Marcas argentinas

Empezó en el negocio del pan, la pegó con sus heladeras y volvió bajo nuevas manos: la historia de Siam Di Tella

Torcuato Di Tella fundó la empresa de amasadoras en 1911 y se diversificó hacia múltiples rubros. Su firma se volvió un ícono de la industria nacional.

Sus heladeras familiares son recordadas por más de una generación, aunque también incursionaron con éxito en la fabricación de motonetas, automóviles, ventiladores y más. Supo ser una de las empresas industriales más grandes de la región, pero la crisis la desmanteló. Hoy la marca de alguna manera se mantiene viva en otras manos. La historia de Siam Di Tella comenzó con un conflicto que despertó la creatividad de tres inmigrantes italianos que vieron una buena oportunidad de negocios.

La familia Di Tella llegó por primera vez a Buenos Aires, provenientes de Capracotta, en 1894. Sin embargo, la aventura no tuvo éxito y regresaron a su tierra natal. Tras el fallecimiento de Amato Di Tella, su esposa e hijos decidieron volver a probar suerte al territorio argentino en 1905. Entonces el joven Torcuato tenía solo 13 años y empezó a trabajar en una juguetería y haciendo trámites aduaneros.

Torcuato Di Tella, cofundador de SIAM

Pero un paro de panaderos en Buenos Aires se convirtió en su momento eureka. Una ordenanza municipal obligó a las panaderías a poner máquinas de amasado en los locales y esto creó un nuevo negocio. Los hermanos Alfredo y Guido Allegrucci, también inmigrantes italianos, se acercaron a Di Tella en 1910 para montar un taller para satisfacer esta novel demanda.

Nacimiento de un gigante

En 1911 el trío fundó la Sociedad Industrial de Amasadoras Mecánicas (SIAM) que le dio el nombre oficial a la marca. El local estaba ubicado sobre la calle La Rioja y el propio Di Tella recorría las calles promocionando su producto. Las amasadoras se vendían bien, entonces decidieron sumarse a otro segmento en alza. Pasaron a fabricar también surtidores de nafta para YPF y se mudaron a un predio más grande en Avellaneda en 1929.

Pero estalló la Primera Guerra Mundial y Di Tella fue convocado para prestar servicio en 1915. Volvió cuatro años más tarde para continuar al frente de la compañía y, al mismo tiempo, terminar la carrera de ingeniería en la Universidad de Buenos Aires. En tanto, los Allegrucci abandonaron la firma.

Durante su pico las heladeras de la marca llegaron a tener hasta un año de demora para llegar a sus compradores

El modelo de negocios de SIAM entró en conflicto. Por un lado el mercado de amasadoras estaba saturado, mientras que la pata petrolera no era tan estable. Para evitar la quiebra el empresario apeló a su creatividad y apuntó a sumar productos a su portfolio. La firma empezó a producir heladeras, lavarropas, ventiladores y planchas, entre otros electrodomésticos. En particular fueron las heladeras las que le dieron un empujón de popularidad y llegaron a fabricar hasta 70.000 por año.

Más tarde también incursionó en otro segmento del negocio petrolero: los caños con costura. Pero Di Tella falleció en 1948, a los 56 años, y sus hijos Torcuato (h) y Guido tomaron el mando.

Autos, motos, crisis y regreso

A fines de los 50 los hermanos se metieron en el rubro de la movilidad, en el que también crearon productos que se volvieron clásicos. Primero se asociaron a la familia Innocenti, fundadores de Lambretta, para fabricar la motoneta llamada Siambretta. Luego montaron una planta de producción y ensamblado en Monte Chingolo en sociedad con la británica British Motor Company con la que crearon el Siam Di Tella 1500.

En su momento de gloría, la empresa llegó a contar con más de 16.000 empleados y 13 fábricas, además de subsidiarias en Brasil, Uruguay y Chile y oficinas en Nueva York. Pero la falta de planificación para crecer la llevó a la crisis. Finalmente pasó a manos del Estado en 1971 que en los 80 vendió las diferentes unidades de la compañía.

En 2014 la marca Siam volvió al ruedo. Grupo Newsan desembolsó u$s 35 millones para quedarse con la planta de Avellaneda y relanzarla con heladeras y electrodomésticos línea blanca. Hasta 2020 invirtió u$s 50 millones y ahí hoy también elabora lavarropas para la marca surcoreana LG. 

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Alejandra Naughton tiene una de las carreras más destacadas en el mundo de los bancos. Luego de 25 años en el Banco Central, donde llegó al cargo de Subgerente General, la posición más alta a la que se puede aspirar sin contar los cargos políticos, pasó al mundo privado. Fue CFO del Grupo Supervielle y llevó a la empresa a cotizar en la bolsa de Nueva York y Buenos Aires. Hoy es miembro del directorio.

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