Mercado de u$s 450 M

Cannabis, un negocio que ya tienta a los pools de siembra del campo argentino

Mientras el Gobierno avanza con su proyecto de marco regulatorio, que presentó el miércoles el Ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, los empresarios del campo ya planifican cómo sumarse a la industria que se abrirá. Persisten dudas sobre controles, cupos e impuestos

Expectativa. Esa es la palabra que define hoy el incipiente mundo de los negocios entorno al cannabis. Con la presentación que hizo ayer el Ministro de Producción, Matías Kulfas, de una propuesta de marco regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y del cáñamo industrial, se apuesta a una actividad que podría mover en la Argentina unos u$s 450 millones sólo en el mercado interno y con un potencial mucho mayor, si se consideran las exportaciones.

Y, si bien esta presentación es apenas el inicio de un plan que, luego, deberá tratarse en el Congreso para su debate y, más tarde, tendrá que ser reglamentado, el potencial de negocio es lo que miran los grandes jugadores locales del sector del agro. Distintos pools de siembra ya están trabajando en la planificación de este cultivo. Varios, incluso, con equipos técnicos propios. Por otro lado, hay empresas internacionales haciendo estudios de factibilidad normativa para estar preparados para entrar, en caso de que la reglamentación vuelva atractivo el negocio.

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"La diferencia entre lo que ya se podía hacer en la Argentina y esta nueva iniciativa es que se pueda salir sólo del producto medicinal y abrir las posibilidades del cannabis para su uso industrial: alimentos, textiles, bioconstrucción, bioplásticos, entre otros", explica María Laura Sandoval, asesora en asuntos regulatorios y desarrollo de negocio y embajadora de Laiha (Latina American Industrial Hemp Association) en Argentina.

Hoy por hoy, una empresa ya puede firmar un convenio no sólo para la investigación, sino también para la producción, siempre, con uso medicinal. "Ya hay muchas solicitudes aunque aún ninguna fue aprobada", asegura la experta. "Por eso, muchos de los inversores que ya están planificando saben que, si tarda la reglamentación del uso industrial, pueden producir con estándares farmacéuticos, en lugares cerrados (son los costos más elevados, unos u$s 15 millones de inversión inicial) o para productos de uso terapéutico a cielo abierto (suplementos o herbolárea), que requiere un desembolso de entre u$s 1,5 millones y u$s 2 millones".

Sin embargo, hoy por hoy, lo que los inversores que ya miran el país quieren saber es si habrá controles de precios, cupo a la exportación, quién y cómo otorgará las licencias (¿con una Agencia Federal, como en Uruguay? ¿se dará un único permiso para la industrialización y la exportación o serán separados?), qué impuesto tendrá esta actividad y quién controlará el ingreso de dinero a la industria.

El proyecto oficial presentado ayer ante el Consejo Económico y Social contempla la creación de un nuevo actor público, la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (Ariccame), la cual operará en todo el país y tendrá a cargo el poder de fiscalizar la actividad productiva, así como otorgar las autorizaciones pertinentes.

Según la experta, el potencial de la Argentina supera, incluso, esa cifra de $s 450 millones, que es un cálculo hecho por una consultora privada pero que refiere, exclusivamente, a consumidores, de ahí que sea sólo para el mercado interno. 

Sin ser un commodity, no hay valor de pizarra, hoy la flor de cánamo, siempre para uso medicial y en promedio, se vende a u$s 250/300; de vivero, entre u$s 400 y u$s 550; con estándares farmacéuticos, el kilo  u$s 1500. Y una kilo de semillas para alimentos entre 3 y 5 euros.  

Pablo Fazio, presidente de la Cámara Argentina de Cannabis, señala que exite un estudio de la consultora New Frontier que visualiza tres escenarios distintos para la Argentina de acuerdo a qué contemple la legislación: uno de mínima de u$s 100 millones y el de máxima de u$s 1000 millones.

Fazio coincide sobre la oportunidad que tiene el país en un negocio que, a escala global, movió u$s 15.000 millones en 2019, según datos privados. "La Argentina puede cumplir un rol importante en este sector por su experiencia y su trayectoria como país agroproductor y agroexportador". Sin embargo, aclara el ejecutivo, "es indispensable que la regulación sea clara, que permita el ingreso de operadores privados independientes y que contemple la producción con valor agregado".

El ejecutivo, quien además es cofundador de Pampa Hemp, un emprendimientode cultivo de marihuana con fines terapéuticos que ya tiene un acuerdo con el INTA, está en conversaciones con dos fondos norteamericanos para poner en marcha el proyecto. "La negociación viene avanzada aunque están a la espera del marco regulatorio", señala Fazio.

Facundo Garretón, CEO de Blueberries Medical

"Hoy, hay interés, más que nada, en la primera etapa de la cadena de valor: la producción. Pero no en la industralización: molinos, aceiteras, textiles. Pero, si la Argentina no logra entrar en el negocio de valor agregado, el impacto no será el esperado", señala Sandoval.

Desde Uruguay, unos de los países que, junto con Colombia, lleva la delantera en la región en este negocio, Facundo Garretón, emprendedor y hoy chairman de Blueberries Medical, empresa de cannabis que cotiza en Bolsa de Canadá, señala: "El Norte argentino tiene un gran potencial y, de hecho, tiene más ciclos de floración que Uruguay -mientras en la Argentina la planta florece cuatro veces,en Uruguay dos. Pero hay que avanzar rápido porque, en la región, ya estamos llegando tarde". 

El empresario asegura que es indispensable que se reglamenten los tres verticales: el medicinal, el industrial y el recreativo. También, que se aclare qué se puede hacer con cada uno. "Hacen faltan reglas claras", concluye.


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