Lanzamiento

Al boom del vino en lata, ahora se suma el primer espumante del país

Mosquita Muerta Wines acaba de lanzar el primer champán en lata de la Argentina. Este año, se triplicarían las ventas de vino en este envase.

La venta de vino en lata continúa en plena expansión, generando nuevas ocasiones de consumo y acercando a la bebida nacional a más consumidores. El auge y su potencial futuro es tal que, por primera vez, una bodega acaba de lanzar un espumante en ese envase de aluminio, algo inédito hasta ahora en la vitivinicultura argentina.

Se trata de la bodega mendocina Mosquita Muerta Wines, de la Familia Millán -dueña también de Los Toneles y Fuego Blanco Wines-, que acaba de lanzar el primer espumante argentino en lata, para impulsar el consumo de la bebida burbujeante, que durante 2020 sufrió una caída del 14%, como consecuencia de que quedaron suspendidos los encuentros sociales y momentos de celebraciones, principales momentos de su consumo. Pero, de a poco, este mes los pedidos de los canales comienzan a recuperarse.

Mientras el consumo de vino en general cayó un 12,1% en el primer semestre, en lata creció un 25,3%, según datos del INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura). Pero sólo en junio, los despachos de vino en lata se duplicaron frente a igual mes de 2020, al aumentar un 103,2%, frente a una baja de 11,3% en general. Si bien su base es aún chica, apenas 0,3% del total, su potencial, enorme.

Desde el lanzamiento de los primeros vinos en lata, de la mano de Santa Julia (Familia Zuccardi) y New Age (Bodegas Bianchi), a fines de 2019, se sumaron más marcas, a tal punto que ya hay 19 etiquetas de nueve empresas diferentes: a esas dos, se agregaron el Grupo Peñaflor, con Dadá; Fecovita, con Dilema; AmBev (Quilmes), con Blasfemia; Viniterra (Grupo Cepas), con Omnium; Bodegas López, con Traful, y Viña Las Perdices, con Chac Chac.

Ahora, es el turno de Familia Millán, que además de lanzar su espumante en dos versiones, en Extra Brut y Extra Brut Rosé, a $ 250 al público, también presenta un vino malbec, a $ 240, todos con la marca Mosquita Muerta.

Si bien al inicio se trataba de vinos dulces, ahora las opciones incluyen tradicionales malbec, vinos blancos o rosados.

Y otros más se están sumando a la tendencia. "Estamos trabajando con cinco bodegas más, que preparan el lanzamiento de 10 productos nuevos próximamente", anticipa Andrés Agnello, gerente Comercial de Ball Corporation, empresa dedicada a la producción de latas de aluminio para bebidas, entre otros productos. "El potencial es muy grande. Estimamos que este año podría triplicarse la venta de vino en lata", proyecta Agnello.

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El lanzamiento de un espumante no es tan sencillo: a diferencia del vino, los espumantes deben envasarse sí o sí en la champañera. "Un espumante siempre debe fraccionarse cerca del tanque de la champañera; por reglamentación del INV, no puede trasladarse, a diferencia del vino. Por eso, tras varias pruebas, hace tres meses importamos una máquina fraccionadora de latas de Italia. Somos la única que hicimos esa inversión, y ya producimos una primera partida de 85.000 latas de espumantes, que ahora están en distribución y, en los próximos días, llegarán al público", comenta Felipe Stahlschmidt, enólogo de Familia Millán.

Los dos espumantes son elaborados bajo el método charmat, en su champañera, con la misma bebida burbujeante que la bodega vende en botella: Mosquita Muerta Extra Brut (un blend de uvas blancas chenin blanc, sauvignon blanc, chardonnay y Pedro Ximénez, provenientes de Mendoza y San Juan) y un Extra Brut Rosé (chenin blanc, chardonnay, bonarda y merlot).

"Veíamos que crecía mucho el consumo en lata, pero había muchos vinos y cócteles, no espumantes. La innovación es uno de los pilares de la bodega; teníamos la champañera, pero nos faltaba la línea de fraccionamiento en lata, por eso la compramos en Italia, fue una gran inversión. Pero, además, requiere del know how para operarla", comenta Stahlschmidt. 

"El objetivo es captar a consumidores diferentes, tanto a los tradicionales como a otros que no compran botellas, por su tamaño, e impulsar, así, nuevos momentos de consumo. La lata es más fácil de trasladar, sin el riesgo de que se rompa, como la botella de vidrio, y para un consumo individual, tanto en una mesa, si cada uno quiere disfrutar de una bebida distinta, o también para tomar en una pileta o en la playa. Se enfría mucho más rápido que una botella", agrega. Además, es un envase atractivo para bares y restaurantes, y es "una opción también para la coctelería", explica.

"El precio es más competitivo que el de la botella; cada lata tiene 310 ml; tres de ellas equivalen a casi una botella y su precio es menor. Cada una equivale a dos copas llenas o tres de 100 ml. Y en un contexto donde además faltan envases de vidrio, es una opción más. El costo de stockerase es también menor al de un pallet de espumantes", explica Marisel Millán, responsable Comercial de la bodega.

Si bien recién están llegando al público, en un primer momento en supermercados y vinotecas, pero luego también a locales gastronómicos, ya notan su éxito entre los canales de distribución. "La primera producción de los dos espumantes voló. Ya estamos pensando en volver a elaborar, en función de la demanda. La idea es hacerlo una vez por mes para no quebrar stock. Al tener una línea propia de fraccionamiento, tenemos flexibilidad", cuenta Millán.

Si bien en la Argentina el consumidor de vino y espumante es muy conservador, en los últimos años se fueron ampliando las propuestas para diferentes ocasiones de consumo con éxito. En Mosquita Muerta apuestan a que también se animen a beber espumante en lata, que, a diferencia de la botella, no provee el rito del descorche. "El espumante está pensado para eventos o festejos; pero la lata le quita formalidad y la adapta a más momentos descontracturados. Creemos que el público joven es el que más va a elegirla, un consumidor más desestructurado, no tan acartonado; y permite que el espumante pueda estar presente en más momentos de consumo", dice Stahlschmidt. 

 "Sin el descorche, damos al consumidor más opciones de consumo, para que sea más fácil de beber. Si las bodegas contamos con envases similares a la cerveza o gaseosa, al que le gusta el vino o espumante los va a elegir. La lata conserva la calidad, en aromas y sabores, de modo excelente", agrega

A la hora de disfrutarlo, el enólogo aconseja que cada quien lo beba como lo prefiera. "Puede servirse en copa o beberse directamente de la lata. Si vas a un pic nic, no necesitás llevarte una copa", aclara.

Pero el auge del vino en lata no sólo se da en la Argentina. "Para los próximos años se espera un crecimiento continuo en el país y la región, con latas de diferentes volúmenes, etiquetas cada vez más creativas y nuevos players ingresando al mercado. Para los productores vitivinícolas se abre un abanico de posibilidades junto a la lata, permitiéndoles explorar en las tendencias mundiales que giran en torno a las graduaciones alcohólicas, sabores más dulces, variación de las burbujas y mezclas de uvas. Para 2027, se espera un crecimiento global del mercado de vinos enlatados, alcanzando los u$s 155.100 millones", precisa Agnello. "No sólo le acercamos al consumidor nuevas opciones para diferentes ocasiones de consumo; también, aportan al cuidado del medio ambiente", agrega.

Bodega Los Toneles, en Guaymallén, Mendoza

Familia Millán es una empresa familiar con varias unidades de negocios. Cuenta con cuatro bodegas: Mosquita Muerta Wines (Perdriel, Luján de Cuyo), Los Toneles y Abrasado (Guaymallén), las tres en Mendoza, y Fuego Blanco Wines (Valle de Pedernal), en San Juan. Además, cuentan con la champañera en Junín. Tiene más de 1000 hectáreas de viñedos.

Además, es propietaria de la olivícola Laur, reconocida en 2020 como la tercera mejor del mundo y número uno del país por Evoo World Ranking, y la acetaia Millán (aceto balsámico), ambas en Maipú, Mendoza. La familia también es dueña de la destilería Casa Tapaus, de la cadena de supermercados Átomo, con más de 120 sucursales, el restaurante Abrasado y Carnes Millán, entre otras. 


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