El Cronista Comercial
MARTES 18/06/2019

De la Torá, al desarrollo de software

Una empresa de software israelí ideó un programa para reconvertir jóvenes judíos ultraortodoxos de su país, y unir así dos mundos que parecen antitéticos. Los inicios fueron duros. Hoy tienen una lista de espera de 900 candidatos.

De la Torá, al desarrollo de software

Ofir Sahar es un tipo canchero, "en forma", pelado y con pantalones angostos como se usan hoy. Aparece en el café Aroma – cadena israelí expandida a la par de Starbucks- en el corazón de Tel Aviv, dispuesto a hablar de Ravtech, una empresa de software con sede en Jerusalén, capital de Israel, país más chico que la provincia de Tucumán pero segundo en innovación y desarrollo detrás de Silicon Valley.

¿Qué tiene de original?

Junto a una empresa social denominada Avra Tech, dicta en el área ultraortodoxa de Bnei Brak, un programa de entrenamiento de 18 meses, que convierte a los judíos ultraortodoxos -en hebreo Haredim- en desarrolladores de software.

En Israel, un país de casi 9 millones de habitantes, el sector ultrareligioso representa cerca del 12 % de la población. No está obligado a hacer el ejército, ni a pagar impuestos. Es un sector de bajos ingresos, con un promedio de 6 hijos por familia. Las mujeres son las que salen a trabajar por un sueldo y los hombres, que se dedican a estudiar la toráh, reciben del estado un salario mensual de unos 3.500 shekels.

Avra Tech arma grupos de 30 jóvenes y durante tres meses les enseña Matemáticas e Inglés. Con esa base, avanzan hacia el mundo de la programación, y tras completar 12 meses de estudio, pasan a un on the job tranning en Ravtech, supervisados por un mentor. Así, se convierten en desarrolladores juniors y pueden acceder a un trabajo que les permite duplicar lo que reciben del estado. Por supuesto, si ingresan al programa, el gobierno deja de pagarles su sueldo, y el dinero lo afronta la organización. "Cómo al principio siguen estando por debajo del sueldo mínimo, no tienen que pagar impuestos", aclara Sahar, VP de Marketing y Ventas de Ravtech, que se crió  en una familia religiosa ultraortodoxa y se "pasó" al bando de los judíos seculares.

Los primeros grupos, en 2013/2014, no fueron fáciles de armar. "Yo soy feliz con lo que tengo. Ya puedo pagar mi comida y un techo. ¿Por qué debería sumarme?", relata Sahar, al describir los argumentos que esgrimían los primeros estudiantes. 

Hoy hay 900 personas en lista de espera. El argumento que fue el "antes y después" para la aceptación del proyecto por parte de los religiosos, vino del seno del judaísmo medieval. Encontraron en el pensamiento del filósofo, médico y rabino Maimónides -también conocido por el acrónimo Rambam- un argumento para convencerlos, sin violar sus valores: el filósofo medieval acepta que una persona que estudia, pero no puede mantener a su familia está cometiendo un pecado. O sea, trabajar ya dejó de ser algo negativo.

"Mientras estudian, nosotros les pagamos el mismo sueldo que el Estado, con el plus de que pueden aprender algo nuevo y aun así, les queda tiempo para estudiar la toráh. En dos años, como mucho, pueden volver a su vida si no les cierra", relata Sahar.

Por supuesto, a medida que adquieren más conocimiento y se involucran más en la empresa llegan a ganar 5.500 o 6.000 shekels, que es el doble de lo que recibían por estudiar toráh. "Aún no es mucho, pero trabajan siete horas al dia. El valor hora sigue estando por arriba de lo que les pagaría otra empresa con dedicación exclusiva", explica.

Para el gobierno, esta iniciativa aún no tiene impacto real en la política de subsidios sociales del recientemente reelecto Benjamin Netanyau, pero sí es una semilla. La reconversión implica que el estado empieza a recibir dinero –via impuestos- de un sector que solo generaba gastos. "Le mostramos al gobierno, con números probados, que cada estudiante que viene con nosotros le provoca un ahorro de u$s 30.000 anuales", indica el ejecutivo que abandonó su puesto en Amdocs -con un sueldo más que interesantes y viajes por el mundo- para trabajar, por menos plata, pero con una misión, un propósito. 

"Hasta ahora pusieron a trabajar a más de 100 ex alumnos. Creemos que si llegamos a los 200 o 250 el impacto va a ser considerable y el gobierno invertirá en nosotros", afirma.

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