Entrevista exclusiva

Empezaron en el 2001 con $ 600 cada uno, hoy facturan u$s 177 M y cotizan en NYC: Bioceres, el próximo unicornio, a fondo

A 20 años de su creación,la empresa de biotecnología cotiza en el Nasdaq y está camino a ser el nuevo unicornio argentino. Por qué los transgénicos son la respuesta para una agricultura sustentable y qué se necesita para liderar a escala global, según su CEO Federico Trucco y otros protagonistas de esta historia.

Según el paleontólogo Stephen J. Gould, la evolución de las especies no es un proceso lineal y gradual tal como lo formuló Darwin sino de cambios radicales y bastante abruptos sobre extensos períodos de estabilidad. De acuerdo a esta teoría, la evolución ocurre a partir de eventos de presión selectiva que dan origen a una nueva forma, aquella que finalmente prevalecerá. Para Federico Trucco, CEO de Bioceres, "el shock que producen estas crisis son el principal insumo para la transformación".

Desde su nacimiento en plena crisis de 2001, la historia de Bioceres está íntimamente ligada a estos eventos de presión selectiva. La crisis financiera de 2008, la destrucción de acciones de agro-biotecnología en 2015, la crisis argentina de 2018 y la crisis global del coronavirus moldearon el perfil de la compañía que hoy está en boca de todos por su estreno en Nasdaq y su tecnología estrella: HB4. Mientras espera (con mucha confianza) que se aprueben sus eventos transgénicos tolerantes a la sequía para soja en China y sobre todo el trigo en Brasil, se posiciona a la vanguardia en soluciones biotecnológicas en un mundo que demanda cada vez más alimentos con cada vez menos huella ambiental. Bioceres se presenta en Nasdaq precisamente así: "Proveedor global totalmente integrado de soluciones de productividad en cultivos diseñadas para la transición de la agricultura hacia la neutralidad de carbono". Un perfil ideal para el mercado ESG (Environmental, Social and Corporate Governance), que creció 10 veces el último año y que eventualmente le permitirá emitir bonos "verdes" a Bioceres. Ese camino sin embargo requiere dominar una narrativa que tiene dos grandes opositores: el variado universo ambientalista que rechaza la transgénesis y los sectores más conservadores del agro argentino y brasileño, que creen que el trigo transgénico es una condena de muerte para la cadena.

Esa controversia se vio como nunca tras el anuncio de la asociación con Havanna para producir alimentos a base de trigo HB4, bajo la premisa de que "permite un uso más eficiente del agua y una mayor fijación de CO2 que un trigo convencional". El convenio establece además la trazabilidad completa del producto con la idea de "informar al consumidor respecto de la zona de origen del trigo y la huella ambiental generada". La noticia despertó la indignación de activistas ambientales, quienes iniciaron una campaña en redes sociales. Además de oponerse a los alimentos transgénicos per se, objetan que el trigo HB4 (igual que algunas variedades de soja y maíz) es tolerante al glufosinato de amonio, un herbicida utilizado fundamentalmente para controlar la maleza del raigrás. El glufosinato, argumentan, es más tóxico que el glifosato, y aquello "pone en peligro la mesa de los argentinos". Según Raquel Chan, la científica del Conicet y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral que aisló el gen hahb-4 de la planta de girasol y desarrolló junto a Bioceres los eventos transgénicos en soja y trigo, aquello "es un disparate", tal como expresó en una entrevista reciente. Igual que el glifosato, el glufosinato de amonio contiene serios riesgos y requiere cuidados especiales para su aplicación, pero la probabilidad de que llegue al grano o, mucho menos, sobrevivan en alimentos procesados, es prácticamente nula. Ambos herbicidas solo sirven para matar a las malezas en la etapa de siembra.


Más allá de la polémica, Bioceres se inserta en las ligas mayores de una discusión global acerca de la modificación genética para la intensificación de los cultivos extensivos y la alimentación en general. Para Trucco, HB4 "no solo es una tecnología que preserva el agua y fija más CO2 sino que además la llevamos a cabo dentro de un proceso que nos permite la trazabilidad de punta a punta para que el consumidor sepa exactamente qué está consumiendo y si lo quiere o no consumir". 

Además de HB4, Bioceres produce un insumo vital para la coagulación de quesos -la quimosina- a partir de cártamo transgénico. En 2020 anunció su ingreso en Moolec, una compañía británica que busca incorporar, vía transgénesis, proteínas animales en cultivos vegetales. Por otro lado, amplió su acción hacia los biomateriales, con paneles para construcción en seco a partir de rastrojo de trigo.

El core de su facturación actual está en Rizobacter, una de las tres compañías de inoculantes más grandes del mundo: soluciones biológicas que buscan reemplazar a -o al menos disminuir el uso de- los agroquímicos. Su mayor apuesta hoy es por expandir la operación en Brasil, con la construcción de una nueva planta de adyuvantes para abastecer a un mercado que casi quintuplica al argentino. Además, mostró un notable crecimiento de los fertilizantes microgranulados en el último semestre, para sumarse a un combo con el que Trucco pretende triplicar sus ingresos en 3 años desde los US$ 177 millones actuales.

"Nunca nos interesó la mejora marginal", afirma Trucco en su oficina de Rosario. "No creemos en la evolución como un proceso lineal. Vamos al salto disruptivo. Cuando uno se propone objetivos ambiciosos, aún en el fracaso se genera muchísima riqueza, muchísimo valor. Cuando uno se propone algo marginal, aún el éxito es poco significativo. Es mucho más valioso fracasar tratando de hacer algo importante que tener éxito en algo poco importante".

El reino vegetal

Bioceres nació del impulso de Víctor Trucco, padre de Federico, y un grupo de productores agrícolas que ya se habían nucleado en Aapresid, Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa. Allí estaban, entre otros, Rogelio Fogante (pionero de la siembra directa que trabajó con el Premio Nobel de la Paz Norman Bourlaug en la introducción del trigo mexicano en Córdoba) y Gustavo Grobocopatel. En 1996 se había sembrado en el país por primera vez la soja RR diseñada por Monsanto. Ese año se cosecharon 11 millones de toneladas de la oleaginosa en 6,6 millones de hectáreas. Cinco años después, los rindes pasaron a 30 millones de toneladas sobre 12 millones de hectáreas. Con esos resultados, el grupo de productores encabezados por Trucco estaba convencido de que el futuro de la agricultura dependía de la biotecnología. Así lo recuerda Héctor Huergo, creador de Clarín Rural y uno de los 23 fundadores de Bioceres que, según cuenta la leyenda, aportaron $ 600 cada uno.

"Víctor planteó que la Argentina necesitaba hacer biotecnología propia porque nadie de afuera se iba a ocupar de resolver con genética moderna los problemas que teníamos acá. Monsanto no se iba a ocupar del mal de Río Cuarto en maíz, o la fusariosis en trigo", dice Huergo. "Al mismo tiempo, había excelentes investigadores en organismos públicos que no tenían recursos para trabajar en estas cosas. De hecho el primer convenio que firmó Bioceres fue con el Conicet y el INTA para trabajar en estos temas que te mencioné".

Gustavo Grobocopatel fue el primer presidente del directorio de Bioceres. "Teníamos la expectativa de hacer una empresa que facilite el flujo de capital desde el sector privado y público hacia la ciencia, una ciencia que produzca impactos en la sociedad rápidamente", afirma. Además de la experiencia con los primeros transgénicos, agrega que el núcleo duro de Aapresid estaba fuertemente influido por referentes globales en biotecnología que los visitaban todos los años en sus seminarios: el "futurólogo" de Harvard Juan Enriquez, el ecólogo Otto Solbrig o el pionero de la ecología Francesco Di Castri: "Ellos hablaban del siglo XXI como el siglo de la genética".

Gustavo Grobocopatel fue el primer presidente del directorio de Bioceres.

Trucco dice que su padre, Dr. en Bioquímica por la Universidad Nacional de Rosario y subsecretario de Recursos Naturales de Santa Fe entre 1993 y 1995, era un "científico frustrado dedicado a temas del agro". La obsesión de Trucco padre con la biotecnología sembró la inquietud en Trucco hijo, quien luego de terminar la secundaria viajó a Estados Unidos para estudiar Bioquímica en la Universidad de Louisiana. Su carrera se extendió por 10 años, entre especializaciones y un doctorado en la Universidad de Illinois. Mientras tanto, su padre había fundado y fallado con una empresa de biotecnología previa. En diciembre de 2001, mientras se desmoronaba el régimen de Convertibilidad y la Argentina caía en una de las peores crisis de su historia, nació Bioceres.

Federico Trucco desembarcó en la compañía en 2005 y su obsesión por entonces era domesticar cultivos precolombinos. "Cuando vinieron los colonizadores, había pseudo cereales como el amaranto, que tenían muy buena calidad nutricional, un perfil de proteínas espectacular, tolerancia innata a la sequía. Hay todavía un proyecto en Bioceres vinculado a todo eso que no podemos mandar a pérdida por una cuestión nostálgica", dice, pero inmediatamente se arrepiente: "Hoy sería más actual".

Amaranto era uno de los tantos proyectos de Indear, Instituto de Agrobiotecnología de Rosario, la empresa de I+D de Bioceres. En 2008, su imponente sede en el Centro Tecnológico de Rosario no estaba terminada y la crisis global puso en duda su continuidad. Indear era una sociedad con el Grupo Sidus, de Marcelo Argüelles, que por entonces naufragaba en busca de financiamiento para sus propias operaciones y ante la falta de liquidez decidió retirarse. A rescatarlo llegó Hugo Sigman, que aportó buena parte del capital que faltaba y convocó a inversores extranjeros para fondear la compañía. "La decisión fue quedarnos con la totalidad de Indear y ampliar el espectro de fuentes de financiación de la empresa, que teníamos claro que debía ser con incorporación de capital", recuerda Grobocopatel. "Pero los nuevos socios no debían ser mayoritarios, queríamos preservar la forma de gobierno de la compañía, que era muy equilibrada". La relación con el Grupo Insud, que ya pisaba fuerte en el agro con Biogénesis-Bagó, se profundizó luego en 2016 con el ingreso de Bioceres, en asociación con el mega-trader Glencore, en Chemotécnica, la histórica farmacéutica fundada en 1943 por el suegro de Sigman, Roberto Gold.

En 2009, con el proyecto encaminado, Federico Trucco ya lideraba Indear y en 2011 se convirtió en CEO de la compañía. Tras ocho años como presidente, Grobocopatel ya había dejado su puesto ("detesto las reelecciones") para dedicarse al desarrollo de Los Grobo en Brasil, y el trasvasamiento generacional empezaba a completarse.

En 2012 se dio a conocer HB4, el descubrimiento en el que el equipo de Raquel Chan trabajaba desde principios de los años 90 y que Bioceres patentó en el año 2003 bajo un convenio con la Universidad Nacional del Litoral y el Conicet. "Quiero felicitar a Chan, por su inteligencia y por ser mujer", dijo durante la presentación oficial la recientemente reelecta Cristina Fernández de Kirchner, quien proyectó regalías para el Conicet y la UNL por US$ 2500 millones anuales en caso de tener éxito a nivel internacional. "Todos habían buscado eventos de tolerancia a la sequía: Bayer, Monsanto, Dow. Pero no lo pudieron conseguir porque los mecanismos que utilizaban bajaban la productividad cuando no había sequía. El descubrimiento de Raquel era revolucionario", señala Grobocopatel, quien no tiene dudas de que si HB4 hubiera sido desarrollado en Estados Unidos, ya estaría aprobado en todo el planeta.

La repercusión internacional de semejante anuncio cambió la autopercepción de Bioceres. Primero llegaron los joint-ventures con compañías extranjeras para llevar el desarrollo de soja y trigo HB4 al mundo: Verdeca es la asociación con la estadounidense Arcadia Biosciences que en 2019 logró la aprobación de soja HB4 en Estados Unidos. Trigall fue la sociedad conformada con la francesa Florimond Desprez para escalar el trigo HB4 en Sudamérica con una estrategia clara: no licenciar genética a breeders sino comercializar variedades finales una vez concluido el proceso regulatorio. Ese es el modelo que sentó las bases de "Generación HB4", el programa mediante el cual hoy se siembra trigo HB4 en la Argentina, que hasta tanto no apruebe Brasil no puede comercializarse. "Es un sistema de identidad preservada que tiene un único titular que es la propia Bioceres", explica Trucco. "Nosotros contratamos al productor para que nos dé un servicio que está protocolizado y monitoreamos satelitalmente una vez por semana todas las actividades en el campo".

Bioceres Crop Solutions
  • Ticker en Nasdaq: BIOX
  •  Facturación anual mayo 2021: US$ 177 millones
  • EBITDA: US$ 46,4 millones
  • Deuda/EBITDA: 2.89x
Fuente: la empresa.

Haciendo la analogía vacunatoria, la "Fase 4" de HB4 tuvo su prueba a escala en la campaña 2020. Los rindes en los campos que formaron parte de Generación HB4 se elevaron un 42 por ciento en ambientes de hasta 3 toneladas por hectárea, 11 por ciento en sitios entre 3 y 5 toneladas y 3 por ciento en los casos de más de 5 toneladas. La conclusión de la campaña es que HB4 permite estabilizar rendimientos interanuales: en los ambientes de mayor productividad, aumenta los rendimientos en los años malos, sin reducir el potencial de rendimiento en los años favorables.

La supervivencia del más apto

El destino bursátil de Bioceres fue delineado durante los primeros años de la compañía. "El motivo era que éramos tantos socios que no había otra forma de darles liquidez si la empresa no era pública; no por necesidades de financiación sino para consolidar una empresa de muchos", explica Grobocopatel. Los planes para llegar a Wall Street comenzaron en 2014. Así lo relata Trucco: "Veíamos empresas similares, que todavía tenían un horizonte por delante para llegar a la rentabilidad. Pero que tenían tecnologías con mucho potencial y cierto nivel de de-risking. Esas tecnologías habían logrado llegar al mercado de capitales: Arcadia, EvoGene y Marrone, por ejemplo. Nosotros creíamos que éramos parecidos pero mejores, entonces tenía sentido intentarlo. Por distintos motivos ese mercado se destruyó: las acciones terminaron valiendo la centésima parte de su valor inicial. No cumplieron con sus promesas y eso quitó credibilidad a este grupo de empresas emergentes y Bioceres debió enfrentarse con esa realidad. Nadie nos iba a dar el beneficio de la quinta duda. El mercado nos decía: prueben ser rentables y después quizás les damos una chance".

La "rentabilización" de Bioceres se produjo con la compra del 50 por ciento de Rizobacter (ampliada en 2019), una compañía argentina creada en 1983 y líder internacional en inoculantes, adyuvantes y curasemillas. En ese momento, el revenue de la compañía no llegaba a los US$ 90 millones. Cuatro años después, se duplicó. Pese a no conseguir su objetivo bursátil, la operación permitió hacer cash-in de una promesa de futuro. "Lo que hicimos fue entregar un poquito de ese futuro para poder tener un presente un tanto más tangible", explica Trucco. "Rizobacter fue esa estrategia dentro de nuestra tesis de desarrollo. Obviamente, no salimos a comprar una compañía de cemento. Fuimos a buscar algo que nos permitía tener un footprint comercial con el cual íbamos luego a poder llevar HB4 al mercado".

La soja HB4 ya había sido aprobada en la Argentina en 2015, pero quedaba pendiente la autorización en su mercado principal, China, que todavía aguarda en los escritorios. Así y todo, el segundo intento de entrar a la bolsa llegó en 2018, y así sumarse a la oleada de IPOs argentinas: Loma Negra, Corporación America Airports, Central Puerto, o Supervielle. El timing sin embargo no fue el mejor. En abril comenzó la corrida cambiaria que desembocó en una devaluación histórica antes de depositar a la Argentina en un nuevo acuerdo con el FMI. El futuro de Bioceres se nublaba otra vez.

  • Inversión en I+D: US$ 50 millones
  • Market cap: US$ 609 millones
  • Evolución de la acción en un año: +143%
  • Fuente: la empresa.

La solución que encontró Trucco fue una innovación financiera para su tiempo: decidió listar a la compañía a través de un SPAC (Special Purpose Acquisition Company), el instrumento estrella de Wall Street en 2020 y 2021 pero casi una excentricidad en 2019 (Vista Oil&Gas, la petrolera de Miguel Gallucio, utilizó el mismo mecanismo). La operación se concretó con Union Acquisition Corp (UAC), una "shell company" creada por Union Acquisition Group, la sociedad de los inversores Kyle Bransfield (hoy, director no ejecutivo del Board de BIOX) y Juan Sartori, el empresario uruguayo que fue candidato a presidente de la República Oriental en 2018 y hoy es senador aliado de Luis Lacalle Pou. UAC se creó sin un propósito comercial particular sino con el objetivo de recaudar fondos para listar a una compañía como Bioceres, o cualquier otra. "De alguna manera es como hacer un proceso de IPO a través de las reglas de M&A", describe Trucco. La operación no salió como esperaba por una serie de tecnicismos que sería ocioso describir en esta nota y BIOX se listó al precio que pretendía Bioceres, pero con pocos accionistas. Aquello, sumado a que la compañía se listó en NYSE America (una suerte de NYSE "junior"), donde las posibilidades de construir mercado son más limitados, demoró la explosión de la acción de BIOX que se observó en el último semestre: de US$ 5 en diciembre de 2020 a poco más de US$ 15 al cierre de esta edición. "Finalmente, creo que estamos donde pensé que debíamos estar hace tres años. Pero estoy convencido de que hoy somos una mejor compañía por haber tenido que ser más disciplinados en ese proceso".

Fecundación cruzada

A contramano de lo que podría imaginarse, los proyectos de Bioceres tuvieron más apoyo de los gobiernos kirchneristas que de la administración Macri. La aprobación de la soja HB4 fue anunciada por la propia Cristina Kirchner en uno de sus últimos actos como presidenta, en octubre de 2015. El mismo día celebró también la autorización de Conabia (Comisión Asesora de Biotecnología Agropecuaria) a la papa resistente al virus endémico PVY, un desarrollo, también, de integración público-privada cuya pata empresaria es el mencionado Grupo Sidus. Para la autorización del trigo HB4 hubo que esperar cuatro años. "Yo tenía ciertos preconceptos respecto del kirchnerismo, que a medida que nos fuimos acercando y necesitábamos distintos niveles de apoyo, vimos más convicción que en aquellos espacios políticos donde nosotros nos sentíamos inicialmente más contenidos", señala Trucco.

El evento tenía el visto bueno tanto de Conabia como de Senasa, pero restaba la decisión de la Dirección Nacional de Mercados Agropecuarios, que no emitió dictamen hasta octubre de 2020, con el nuevo Gobierno. Los argumentos, en contra, del ministro Luis Etchevehere y otros importantes actores del agro eran comerciales: "El mundo consume por año 175 millones de toneladas de trigo que son no transgénicas, por lo tanto cualquier país que se le ocurre hacer un movimiento en ese sentido corre muchos riesgos", expresó más de una vez el extitular de Agricultura. Por esa misma razón es que, en 2020, las nuevas autoridades supeditaron su aprobación a la decisión de Brasil, principal destino del trigo argentino. Allí la resistencia también es importante. La Associação Brasileira da Indústria do Trigo, donde tallan grandes traders como Bunge, también se manifestó en contra.

Lo que sostienen es que una vez que se apruebe su comercialización, será imposible la segregación con el trigo convencional, y que aquello bloqueará cualquier posibilidad de ingreso a mercados como el europeo, muy esquivos a los GMOs. En el fondo, la introducción de la nueva variedad rompe modelos tradicionales, un fenómeno que algunos analistas llaman "descomoditización", y que efectivamente requiere cambios y mayores controles tanto en la producción como en el acopio.

Trucco no esconde su decepción con esta discrepancia: "Me llamó mucho la atención el nivel de conservadurismo de mi propio sector. Mi viejo siempre me lo decía (y de hecho por eso mismo es que nació Aapresid) pero nunca lo terminé de palpar hasta que no recorrimos este camino. Tenemos un problema de conservadurismo importante, que es lógico porque generalmente quien está bien es quien menos quiere cambiar. El que está mal es el que necesita soñar con una vida distinta a la que tiene. Quizás eso explique por qué es así".

Luego de terminar la secundaria Trucco viajó a Estados Unidos para estudiar Bioquímica en la Universidad de Louisiana. Fotos: Guillermo Donzelli.

Para Huergo, el tiempo perdido ya se puede contabilizar: "Las últimas dos campañas perdimos no menos de 5 millones de toneladas de trigo por problemas de sequía. Son unos US$ 1200 millones y los productores lo saben. Pero les han metido el miedo de que no van a poder vender trigo. La segregación es posible y el primer interesado en mantener la cadena pura es Bioceres. Corre mucho más riesgos Bioceres que un acopiador tradicional. Lo peor que hay es perderse esta oportunidad. La Pampa húmeda tiene un régimen errático y el trigo siempre sufre algún momento de sequía en las mejores zonas. Con HB4 se puede esperar, y si no llueve, el trigo se la banca como se la banca el girasol. Siempre está verde, siempre está desplegado. El trigo normal, cuando se acartucha por falta de agua, deja de hacer fotosíntesis y se aletarga. HB4 sigue a full, no tiene miedo. Maneja a fondo en la cornisa. Y la lluvia al final siempre llega, el problema es cuándo".

"Es muy interesante lo que se dio con HB4", piensa Grobocopatel. "La oposición en trigo nuclea a algunos sectores agropecuarios, incluido productores, con los sectores más tecnofóbicos de la sociedad. Une a dos cosas que parece que no tendrían que haberse unido nunca. Bioceres fue hecha no solamente para crear tecnología sino para dar estos debates. Por mérito, trabajo, inteligencia, azar o lo que quieras, nos tocó tener esto que cambia a la agricultura mundial. Y ser líderes implica correr riesgos, implica un compromiso. Y este es un desafío novedoso para la Argentina, porque nunca fuimos líderes en esto. Hay gente que piensa que porque hay riesgos hay que abandonar la lucha. Y no, de lo que se trata es de aprender a gestionarlos".

La aventura del hombre

Federico Trucco piensa en Bioceres como una plataforma que invierte y articula múltiples empresas, donde "Crop Solutions" quizás sea la más importante, pero nunca la única. "Va a tener un rol importante en la constitución del ecosistema vinculado al medio ambiente, al cuidado de la salud y el bienestar de las personas, que son los dos temas fuertes de las ciencias de la vida. Cada día más integrada a las posibilidades de la revolución en las tecnologías de la información (la biología conectada con IT, la IA y la posibilidad de procesar datos en forma masiva), y abriéndonos a nuevos espacios: los biomateriales, la medicina regenerativa, el mundo de los alimentos funcionales, las proteínas alternativas".

A este "único caso en la Argentina de alguien tan formado en biología como en negocios" (Grobocopatel dixit) le entusiasma la "nutracéutica, el punto de contacto entre la industria de los alimentos y el bienestar humano". Trucco afirma que Bioceres ocupará un espacio allí, en el diseño de harinas de trigo con más o menos fibra o gluten, aceites con perfiles oleicos o, tal como promete Moolec, la flamante inversión de Bioceres, "modificar composicionalmente la soja para que tenga hemoglobina bovina y pueda tener las proteínas de un porcino o de un vacuno incorporadas en lo que acumula en su grano": una hamburguesa de soja con el gusto y las propiedades de una de carne. Todavía más allá de esa frontera está la medicina de precisión "con un plan nutricional para cada tipo específico de flora intestinal, donde tu perfil de datos no es el de uno cada 6 millones de personas sino uno cada veinte". Un mapa bacteriano para manejar con alimentos un trastorno de ansiedad, por ejemplo.

En ese futuro, Trucco cree que la industria de la producción animal camina hacia una "crisis fenomenal". "No tanto por la eficiencia en la conversión de proteínas o el cambio climático, que también es importante. Sino sobre todo porque las generaciones jóvenes no validan matar a otro animal mientras existan alternativas. A mí me encanta el asado y lo voy a seguir consumiendo, pero eso es cada día más mainstream. Creo que los cultivos que hoy se utilizan para alimentar animales tienen que reorientarse a la alimentación humana y para eso van a tener que ser modificados composicionalmente", afirma.

  • 700 empleados
  • Presencia en 31 países
  • 7000 hectáreas de trigo HB4 cultivadas
  • 23.000 hectáreas de soja HB4 cultivadas
    Fuente: la empresa.

En esa cancha se juega un partido intenso entre dos estrellas del capital de riesgo: Beyond Meat, que salió a la bolsa en 2019, e Impossible Foods, que tiene entre sus inversores a Bill Gates y su valuación se calcula en US$ 10.000 millones. Cuando IF llegó a un acuerdo con Burger King para producir su línea de hamburguesas veganas, anunció que usaría soja transgénica para abastecer a la demanda: "Buscamos la opción más segura y ambientalmente responsable que nos permitiera escalar nuestra producción a un costo razonable. Y el ganador inequívoco fue la soja transgénica", escribió su CEO, Patrick Brown, un cruzado contra el consumo de carne. Beyond Meat, en cambio, "elige ponerse del lado de la madre naturaleza y utiliza solo ingredientes no transgénicos", según afirma en su página web, en lo que describe como una "lucha contra el deseo de eficiencia".

Trucco cree que el método de Moolec es superior al de Impossible Foods ("lo nuestro es un atajo"), pero es un admirador declarado de la compañía: "Están redefiniendo lo que es un GMO (Organismo Genéticamente Modificado). Le está poniendo una G más adelante: Good GMO. La solución a los problemas productivos no es volver al pasado. Es con más ciencia, más conocimiento y con la convicción de que siempre podemos mejorar. Los herbicidas pueden haber sido la solución en un momento pero va a ser superada por lo que la ciencia nos va a traer con el control biológico, que nos permita una armonía mucho mayor con el medioambiente. En esa dirección vamos. Ahora, si tu propuesta de valor depende de que vos pienses que lo que yo hago te mata, tengo poco para ofrecer. Hay todo un mundo dentro de la industria de los alimentos que necesita demonizar a la agricultura industrial porque si no, no serían competitivos. Eso no quiere decir que la agricultura industrial sea perfecta: nuestro rol es perfeccionarla. Nosotros queremos lograr alta productividad para que los alimentos sean accesibles, todo con las externalidades ambientales de quienes piensan que esto no es posible en la agricultura extensiva. Que ahorres agua, que fijes CO2, que no uses pesticidas, que además sepas quién sembró cada cosa, de dónde vino, que eso tenga trazabilidad de punta a punta y que no te cueste más caro. Ese es nuestro desafío. En cambio, si te tengo que cobrar US$ 100 por un litro de leche, necesito de alguna manera justificarlo".

Para Huergo, a 20 años de su nacimiento, Bioceres "marca el camino de una Argentina posible: una Argentina competitiva y creativa". Para Grobocopatel, la historia de Bioceres sirve para desafiar algunos mitos: "El primero es que para invertir en tecnología hay que ser un gran inversor. En Bioceres demostramos que muchos pequeños inversores pueden hacer cosas grandes. Como decía Víctor, no somos grandes; somos muchos. Lo segundo es que viene a demostrar que el sistema científico argentino es capaz de grandes cosas y que la integración con el mundo empresarial es muy potente. Juntos podemos tener impacto global. El tercer mito que derriba es que más allá de los condicionamientos locales, en tiempos de globalización, si las compañías están bien diseñadas pueden tener performance exitosas. Hacer pública a Bioceres en estos años para la Argentina era muy difícil, y por eso es extraordinario el trabajo de Federico. Y por último, el liderazgo. Bioceres desafía al statu quo, nos enfrenta a la pregunta de si queremos ser líderes o no. Y qué hay que hacer para serlo".

Por Tomás Rodríguez Ansorena

La versión original de esta nota se publicó en el número 330 de revista Apertura. 

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Comentarios

  • DS

    Daniel Sallaberry

    03/07/21

    Una vez más debo agradecer la sinceridad de los entrevistados: sus metas son multiplicar los ingresos de su empresa ?unicornio?; una buena cantidad de billetes en los bolsillos de los accionistas; los pooles de siembra y las arcas del estado (retenciones) que financian sus proyectos, ?cosa que no está mal? es bueno que las personas progresen. Lo que sí está mal es que ello se haga a costa de otras personas, la salud de los más de doce millones de argentinos que viven en zonas rurales sobre los que se esparcen más de 500 millones de litros de Glifosato y Glufosinato de Amonio, sobre sus escuelas, sus fuentes de agua, sus alimentos degradando su ambiente y sus ecosistemas en cada campaña de siembra. Esta mal que no se hagan responsables del daño que generaron y generan en la salud y el ambiente. Basta de sarasa!!.. no es cierto que desempeñen un rol importante en la constitución del ecosistema vinculado al medio ambiente, al cuidado de la salud y el bienestar de las personas ?en las ciencias de la vida?. El problema con la tecnología HB4 no es su resistencia a la sequía, aun no demostrada, sino la resistencia al Glifosato y Glufosinato de Amonio en su proceso de producción, cuyo uso fue prohibido en la unión europea desde 2013 por su toxicidad; su aprobación sin estudios de impacto ambiental, ni participación ciudadana en audiencias públicas ; sin etiquetado que nos advierta su contenido en argentina y lo más ?indigno? haber sometido su producción y comercialización a la decisión de un país extranjero como Brasil por ser solo el mayor comprador de trigo pan argentino ?por ahora? y que días pasados no aprobó el evento estrella por encontrarlo flojo de papeles. Además contradicen el principio de la lógica: una cosa no puede ser buena y mala al mismo tiempo, no es coherente la preocupación por la ?neutralidad de carbono? de sus eventos transgénicos cuando perdemos millones de hectáreas por desmontes de bosques para sembrar esos transgénicos. no les parece?. Olvidé decir, además que la mitad de los ?expertos? de los organismos de control que aprobaron el evento pertenecen a las mismas empresas que comercializan los transgénicos o son científicos con vinculación directa a las multinacionales del agro, como es el caso.

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