Palabra de CEO

Babino, de Western Union y Pago Fácil: "Ni en 2002 recibimos tantas remesas del exterior como ahora"

El número uno de la empresa en el país asegura que esos envíos récord se deben, en gran parte, "a la crisis que sufre mucha gente, que necesita dinero de afuera para llegar a fin de mes". Detalla qué gastos dejaron de pagar los usuarios en pandemia y, hoy, se están recuperando

Con todos los locales abiertos y un fuerte cambio en el comportamiento de los clientes que dejó la pandemia, Maximiliano Babino, gerente general de Western Union y Pago Fácil, acelera los planes de inversión de ambos negocios este año.

En diálogo con El Cronista Comercial, el ejecutivo aseguró que, en cuanto a las remesas, "nunca fue tanto el dinero que se envió a la Argentina, en dólar real; es el pico máximo". "Está relacionado a la crisis que sufre mucha gente, que necesita plata del exterior para llegar a fin de mes", asegura

En cuanto al negocio de pagos, señaló: "Cambió el mix: la gente dejó de pagar algunas cosas y pasó a pagar otras. Durante el año pasado, notamos una caída del pago de educación -cuotas de colegios y universidades- y vemos que, este mes, comenzó a volver. Subió mucho todo lo relacionado a e-commerce y cayeron mucho los servicios púbicos porque no los cortaban si había demoras en el pago", reconoció.

Babino es optimista para este año, en el que la compañía invertirá solo en tecnología más de u$s 2 millones.

¿Ya están trabajando ambas marcas sin inconvenientes, como antes de la pandemia?

Sí. Estamos operando sin ningún inconveniente, sin restricciones ni limitaciones. Las únicas limitantes son las que nos dicta el mercado, la capacidad de la gente para pagar facturas o para enviar y recibir dinero. Mantuvimos los locales propios, tenemos 250 puntos con nuestros empleados. Aunque, obviamente, la rentabilidad se vio afectada. Los locales de terceros también se están manteniendo aunque con alguna caída.

¿Cómo cerraron 2020?

El negocio fue afectado, tanto en el envío de dinero como en el cobro de facturas. Tuvimos una pérdida de volumen contra el año anterior. Estuvieron los locales cerrados hasta que, por un trabajo que hicimos con la cámara que nos nuclea, se logró una excepción para la actividad. Este año, la macro nos va a afectar.

¿Cómo cree que impactará la macro en cada negocio?

En Pago Fácil, por ejemplo, nos cambió el mix del negocio. La gente dejó de pagar algunas cosas y pasó a pagar otras. Durante el año pasado, notamos una caída del pago de educación -cuotas de colegios y universidades- y vemos que, este mes, comenzó a volver. Subió mucho todo lo relacionado a e-commerce, muchísimo. En el peso de la canasta, cayeron mucho los servicios púbicos porque no los cortaban si había demoras en el pago. Algo se compensó por ese cambio, así que, en el negocio de Pago Fácil, la caída fue muy pequeña.

Sí, insisto, cambió el mix también en los canales. Antes, pagaba más en los locales de retail y, ahora, paga a través de las alianzas que tenemos con las billeteras electrónicas como Mercado Pago, Ualá, Naranja X. Pero el volumen se mantiene. También, cayeron los pagos en los locales de microcentro y se ve más movimiento en los suburbios o barrios más residenciales. También, en el pago de facturas se ve el efecto de la inflación, la inflación controlada, que no tiene precios máximos. 

¿Y con respecto a las remesas?

Estamos notando que, desde el segundo semestre de 2018 en adelante y se va acentuando todos los trimestres, sigue cambiando el mix. En concreto, nunca recibimos en la Argentina tanto dinero de remesas del exterior, ni en 2002, que fue el epítome de la catástrofe. Yo trabajo en la compañía desde ese año. Hice un análisis trimestre por trimestre y nunca fue tanto el dinero en dólar real. Este es el pico máximo de remesas que entran a la Argentina. Está relacionado a la crisis que sufre mucha gente, que necesita plata del exterior para llegar a fin de mes. La balanza muestra que la Argentina recibe mucho más dinero del que los inmigrantes envían. Un 70% del dinero que movemos es entrante y 30% saliente. Hace tres años, era 50% cada una. En 2001 y 2002, el mix era 60% entrante y 40% saliente.

¿Aumentó la cantidad de dinero que se envía?

Al contrario. La cantidad de dinero que un cliente manda individualmente al exterior, hoy, es menor que la que enviaba en 2002. Y se recibe el doble. Siempre, hablando en dólares, para evitar la distorsión. Esto responde a muchos factores. Pero uno de los más claros es la crisis del año pasado y el anterior, y que creemos que se va a mantener, que afecta el poder de ahorro de los inmigrantes. Muchos no tienen trabajo y otros volvieron, se fueron del país.

¿Los destinos y orígenes cambiaron también?

Cayó mucho el envío relacionado con turismo, como a Chile o Brasil. A Paraguay, siempre hay muchos envíos porque es una comunidad muy grande. Venían creciendo los envíos a Colombia porque llegaba mucha inmigración desde allí, con empleo vinculado a la gastronomía, lo mismo que Ecuador y Venezuela. Pero, como la gastronomía se vio muy afectada, muchos ya no tienen capacidad para mandar o se fueron a otros países. En los ingresos, son los mismos corredores que en 2002: principalmente, España y los Estados Unidos. Algo también de la importante colonia que hay de argentinos en México.

Otra novedad es que hay mucha gente que se está yendo ahora y que empezará a enviar dinero dentro de dos o tres años. Vemos un éxodo de nuevo a Uruguay, a México y España.

¿Estos nuevos fenómenos tan importantes determinan cambios en el modelo del negocio?

Adaptaciones. Los canales digitales crecieron un montón, tanto en Western Union como en Pago Fácil. En el primer caso, habilitamos la posibilidad de que la gente que vive en el exterior pueda mandar dinero y que alguien lo reciba en su cuenta bancaria en Argentina. Se puede también hacer al revés. Pero lo que creció es el dinero entrante. Para enviar dinero al exterior, también facilitamos que se haga desde la app de Western Union. Y mejoramos la funcionalidades: todo es mucho más ágil, aunque sigue afectado porque los usuarios no tienen tanta capacidad de ahorro para enviar dinero. 

En el caso de Pago Fácil, creció muchísimo el año pasado el pago con tarjeta de débito, retiro de efectivo por medio electrónico y el pago con billeteras electrónicas. Se avanzó mucho en la implementación y en el uso. También, se ejecutaron mejoras que estaban pensadas para más adelante.

¿Planean inversiones este año?

Vamos a invertir u$s 2 millones sólo en mejoras tecnológicas, para solidificar las plataformas digitales, en la Argentina. También, hay inversiones en puntos de venta, en donde siempre crecemos. Hoy, tenemos 6000 puntos de venta con atención y vamos a seguir expandiendo la red para llegar a más lugares.

¿Hay alguna traba o distorsión que pueda solucionarse?

Hemos trabajado como cámara mucho con el Banco Central durante los últimos años para expandir la aceptación de tarjeta de débito, algo que anda muy bien. Pero hay mucha presión del sector bancario para modificar todos los formatos, la ecuación de valor, y eso nos preocupa porque lo que se hizo fue exitoso. Si cambiamos, corremos el riesgo de romper algo que está funcionando muy bien.

¿Cuál sería el impacto de que se restrinjan ese tipo de pagos?

Los usuarios tienen limitaciones en la cantidad de dinero que pueden pagar en el punto de venta como factura y para retirar efectivo. Tienen limitaciones que, antes, no tenían y que son muy grandes, desde diciembre del año pasado.

Esta situación nos preocupa porque nuestra industria generó mucha educación para que la gente se subiera a ese formato. Si cambiamos toda la mecánica, corremos el riesgo de no poder sostener esa operación. Sería un retroceso porque tardamos 20 años como industria para conseguir una fórmula acordada con el Banco Central para poder operar.

¿Tienen planificadas más alianzas con billeteras electrónicas?

Sí.  Tenemos alianzas con las más grandes y se va a anunciar una muy fuerte en unos días. 

¿En su propio manejo del dinero, hay costos que los preocupan?

El costo de las comisiones bancarias de los depósitos en los bancos en efectivo, que han subido muchísimo. Nos preocupa. También, en el caso de las remesas, hace falta la actualización de algunas regulaciones específicas por parte de la Unidad de Investigación Financiera (UIF), a la velocidad que avanza lo digital. Podríamos traer mucha más tecnología pero necesitamos un entorno regulatorio que permita aceptarla. Lo estamos charlando con la UIF para la identificación de clientes, un tema en el que mundo tecnológico trabaja con otros códigos. Hay que aggiornarse.

En otros países la regulación es más moderna. Aquí está fundada en la cantidad de pesos que el cliente manda. Cuando hay un entorno en que el dólar vale, cada vez, más pesos, la regulación atada a la cantidad de pesos no tiene sentido. Distorsiona la relación con el cliente. Los perfiles de clientes en el mundo migraron a perfil de riesgo, se analizan por dónde mandan dinero, a quién, cuántas veces. No a la cantidad de pesos.

¿Cuáles son sus proyecciones para este año?

Estamos convencidos que este año será mejor que el pasado. Que será positivo el resultado. Invertiremos en tecnología y expansión de red. Estamos tomando personal. Somos optimistas en los dos negocios.

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