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Reanimando al capital: el mundo vuelve a invertir en energía, pero puede no ser suficiente

Según la Agencia Internacional de Energía, los desembolsos en el sector están listos para recuperarse este año. Pero, todavía, sigue faltando bastante para alcanzar el camino hacia las emisiones cero en 2050. A cuánto ascenderán los montos y qué factores son los determinantes

A inicios de mes, la Agencia Internacional de Energía (AEI) publicó su informe anual de inversiones. El documento analiza cómo los inversores están evaluando riesgos y oportunidades en la industria, en un contexto de recuperación de la demanda global de energía y de compromisos reforzados de los gobiernos y el sector privado para abordar el cambio climático.

"La recuperación en la inversión en energía es una señal bienvenida. Pero recursos mucho más grandes tienen que ser movilizados hacia las tecnologías de energías limpias para poner al mundo en el camino de alcanzar el objetivo de emisiones netas cero en 2050", dijo Fatih Birol, director ejecutivo de la AEI.

A continuación, las principales conclusiones del informe.

La inversión global en energía está lista para rebotar en cerca de un 10% en 2021, revirtiendo mucho de la caída provocada por la pandemia

En 2021, la inversión anual en energía está lista para crecer a u$s 1,9 billones, rebotando cerca de un 10% desde 2020 y levando al volumen total de inversiones de nuevo hacia niveles pre-crisis. No obstante, la composición cambió hacia sectores de energía y uso final, y lejos de la tradicional producción de combustibles.

Los prospectos para inversión han mejorado marcadamente en conjunto con el crecimiento económico, aunque hay variaciones significativas país por país. La demanda global de energía está lista para crecer 4,6% en 2021, más que compensando la contracción de 4% en 2020, de acuerdo con los últimos cálculos de la AEI.

Mientras muchas empresas energéticas se mantienen en una situación financiera frágil, hay signos de que los desarrolladores están usando la ventana provista por políticas monetarias expansivas y el respaldo de los gobiernos para planificar desarrollos de infraestructura e inversiones en nuevos proyectos.

El alza anticipada de inversiones en 2021 es la mistura de una respuesta cíclica de recuperación y un cambio estructural en los flujos de capital hacia tecnologías más limpias. Pero, a pesar de una urgente necesidad por saltar a un camino de energía más sustentable, las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) están de nuevo en ascenso, tras la mayor caída anual de la historia en 2020.

La electricidad, liderada por el boyante gasto en energía renovable, continúa tomando la mayor participación de la inversión general en abastecimiento

Después de haber permanecida plana en 2020, la inversión en el sector global de generación está lista para subir en cerca de un 5% durante 2021, a más de u$s 820.000 millones.

Las renovables dominan la inversión en nueva generación de energía y se espera que contabilicen el 70% del total de los u$s 530.000 millones que se gastarán en toda nueva capacidad de generación. La inversión en redes y almacenamiento componen el resto.

Gracias a las rápidas mejoras tecnológicas y las reducciones de costos, u$s 1 gastado hoy en el despliegue de energía eólica y solar fotovoltaica (PV) genera cuatro veces más electricidad que uno puesto en las mismas tecnologías hace 10 años.

La inversión renovable prosperó en mercado con cadenas de abastecimiento bien consolidadas, donde los menores costos son acompañados por marcos regulatorios que proveen previsibilidad para el flujo de caja... y donde los prestamistas y financieros que entienden bien estos sectores buscan respaldar proyectos sostenibles. La demanda del sector corporativo por una electricidad limpia para alcanzar objetivos de sustentabilidad también jugó un papel.

Mucho de la resiliencia en el gasto durante 2020 se concentró en un puñado de mercados, más notablemente, en la República Popular de China, que vio un año notable para la inversión en energía eólica, como también ocurrió en los Estados Unidos y en Europa. Por el quinto año consecutivo, el gasto de capital en el sector de generación durante 2020 fue más alto que para el abastecimiento de oil & gas.

La electrificación también fue un importante impulsor del gasto de inversión. Las ventas de vehículos eléctricos continúan emergiendo, junto con la proliferación de nuevos modelos ofrecidos por las automotrices, respaldados por objetivos de economía de combustibles y mandatos de vehículos de emisión cero.

Las políticas persisten como un driver crucial para muchas inversiones energéticas, con el impacto de los planes de recuperación convirtiéndose visibles en algunos países

En economías donde los gobiernos tienen más margen fiscal y están en condiciones de prestar a tasas bajas, las estrategias de recuperación ofrecen una mayor oportunidad para impulsar la inversión en infraestructura, eficiencia y tecnologías de energías limpias.

En el caso de la infraestructura, después de declinar por cuarto año consecutivo en 2020, se espera que el gasto en redes de electricidad crezca en 2021, liderado por China y por Europa. El gasto en infraestructura propuesto en los Estados Unidos, si es aprobado, podría aportar a este momentum.

El desembolso en mejoras de eficiencia energética está listo para incrementar en 2021 por cerca de un 10%, respuesta al renovado crecimiento económico y a los efectos iniciales de los programas de recuperación. No obstante, en un contexto de precios del combustible relativamente bajos, el crecimiento está pesadamente concentrado en mercados y sectores con políticas gubernamentales claras, como el sector de la construcción en Europa.

Las políticas y estímulos de gasto están alentando proyectos en áreas nuevas, como el hidrógeno de bajo carbono y la utilización y almacenamiento de capturas de carbono (CCUS, por su sigla en inglés).

Sin embargo, a pesar de estos signos alentadores, el gasto de estímulo en tecnologías de energía limpia está muy por debajo de lo que se necesita para garantizar una recuperación sostenible de la crisis de Covid-19.

Muchos países en desarrollo carecen de los medios para perseguir estrategias de recuperación expansivas y tempranos signos de inflación en algunas economías condujeron a preguntas acerca de cuánto durará el actual entorno de bajas tasas de interés.

El impulso de las promesas de cero neto y las finanzas sostenibles aún no se tradujeron en grandes aumentos en el gasto real en proyectos de energía limpia

A lo largo del último año, hubo una proliferación de compromisos por parte de gobiernos, empresas e instituciones financieras de alcanzar las emisiones netas cero para 2050 o rápidamente antes. La comunidad financiera, en muchas economías avanzadas, se alineó en torno a las finanzas sustentables, lanzando fondos e iniciativas para canalizar el creciente apetito de los mercados de capitales y para cumplir con nuevas regulaciones de transparencia. 

La emisión de deuda sostenible creció rápidamente, alcanzando un récord de u$s 600.000 millones en 2020, y la transversalización de los bonos verdes está crecientemente acompañada por nuevos tipos de securitizaciones e instrumentos basados en performance, para respaldar transacciones más complejas.

Las empresas de energías limpias se desempeñaron bien en los mercados financieros, con las compañías de generación renovable superando en los recientes años, tanto a los índices de cotizantes de combustibles fósiles, como a las de mercados de acciones públicas, y con menor volatilidad.

Las valuaciones se mantienen altas, después de un aumento particularmente fuerte en los precios en la segunda mitad de 2020, incluso, pese a que hubo algún retroceso a inicios de 2021.

Incluso si el gasto en energías limpias está listo para crecer un 7% en 2021, los flujos financieros han crecido más rápidamente que los actuales desembolsos de capital. Hay una escasez en proyectos de energías limpias de alta calidad. Esto está compuesto por canales inadecuados para guiar a los fondos disponibles en una dirección correcta y una falta de intermediarios capaces de matchear excedentes de capital con las necesidades sustentables de empresas y consumidores.

La energía limpia está en una suba moderada pero sigue siendo muy insuficiente contra lo que será requerido para evitar impactos severos del cambio climático

Los u$s 750.000 millones que se esperan de inversión en tecnologías de energías limpias y eficiencia a escala global este año siguen siendo muy por debajo de lo que es necesario en distintos escenarios climáticos.

Se requeriría el doble de desembolso en la corriente década para conservar las temperaturas bien debajo de un crecimiento de 2 grados centígrados y más del triple, para mantener la puerta abierta para una estabilización de 1,5 grados.

Pasar a un camino energético alineado con el clima depende de una amplia gama de acciones gubernamentales, incluida la atención a la arquitectura financiera que puede acelerar las inversiones directas en soluciones listas para el mercado y promover la innovación de tecnologías en su etapa inicial.

Las políticas necesitan conducir un cambio histórico en la inversión en energías limpias durante esta década. Señales políticas claras de los gobiernos no sólo reducirían la incertidumbre asociada con esta tecnología. También, evitaría los costos potenciales de invertir en activos que corren el riesgo de ser subutilizados o varados.

Los desequilibrios en la velocidad del ajuste pueden crear riesgos, por ejemplo, si un ritmo lento de inversión en la red conduce a cuellos de botella para la energía eólica y solar fotovoltaica. O si los proveedores de petróleo y gas se alejan de los hidrocarburos más rápido que sus consumidores. A medida que los reguladores financieros trabajan para alinear los flujos de capital con los objetivos climáticos, un progreso más lento en la economía real puede llevar a los inversores a sobrevalorar algunos sectores, mientras penalizan a otros, creando un viaje volátil en el camino.

La brecha entre las tendencias actuales de inversión y un camino sustentable es mayor en los mercados emergentes y las economías en desarrollo

En contraste con las economías avanzadas y China, la inversión en mercados emergentes y economías en desarrollo (EMDE, por su sigla en inglés) está dada para seguir por debajo de los niveles pre-crisis. En gran medida, porque sus crisis públicas gemelas -sanitaria y económica- son más prolongadas.

Fuera de los EMDE, China contabiliza cerca de dos tercios de la población mundial. Pero sólo un tercio de la inversión global en energía y apenas un quinto de los desembolsos en energías limpias.

Estas EMDE necesitan alcanzar un alto incremento en la inversión desde un punto de partida de menor margen fiscal y mayor restricción de acceso a fuentes de financiamiento que las economías avanzadas. Las presiones financieras sobre las empresas de servicios públicos y otros grandes inversores en estos países estuvieron exacerbadas durante la pandemia, lo que también resultó en retrasos en el rumbo a expandir el acceso a energía moderno. Esta es una falla importante en las transiciones energéticas globales.

El balance de la inversión en combustibles fósiles está cambiando hacia empresas de propiedad estatal

La inversión en extracción de oil & gas crecerá cerca de 10%, mientras las empresas se recuperan financieramente del shock de 2020. Pero el gasto seguirá bien por debajo de los niveles pre-crisis. Una demanda más firme y precios más altos del petróleo y el gas condujeron a estrategias de inversión divergentes. El control de costos sigue siendo el tema común. No obstante, algunas grandes petroleras nacionales están mirando para invertir anticíclicamente, para ganar market share.

La decisión de Qatar de moverse hacia adelante con la mayor expansión de gas natural licuado (GNL) del mundo, e incluir captura de carbono en sus planes de desarrollo, es una declaración fuerte de un intento por mantener su posición de liderazgo en GNL

Existen fuertes presiones sobre las empresas privadas para mantener bajo control las carteras de petróleo y gas. A pesar de los más altos precios, las principales petroleras mantendrán flat sus gastos agregados en este negocio y sus participaciones sobre el gasto total en upstream hoy es 25%, contra el 40% de mediados de la década pasada

El sector del shale está, por el momento, apegado a su recién descubierto compromiso a la disciplina financiera, usando sus mayores ingresos de 2021 para repagar deuda y devolverles dinero a sus accionistas, en vez de incrementar los gastos.

La predominancia de empresas estatales también es visible en el abastecimiento de carbón, con dinámicas de inversión largamente determinadas por lo que ocurre en China y la India. En China, la política prioritaria es modernizar el sector, al cerrar pequeñas e ineficientes minas e invertir, en cambio, en aquellas que son más grandes y mecanizadas. En la India, el principal driver de la inversión doméstica es reducir las importaciones de carbón.

En términos generales, el abrumador volumen de inversión en abastecimiento de combustible de 2020 fue a los combustibles fósiles: 84% a oil & gas y 14,5% a carbón (que es un sector mucho menos capital intensivo). Cerca de 1,3% se invirtió en combustibles bajos en carbono. 

Hoy, la inversión en combustibles parece ser captada entre dos mundos: ninguno lo suficientemente fuerte para satisfacer las tendencias actuales de consumo, ni lo suficientemente diversificado para alcanzar las metas de energías limpias del mañana.

Un repunte en las decisiones de inversión para nuevas centrales eléctricas de carbón subraya que el carbón está cayendo, pero no quedó afuera de la industria

La creciente participación de las energías renovables en las inversiones destinadas a generación nueva fue acompañada de una fuerte caída en las aprobaciones para nuevas centrales eléctricas de carbón, que están un 80% por debajo que hace cinco años. Sin embargo, hubo un ligero aumento en los avances para nuevos proyectos de carbón en 2020.

Esto fue, en gran medida, debido a China, donde el Gobierno bajó las restricciones a la construcción en más provincias. Camboya, Indonesia y Pakistán son otros países donde las decisiones finales de inversión (FID, por su sigla en inglés) en generación por carbón subieron en 2020. Estos tres países, en conjunto, aprobaron un total de casi 5 gigawatts (Gw) de nueva capacidad de generación a carbón.

En la India, el monto aprobado cayó debajo de 1 Gw, su nivel más bajo en una década. Las FID en generación a carbón de China en 2020 fueron de cerca del 25% de su nivel de 2010; en la India, menos de un 5 por ciento.

Las FID para plantas alimentadas a gas cayeron globalmente en 2020 pero, todavía, son más del doble de aquellas a carbón (50 Gw versus 20 Gw).

Una gran reducción en los FID para la nueva capacidad a gas en los Estados Unidos compensó con creces el crecimiento en partes de Asia (fuera de China e India). Desde una base baja, los desembolsos por la industria del petróleo y el gas en tecnologías de energías limpias están empezando a repuntar.

Las empresas de oil & gas están bajo creciente presión para adaptar sus estrategias de inversión a las necesidades de una transición hacia energías limpias. Esto toma diferentes formas, incluidos compromisos para reducir las emisiones resultantes del abastecimiento de petróleo y gas, o invertir en nuevas áreas, como la electricidad limpia o los combustibles sustentables.

En 2020, las inversiones en energía limpia por parte de la industria del petróleo y el gas contabilizaron sólo cerca del 1% del total de gastos de capital. No obstante, el seguimiento de la AEI sugiere que los compromisos para diversificar inversiones, liderados por grandes compañías europeas, ya están teniendo un impacto. Si la performance, hasta ahora, es mantenida en 2021 para todo el año, la participación en la inversión de capital hecha por la industria del petróleo y el gas en energías limpias podría crecer más de 4%

El financiamiento de proyectos para generación eólica off-shore -muy cercanamente alineada con las fortalezas de la industria- fue considerablemente mayor en el primer trimestre de 2021 que en todo 2020.

El apoyo a la innovación es un pilar clave de los planes de emisión cero. Pero 2020 vio tendencias divergentes entre los gastos del Gobierno y el de las empresas en investigación y desarrollo de energía

El gasto público en I&D de energía continuó subiendo en 2020, con la participación de las tecnologías bajas en carbono creciendo al 80% del total. No obstante, la inversión del sector privado cayó en cerca del 2%, dado que la pandemia causó recortes en los presupuestos corporativos.

Los gobiernos tienen un papel clave a desemplear en asegurar que la capacidad del mundo de incorporar nuevas tecnologías a sus mercados no será interrumpida por la pandemia. Las señales sobre la inversión en innovación en energía baja en carbono a inicios de 2021 son ampliamente positivas. Las principales economías resaltaron a la innovación y a un financiamiento creciente como parte de sus caminos hacia la emisión cero. En total, la AEI estima que, hasta 2030, más de u$s 50.000 millones de fondos públicos podrían estar disponibles para un gran despliegue de proyectos de largo alcance en tecnologías bajas en carbono, incluidas CCUS y otras formas de mitigar las emisiones industriales.

Otra fuente de optimismo es la observada resiliencia en 2020 del fondeo de venture capital hacia tecnologías de energías bajas en carbono que atraviesan sus etapas iniciales.

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