Palabra de CEO

Cecilia Giordano, de Mercer: "No hay expatriaciones, pero son cada vez más los que renuncian y se van del país igual"

Cecilia Giordano, número uno de Mercer, una de las principales consultoras de RR.HH., explica que el fenómeno se acentuó y se ve en los perfiles más jóvenes por la dificultad para tener proyectos personales a largo plazo. "Con una vivienda propia, es más difícil tomar la decisión de irse", contrasta

Un combo de factores lleva a los profesionales argentinos a proyectar su horizonte laboral fuera del país. Por la crisis económica y la falta de oportunidades, cada vez son más los que eligen dejar la Argentina. 

La migración de líderes empresarios como Marcos Galperin (MercadoLibre), Martín Migoya (Globant) y Gustavo Grobocopatel (ex Los Grobo) a Uruguay acentúa la tendencia entre los altos ejecutivos.

Pero, en un país en el que los salarios pierden sistemáticamente contra la inflación y un mercado laboral que se achica, la decisión de continuar la carrera en el exterior no se restringe al top-management de una organización, sino que alcanza a talentos de todas las esferas y rubros.

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Sin embargo, aunque abundan los pedidos de colaboradores de multinacionales para radicarse en subsidiarias, la puerta de salida parece ser una sola: Ezeiza y por sus propios medios. Es que, a medida que se extiende la pandemia y se asienta el home-office, muchas empresas desisten de expatriar a sus empleados. En contramano, aumenta la proporción de los que renuncian y buscan por sí solos nuevas oportunidades en el extranjero.

Así lo observa Cecilia Giordano, quien lidera la filial local de Mercer, compañía global de consultoría en Recursos Humanos, con operaciones en 130 países y 25.000 empleados. La CEO enfrenta el desafío de acompañar a las compañías que Mercer tiene de clientes a transitar un entorno cada vez más dinámico, en el que se reconfigura el mercado laboral. 

-¿Cómo influyó el coronavirus en las expatriaciones?

-Aunque aumentaron las consultas y el deseo de dejar la Argentina, la pandemia disminuyó el número de relocaciones de empleados por parte de las empresas. Salvo puestos de trabajo esenciales, la gente desarrolló sus tareas, mayoritariamente, desde la casa. Bajó la necesidad de mover talento en medio de las restricciones por la crisis sanitaria, cuando aún no se alcanzó la inmunidad de rebaño.  

-¿Qué motiva a las empresas a tomar esta decisión?

-La pandemia demostró que se puede trabajar desde cualquier lugar, prácticamente. En este contexto, las empresas dejaron de encontrar incentivos para mudar a su fuerza laboral, lo que implica un costo grande. Por ejemplo, un ejecutivo puede tener un cargo regional desempeñándose desde su casa.

-Muchos deciden irse igual... ¿cómo se explica entonces el éxodo?

-La gran mayoría lo hace de manera individual. Renuncia a sus trabajos y busca nuevas oportunidades. Según datos oficiales, seis de cada 10 argentinos son pobres. Los profesionales que se van están dentro del 40% restante de talento calificado.

-¿Esperan que aparezca una oportunidad para irse o se van sin algo cerrado?

-Muchos buscan salir ya con una propuesta cerrada. Pero cobra fuerza la tendencia de renunciar sin tener otro empleo. Si bien en otros países es una realidad desde hace tiempo, en la Argentina, se observa con mayor frecuencia ahora.

-¿Qué motivos impulsan la fuga de cerebros?

-Tiene que ver con un cóctail de variables. Principalmente, las bajas barreras de salida empujan a los jóvenes a dejar el país, como la limitación crediticia para acceder a la compra de una vivienda, además de que piensan en concretar proyectos personales más a largo plazo. 

Las bajas barreras de salida empujan a los jóvenes a dejar el país, como la limitación crediticia para acceder a la compra de una vivienda.

-¿Qué aptitudes son las más apreciadas del talento local?

-La Argentina tiene profesionales talentosos desde el punto de vista del conocimiento académico y el desarrollo de habilidades blandas, que tanto son requeridas. Con pocos recursos, creatividad y flexibilidad, generan un impacto significativo en los resultados. En un contexto volátil y ambiguo, son capaces de resolver situaciones complejas de forma ágil.

-La demanda de trabajo en el exterior es alta por la cantidad de gente que quiere irse. ¿El mercado laboral está preparado para absorberla? ¿O las oportunidades son limitadas?

-Depende de la profesión y del sector. Pero, en términos generales, hoy hay una alta demanda de talento digital, que escasea. El mundo lo requiere a un ritmo exponencial para la reactivación económica, sobre todo, los países donde se frenó el crecimiento y ya se ve un repunte genuino, con cierta vuelta a la 'normalidad'. Esto excede a la industria tecnológica. Todas las compañías, de todos los rubros, necesitan adaptarse. Ello, sumado a las skills que presentan los argentinos, pone al país en situación de desventaja.

-¿Cuáles son los destinos predilectos y qué ventajas pueden sacar los argentinos en ellos?

-Hay mercados que resultan más atractivos que otros. España es uno de los favoritos, por el idioma y los lazos culturales, pero también muchos buscan volver a los países de origen de sus antepasados en Europa o irse a los Estados Unidos o México, donde los sueldos son hasta un 90% más altos. En América latina, en países como Brasil, Chile, Colombia y Perú, los salarios van entre un 40% y un 60% más, medidos en dólares, según los últimos datos de las geografías más estables.

En Europa y los Estados Unidos, los sueldos son hasta un 90% más altos que en la Argentina. En américa latina, van entre un 40% y un 60% más, medidos en dólares.

-¿Qué estrategias aplican las empresas para retener al talento que se les escapa?

-Hay un replanteo en la estrategia. El salario se define en base a distintos criterios, entre ellos, la rentabilidad de la compañía. En la Argentina, las empresas no pueden pagar más porque no les cierra el negocio. Ante la imposibilidad de formular una propuesta de valor interesante en términos económicos, se abocan a fortalecer la cultura organizacional. Necesitamos líderes inspiracionales que generen propósito para que los jóvenes encuentren motivos para quedarse, aplacando así las altas barreras de salida.

-¿Qué rol juega la educación?

-Aumentar el pipeline de talento y capacitar en habilidades que se requieren es clave. Pese a todo, la Argentina sigue fabricando profesionales de altísima calidad. En este sentido, empresas como unicornios pusieron en marcha entrenamientos para formar programadores de manera acelerada, para potenciar las posibilidades de trabajo y aumentar la fuerza laboral, que muchas veces no encuentra oportunidades. 

-¿Qué medidas pueden surgir de la articulación público-privada en pos de alcanzar este objetivo?  

-Toda crisis trae oportunidades. Estamos en un momento de inflexión, tenemos la chance de debatir qué país queremos ser. Contamos con talento para convertirnos en un hub, como lo hicieron Varsovia y Costa Rica, que crearon polos para mitigar el éxodo. Las conversaciones público-privadas tienen que establecer el marco para que las empresas se queden, inviertan en la generación de empleo y vengan capitales extranjeros. Cuando eso suceda, los salarios comenzarán a subir, por la importancia que se le concede al talento local. La reactivación del mercado inmobiliario y crediticio es otro punto. Con una vivienda propia, es más difícil tomar la decisión de irse.

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