Palabra de CEO

El plan de Mercedes-Benz para que la incertidumbre política no frene su crecimiento

Manuel Mantilla, piloto de la alemana en la Argentina, observa un contexto político "bastante revuelto, que hace que el consumo dude". Aun así, planifica más producción y exportaciones de Sprinter para 2022. Además, elogia la quita de retenciones a las automotrices: "Es una señal concreta"

El viernes 1º de octubre, Manuel Mantilla, presidente de Mercedes-Benz Argentina visitó el Palacio de Hacienda. El ejecutivo integró la delegación sectorial a la que recibieron los ministros Martín Guzmán y Matías Kulfas. Ese día, los funcionarios anunciaron la quita de las retenciones a las exportaciones incrementales que logren las fábricas de vehículos y autopartes, una medida ampliamente esperada por la industria automotriz, que envía el 60% de su producción al exterior.

"Esta fue buena", reconoce Mantilla. "Es una señal clara hacia las casas matrices de queremos ser un país exportador. Cuando hay medidas concretas, el impacto es mucho más fuerte. Ayuda a pensar ya en 2023", valora. Es que, reconoce, el clima actual de negocios en la Argentina dificulta la definición de pronósticos precisos, sobre todo, a la hora de trazar hojas de ruta de mediano plazo en el país.

"¿Qué es lo que más miro hoy para tomar decisiones? La tapa de El Cronista", ironiza. Pero hasta ahí: "Particularmente en la Argentina, hay una gran incertidumbre política y uno debe manejarse bastante con olfato para descifrarla porque esa incertidumbre frena el consumo. Es intuición, interpretar un poco la temperatura de la macro, de la gente, de la confianza. Las condiciones están dadas para la recuperación. Ojalá se produzca cuando el tema político esté más claro. Hoy, está bastante revuelto", observa.

Mercedes-Benz celebra sus 70 años en la Argentina con un programa de inversiones por u$s 54 millones. ¿A qué se destina?

Los u$s 54 millones se desembolsan en tres ejes principales. Hay u$s 19 millones para el desarrollo de un nuevo motor. En 2019, la Sprinter (N.d.R.: el utilitario que Mercedes-Benz produce en Virrey del Pino) tenía motor turbodiésel. Hubo cambios en las normas de emisiones en otros mercados y, para la exportación, hay un desarrollo de un nuevo motor diésel. Eso requiere inversión en la planta, para poder montarlo, y de localización de elementos periféricos de ese motor. Si bien el mercado argentino, todavía, está en norma Euro 5 (y no hay fecha definida para el salto), la planta exporta el 80% de la producción. Brasil cambia y esta inversión era necesaria para seguir acompañando el crecimiento de la exportación. Ya casi está invertido. La idea es arrancar con la producción del año que viene.

¿Cuál es el segundo eje de inversión?

Hay u$s 10 millones para nuestro centro de capacitación de la red de concesionarios y distribuidores de América latina. Lo íbamos a inaugurar en marzo del año pasado. Recién este mes tuvimos el primer curso presencial. Es un proyecto que no es sólo para la Argentina, sino para toda la región. La idea es que vengan personas a capacitarse de los mercados donde tenemos importadores.

¿Y el tercero?

Se destinaron u$s 25 millones a los concesionarios. Hace un par de años, Mercedes-Benz hizo un cambio muy fuerte en todo lo que es la identidad corporativa de su red, tanto interna como externa. Implica un nuevo concepto y experiencia del cliente en el concesionario, mucha digitalización, pantallas. Requirió la transformación de más del 90% de la red.

¿Cómo termina 2021 para la empresa?

En volúmenes, bastante mejor de lo que esperábamos. La producción estará en un buen nivel. Exportaremos 12.000 unidades. Habíamos hecho 8000 en 2020. Aunque es una referencia un poco injusta; era muy incierto planificar 2021. Igual, apostamos al crecimiento. La industria automotriz siempre piensa cinco meses hacia adelante. Apostamos al volumen, a la exportación. Este año, volvimos a tener un programa de despachos a los Estados Unidos. Y el mercado local de Sprinter también tiene un peso importante. La demanda está muy fuerte. Estamos aprovechando oportunidades pero, también, porque apostamos a eso. Si no hubiésemos creído que habría mercado, no habría habido producción.

¿Qué proyecta para 2022?

La expectativa es muy buena. Vamos a crecer 20% en producción, el 100% de eso por más exportaciones. Consolidamos el mercado de los Estados Unidos, tendremos un programa más estable y parejo durante el año. Brasil, donde Sprinter es líder, demandará más. El anuncio de eliminación de retenciones incrementales para 2022 es clave como incentivo. Las plantas de la Argentina lo necesitan sí o sí.

¿Por qué?

La industria automotriz es de escala. No se puede depender sólo del mercado local. Es necesario ganar mercados fuera del Mercosur. Estas medidas impactan el doble. Por un lado, ayudan a que los números cierren, a que el negocio de exportación sea rentable. Y, por otro, porque es una clara señal a las casas matrices de que queremos ser un país exportador. Cuando hay medidas concretas, el impacto es mucho más fuerte de lo que podamos decir desde acá. Esto ayuda ya a pensar en 2023. Una vez que ganás un mercado de exportación, es muy difícil defenderlo y mantenerlo. Si salís, es durísimo volver a entrar. Por eso es importante, una vez adentro, ser consistente y mantenerlo. Estas medidas aseguran previsibilidad. Ayudan mucho.

Una señal positiva dentro de un país que acostumbra a enviar negativas.

Es que esta fue buena. Es algo que desde principios de año venimos pidiendo las terminales. Porque ayuda mucho a los programas de producción y exportación, que se definen con bastante anticipación. Que se haya confirmado esto trae tranquilidad. Ya estamos pensando en 2023, por lo menos, en cuanto a la continuidad para la exportación.

Se avanzaron varios casilleros con esa medida. A los pocos días, el Banco Central fijó nuevas restricciones para el pago de importaciones. ¿Significó un retroceso?

No, no deberíamos tener problemas. Apunta más a tapar huecos que permitían alguna especulación financiera.

Inflación, dólar, tasa de interés, nivel de actividad... ¿Qué es lo que más mira en su día a día?

La tapa de El Cronista Comercial (ríe). Es un poco la historia de los últimos cinco años. Está todo dado para que la situación mejore. Pero, si políticamente, el país no está ordenado, costará un poco más. Existe un contexto global de recuperación pospandemia muy fuerte. Una demanda reprimida por distintas razones y actividades que están arrancando. Pero, particularmente en la Argentina, hay una gran incertidumbre política, que hace que el consumo dude. Con lo cual, lo que más miro es la tapa del diario.

¿Por qué?

Por el olfato que uno debe tener para definir el nivel de incertidumbre. En base a eso, nosotros siempre apostamos al crecimiento. Nos sale bien. Por eso, estamos con buenos volúmenes de producción y vendiendo muy bien en el mercado local. Pero es intuición y poder interpretar un poco la temperatura de la macro, de la gente, de la confianza. Si no, son profecías autocumplidas: parte de que todo se vaya al diablo es porque antes se tiraron programas de producción hacia abajo. Nosotros tratamos de ir para adelante.

¿El riesgo de eso no es pecar de ingenuos?

No somos naif, por supuesto. Pero la realidad está en poder descifrar esa incertidumbre porque las condiciones están dadas para la recuperación del mercado. Ojalá, cuando el tema político esté más claro. Hoy, está bastante revuelto. Más ordenado debería ser un pilar para el crecimiento económico.

¿Por la mayor producción en 2022 la planta saltará un turno?

No. Seguiremos con dos. Se aumenta la productividad, en ese caso.

¿Tiene problemas para recibir piezas?

Todo lo que es piezas de producción fluye bien. Alguna vez, tuvimos que correr un poco, más que nada, por temas logísticos. Hay un serio problema mundial ahí. De repente, algún barco decide descargar containers en Uruguay y uno se queda esperando. Eso nos atrasa, mínimo, una semana. Como, por eficiencia, nos manejamos con stocks chicos, transpiramos en esos casos.

¿Cómo impactó la crisis de semiconductores?

A nivel global, para Mercedes-Benz, fue un impacto muy fuerte en todos los productos: autos, vans y camiones. Para nuestra planta de vans, logramos definir una proyección en el suministro, justamente, por los compromisos de exportación. Si bien hemos fabricado unidades con algún faltante, nunca paramos la producción. Completamos las Sprinter a medida que aparecían las piezas, que nos iban alocando desde Alemania. En Europa, otras fábricas (Alemania, España) sí pararon. Hubo una burbuja de protección hacia la planta de la Argentina, teniendo en cuenta que nuestro volumen no es tan grande. Era más simple de blindar esta operación y sus compromisos d exportación. Fue un alivio no tener que frenar producción porque la demanda está muy fuerte.

¿Esta restricción se sintió más fuerte en la importación de autos?

En ese segmento, hay dos efectos. Por un lado, sí: debido a la crisis de semiconductores, hay escasez mundial de producto. También existen limitaciones locales a la importación. Eso hace que haya una demanda insatisfecha. Lo de los semiconductores es el impacto mayor. Calculamos que Mercedes-Benz va a terminar el año con 1300 autos vendidos. Es un nivel muy bajo. Pero está dentro de lo esperado, con las restricciones que tenemos. No es sorpresa.

¿Influye también el impuesto a los autos de lujo en ese bajo volumen?

El impuesto es algo que ya estaba adentro. Además, con la demanda fuerte que hay, y la falta de oferta de producto, es algo que se acomoda rápido.

Hay automotrices que ya están definiendo sus estrategias de vehículos eléctricos para el mercado local. ¿Qué hará Mercedes-Benz? El año pasado, trajo el SUV eléctrico EQ pero no avanzó con su comercialización.

La trajimos a inicios del año pasado. Existe una demanda muy fuerte de los eléctricos de Mercedes-Benz en el mundo. Se priorizan los mercados donde hay más infraestructura para poder comercializarlos. A eso, se le agrega el tema semiconductores. La compañía tiene una muy firme intención de que, en 2023, haya una versión eléctrica en todas las líneas de producto y, en 2025, se vendan sólo autos eléctricos. El motor en el que invertimos ahora en la planta es la última generación de diésel (Euro 6). Después de eso, se acabó. No obstante, habrá mucho tiempo durante el cual, en muchos mercados de América latina, existirá una convivencia de una década larga, porque seguirá existiendo una demanda fuerte de diésel.

La empresa dio un salto cualitativo en la región: empezará a producir en Brasil un bus eléctrico. ¿Cuándo llegará a la Argentina?

Es un tema que siempre seguimos de cerca. Lo positivo es que ya hay un producto eléctrico en la región. Definitivamente, es el camino de Mercedes-Benz. Es un bus urbano, con autonomía de 250 kilómetros. Su lanzamiento está previsto para 2022. Esto es como el tango: para bailar, se necesitan dos. El producto y el mercado que lo pueda recibir. Se está trabajando mucho con el Gobierno la ley de electromovilidad. Si la estructura, acá, está preparada, la Argentina será un mercado para este producto.

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