonaerense de Lincoln, ARSA emplea un total de 600 trabajadores.

Su red logística está compuesta por 165 distribuidores que llegan a 70.000 comercios de forma semanal. Según datos de la empresa, entre enero y agosto de 2020 facturó $ 6000 millones.

Hasta marzo de 2020, tenía una participación del 18,10% en el segmento de yogures, con las marcas Vida, Yogs y Primeros Sabores, según la consultora Nielsen. Vicentin asegura que cuando compró la firma, el share era del 16,3%.

En el rubro de postres infantiles, controla el 33,1%, con Sancorito, Sublime, Shimy y los Flanes Caseros SanCor. En este caso, el grupo indica que en 2016 la participación llegaba al 24,5%.

Es el segundo jugador, después de la francesa Danone, con los productos de La Serenísima, bajo los nombres de Yogurísimo, Serenito y Danonino, con un share del 35,7% en yogures y del 41,2% en postres. 

Desde que se completó el take-over, Vicentin inyectó otros u$s 35 millones adicionales al monto desembolsado para la adquisición de Arsa. ¿Por qué entonces, con los números a su favor, no encuentra comprador?

NEGOCIACIONES CONGELADAS

En la industria, aseguran que el principal obstáculo de la operación tiene que ver con que SanCor continúa siendo la dueña de las marcas, pese a que su gestión está en manos de Vicentin. 

"Más allá de que las plantas están incluidas, el problema radica en el derecho de uso del nombre SanCor, con fines específicos y acotados. Es una concesión a medias, teniendo en cuenta que no se pueden realizar lanzamientos sin su aval. Si bien Vicentin sacó a la venta nuevas marcas desde que tomó la firma, el hecho de tener a la cooperativa de por medio no les convenció a los candidatos", detallan conocedores de las negociaciones.

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A ello, se suma la complejidad de la distribución refrigerada. Al año de la venta de ARSA, en 2017, SanCor dejó de encargarse de la logística de este negocio. 

"El comprador debe contar con el know-how, ya que es una parte difícil de manejar. Hay que mover un volumen considerable de producción para que rinda. Quien tome posesión de la firma tendría que manejar todo el portafolio de productos de SanCor, y no solo los frescos, para aprovechar la oportunidad", explican.

En este sentido, la crisis láctea y la incertidumbre en materia económica también habrían desalentado a los incipientes interesados. "La nula rentabilidad actual para el sector, sumado al contexto local, hacen que sea poco conveniente. La parálisis de la actividad económica se traduce en una caída del consumo", remarcan.

Arsa es el segundo jugador del mercado de yogures y postres

"El año pasado, los costos subieron un 40% y los precios autorizados apenas alcanzaron un aumento del 10%, por los programas de precios máximos y cuidados. Este gap genera un margen neutro o negativo para la mayoría de los players", afirman conocedores de la industria.

Para el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), "el retraso en los precios hace que el mix de consumo doméstico se vuelva más complejo". "Por un lado, existe la asistencia del Estado para los sectores que menos recursos tienen, que consumen más productos básicos (leche y queso crema). Por otra parte, se evidencia un deterioro del poder adquisitivo de los segmentos medios de la pirámide de ingresos, que reducen el consumo de productos de mayor valor agregado como yogures o postres", comentan.

Cabe destacar que existe un problema gremial con las empresas que tienen a sus trabajadores encuadrados en el sindicato de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra), que empeora el panorama.

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