Segunda ola

Construcción: ¿se desinfló la venta de materiales por el Covid?

Hasta que estalló la segunda ola de Covid, la producción de materiales para la construcción crecía por la demanda en alza de obras y refacciones. Los planes de los principales fabricantes y qué esperan para los próximos meses.

Hasta las últimas restricciones a la actividad por la segunda ola del Covid-19, la industria de los insumos para la construcción se diferenciaba de otros rubros por su repunte en la producción. En el primer bimestre del año, según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) elaborado por el Indec, se observaron subas interanuales de 51,3 por ciento en el volumen de asfalto; 44,5 por ciento en artículos sanitarios de cerámica; 42,4 por ciento en hierro redondo y aceros para la construcción; 39,5 por ciento en pisos y revestimientos cerámicos; 39,4 por ciento en ladrillos huecos; 35,4 por ciento en placas de yeso; 29,1 por ciento en cales; 22 por ciento en hormigón elaborado; 19,2 por ciento en cemento portland; 14,4 por ciento en pinturas para construcción y 3,3 por ciento en mosaicos graníticos y calcáreos.

En tanto, más actuales, los registros del Grupo Construya publicados a principios de abril (que incluyen datos de marzo) mostraron en 2021 un amesetamiento de la tendencia registrada los últimos meses de 2020. Si bien el Índice Construya (IC) acumuló una suba del 44,6 por ciento en el primer trimestre del año en comparación con el mismo período del año anterior, en marzo hubo una baja mensual del 5,12 por ciento (desestacionalizada) respecto a febrero, aunque los despachos en el tercer mes de 2021 se ubicaron 103,7 por ciento por encima de los relevados un año antes (mes en que se instauró la cuarentena).

Pedro Brandi, presidente de esta agrupación de fabricantes de materiales, recuerda: "Abril del año pasado fue el piso histórico desde 2002 (año en que comenzó a realizarse el IC). Pero, en octubre se logró uno de los picos más altos. Es decir, en menos de seis meses se pasó del infierno al cielo, como suele suceder en la Argentina. En 2020 el índice promedio del año fue obviamente malo (una caída del 6 por ciento respecto al año anterior), pero nada que ver con lo que se esperaba cuando se desató la pandemia. En los meses transcurridos de 2021 se amesetó pero en un nivel de actividad importante y marzo fue uno de los mejores meses de toda la serie".

Este índice mide la evolución de los insumos para construcción vendidos al sector privado que fabrican las empresas líderes que integran el grupo. Comprende datos de ladrillos cerámicos, cemento portland, cal, aceros largos, carpintería de aluminio, adhesivos y pastinas, pinturas impermeabilizantes, sanitarios, calderas y sistemas hogareños y centrales de calefacción, grifería y caños de conducción de agua, pisos y revestimientos cerámicos.

Durante 2020 el sector vivió un auge de demanda de materiales impulsada principalmente por la autoconstrucción y las refacciones domiciliarias que surgieron en el contexto de la cuarentena obligatoria. Pero, a partir de la reapertura de las obras privadas y el regreso al trabajo formal, desde octubre de ese año el crecimiento mermó, aunque se estabilizó en niveles altos.

Si bien el nivel de actividad actual es "razonablemente bueno", el sector viene de tener valores negativos durante los últimos tres años: hubo caídas del 7 por ciento en 2018; 8 por ciento en 2019 y 6 por ciento en 2020. Pero hay optimismo a futuro: según cómo evolucione el mercado, Grupo Construya prevé que se incrementarán 8 por ciento los despachos durante este año. Esto permitiría mejorar los registros respecto al año anterior aunque seguirían por debajo de los valores de 2019.

Eugenia Ctibor preside la Cámara Industrial de Cerámica Roja (CICER), que reúne a 15 de las empresas productoras de ladrillo hueco cerámico más importantes del país (95 por ciento de la fabricación nacional). "En 2019 estábamos en una recesión muy grande y el sector reducía su producción, pensando en restructuraciones internas. En 2020 nos tomó la pandemia, estuvimos 60 días detenidos y hoy estamos en pleno funcionamiento", dice.

En particular, según señala, la demanda actual proviene "de las obras relacionadas a la búsqueda de barrios más alejados de la ciudad. En cuanto a obra pública, el Gobierno lanzó nuevas medidas de líneas de crédito y empieza a moverse pero todavía no tienen efecto".

Según estadísticas de la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP), esta industria cerró el año con casi 9,9 millones de toneladas despachadas, una caída del 10 por ciento en volumen respecto a 2019 (11,1 millones de toneladas). No obstante, Sergio Faifman, tesorero de esta organización y CEO de Loma Negra, señala que en lo que va de 2021 se registra "un crecimiento importante" en los despachos. Hubo un incremento interanual del 20 por ciento y espera llegar a diciembre con una suba acumulada que rondaría como mínimo entre 5 y 10 por ciento más que en 2020, dependiendo la resolución de las incertidumbres económicas y la evolución que presente la pandemia durante los próximos meses.

El ejecutivo de Loma Negra, sin embargo, admite que en 2021 "se ve una caída respecto del boom de octubre/noviembre del año pasado. Antes había mucha más demanda sobre todo lo que tiene que ver con el consumo en bolsa (que se relaciona con el usuario minorista) porque hubo mucha refacción. El cambio tuvo que ver con el retorno de la gente al trabajo, con la suspensión del pago del IFE y con que la gente tiene menos plata en el bolsillo". También agrega que como "en ese momento el dólar paralelo se disparó y llegó a $ 180 y $ 200, para el que tenía dólares ahorrados construir era muy barato porque el costo del metro cuadrado estaba en su mínimo histórico. Pero luego la Argentina siguió con inflación y los dólares se devaluaron entre 20 y 25 por ciento".

Loma Negra facturó US$ 514 millones en 2020 y US$ 600 millones un año antes. En cuanto al volumen, el año pasado fabricó 5,2 millones de toneladas entre todos sus productos (cemento, cal, hormigón elaborado y agregados) y 5,5 millones en 2019.

En Cerámica Alberdi, firma que tiene una capacidad instalada de 2,8 millones de m2/mes (entre sus cinco unidades productivas), coinciden en señalar que el mercado se amesetó pero que igualmente pudieron cerrar 2020 mejor que los dos años anteriores, con un incremento en el volumen despachado del 15 por ciento.

"Cuando se salió de la pandemia había muchas compras retenidas. Ahora estamos en un amesetamiento de la demanda aunque durante los últimos meses viene un poco a la baja. Esperamos que el mercado se mantenga estable", opina Enrique Gatti Rapallini.

Por su parte, Christian Roca, director comercial de la pyme familiar Roca Grifería, relata las vicisitudes de ser un fabricante nacional de juegos de grifería en el complejo contexto actual. Según explica, en junio de 2020 -tras el cierre inicial de sus plantas- la demanda de sus productos se duplicó, apalancada por las obras domiciliarias y la capitalización en bienes que hicieron algunos constructores y comerciantes del rubro. Esta actividad se potenció, además, porque ante el cierre y las demoras en las importaciones, los productos made in Argentina recuperaron mercado.

Pero, con el tiempo las complicaciones para traer insumos terminó perjudicando también a su empresa por la imposibilidad de poder finalizar el desarrollo de tres líneas nuevas de productos que requerían de componentes fabricados en el exterior. Sin embargo, pudieron trabajar las líneas tradicionales con su stock y algunas piezas que lograron ingresar al país durante los primeros meses de pandemia.

Hasta octubre su producción creció exponencialmente y acumularon pedidos sobre los que siguieron trabajando. Pero, hacia fin de año, la reapertura de importaciones llevó nuevamente a competir con griferías de origen chino de menor valor. Según su relato, esta mayor oferta en el mercado, coincidente con la merma de actividad por refacciones y pequeñas obras que movieron al sector en 2020, se reflejó a partir de febrero cuando el nivel de actividad comenzó a descender hasta llegar a producir a niveles similares a los de marzo del año pasado (entre 45 y 60 por ciento de su capacidad productiva).

Roca produce 7500 cajas (juegos completos de grifería) por mes pero tiene una capacidad de hasta 11.000.

Costos en alza

Según los registros de marzo de la Cámara Argentina de la Construcción, el costo general de la actividad tuvo un incremento del 58,6 por ciento interanual. Al desglosarlo, se evidencia que el valor de la mano de obra solo creció 27,2 por ciento y que el gran salto de los costos provino de los materiales, que subieron 79,4 por ciento.

¿Cómo se explica este incremento exponencial de los productos? ¿Cuáles son las variables que afectan a los fabricantes de los principales materiales de construcción? Los aumentos en el costo energético, de las commodities a precios internacionales, la inflación así como las restricciones a importar insumos esenciales son algunas de las principales complicaciones que afectan la producción de materiales de la construcción. También, el costo de mano de obra y el derivado de la implementación de protocolos que llevan a tener parte del personal dispensado, lo que afecta la capacidad de producir.

Aunque la incidencia de estas variables es diversa según cada caso, los empresarios aseguran que los incrementos en sus costos no son trasladados linealmente ni en su totalidad al precio final de venta de los productos que elaboran.

Brandi diferencia la situación de las industrias que implican uso intensivo de mano de obra de otras que son energéticamente intensivas: "Hay una disparidad de situaciones muy grande entre fabricantes. Algunos, como los de ladrillos, cemento y cal tienen un componente de energía calórica muy alto y, como el gas duplicó su valor en dólares, el impacto es importante".

Ctibor se mete en el tema: "Como empresarios industriales hay una gran preocupación por el manejo de los costos en relación al impacto que tiene el aumento de la energía en el proceso productivo. Nuestra industria es gran consumidora de gas. Son costos dolarizados pero tenemos un producto que se vende en pesos y la dificultad está en que no se puede trasladar ese costo al precio de un producto commodity, con la idea de que sea accesible a todos. Pero además del aumento de costos, nos preocupa la capacidad de abastecimiento de gas en el invierno".

A pesar de que la industria cementera está principalmente enfocada en el consumo interno y tiene pocos componentes importados en su cadena productiva, el 40 por ciento de su costo proviene de la energía térmica y eléctrica, con contratos dolarizados. Faifman informa: "En este momento tenemos un problema adicional que tiene que ver con toda la problemática del sur y de Vaca Muerta. Está faltando gas y tenemos muchos contratos que nos están avisando que no los van a poder cumplir. Eso lleva a considerar la posibilidad de importar gas, lo cual implica salida de divisas de dólares del país y a un costo que casi se triplica. Esto es otro impacto en nuestros costos que obviamente después se refleja en el precio".

En tanto, Roca suma quejas por los precios internacionales de las commodities: "Tan solo en junio de 2020 el bronce aumentó 25 por ciento y desde entonces no paró, continuó con subas escalonadas de entre 7 y 8 por ciento mensual durante todo el año. Solo el costo de ese insumo ya acumuló más de 100 por ciento de incremento y otro como es el PVC aumentó 110 por ciento". En paralelo, la suba de precios de venta de sus líneas de grifería "rondó el 60 por ciento" en el mismo período, dice.

A esos costos, Brandi menciona que hay que agregar el propio de pandemia que se deriva de la ausencia de entre el 15 y 20 por ciento del personal (por contagio, por ser contacto estrecho de algún familiar o por ser considerado de riesgo): "Todas las empresas están operando a un nivel de actividad alto pero están ´topeadas´ por todos los problemas que les causa la pandemia. La ausencia del personal hace que la capacidad de producción sea más baja y, consecuentemente, que los costos sean más altos".

Según comenta Gatti, al analizar la rentabilidad de 2020 los números no son claros dado que tuvieron cuatro meses cerradas las plantas, está la incidencia de los costos del personal dispensado y la contratación de nuevos, la reducción en la productividad y además tuvieron un incremento del 35 por ciento aproximado en los costos de insumos (gas, electricidad, esmaltes y repuestos importados). Esta suba de gastos no pudo ser trasladarla totalmente a precios, afirma, y recuperaron aproximadamente un 80 por ciento.

Proyecciones

El año arrancó con buenas -aunque moderadas- expectativas para la construcción a partir del anuncio de diversas medidas para alentar la actividad (ley 27.613 de incentivos fiscales, créditos para viviendas y anuncios de obras públicas). Pero, el temor latente en las empresas productoras de materiales, así como de toda la industria en general, proviene de la incertidumbre que plantea la evolución de la pandemia.

Brandi opina: "Hay que ver en qué forma terminan de concretarse estas medidas porque es bastante común ver anuncios en años electorales y uno tiende a ser un poco escéptico ya que el grado en que se llevan adelante no suele ser demasiado alto. Volvieron a tomar ritmo las obras medianas y pequeñas pero hay muy pocas obras grandes y casi nada de obra pública".

Por otro lado, el presidente de Grupo Construya agrega que la expectativa del sector "que actualmente se atemperó" reside en los poseedores de dólares que "encontraron una muy buena oportunidad para construir (por la relación del dólar y el valor de construcción). Si bien al irse quedando el dólar esa situación se desinfló un poco, continúa siendo un muy buen momento para construir. Lo que se sigue viendo es que, como no hay demasiadas opciones para canalizar ahorros, la gente vuelca sus pesos a bienes. Es lo que está movilizando al sector, como sucedió en 2016 y 2017".

Para Faifman, en la industria del cemento "no hay nada puntual que vaya a cambiar el consumo de este producto. No hay obra pública, privada o desarrollo que mueva el amperímetro. Al blanqueo tampoco le veo mucho efecto. El mayor impacto proviene de tener una economía más estable y de que la gente tenga más dinero en el bolsillo".

En tanto, Roca advierte: "Siempre en este país hay muchas políticas cambiantes de apertura y cierre de importaciones. Esto hace que el futuro sea muy incierto. Como empresa no puedo estar esperando ver si cortan o no a los importadores para vender mi producto. Se toman políticas económicas erróneas y es muy difícil tomar decisiones en cuanto a lanzamientos o inversiones".

Por su parte, Gatti destaca que "el Gobierno está tomando medidas en pos de la construcción y todas suman. De las anunciadas recientemente todavía no se ve el impacto pero seguramente será positivo". Sin embargo, advierte sobre la incertidumbre que trae la pandemia. "Si paran la construcción nuevamente, la demanda se cae 60 por ciento. Habría que ver si en ese caso cerrarían todas las provincias, aunque ya solo Buenos Aires representa casi el 50 por ciento del mercado", señala.

El empresario aclara que "la segunda ola genera cierta incertidumbre y prende algunas luces amarillas" pero reconoce que en función de que "hay muchas obras que están en curso y de todas las medidas que tomó el Gobierno para impulsar la construcción, la proyección para 2021 es de demanda sostenida. Esperemos que sea así". 

María Eugenia Usatinsky  

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