Tienen 100 locales

Nacieron en la crisis de 2001 y hoy ya venden en Miami: ser siempre la opción ultra barata, la idea de Medialunas del Abuelo

Tuvieron un boom de franquicias durante los primeros años y, con la competencia bajaron el ritmo. Cómo José Sánchez ideó el negocio que llegó a tener más de 180 puntos de venta.

Nació en los albores de la crisis económica del 2001, rápidamente sus locales se multiplicaron al punto de que era imposible no tener uno a una cuadra de tu domicilio. Años después admitieron que crecer a tanta velocidad quizá fue un error. La propuesta era simple: un solo producto, delivery y precios mucho más bajos. Las Medialunas del Abuelo supo ser una franquicia boom y aunque con el tiempo se desinfló hoy en día sigue teniendo buena presencia en CABA y el Gran Buenos Aires, incluso con una sucursal en Miami.

A los 11 años, José María Sánchez amasó su primer bollo. Sus dos abuelos eran panaderos en Entre Ríos y ahí mamó la tradición familiar de estar cerca de panes, facturas y hornos. Tres años más tarde se fue a probar suerte a Buenos Aires, donde trabajó en varias panaderías hasta que logró abrir la propia, pero el negocio no era fácil.

Los márgenes de rentabilidad no acompañaban. Según cuenta Sánchez, los panes se venden mucho pero dejan poca ganancia, por el contrario las tortas tienen mayor margen pero escasa rotación. El principal diferencial eran las medialunas: protagonizaban las ventas y eran las primeras en acabarse. Eso despertó una idea y la anotó en un cuaderno a mediados de los 90. 

A los pocos años, las panaderías de barrio empezaban a caer ante el avance de las cadenas franquiciadas al mismo tiempo que la economía se convulsionaba. Entonces vio la oportunidad de implementar su proyecto.

Dejó la panadería de Mataderos y en julio del 2000 abrió un local en Belgrano, en Blanco Encalada y Arcor, con una premisa sencilla. Solo vendería facturas, las cuales fabricaría en serie, ganaría escala y con un precio mucho más bajo que el de otras sucursales. La docena costaba $ 1,49, a diferencia de las que se conseguían en Palermo y Constitución que valían entre dos y tres veces más. Su local se llamaría ‘Las Medialunas del Abuelo', en honor al suyo materno e incluso el logo está inspirado en él.

Crecimiento relámpago

La apertura desbordó sus expectativas. A las dos semanas ya vendía unas 500 docenas por día y al poco tiempo se acercó un cliente a preguntarle sobre la posibilidad de abrir su propio local. Seis meses más tarde, la cadena contaba con 30 puntos de venta. Pero el modelo de negocios pegó fuerte y unos años después ostentaba más de 180 locales en territorio porteño y el Gran Buenos Aires.

A las tres plantas de producción de Mataderos se le sumó una en Mar del Plata en 2003 para la que invirtieron $ 1,5 millones. También surgieron competidores que replicaron su modelo y a su vez la recuperación económica le bajó la espuma a la efervescencia inicial por la marca. "Nos equivocamos en el momento del crecimiento tan rápido. A lo mejor se nos escapó el tema de la selección de los franquiciados", le aseguraron en 2014 a revista Pymes.

En 2016, la cadena protagonizó las noticias cuando la estrella de Hollywood John Travolta apareció por uno de sus locales en Castelar. Al parecer, el protagonista de Pulp Fiction, entre otras gemas del cine, conoce al dueño de aquella franquicia y decidió pasar a visitar y, por supuesto, llevarse algunas facturas. La llamativa escena sirvió como un PNT para aquellos que habían perdido del radar a la marca.

Con la competencia, abandonó el monoproducto. Sumaron empanadas, tartas, panes, ensaladas, budines y muffins. Asimismo, incorporaron el modelo de locales con café. Actualmente elaboran alrededor de 450.000 docenas de facturas por mes, es decir, unas 64,8 millones de medialunas por año. Tuvo un intento de expansión internacional con la apertura de una fábrica en Ecuador en 2013, pero el único que sobrevivió es la franquicia estadounidense ubicada en Miami. Ahí, además de las facturas, venden sanguches, hamburguesas, rolls y tortas.

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