Palabra de CEO

PwC: "La Argentina no está en un proceso de desinversión; pero el riesgo es entrar en uno"

Santiago Mignone, socio a cargo de la firma de servicios empresarios, destaca el impacto de la incertidumbre en el actual clima de negocios. Critica los constantes cambios de reglas y la necesidad de consensos. "Un presupuesto es algo operativo, no un plan económico", critica

Santiago Mignone se conecta rápido. Ya esa pasada la tarde y llega apurado a su casa, en General Rodríguez. Viene de su oficina, en el centro. "A la gente, no. No están dadas las condiciones. Pero, a los socios y a los equipos chicos, que tienen los medios, les pedí que vayan", comenta. "Con esta situación, hay cosas que se pierden: la dinámica del contacto diario, el aprendizaje por imitación...", justifica el socio a cargo de PwC, firma local de la red de servicios empresarios más grande del mundo y, también, de la Argentina, donde tiene un plantel de 3500 personas. "Además, hay que aprovechar antes de que llegue el frío y vuelvan las restricciones", anticipa.

Sin embargo, no son las adaptaciones a la nueva normalidad lo que más le preocupa en estos días. La contracción de la economía local -9,9% en 2020, confirmó la semana pasada el Indec- y, fundamentalmente, el deterioro del clima de negocios impacta de lleno en una empresa que se nutre de las inversiones. "El entorno de negocios está muy parado. Muy expectante. En una situación de incertidumbre alta y con una impronta regulatoria que hace que los decisores deban poner, todavía, más atención. Es muy difícil, hoy, tomar una decisión de inversión. Cualquiera. Incluso, hasta de mantenimiento del capital", describe.

¿Por qué?

Los cambios regulatorios son muy frecuentes: cambiarios, impositivos, programas como Precios Cuidados...Planificar frente a cambios de reglas es muy difícil. ¿Qué habría pasado si, en el gol a los ingleses, a Maradona le sacaban la pelota cuando entraba al área porque al árbitro se le ocurrió que los goles valían sólo si se hacían desde afuera? Los cambios regulatorios en medio del partido hacen que no tengas certeza respecto de tu planificación. Esa es la lógica que se presenta desde hace varios años en la Argentina.

Si esa es la lógica de las últimas décadas, entonces, ¿qué es lo distinto ahora?

En otras épocas, a pesar de los cambios de reglas, hubo más movimiento de capitales o interés de inversión. Hoy, está todo muy tranquilo.

¿Cuánto de eso es por influencia de la pandemia?

Es difícil hablar del mundo empresario sin tener en cuenta las complejidades que añadió la pandemia. Pero uno puede vivir una excepcionalidad en la medida que sea transitoria. Lo difícil es imaginar a la situación extraordinaria en la permanencia. Hoy, está llevando más tiempo de lo transitorio. Eso genera conflicto, incertidumbre. Lo otro insoslayable es la situación de debilidad de la macro argentina. A falta de un proyecto de largo plazo, estamos en esa incertidumbre.

¿Qué hacen las empresas en ese contexto?

Todos tratamos de administrar el proceso de la mejor manera posible, cuidando a todo tu capital posible. El humano, por ejemplo. Nadie desea desprenderse de él; cuesta una enormidad formarlo. Y, por supuesto, el financiero, que es el que sostiene a la operación. Todos estamos tratando de cuidar ese capital empresario y de administrar el proceso para salir de la mejor manera que podamos.

¿La diferencia con otras épocas es que, hoy, hay una especie de resignación de los inversores con la Argentina?

Espero que no hayamos llegado a la resignación porque eso implica abandonar las ganas de pelear por algo mejor. Resignación sería entrar en un proceso de desinversión; la profecía autocumplida. Prefiero hablar de expectativa, en términos de si se aclara el panorama. En qué situación queda uno para hacer qué. Lo que, realmente, desesperanza o fastidia es la falta de entendimiento de que necesitamos reglas claras y permanentes. Quiero una cancha de fútbol y una pelota. Definí vos cuánto mide: 120 metros, 90... díganme cuánto y yo juego ahí adentro. Pero no me la cambien cada cinco minutos.

¿Por ejemplo?

No puede ser que estés en un proceso de inversión con una determinada cantidad de impuestos, venga el Señor Massa (sic) y se le ocurra cambiártela. Es una transferencia de ingresos en el medio del partido. O te metan el mal llamado impuesto a la riqueza. O pretendan poner un cambio a la norma de ganancias para las empresas cuando, en 2017, casi todos -incluso, algunos de los que hoy van a votar otra cosa- aprobaron una reducción a cinco años de la tasa del impuesto. Lo que reclamo son reglas. Y dejarlas por 10 años, por lo menos. Así, sabemos cómo jugar.

¿Por esto se van las empresas de la Argentina? Desde el año pasado, hubo varias salidas y de nombres importantes.

El contexto de pandemia aceleró decisiones que ya estaban meditadas. El que se corte o siga ocurriendo dependerá de la respuesta de si lo que existe es resignación o expectativa. Si la Argentina entra en un proceso de desinversión, sufrirá mucho. Perderá a los generadores de riqueza. Las multinacionales no son valiosas sólo por la inversión extranjera directa. Activan un proceso virtuoso en el ecosistema empresario. Suben la vara. No sólo de la calidad de sus productos y servicios. También, de sus proveedores. Un proceso de desinversión es todo lo contrario: un círculo vicioso, muy dañino en términos de calidad de una economía.

¿El país ya está en un proceso de desinversión?

No. Pero el riesgo es entrar. Todo tiene un límite y un tiempo. Uno puede hacer caso omiso a las demandas o a la buena macroeconomía. Pero existe un límite en el cual te van a empezar a abandonar. No creo que, todavía, estemos en ese escenario. Pero tenemos que tomar conciencia de que podemos llegar a estar.

"Un presupuesto no es un plan económico".

¿Qué debería mostrar el Gobierno para evitarlo?

Un proyecto a más de un año. Que, claramente, diga cómo se va a cerrar la brecha fiscal, cómo se va a financiar ese proceso y qué esfuerzo vas a pedir, en términos de largo plazo. Y no sirve que lo diga sólo un partido. Sin consenso, ya nadie cree. Los mismos diputados que aprobaron una ley, tres años después votan lo contrario. No se les podía creer antes, ni ahora.

El Gobierno dice que el plan económico es el Presupuesto.

Sí, lo repite el Ministro de Economía. Ninguna empresa trabaja con sólo un año de referencia. El presupuesto es una cuestión operativa. No es un plan estratégico. No se puede plantear un plan económico para un año. Debe ser a cinco, a 10. Uno que, claramente, diga cómo se cierran los desbalances que existen en la macro. Que tienen que ver con la política cambiaria, la tarifaria, la fiscal, el gasto público. Qué harán los gobiernos nacional, provinciales y municipales para cerrar la brecha de gastos. Para dejar de gastar. Nadie pide que lo hagan mañana o el mes que viene. Esto requiere compromisos de todas las partes. Pero parece que los dirigentes vivieran en otro planeta. Uno plantea una necesidad y ellos discuten otra cosa.

Se le nota el fastidio. ¿Tan mal está la situación, que es tan explícito el reclamo?

Hay que empezar a decir las cosas como son. Y reclamar. Yo tengo claro que es su responsabilidad dar respuestas. Si no, que se corran y vengan otros. A nosotros, nos sacan el Sipre (N.d.R.: el régimen informativo que, desde abril, Comercio le exigirá a las empresas para saber de sus volúmenes de producción, ventas, precios y stocks). Es un manual de 27 páginas, con todas las cosas que deben cumplir las empresas. Pero ellos, en cambio, no se comprometen con nada. Ellos están ahí para prestar un servicio público. No pueden hacerse los sordos. De nuevo: no puede ser que quien votó una ley en un sentido hace tres años, hoy, la vote en el contrario. No puedo normalizar eso. Hay que empezar a marcar la cancha.

Hablando de cambios de reglas, ustedes mismos se vieron afectados por las modificaciones a la Ley de Economía del Conocimiento. Antes de la sanción de la nueva norma, PwC Argentina tenían un plan para llevar, en tres años, de 1200 a 4000 personas su plantel de exportación de servicios.

Eso se frenó. Es otra pena de la Argentina. Ese proyecto, que era pre-pandemia, quedó congelado cuando dieron de baja la ley anterior. Durante la pandemia, en el mundo, hubo una segunda ola de tercerizar servicios en otros países. Más que nunca, quedó demostrado que, si alguien desde Nueva Jersey puede atender a alguien de California, ¿por qué no lo hace desde Buenos Aires? El mundo está más convencido del outsourcing. Algo vamos a receptar. Pero será mucho menos de lo que podríamos haber captado con una buena ley y una situación de reglas que no se cambie. Ese negocio, de todas formas, crece. Pero de forma orgánica. Ya no serán las 4000 personas en tres años que pensábamos.

¿Cuánta gente es PwC Argentina hoy?

Somos 3500. Tomamos 600 personas nuevas durante la pandemia. La mayor parte de los ingresos tienen que ver con la exportación. Tanto de servicios profesionales como de todo lo que es más de laboratorio, relacionado con inteligencia artificial y análisis de datos. Mucha gente entró para toda esa nueva área. Pero, casi todo, para el exterior, donde somos embajadores de la Argentina dentro de nuestra red. Ahí, no compito con otra Big Four. Peleo contra los PwC de otros países para mostrar que la Argentina es mejor. Pese a que, en otros países, te ponen la alfombra roja y, acá, te meten impuestos.

¿Hubo cambios en el negocio local?

Tuvimos que reconvertirnos. Todo lo que es auditoría, regulatorio, impuestos y compliance es bastante inelástico a la coyuntura. Sufre con la inflación porque no podés trasladar los costos. Pero el volumen no sufrió. Consultoría es más versátil. Ahí, nos reconfiguramos. Veníamos armando un corporate finance más orientado a landing de inversiones y creación de nuevas compañías, sobre todo, en energías renovables. Ahora, fuimos más a una lógica de reestructuración de deuda, de procesos de M&A por salida de jugadores y la entrada de otros. Eso incluyó trabajos para start-ups más tecnológicas. Y lo que sí se aceleró con la pandemia fue todo lo relacionado con la transformación digital de las empresas. Ya veníamos haciendo una inversión grande en eso. La robustecimos. Está funcionando bien.

¿Qué año visualiza?

Será similar al pasado, en términos de volumen. En exportación de servicios, habrá crecimiento orgánico, del 10/15%. En servicios locales, no espero incrementos. Será un año inestable. Pero tampoco vamos a achicarnos. Pese a toda la incertidumbre, algún rebote de la economía se sentirá. Las empresas necesitarán ordenar muchas cosas. Vamos a poder ayudar con eso a muchos de nuestros clientes, en términos de controles y procesos.

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