Quién es el CEO con experiencia militar que batalla con 15 casos diarios de Covid

Alberto Pizzi, CEO de la firma de seguridad privada Securitas, dice que la segunda ola es mucho peor para los servicios. Qué pasó con la cobertura que contratan las empresas durante 2020 y este año.

A Alberto Pizzi, ejecutivo de extensa trayectoria en el mercado local -fue CEO de Kraft, Ideas del Sur y Merisant, entre otras empresas-, la propuesta para dirigir la filial local de la firma sueca de seguridad Securitas le llegó, literalmente, en la puerta de su casa. "Tengo un pedido de un CEO que te describe: alguien que provenga de las fuerzas armadas, tenga experiencia en management y haya presidido compañías grandes de más de 5000 personas. ¿Querés escuchar?", le dijo hace dos años su vecino Marcelo Grimoldi (líder de la oficina de Buenos Aires de Egon Zehnder). "Tengo una cercanía con el negocio porque gran parte de mis amigos se dedican a esto", dice Pizzi, que pasó en su adolescencia por el Colegio Militar y estuvo tres años en el Ejército antes de iniciar su camino corporativo luego de estudiar Administración de Empresas en la UB y hacer un MBA en la Ucema. "Soy de la promoción Malvinas -egresamos ese año del Colegio Militar- y me retiré tres años después. Todos mis compañeros en algún momento se fueron sumando a empresas de seguridad privada o las fundaron, a partir de los años 90, cuando se sanciona la primera ley de seguridad privada. Sin haber estado en el ambiente en los últimos 30 años, conozco a todo el mundo", cuenta hoy. "El ejército enseña a manejar gente, y esta es una compañía de gente", agrega.

¿Cómo atravesó la pandemia Securitas?

La pandemia le pegó mucho a los servicios. La primera reacción de las empresas fue cerrar la caja y cortar los gastos. En muchos casos cortaron por necesidad y en otros, porque su actividad se redujo y pasaron a requerir una guardia mínima. Entonces, donde había 40 guardias -una universidad, por ejemplo- pasaron a necesitar solo 12.Uno de los problemas que enfrentamos en 2020, además, era poder cumplir con el servicio en medio del Covid. Pero esta segunda ola es mucho peor. Tenemos entre 10 y 15 contagiados por día. El año pasado se contagiaba uno y aislábamos a los contactos estrechos. Ahora es de a 10, lo cual hace mucho más complejo el problema. Tuvimos que sufrir muertes (la estadística de Securitas es la misma que la del país) y llegamos a tener 1500 guardias sin asignación, entre licencias por Covid y servicios caídos.

¿Ese fue el pico del año pasado? ¿Cuál es la situación hoy?

Sí, fue el pico. Hoy estamos en unos 600/700. Hicimos un acuerdo con el sindicato (Upsra) y fuimos al Ministerio de Trabajo para cerrar un convenio para mantener las fuentes de trabajo y contar con ayuda para el pago de una parte de los salarios. Después, entre la rotación misma que siempre hay y algunos planes de retiro que instauramos logramos reducir el número de personal. A partir de julio de 2020 la situación se empezó a recuperar, pero las restricciones de caja hicieron que los pagos (de los clientes) se demoraran. La compañía nos ayudó a superar ese trance financiero.

¿La demanda comenzó a repuntar después, o las empresas mantuvieron su recorte de costos en cuanto al servicio?

Las compañías están viendo hoy cómo bajar sus gastos de seguridad. Pero la seguridad es muy compleja. Si una compañía va a bajar de 10 guardias a uno, llega el punto en que no conviene ni tenerlo, porque con uno no hace nada. La seguridad va hacia una combinación de lo físico y lo electrónico. Nosotros no tercerizamos la electrónica, la hacemos in house con nuestros propios ingenieros y tenemos expertos en tecnología de acceso, alarmas, videocontrol, termoeléctrica. Eso permite una buena combinación entre el recurso humano y la tecnología. La vigilancia remota es otra tendencia: desde nuestra sede en Panamericana vigilamos predios a kilómetros de distancia, con alarmas de sensores de movimiento.

¿La pandemia aceleró la adopción de soluciones tecnológicas, tanto del lado de la empresa como de los clientes?

Sí, definitivamente. También se produjo un abaratamiento de la tecnología con el ingreso de productos chinos. La calidad de imagen de una cámara de seguridad de hoy es mucho mejor que la de hace cinco años, y la iluminación también mejoró. Todo eso ayuda a vender un sistema de seguridad electrónica, pese a tener un costo en dólares. La tecnología requiere también otro tipo de puestos técnicos, como monitoristas. Lo que hacemos es capacitar internamente a la gente para que haga ese tipo de trabajo. El guardia de antes cambió mucho. Hoy están entrenados en RCP y hasta pueden actuar de bomberos en una emergencia, como pasó hace poco en (el barrio privado) Costa Esmeralda.

Competencia

¿Qué ocurrió con la cartera de clientes? ¿Se mantuvo?

Hoy tenemos 760 clientes y 29.000 alarmas. El negocio de empresas representa el 80 por ciento de la facturación, y el otro 20 corresponde a clientes individuales. Con la pandemia, muchas empresas salieron a licitar nuevamente los servicios. En esta actividad, la formalidad es importante y nosotros cumplimos todo; otros, no tanto. Siempre habrá quien ofrezca un precio más bajo. No competimos por precio, sino por valor. Tenemos un muy fuerte componente de cuentas globales, que confían en Securitas en todo el mundo y nosotros les damos el servicio a nivel local. Luego hay un segmento de empresas grandes que buscan empresas como la nuestra por un tema de respaldo y garantías. Y después hay un rubro de pymes a las que no podemos llegar porque al tener nosotros todo en blanco se les dificulta el costo. Además de salir a licitar, muchas empresas recortaron la seguridad. Bajaron de 10 a 6 guardias, por ejemplo, o achicaron recorridos logísticos. Aumentaron su vulnerabilidad pero no les quedó otra.

¿Cómo se gestiona una firma con 15 casos diarios de Covid? ¿Qué medidas tomaron para cumplir con el servicio?

Es una dinámica desafiante. Lo fuimos cubriendo con horas extras y algo de empleo temporario. Pero puede pasar que el que sobra en un momento no está donde hace falta, al tener una cobertura geográfica tan grande: te sobran 15 en Baradero y te faltan 15 en Ensenada. Desde el punto de vista de los números, los costos están explotados. La indicación que tenemos de casa matriz es cuidar la salud del personal, mantener a los clientes y controlar la caja, evitar una sangría que nos haga volcar. Por suerte tenemos espalda, hemos mantenido servicios a clientes y acompañado en los momentos difíciles en la medida en que pudimos. La morosidad bajó y si bien la cadena de pagos no está como nos gustaría, no es la situación del año pasado, en la que la demora en el pago llegó a los 150 días en algún caso. Ahora estamos en 60, 65 días. Los que en pandemia estaban funcionando bien no nos pidieron nada.

Con su experiencia en multinacionales, ¿cómo es vista la Argentina hoy desde casa matriz?

La Argentina se explica sola hace muchos años y quienes están acá ya saben que es cíclica. La operación local es muy importante para Securitas -es la quinta a nivel mundial- porque presta servicios a muchos clientes globales. Y el año pasado nos dieron un espaldarazo para atravesar la crisis. En lo económico, hay ciclos buenos y ciclos malos. Lo importante es ser constante en la estrategia y en el servicio. Nuestro servicio tiene que ser siempre de primer nivel, esté la Argentina como esté. No negociamos eso. Es como ir a comer a un restaurante y que no te den postre porque hay pocas mesas ocupadas. Estamos en el concierto de las naciones a las que la pandemia les pegó más fuerte, y en Suecia lo entienden.

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