Historia de CEO

Del plácido château francés a la montaña rusa de ser empresarios en la Argentina

En 1997, Jean Bousquet vendió su bodega de Carcassonne para instalarse en Tupungato, Valle de Uco. Hoy, tras u$s 15 millones de inversión, es la mayor exportadora de vino orgánico del país y está por estrenar su lodge. Por qué dejó todo por su visión de un Napa Valley argentino

Corría 1997 cuando Jean Bousquet, un bodeguero francés, decidió vender su château para comprar una finca en Tupungato, en el Valle de Uco de Mendoza, una zona inexplorada en ese momento para la producción vitivinícola, tras recorrer distintas opciones en la Argentina y Chile.

El empresario francés, quien desde los 18 años contaba con una bodega, Lalande, en la región de Carcassonne, en su país natal, decidió así vender todo para instalarse en una nueva zona, lejos de su Francia natal.

Hoy, 24 años después y tras más de u$s 15 millones de inversión en forma gradual, Domaine Bousquet es la principal exportadora de vinos orgánicos del país y está estrenando, el próximo 31 de julio, un lodge boutique junto a su finca y bodega, para atender a turistas.

"La Argentina le generaba curiosidad; buscaba terruños fuera de Francia y, como no hablaba inglés, Nueva Zelanda no era una opción; viajó a Mendoza y a Chile. Estuvo en Luján de Cuyo, donde en su momento estaban la mayoría de las bodegas. Pero se le ocurrió ir a Tupungato, más lejos de la ciudad, cerca de la montaña, y se encontró con un terruño excelente, con suelo arenoso y alta amplitud térmica, óptimo para la concentración de la uva. Eligió un terreno virgen en Gualtallary, porque no había viñedos en la zona, y empezó todo desde cero", cuenta Anne Bousquet, dueña de Domaine Bousquet, junto a su marido Labid Ameri y su hermano Guillaume, cuarta generación bodeguera.

"Fue el primero en plantar viñedos, la gente del lugar le decía que era un francés loco. Hasta yo le decía que estaba loco", relata Anna, entre risas, vía telefónica desde Francia, donde está de visita.

El tiempo le dio la razón. Hoy en Tupungato abundan las bodegas y el Valle de Uco es la estrella más buscada en este negocio.

Para comenzar con el proyecto, Jean vendió su bodega francesa. "Buscaba ser libre; en Carcassonne, por ser apelación de origen controlada, hay muchas restricciones en la viña y en la elaboración. Y por el clima, no podía hacer vinos orgánicos, ya que, a diferencia de Mendoza, llueve mucho", explica Anne.

Anne y Labid Ameri, que vivían en Boston, Estados Unidos, llegaron a la Argentina para conocer el terruño adquirido por su padre justo en 2001, un año difícil del país. "Todo era un caos en la Argentina. Pero conocimos el lugar y nos enamoramos; vimos la inmensidad de la naturaleza, las montañas... el Valle de Uco es hermoso. Decidimos ayudarlo y entramos como socios en 2005", recuerda.

La bodega comenzó centrada en vinos orgánicos; en 2005, tuvo su primera partida de vinos, ya certificada. De a poco, fueron construyendo la bodega, que van ampliando a medida que crecen sus ventas.

"En el vino hay que tener mucha paciencia. Compró la finca y plantó las vides con el dinero de la venta en Francia. Hay que esperar al menos tres años para que las vides crezcan. Es un negocio en el que se invierte mucho y hay que esperar. Llevamos más de u$s 15 millones invertidos en forma gradual, reinvirtiendo los ingresos. En la Argentina nunca fue sencillo acceder a créditos en los bancos", explica.

Hoy, venden 7 millones de botellas de vino orgánico al año, el 95% al exterior, con precios al público de u$s 10 a u$s 30 en los Estados Unidos.

El año pasado, Domaine Bousquet facturó u$s 11,4 millones, al crecer un 15% sus ventas. Y, en la primera mitad de 2021, se incrementaron un 25%. "En los últimos dos años crecimos muy fuerte, gracias a tener nuestra propia importadora en Estados Unidos y Europa. Podemos tener más control sobre los distribuidores y eso nos permite crecer más. Antes nos manejábamos con terceros y nos costaba más. Hoy estamos entre las 15 mayores exportadoras de vino de la Argentina", destaca. Con su importadora, apuntan a convertirse en la más importante de vinos orgánicos de Estados Unidos.

Y continúan, como desde el inicio, ampliando la bodega, que hoy cuenta con 4,5 millones de litros de capacidad. "Tenemos que alquilar capacidad a terceros, algo que tratamos de evitar. Por eso estamos planeando ampliarla nuevamente", explica.

Por qué esta bodeguera apuesta a sus vinos añejados bajo el mar

La empresaria, que es economista, reconoce que la del vino no es una industria para inversores que buscan dinero fácil. "Desde el punto de vista del inversor, es una industria terrible, porque insume mucho capital y no tiene liquidez. Todo está en la viña y en la bodega. Siempre hay que invertir. En nuestra industria hay un dicho: ‘Un dueño de una bodega sólo ve dinero cuando la vende'. Y es así. Las ventas van muy bien, pero las ganancias se reinvierten, todo cuesta mucho dinero y es a largo plazo", describe.

Entre 2009 y 2015, Anne, su marido e hija se instalaron a vivir en Tupungato. "Fue un shock, después de vivir en Boston y Bruselas, con mi hija de un año, pero fue una grata experiencia", recuerda. Luego, se radicaron en Miami, desde donde manejan la importadora en Estados Unidos, mientras que su hermano reside en Francia y su padre decidió retirarse del negocio en 2011.


El hotel entre viñedos

Gaia Lodge es el nombre de su nuevo hotel boutique, de siete habitaciones y 18 plazas -cincos dobles y dos cuádruples-, con vista a las montañas y viñedos, que demandó más de u$s 1 millón de inversión y abrirá sus puertas el próximo 31 de julio. Nació, como su restaurante, más por una demanda de los visitantes que por decisión propia.

"Empezamos el proyecto del hotel hace dos años y medio, pero se demoró por la pandemia. Hace siete años abrimos el restaurante, pero no era algo que queríamos, porque ya teníamos suficiente trabajo con la bodega y viñedos. Pero la gente empezó a venir a la bodega, para conocerla y, después de catar vinos, querían también comer. Así nació Gaia, el restaurante, que es uno de los mejores de Mendoza. Y así también avanzamos con el hotel. Los turistas recorren bodegas de la zona y quieren quedarse a descansar, con la vista a las montañas. No quieren irse, después de relajarse y tomar vino mirando las montañas y el paisaje", relata.

La empresaria -que vive hoy en Miami pero viaja cada mes y medio a Mendoza, en tiempos normales, sin pandemia- cuenta, con orgullo, cómo vio crecer a Tupungato. "Soy economista y siento que participamos del desarrollo económico de esta zona; es un orgullo y una recompensa de todo el trabajo que hicimos, con la inversión privada de todas las bodegas de la zona. Y el enoturismo es una segunda industria que se suma al vino. Hay guías que hablan inglés y portugués, están muy capacitados. Casi todos nuestros empleados son de la zona. Mi padre me decía que podía ser el próximo Napa Valley y es verdad, lo estamos haciendo", destaca.

A pesar de que no pueden ingresar extranjeros por el momento, por la pandemia, las reservas para el hotel son alentadoras. "Abrimos la preventa hace dos semanas y ya tenemos reservadas todas las habitaciones para los fines de semana de agosto", asegura.

"No tenemos el mismo público que antes de la pandemia, venían muchos extranjeros, especialmente de Estados Unidos y Brasil. Pero de la pandemia también generó algo bueno: los argentinos empezaron a descubrir su país. En el verano había muchos porteños recorriendo la bodega y les encantaba", dice.

Las inversiones no se detendrán con el hotel. "En dos o tres años, queremos empezar a invertir otra vez en turismo, para ampliar el restaurante o hacer uno nuevo y sumar más instalaciones al hotel. Todo lo hicimos desde cero", anticipa Anne Bousquet.

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