El Cronista Comercial

Zuccardi: "En ocho años, se exportaron u$s 3500 millones menos en vinos por el atraso cambiario"

José Alberto Zuccardi, que preside Familia Zuccardi, es optimista de cara al futuro, en tanto el tipo de cambio real se mantenga y se avance en medidas de promoción de las exportaciones, temas que el sector ya conversa con el Gobierno. Cómo creció el consumo en tiempos de pandemia.

José Alberto Zuccardi

José Alberto Zuccardi

La cuarentena por la pandemia impulsó el consumo de vino en el país y, al mismo tiempo, la exportación aumenta en litros, aunque cae en facturación.

Por el atraso cambiario, la Argentina perdió u$s 3500 millones en exportaciones de vino entre 2011 y 2019, precisa José Alberto Zuccardi, presidente de la bodega Familia Zuccardi, que creó su padre en 1963. Pero el empresario es optimista de cara al futuro, si el tipo de cambio real se mantiene y se avanza en políticas que promuevan las exportaciones, cuestión que ya están conversando con el Gobierno, para contribuir al ingreso de dólares al país.

El empresario, que además preside la Corporación Vitivinícola (Coviar, una entidad público privada sectorial), confía también en que la industria podrá seguir trabajando en conjunto, pese a la grieta que cobró notoriedad en 2019. 

A pesar del coronavirus, las ventas aumentan. "El consumo creció en el primer semestre, porque el vino está ligado a la mesa familiar, y la situación de pandemia generó más espacios para compartir en familia; con el home office, no hay que manejar y se almuerza y cena en casa. Hay un cambio de canales de venta; lo que se vendía en bares y restaurantes, se volcó a supermercados, vinotecas o canales online", cuenta Zuccardi, cuya bodega facturó u$s 70 millones en 2019 y fue elegida hace un mes, por segundo año, como la mejor del mundo. 

¿Y las ventas de Familia Zuccardi? 

Entre enero y julio, vendimos 11% más en volumen que en 2019; es un muy buen crecimiento, que al inicio de la pandemia no imaginábamos. Pero el consumo se moderó en la gama más alta, sobre todo a partir de los $ 1000, que se consume en situaciones sociales o en restaurantes. 

Y las exportaciones también crecen...

Los vinos argentinos en botella crecieron 6% hasta julio en volumen, pero hay una caída de 9% en el precio promedio y de 3,5% a nivel facturación, porque en el mundo también cayeron las ventas en restaurantes y crecieron en supermercados, donde se venden las marcas más competitivas a nivel global. Nosotros crecimos en volumen y precio, a contrapelo: 4,5% en litros y 10% en facturación, porque crecemos más en la gama alta.

¿El premio a la mejor bodega y viñedo del mundo, por segundo año, ayudó a mejorar el mix de ventas? 

En estos últimos años tuvimos muchos reconocimientos, se nota claramente el trabajo de la nueva generación en la bodega. Además del premio Best Vineyard por segundo año, en 2019 tuvimos el único vino argentino con 100 puntos Parker, con Piedra Infinita 2016. Los reconocimientos sirven para la identidad de marca; la prestigia y ayuda a hacerla más conocida en el país y en el mundo. Es el trabajo de la nueva generación en la empresa. Estoy orgulloso de que nuestra empresa sea familiar y que la nueva generación tenga mucho apego y esté decidida a mantener ese formato. Las empresas familiares aportamos en el mundo del vino con foco en la pasión; no solo se evalúan aspectos económicos, en el vino es necesario mirar a plazos largos. Las familiares lo hacemos, sin dejar de descuidar la sostenibilidad económica, pero podemos permitirnos proyectos que demoran en rentabilizarse en pos de un sueño a largo plazo.

¿Están con nuevos lanzamientos, para apuntalar el consumo en este contexto?

La pandemia, lejos de demorar los proyectos, nos permitió acelerarlos, al tener menos viajes y estar más en el día a día. Con Santa Julia estamos trabajando con varios productos nuevos: desarrollamos la lata a fines de 2019 y antes de fin de año vamos a lanzar tres productos en lata más. Dentro de Alambrado, lanzamos un cabernet franc y, además, los vinos naturales El Burro, orgánicos, sin sulfitos agregados, categoría que se desarrolla en el mundo. Y también nuevas variedades con Textual Innovación Extrema: albariño, carmenere y caladoc. 

¿Tuvieron que reenfocar la inversión en marketing por el contexto?

Sí, con mucho trabajo online, con sommeliers en línea para capacitar a nuestros clientes y consumidores finales. Lo bueno de estas tecnologías es que amplían el horizonte, para trabajar con clientes del exterior. Y hacemos visitas virtuales en vivo a la bodega para clientes y consumidores calificados. 

¿Cómo espera que cierre 2020, año del covid-19? 

Pensamos que si la tendencia no cambia (es un escenario desconocido), vamos sostener el crecimiento de los primeros siete meses. En la bodega pensamos terminar con un aumento del 10%, frente a un 2019 que fue bueno, porque venimos creciendo fuerte con Familia Zuccardi por la bodega de Valle de Uco. Seguimos invirtiendo en viñedos, desarrollamos un vivero interesante para producir plantas injertadas sobre pies resistentes que se usan para plantar viñedos; eso nos permitió autoabastecernos (antes las importábamos de Italia y Francia) y también venderlas a terceros.

La Argentina aún representa cerca del 2,5% del comercio mundial de vino. ¿Qué falta para llegar al 5% al que aspira el sector desde hace años?

Se necesita competitividad en la macroeconomía, con una política exportadora podemos crecer. Entre 2002 y 2010, las exportaciones crecieron fuerte. Desde 2011, se planchó el tipo de cambio hasta 2018, no hubo competitividad en el exterior y la curva se aplanó. Entre 2011 y 2019, se exportaron u$s 3500 millones menos de lo que hubiéramos vendido si seguíamos la misma tendencia, según un estudio del Observatorio Vitivinícola. Tenemos potencial para aportar el 5% del comercio mundial. Soy optimista, por la calidad de los vinos argentinos y de los equipos técnicos, nunca antes hubo mejores agrónomos y enólogos y comerciales que ahora. El tipo de cambio no ayudó y la política impositiva nos penalizó para exportar. Tuvimos además dos años muy difíciles en 2016 y 2017, de bajas cosechas, que nos hicieron perder los segmentos del mercado más bajos, porque por costos internos no podíamos llegar. El externo no es un mercado fácil, la UE invierte 1000 millones de euros para promover sus vinos. Si la vitivinicultura argentina tiene una situación macroeconómica adecuada, con apoyo para promocionar el vino, podemos crecer mucho. Además, también creció mucho algo que no se ve en estadísticas: el turismo vitivinícola, que permite no sólo el ingreso de dinero por el vino, sino por el comercio y turismo.

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La bodega premiada de Familia Zuccardi: Piedra Infinita, en Valle de Uco

El sector fue siempre ejemplo de unión en pos de lograr objetivos comunes. Pero ahora parece estar cada vez más fracturado. ¿Hay alguna posibilidad de encuentro y trabajo conjunto?

La vitivinicultura fue capaz de construir un plan estratégico, siendo un sector muy diverso, que es un atributo en el vino, por la identidad, el lugar y la gente. El vino es mucho más que una bebida, cuenta una historia. Por eso el enoturismo es tan importante. Pero esa diversidad hace que sea compleja la representatividad, porque hay desde bodegas garaje y cooperativas hasta empresas multinacionales o nacionales grandes. La Coviar se conformó respetando la diversidad de empresas y de geografías, venimos trabajando en conjunto sobre un plan hacia 2030 para lograr consenso con todos los actores. Pero hay una lucha de poder, desde sectores que no entienden la complejidad del sector y que creen que cuatro empresas grandes pueden definir el rumbo de la actividad. Se lograron muchas cosas, como eliminar el impuesto a espumantes, dejar sin efecto el intento de poner un impuesto interno al vino y revertimos un proyecto que buscaba prohibir la publicidad del vino en Buenos Aires, gracias a la articulación público y privado; eso es un mérito de esta organización. Pero hay algunos ataques que llamo "vandalismo institucional", de sectores pequeños que no entienden el trabajo del conjunto, creen que es un tema de simplificar una realidad compleja pretendiendo ir a una estructura de representación donde cuatro funcionarios pueden digitar todo. Pero creo que es posible poder seguir trabajando en conjunto y lo seguiremos haciendo. El Plan a 2020 tuvo resultados positivos, el vino argentino creció en el mundo y aumentó el nivel de integración de productores. El mercado interno cayó, como pasó en la mayoría de los países de alto consumo; sólo crece en los que beben poco. Y por buena planificación que tengas, la macroeconomía establece parámetros que no se pueden evitar. Ninguna economía regional pudo abstraerse de las altas tasas de interés, que es propensa para las finanzas pero hostil con la producción. Cuando elaboramos el plan estratégico, a principios de 2000, el enoturismo no existía, hoy es un eje importante. Las bases están dadas para que, con una política exportadora y que priorice la producción, se pueda crecer rápidamente. 

¿Tuvieron algún resultado en la reunión con el ministro Matías Kulfas? 

Vimos que hay buena predisposición hacia medidas que promuevan la exportación. Un punto central es mantener el tipo de cambio real y repensar la política de reintegros, que perdimos hace dos años, y una financiación a tasas razonables, porque es una actividad en la que hay que invertir siempre. Hoy los países no exportan sus impuestos, sino productos e imagen. Se requiere reducir retenciones y un apoyo al sector para lograr una política agresiva en los mercados internacionales. No sólo sirve para el vino, sino también para impulsar el turismo y la marca país.  

¿Qué expectativas tiene con el Gobierno?

La vitivinicultura está completamente alineada con las necesidades que el país tiene. Se dio un paso importante con la renegociación de la deuda externa, para poder empezar a trabajar en una reactivación económica. Esta industria tiene gran potencial exportador, con contribución en mano de obra e imagen país. Kulfas mencionó que había que extremar medidas para que ingresen dólares genuinos al país, eso se hace exportando nuestra producción, que es de valor agregado, y trayendo turismo. En ese sentido estamos alienados con este Gobierno y con cualquier otro que proyecte las exportaciones de valor agregado, y no sólo materias primas, porque por ahí pasa la salida de la Argentina. Con la renegociación de la deuda, se abrieron canales de diálogo para trabajar en estos temas y se están estudiando medidas para promover las exportaciones.