Fallo judicial

Del Racing campeón "paso a paso" a la quiebra: auge y caída del dueño de Blanquiceleste

Decretaron la bancarrota de Fernando de Tomaso, titular de la ex gerenciadora del equipo de Avellaneda. Fue a pedido del abogado Mariano Cúneo Libarona por honorarios impagos. El reclamo inicial, hace 12 años, fue por $ 640.000. Actualizado, podría escalar a más de 10 veces esa cifra

"Aguante La Academia". Lo decía sonriente, confiado, con la ilusión de quien sabe que su apuesta es un negocio seguro. Y uno grande, además. Fernando Enrique Carlos de Tomaso describía con lujo de detalles su business plan: un círculo virtuoso, de retroalimentación continua, entre contrataciones rutilantes y triunfos deportivos. Una ecuación que cerraba con administración profesional y creatividad comercial para multiplicar ingresos, convencido de que esa desprolija pasión nacional que es el fútbol futbol argentino no dista de cualquier otro negocio de "leisure & entertainment", como "los New York Giants o la NBA", según sus propias palabras. Ex JP Morgan, Goldman Sachs y Bear Stearns, fantaseaba con servicios de shuttles (sic) que trasladaran, ida y vuelta, a los sufridos fanáticos de Racing desde distintos puntos de la ciudad hasta sus butacas (correctas) en el Cilindro de Avellaneda.

Arrancaba marzo de 2001. Hacía menos de tres meses que la Justicia Comercial de la Provincia de Buenos Aires le había dado el gerenciamiento del fútbol profesional del quebrado club a Blanquiceleste, la primera sociedad anónima que se hacía dueña de la pelota en un equipo grande del mercado local. Los capitales privados ya habían empezado a jugar ese partido en el Quilmes Athletic Club: su gestión estaba en manos del Exxel Group, el voraz fondo de private equity de Juan Navarro que anidaba en la cima del edificio de Libertador y Cerrito donde De Tomaso, quien estructuró el negocio para Racing, empezó a transpirar la camiseta albiceleste.

Menos de un año después, en el apocalíptico diciembre de 2001, el sueño parecía realidad. Brilló Blanquiceleste y "la Academia Racing Clú" -como entona la Guardia Imperial- convirtió a la cancha de Vélez en un desborde de delirio con su primer campeonato local en 35 años el 21 de diciembre, dos días después del colapso institucional de la Argentina. A la larga, esa escena onírica terminó siendo una pesadilla. A mediados de 2008, horas después de jugar la promoción contra Belgrano de Córdoba para evitar la mancha de otro descenso -calvario que Racing sufrió de 1983 a 1985-, la empresa terminó quebrada y, en consecuencia, expulsada. 

Algunos fantasmas de entonces -no el de la B; al menos, por momento- merodean hasta hoy: el mes pasado, la Justicia Comercial decretó la quiebra de De Tomaso. Horacio Robledo, titular del Juzgado Nacional 25, Secretaría 49, también decidió una inhibición general de bienes sobre el empresario. Prohibió su salida del país.

La quiebra del último titular de Blanquiceleste fue pedida por el abogado Mariano Cúneo Libarona y uno de sus socios, Augusto Nicolás Garrido. Reclamaron honorarios impagos. Los penalistas fueron los apoderados de Racing en una causa que el club le inició a De Tomaso. La carátula: "Administración infiel en concurso real con desbaratamiento de derechos acordados". Traducido: desvío de fondos del club para cubrir obligaciones de Blanquiceleste, su gerenciadora. Le significó a Racing un perjuicio cercano a los $ 4,5 millones, más de u$s 1 millón de ese momento.

El 25 de junio de 2018, el Tribunal Oral Criminal 22 encontró culpable al empresario. Lo condenó a una prisión de dos años y seis meses, en suspenso. También, le cargó las costas del proceso. La sentencia reguló los honorarios de Cúneo Libarona y Garrido en $ 637.014. En ese entonces, equivalían a 1021 unidades de medidas arancelarias (UMA), el parámetro de la Justicia para estos casos.

Cinco meses después, el 13 de noviembre, los abogados iniciaron el pedido de quiebra contra De Tomaso, por ese monto, más intereses, IVA y costas. En su fallo, de junio de este año, Robledo no precisó por cuánto decretó la quiebra. Designó un síndico para que haga un inventario de sus bienes, sobre los cuales también dictó una inhibición. Con sólo considerar la actualización del valor de las UMA, la suma que exigieron Cúneo Libarona y su socio creció considerablemente. A partir del 1º de diciembre de 2020 -última regulación de la Corte Suprema-, cada una vale $ 4152. Esto lleva el valor del reclamo a más de $ 4,2 millones, más lo que se decida adicionar por costas e IVA.

Los Fernandos: De Tomaso y Marín

Gloria y ocaso

Diciembre de 2000. Fernando de la Rúa se alegraba de lo "lindo que es dar buenas noticias". El Presidente anunció un blindaje financiero de u$s 39.700 millones, juntados tras pasar la gorra por todas las manos que encontró, dato que el mercado -desconfiado- decodificó como un timonazo estéril en el inevitable camino hacia el iceberg. De Tomaso se jactaba de haber juntado en ese contexto los u$s 12 millones necesarios para presentar el proyecto en La Plata y conseguir que el juez Enrique Gorostegui lo aprobara. El magistrado -padre de Martín, actual presidente de Estudiantes- había decretado, un año y medio antes, que "la asociación civil Racing Club ha dejado de existir", como definió la síndico de la quiebra, Liliana Ripoll.

Hacía dos años que De Tomaso, quien venía de trabajar en Wall Street y Londres, quería invertir en el fútbol argentino, "con algo mucho menos problemático que Racing" (sic). En un mercado dependiente de la transferencia de futbolistas -y, en menor medida, la televisión-, su modelo de negocio era un equilibrio entre esas fuentes de ingresos, los sponsors y, en especial, la venta de localidades. Un amigo en común lo presentó año con el publicista Fernando Marín. Reconocido por sus éxitos televisivos, como "Cantaniño", "La vida en Calabromas", "Mesa de Noticias" y "Juana y sus hermanas", en esa época, soñaba con emular al "Chango" Cárdenas y hacer el gol económico y deportivo que encendiera el fuego para renacer a su amado Racing de las cenizas

Marín tenía, además, afinidad con Mauricio Macri, en ese entonces, y contra la resistencia de Julio Grondona, principal promotor de las sociedades anónimas en el fútbol argentino. En aquellos días, como presidente de Boca Juniors, Macri encabezaba el momento más glorioso en la historia azul y oro.

Con un café en Rond Point, a metros del piso de Marín, los Fernandos sellaron la sociedad. En esa charla, quedó claro que uno entendía de finanzas y el otro, de fútbol y espectáculo.

El 29 de diciembre de 2000, Blanquiceleste se quedó con el gerenciamiento del fútbol de Racing. A cambio, asumió un compromiso de inversión de $ 15 millones anuales -regía el uno a uno- y la cancelación del pasivo del club, de $ 60 millones.

El debut fue inmejorable. Campeón al cabo del primer ejercicio de gestión. En lo institucional, los jugadores empezaban a cobrar y los ingresos, a aparecer. Quebrado su proveedor de indumentaria -Gatic, ex licenciatario de Adidas-, cerró un nuevo acuerdo con Topper, marca emblema de la Alpargatas que, todavía, pertenecía a Guillermo Gotelli. Consiguió a la televisora satelital Sky como sponsor de la camiseta. Cuando, en la colapsada y devaluada argentina de 2002, esa empresa se fue del país, la gerenciadora no tuvo problemas en encontrar reemplazante: a inicios de 2003, estampó su marca Petrobras, a u$s 1,1 millón por año.

Lo propio ocurrió con el sponsor técnico. Concursada Alpargatas, Nike convirtió a la albiceleste en la segunda camiseta de su portafolio local, inaugurado en 1996 con su emblemática y exitosa simbiosis con Boca.

La caja crecía. Los gastos y las deudas, también. Sobre todo, cuando las decisiones estaban más guiadas por la pelota que por la hoja de resultados. Esa tensión condujo al alejamiento temporario de De Tomaso. Mientras Marín gestionó en soledad, la suerte esquiva en la cancha deterioró lo demás. Hizo y deshizo, contrató técnicos -Osvaldo Ardiles, Ubaldo Fillol-, al riesgo de quemar ídolos, como ocurrió con el "Pato". Le cumplió a Diego Simeone el sueño de vestir la camiseta de Racing. Se lo cortó rápido, haciéndole poner el buzo de un fin de semana para el otro

En abril de 2006, ya totalmente desgastado, Marín le vendió la mayoría accionaria de Blanquiceleste a su ex socio. Se habló de un precio, nunca divulgado, de u$s 2,5 millones. De Tomaso asumió en mayo. Su primera decisión, la vuelta de Reinaldo Carlos Merlo, "Mostaza", el conductor hacia la conquista de 2001. El entrenador se había ido de Racing sólo siete meses después de haberse ganado su estatua en el Cilindro, enfurecido con Marín.

Pero la vuelta del "paso a paso" terminó en tropiezo a tropiezo. Hasta la caída definitiva, menos de un año después. Sin resultados deportivos, "Merlo hizo todo para que lo echara", declaró el gerenciador, que acusó al bronce de haber forzado su despido.

Con el técnico enfrentado a los referentes del plantel -Claudio "Piojo" López, Francisco "Pancho" Maciel, Facundo Sava-, Racing tambaleaba por un desfiladero que, a tres fechas del final del Clausura 2007, lo encontró antepenúltimo en la tabla de posiciones.

Reinaldo "Mostaza" Merlo

"De Tomaso se reunió con los jugadores buscando apoyo para echarme", denunció el vozarrón de "Mostaza". "Siempre es más fácil echar culpas, ser paranoicos y hablar de alianzas conspirativas", replicó el empresario, incómodo en la palestra pública. "Ahora, debe venir un entrenador que sepa que está en Racing y armar un equipo ofensivo", agregó, exteriorizando algo más que el fastidio que, ya desde pocos meses antes, no disimulaba. De hecho, en alguna charla privada, en su nueva oficina de la torre Bapro, en plena City porteña, elogiaba a los técnicos que hablaban de fútbol y no "de la falta de peso en AFA", como bufaba ante los micrófonos su entrenador.

"Esto lo hice por Racing. Para que se termine el engaño. Para que la gente sepa que esto, siempre, fue eso", se justificó "Mostaza" frente a sus jugadores, cuando se despidió en el vestuario. La pobreza en la cancha era, apenas, una muestra de la que había afuera. Es cierto que no llegaban los refuerzos que había pedido Merlo. También, que llegaron jugadores sin su aprobación. Pero, además, el cuerpo técnico acumulaba cuatro meses sin cobrar. El vestuario estalló cuando, a inicios abril, fueron los jugadores quienes no tuvieron los sueldos depositados.

"El trading no deja pensar: hay tres segundos para decir sí o no a una colocación de u$s 300 millones", comparaba en esos días De Tomaso su pasado con su entonces presente. "Lo único comparable es que se toman decisiones trascendentes en poco tiempo. Esto es igual. A lo mejor, el fútbol ofrece cinco minutos. Pero son decisiones que afectan el rumbo de la empresa y que se manejan con una dosis de imprevisibilidad que atenta contra el negocio", ampliaba.

El descascaramiento financiero develó algunos flujos y manejos que forzaron al gerenciador a dar explicaciones y a develar algunos nombres. Gustavo Veiga, uno de los periodistas que más puso la lupa sobre Blanquiceleste, publicó en Página 12 que su accionista principal era Elmtree Investment, una empresa con sede en las Islas Vírgenes Británicas. A esta sociedad, luego se le sumó Bergo Anstalt, una off-shore radicada en el Ducado de Liechtenstein. Le pertenecía al ex suegro de Marín, Marcel Degraye, un retirado residente de Mónaco, develó Alejandro Wall en su libro "Academia Carajo" (Sudamericana, 2012).

De Tomaso, escribió Wall, era vicepresidente de Elmtree, cuyo director de negocios, Karim Karaman, es un árabe al que conocía por sus vínculos en Nueva York. Elmtree fue un vehículo de inversión de Mohammed Hussein al Amoudi, un jeque etíope que se radicó en Arabia Saudia. Dueño de la petrolera sueca Preem, su fortuna llegó a superar los u$s 15.000 millones, lo que hizo que Forbes lo rankeara varias veces entre las 100 personas más ricas del planeta. En Blanquiceleste, Al Amoudi puso u$s 8 millones, después de un colorido tour por Buenos Aires, que, obviamente, incluyó un partido de Racing, narró Wall.

De Tomaso reconoció esa relación a mediados de 2006, durante una entrevista en el programa "Tres en el fondo", conducido por Marcelo Araujo, Julio Ricardo y Ernesto Cherquis Bialo, que se emitió en la TV Pública. En noviembre de 2017, el Reino saudí encarceló al jeque. Lo liberó en enero de 2019. Nunca se esclareció por qué. Ni en un caso, ni en el otro. Casi una metáfora. Opacos habían sido, también, algunos manejos de Blanquiceleste. Sobre todo, en relación a los cobros por las ventas de jugadores

Mariano González, Diego Milito, Gabriel Loeschbor, transferencias que encendieron luces anaranjadas por la discrepancia entre los montos pagados y lo que recibió Racing: por el contrato de gerenciamiento, al club le correspondía el 20% de las ventas. Sin embargo, De Tomaso compareció ante un tribunal por los pases de Maximiliano Moralez, Matías Sánchez, Santiago Malano y Gustavo Cabral. "El imputado utilizó el CUIT de la institución para declarar frente al fisco nacional las retenciones efectuadas al momento de abonar los sueldos, premios y otras remuneraciones a los jugadores y al personal ligado a la actividad futbolística, pese a que el ingreso de las mismas se trataba de una obligación exclusivamente en cabeza de Blanquiceleste S.A.", sentenció la Justicia.

Fue la causa que derivó en el reclamo por el que, ahora, se le decretó la quiebra personal a De Tomaso.

Entre julio de 2007 y junio de 2008, Blanquiceleste emitió 100 cheques sin fondos, por más de $ 8,6 millones, publicó Wall en su libro. Equivalían a más de u$s 2 millones. Las contradictorias agrupaciones que dinamizan la vida política racinguista coincidieron en un enemigo común: la gerenciadora. "De Tomaso, vas a tener que dar cuentas ante Dios de lo que estás haciendo", se leía en una bandera que llevaba un sacerdote -Racing es un acto de fe- a la cancha. El gobernador bonaerense, Daniel Scioli, activó la palanca del mecanismo para expulsar a la empresa del club. Hinchas notables, como Carlos Melconian y Horacio Rodríguez Larreta, aceitaron los engranajes, cuyos movimientos seguía con celoso afán el hincha número uno de la Academia: Néstor Kirchner. Racing es una pasión inexplicable.

Racing festejó tras evitar el descenso, en 2008

Blanquiceleste terminó pidiendo su quiebra en julio de 2008, horas después de haberse salvado de volver a la B. El propio Racing fue el principal acreedor ($ 15 millones). La quiebra, a la que luego se sumaron Merlo y otros ídolos del club, como Gustavo Costas y el "Piojo" López, forzó el final del gerenciamiento. Terminó decretándose en marzo de 2010. Ahora, fue el turno de la quiebra de su último dueño, pero a título personal.

"El gran riesgo del fútbol es la exposición. Me molesta. No me acostumbro a andar por la calle y que alguien que no conozco me mire o se acerque", le contó De Tomaso a este diario, en una entrevista a inicios de 2007. "Y, generalmente, es un hincha, que supone que uno siempre gana plata y es avaro para reinvertir porque ve que los dirigentes de otros clubes viven haciendo promesas", agregaba.

"Además, de esa irracionalidad, en Racing existe una contra-política (sic): algunos buscan exposición a costa del equipo, la empresa o uno mismo. Son incidentes que hacen del fútbol un negocio riesgoso", continuó.

"¿Qué le dijeron sus amigos cuando decidió volver?", se le preguntó.

"Alguno me sugirió que no lo hiciera. Existe el preconcepto de que el que se mete en el fútbol sale manchado. Espero no salir manchado", contestó.

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