Pagó con salud la crisis de 2001, cambió y hoy quiere ser el "rey del aceite de oliva" argentino

José Chediack apostó por las economías regionales hace más de tres décadas y hoy lidera un holding con negocios de aceite de oliva y vino en San Juan, La Rioja, Corrientes y Santiago del Estero. Qué nuevos rubros lo cautivan ahora.

"Sabiduría práctica" es la definición que se le suele dar al concepto aristotélico que José Chediack eligió como nombre para su grupo de empresas. Justamente ese "saber hacer" y la "búsqueda de conocimiento", apunta, fueron dos motores que lo llevaron a expandirse en el negocio de las economías regionales y, en particular, en la integración de la cadena de valor alimentaria.

Nació en San Luis, pero muy pronto se trasladó a Buenos Aires por el trabajo de su padre, quien fue el que silenciosamente le enseñó sus primeras lecciones del mundo laboral. "Mis veranos de chico eran, como máximo, un mes de vacaciones y otro mes compartiendo actividades con él donde fuera. Viajábamos bastante e iba adquiriendo una capacitación más íntima y personalizada, no tanto de alguien que me bajara línea sino viéndolo actuar", recuerda hoy.

Su idea era estudiar ingeniería química en la Universidad de Buenos Aires, sin embargo terminó optando por la Universidad Católica Argentina, pero como esta no contaba con la carrera que buscaba eligió ser ingeniero industrial. "Era lo más parecido que encontré y creo que, en definitiva me calzó más", reflexiona. Al poco tiempo de recibido, y debido a la situación de salud de su padre, se hizo cargo del negocio agropecuario de la familia en la Pampa húmeda en 1985.

"De esa época rescato la forma de trabajar a través de los grupos CREA (Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola) como lugar de intercambio, de experimentación", indica. No obstante, la vocación de Chediack estaba en desarrollar la cadena agroindustrial desde la materia prima hasta el producto elaborado. "Pero por un tema de escalas ahí era complicado y eso me llevó a pensar en las economías regionales y en la década del 90 empecé con un proceso de olivicultura y vitivinicultura en San Juan", cuenta. Así nació la génesis de lo que hoy es Grupo Phrónesis.

Primero surgieron SolFrut (cuyo fuerte es la producción de aceite de oliva bajo la marca propia Oliovita y para marcas blancas de las principales cadenas de supermercados) y Teknofood (dedicada a la alimentación institucional por intermedio de productos saludables). Más tarde se sumaron NutriSantiago, que elabora galletitas fortificadas; y NutriCorrientes, especializada en alimentos infantiles y cereales. Aunque el crecimiento en esos año no estuvo exento de los golpes de las crisis argentinas. "La salida de la convertibilidad (en 2001/2) la pagué con salud y fueron años complicados de los que nos costó salir", afirma el empresario.

El grupo se constituyó formalmente en 2005 y, a partir de ese momento, modificaron la organización hacia una estructura matricial. "Requirió un cambio de cultura interno y de trabajo menos paternal y más en equipo", asegura el ejecutivo. Ahora, la compañía se encuentra en pleno desarrollo de un proyecto de inversión de US$ 14 millones que duplicará su capacidad de almacenamiento para el negocio de aceite de oliva en su planta de San Juan, además de un plan de diversificación mediante la implantación de 400 hectáreas de pistachos en esa misma provincia y un ensayo de almendros.

Hoy Chediack define su rol dentro del grupo como el de un "diseñador estratégico" que trabaja más en la definición de hacia donde se dirige el holding. A su vez, agrega, algunas de sus cuatro hijas ya empezaron a foguearse en el día a día de la empresa.

En su tiempo libre, cuando deja la oficina, disfruta de la cría de caballos y del deporte. "De chico jugaba al polo y también al rugby, tenis y squash. No era bueno pero sigo jugando porque creo que el deporte es un reflejo de un montón de situaciones y en la competencia uno puede capitalizar conocimiento". 

La versión original de esta nota se publicó en el número 330 de revista Apertura.

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