El Cronista Comercial

Fraomeni: “Acá, hay que tener mucha vocación de invertir para no llevarse el dinero”

A sus 63 años está al frente de Galeno, el grupo cuya piedra fundamental fue el Sanatorio Quilmes, más de tres décadas atrás. Médico Cirujano, con un MBA en Harvard (1997) y otros cursos de finanzas y economía hechos en esa escuela de negocios, diversificó, a partir de la medicina prepaga, su portfolio a seguros, finanzas, real estate y actividades agropecuarias. Hoy, tiene 2 millones de clientes y emplea a 12.000 personas.

Fraomeni: “Acá, hay que tener mucha vocación de invertir para no llevarse el dinero”

Julio Fraomeni (63), fundador y dueño de Galeno, está alerta, de guardia. “Es la primera vez en los 35 años de esta empresa que termina el año perdiendo dinero”, dice. “El monto termina siendo significativo”, agrega, reservando para él la cifra final asentada en rojo. “Desde el punto de vista económico, terminamos mal. Como todo el sector. El impacto de la inflación y la devaluación nos mató. Porque lo nuestro es 60% salarios y el resto, todo dólar: equipos, medicamentos, descartables, tecnología…No terminamos bien”, introduce, en su diálogo con El Cronista.

Está invirtiendo u$s 150 millones en nuevas clínicas. ¿El nuevo tipo de cambio encareció los proyectos?

En moneda dura, el valor es estanco. El problema es que somos una empresa que trabaja en pesos. Y el esfuerzo en pesos para llegar a esos dólares es mucho más grande. Todo lo que compramos es importado, cotizado en dólar o euros. No es lo mismo juntar u$s 150 millones a $ 20 que a $ 40. En el medio, ¿qué hacemos? Vamos más tranquilos. Obras que, por ahí, podíamos hacer en 18 meses, las vamos a hacer en 24 ó 30.

¿Tuvo que recurrir a fuentes externas para financiarlos?

Esta es una empresa que, si bien económicamente terminó mal el año, funciona como una gran casa: en momentos buenos, uno puede ahorrar algún dinero y eso permite, en los malos, seguir con el plan de inversiones recurriendo a esos ahorros.

¿Cómo arranca 2019?

Mirando hacia adelante, siempre hay una luz al final del túnel. Contrario a lo que dicen otros, tengo la sensación de que lo peor ya pasó. En el último trimestre, debería haberse dado el amesetamiento de la recesión. Y, despacito, tendríamos que empezar a mejorar. Primero porque habrá un impacto de paritarias, que se revisaron y estuvieron cerrando en torno a 40%. También, apuesto a que la inflación será menor. Si tuviera que dar un número, estará entre 25 y 30%. Las tasas empezarán a bajar y el Banco Central recompondrá reservas comprando dólares genuinos, de forma racional. Hoy, las reservas son suficientes pero son casi todas prestadas.

¿Hay algún indicador de su negocio que le permita afirmar que lo peor ya pasó?

El problema central que tuvimos el año pasado fue que la inflación es una película que corre mes a mes. Y, para nosotros, por la muy mala regulación que tenemos, los aumentos fueron muy extemporáneos. El acumulado da 41%. Pero, anualizado, los $ 100 que facturaba en enero, son $ 113 en diciembre. Si uno divide el aumento por los 12 meses, da 13%. Numéricamente, es así. Aspiro a que el Gobierno reaccione con los aumentos un poco más rápido. Deberían estar más solapados con la realidad.

¿Cuál es, para usted, el “costo argentino”?

En mi sector, impactan de lleno las tres cosas que tiene que cambiar el país. Los temas laboral e impositivo son tremendos. Y lo regulatorio, que es un pedido que teníamos para este gobierno y que viene desde los Kirchner. Lamentablemente, no se modificó en nada. Seguimos con la misma dinámica y eso es lo que termina de destruirnos. Y, a nivel general, son las tres cosas que hacen, primero, que el de afuera no venga. Y, segundo, que tampoco el de adentro quiera hacer.

¿Hay desencanto empresario con este gobierno?

Es así. Soy parte de esa decepción. Viví los primeros momentos con el Gobierno. Yendo a hablar, pidiendo que se destraben cosas. Había una sensación de gobernabilidad vulnerable, ese antecedente de que ningún gobierno no peronista terminó su mandato. No sé cómo hubiera sido acá un impacto a lo Bolsonaro. Quizás, es lo que había que hacer. Pero no se hizo. Fue clara la apuesta por el gradualismo. Visto con el diario del lunes, nos puso en una situación de jaque mate: nos agregó u$s 100.000 millones de deuda y un statu quo idéntico al que empezaron. Llega un momento en el que las cosas se hacen o no. Creo que el momento era cuando arrancaron.

¿El Gobierno tiene margen?

Sí. Mientras hay vida, hay esperanza. Si logra la reelección (que es una probabilidad alta) y cambia la forma de pensar, y empieza a traccionar las reformas que todo el mundo sabe que hay que hacer… Es un tema de sábana corta: lo que uno paga de desvíos por costos laborales, de impuestos distorsivos, es lo que deja de invertir. Acá, todo es después de pagar impuesto a las ganancias. Con lo cual, quedan dos cosas para hacer: llevarse el dinero o invertirlo. Hay que tener mucha vocación de invertir para no llevárselo.

El Gobierno, ahora, está atado a la emergencia.

En el último año, lo urgente le ganó a lo importante. Lo que pasó no fue un tema menor: habitualmente, en una situación así, el Gobierno no hubiera resistido. Pero, todavía, está. Hay espacio para pensar lo importante y cómo cambiar. Ordenar un sistema que pueda generar inversiones. Si no, no salimos más.

Dentro de su optimismo, ¿qué amenazas identifica?

A lo único a lo que le tengo miedo este año es a la fuga de capitales. El año pasado, fuimos al Fondo. ¿Y este? ¿A dónde vamos? Cristina habrá sido lo que habrá sido. Pero, cuando puso el cepo, no fue porque tuvo ganas. Fue para frenar la fuga porque no le alcanzaban los dólares y nadie le prestaba. En todos los años electorales, hubo fuga de capitales por encima de la media.

El Gobierno se anota como logro haber pasado la crisis sin controles de cambios. Como señal de seriedad al mundo.

El gran diferencial que tiene Macri es el apoyo internacional. Es algo que nunca vi. Y eso dio la posibilidad de que le presten u$s 57.000 millones a un país que no ofrece muchas garantías. Me gustaría que tenga cuatro años más. El norte es claro. Y es adonde hay que ir. Existe un tema de implementación. Pero el mundo sabe que queremos ir en la dirección correcta. Así estamos mal. Algo hay que cambiar.

Hay mucha gente a la que le va bien con este esquema.

Mi viejo diría: “No escribamos un libro, que no se lo vendemos a nadie”.

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