El Cronista Comercial

Cómo sobreviven el teatro y el cine sin poder vender ni una entrada

Las salas de cines y teatros fueron de las primeras en cerrar y podrían permanecer así hasta noviembre. Cuántos quedarán de pie cuando pase el temblor. A qué estrategias apelan hoy para generar ingresos.

Cómo sobreviven el teatro y el cine sin poder vender ni una entrada

Hay una especie de motor que suele guiar y fortalecer a la industria del showbusiness cada vez que se enfrenta ante un tropiezo. Algo así como un fuego sagrado que estimula a los espectáculos y sus artistas. “El show debe continuar”, se suele repetir seguido. Sin embargo, la crisis sanitaria derivada de la pandemia del Covid-19 resultó un villano más poderoso que cualquier otro que tuvo que enfrentar la industria del entretenimiento en su historia moderna. Los empresarios del cine y el teatro asumen que el año está casi perdido y guardan esperanzas de que el mercado se reactive en su totalidad para 2021. En el camino, estiman, verán pasar de largo la temporada de invierno, paradójicamente la más caliente de ambos rubros.

El panorama es decididamente más pesimista que el vivido por la industria durante la pandemia de gripe A (H1N1) en 2009, ya que en esos meses las salas se mantuvieron abiertas. En aquella temporada, las admisiones en el cine cayeron solo un 0,2 por ciento, de acuerdo a los datos relevados por Ultracine, incluso con un alza interanual del 0,1 por ciento en el período enero-noviembre. En tanto, el circuito teatral vivió una disminución interanual del 10,7 por ciento en cantidad de espectadores ese año, aunque en 2010 se recuperó en la misma proporción. Ahora, fueron de los primeros negocios cancelados para evitar las aglomeraciones de público.

El jueves 12 de marzo, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tomó la primera medida, a través del decreto 140/20, al restringir los acontecimientos de más de 200 asistentes y una reducción en la capacidad de ocupación del 50 por ciento. Tres días más tarde, el presidente Alberto Fernández anunció el cierre de las salas, cuatro jornadas antes de la confirmación del aislamiento social, preventivo y obligatorio. De acuerdo al Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA), existen unos 1601 establecimientos teatrales y 329 salas de cine –en ambos casos CABA y Provincia de Buenos Aires se llevan casi la mitad del share con 49,7 por ciento y 42,8 por ciento, respectivamente.

Los espectáculos musicales de gran convocatoria también tuvieron que salir a buscar nuevas fechas. Por caso, el festival Lollapalooza, que durante sus primeras horas de venta de entradas early bird ya había colocado 150.000 tickets, se trasladó de marzo a noviembre, aunque todavía no hay certezas sobre las posibles restricciones que aún tengan los shows multitudinarios. Lo mismo hizo Metallica, que reprogramó su presentación para principios de diciembre, y la banda de pop estadounidense Maroon 5, que estaba en suelo argentino y debía tocar en el Campo Argentino de Polo el mismo día que el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, limitó las aglomeraciones.

“No es que somos una actividad que está disminuida en su capacidad de facturación, sino que estamos en cero. Somos una actividad prohibida por lo que no se factura”, hace hincapié Roberto Bisogno, presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet). Y agrega: “Un retorno esperanzador sería poder volver para la primavera, pero es más un deseo que una realidad. Además, las medidas se van endureciendo y así pareciera que estamos lejos de la fase de reactivación”. Hasta el cese de las actividades, la escena porteña había alcanzado los 244.000 espectadores y el cine había cortado 8.636.426 tickets, un desplome del 19,5 por ciento respecto del mismo período en 2019 cuando había sido de más de 10,7 millones.

Con las boleterías llenas de telarañas, estrenos suspendidos y obras en suspenso, tanto los cines como los teatros deben seguir enfrentando costos fijos y concluyen en que, probablemente, sean de las últimas actividades en retomar su curso. “Y aun abriendo las salas, seguramente sea con restricciones, por lo que habrá que ver qué podemos ofrecer y si la gente está dispuesta a amontonarse a ver un show”, sopesa un productor. El ministro de Economía, Martín Guzmán, confirmó a mediados de marzo que las empresas de esparcimiento, como cines y teatros, estarán eximidas del pago de contribuciones patronales durante esta emergencia.

Por el momento, el ambiente teatral apela a la creatividad y las plataformas de streaming para mantener el vínculo con el público, mientras que del lado de los cines hay silenzio stampa. “No pueden hacer nada, excepto vender pochoclo online”, ironiza alguien que conoce el rubro. Sus realidades son muy diferentes en tiempos de coronavirus.

Pochoclo insípido

“Agradecemos el interés, pero debido a la situación incierta no podemos dar ninguna información”, responden desde una distribuidora top. “No tenemos nada para decir”, esboza una de las cadenas más importantes al ser consultadas sobre su situación actual. Los dueños de salas de cine se manifestaron por última vez a fines de marzo cuando publicaron una carta dirigida al Gobierno pidiendo la declaración de la emergencia del sector, además de una batería de medidas como que el Estado se haga cargo de los salarios de los trabajadores, diferimiento de aportes impositivos y subsidio total en las tarifas de servicios públicos, entre otras. El comunicado llevaba la rúbrica de la Cámara Argentina de Exhibidores Multipantalla –que nuclea a los principales holdings como Cinemark-Hoyts y Cinépolis-, la Federación Argentina de Exhibidores Cinematográficos –en representación de las PyMEs– y la cadena Showcase, propiedad de la estadounidense National Amusements (NAI).

El Covid-19 puso on hold no solo algunos estrenos en la taquilla, sino que también frenó múltiples rodajes de películas y series. El Sindicato de la Industria Cinematográfica (SICA) calcula que fueron alrededor de 18 los largometrajes que debieron parar su producción. Se estima que esta crisis puede causarle una herida de US$ 5000 millones a la industria global, aunque esta cifra podría triplicarse en caso de que las salas sigan sin abrir durante todo mayo. En los Estados Unidos se revitalizó el autocine, pero en la Argentina temen que esta crisis se lleve puesto a julio, su mes más rentable.

Durante el séptimo mes del año, el negocio suele duplicar o hasta triplicar la cantidad de entradas vendidas. Junio y agosto acompañan, aunque en menor medida. Por ejemplo, de acuerdo al anuario del INCAA de 2018, en julio de ese año se recaudaron más de $ 1045 millones, un 19 por ciento del total anual. “Los cines no solo dependen de poder abrir, sino de que los distribuidores quieran poner películas. Durante la gripe A bajó la cantidad de gente y se postergó dos semanas el estreno de Harry Potter y el Misterio del Príncipe. Pero se estrenó, a la gente no le importó la gripe y los cines reventaron”, cuenta Santiago Torre Walsh, fundador del sitio Cinesargentinos.com.

A pesar de que existen más de 240 empresas de exhibición, el grueso del negocio se lo llevan tres jugadores: Cinemark Holdings, que en 2011 adquirió la cadena Hoyts; la mexicana Cinépolis, que se quedó con Village Cinemas y recién en octubre instaló su nombre en el mercado local; y NAI. Este trinomio se reparte un tercio de las 982 pantallas que existen en el país y más de la mitad de los espectadores. El resto tiene una participación del 2 por ciento o inferior, según la información de Incaa.

En abril, la casa matriz de Cinemark, con sede en Plano, Texas, comunicó a la Bolsa su estrategia para sobrevivir ante el avance del coronavirus. “La empresa cree que tiene suficiente cash (N.d.R: a marzo de 2020 era de aproximadamente US$ 578 millones) para sostener sus operaciones hacia 2021, incluso con todos sus cines cerrados”, indicaron en su presentación. El holding opera en los Estados Unidos, donde despidieron a 17.500 empleados que trabajaban por hora, y 15 países de América latina, en los que redujeron salarios y staff. En el país maneja 22 establecimientos y 191 pantallas.

“El problema son los cines medianos porque los más grandes tienen espalda, aunque más gastos fijos, mientras que los más chicos, si bien tienen menos espalda, son más adaptables. Un cine mediano, con aproximadamente unos 10 o 15 empleados, que está en un shopping, está más complicado”, afirma Torre Walsh. Hasta el parate, la taquilla argentina era encabezada por Frozen 2 con 2.082.589 tickets cortados, seguida por El Robo del Siglo con 2.027.963.

Quienes tienen un especial interés para que los cines vuelvan a operar son los centros comerciales. En el último informe de la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad, se estima que los establecimientos ubicados dentro de los shoppings congregaron 14,9 millones de espectadores en 2019, un 31,9 por ciento del total (46,8 millones según Ultracine). Por eso, desde la Cámara Argentina de Shopping Centers (CASC) se habría elaborado una propuesta para que las salas abran con un cuarto de su capacidad, dejando una butaca libre entre cada espectador y una fila sin ocupar de distancia. “Ese número les alcanza y les sobra a los cines para que puedan abrir y también le daría tranquilidad a la gente porque van a tener espacio. Sin embargo, la idea es de los shoppings y en esto los cines no tienen nada que ver y hasta no les interesa”, asegura alguien que conoce la industria de cerca.

Del proscenio a la pantalla chica

A diferencia de los cines, muchas funciones teatrales apretaron stop una semana antes del aislamiento obligatorio debido a la prohibición de tener más de 200 espectadores. “Tenemos salas de hasta 500 butacas y no podíamos estar decidiendo quién entraba y quién no, así que directamente tuvimos que cancelar funciones, por lo que ese fin de semana fue de transición”, comenta Ariel Stolier, director de Programación del Paseo La Plaza. Esto generó que la rueda del negocio quedara en suspenso. Así lo explica el ejecutivo: “Hay espectáculos que no se van a estrenar y quizá pasen a pérdida; obras que eran rentables pero, al frenarse la actividad, no van a generar el capital suficiente para las próximas producciones. Necesitamos producto constante para seguir produciendo”.

“La calle Corrientes ahora está muerta”, expresa Leonardo Cifelli, productor de musicales y socio de Ángel Mahler. Sobre la icónica avenida se ubican más de una veintena de salas, algunas de ellas las de mayor capacidad del país. La crisis sanitaria lo encontró en plenas funciones de Hello Dolly en el teatro Ópera Orbis y, si bien tenía pactada una gira por el Interior, ahora esos planes están escritos en lápiz. “El último fin de semana hicimos funciones de jueves a sábados con 200 personas y realmente hacer un show como ese en un lugar con espacio para 2000 fue tristísimo, feo y frío”, indica.

Hello Dolly protagonizada por Lucía Galán. Crédito: Alejandro Palacios.

Según fuentes del sector, levantar el telón de un espectáculo en un teatro mediano puede costar entre $ 2 y $ 3 millones, uno de mayor tamaño alcanzaría los $ 6 millones, mientras que un musical rozaría los $ 10 millones; a esto se le suman los costos fijos que rondan los $ 2 millones. “La posibilidad de volver así sería con una obra de texto, porque para un musical es preferible no hacerlo. Y aun así hay que ver los costos porque una obra con 10 actores ya no te cierra”, analiza Cifelli.

A fines de marzo, desde el Instituto Nacional del Teatro se presentó el plan de emergencia Podestá que implica un desembolso de $ 100 millones en concepto de aportes especiales para salas que cumplan ciertos requisitos, por ejemplo, haber recibido subsidios entre agosto de 2018 y marzo de 2020. A la vez, los empresarios teatrales apelaron a la creatividad para intentar generar algún tipo de ingreso o no perder el engagement con los espectadores.

El Picadero lanzó la venta de entradas futuras por $ 500 que luego serán intercambiables por un ticket de cualquier espectáculo sin importar el valor. “En dos semanas vendimos alrededor de 400. No pretende suplir nada porque el valor es un tercio de lo que sale una entrada”, explica Sebastián Blutrach, dueño del espacio.

Por su parte, Paseo La Plaza mudó su temporada al online y creó una plataforma para transmitir espectáculos de los últimos 15 años de manera gratuita. La primera experiencia con ‘Los vecinos de arriba’, protagonizada por Florencia Peña y Diego Peretti, contó con más de 627.000 visualizaciones. “Si este proceso funciona, probablemente en una segunda fase podamos proponer alguna propuesta que nos permita generar ingresos directos”, asegura Stolier. La situación llevó al grupo, que también maneja el teatro Metropolitan Sura, a repensar sus estrategias con sponsors. “Que se vayan las marcas es una amenaza latente. Con Uber teníamos un acuerdo que se basaba en llevar a la gente al teatro, ahora estamos tratando de reformularlo quizá con Uber Eats”, señala.

Los vecinos de arriba protagonizó el debut de La Plaza Online.

Pero para reproducir sus espectáculos, la firma tuvo que realizar un buy back de ellos ya que se los había licenciado a Teatrix, plataforma fundada por Mirta Romay, que funciona como un Netflix de las obras de teatro. “Hace cinco años que estoy sembrando y creando un público para streaming de teatro. Siempre que la gente se daba de baja de la plataforma aparecía el factor de ‘falta de tiempo’ entre las razones. Ahora ese factor desapareció de golpe y en lo que va de la cuarentena crecimos en un 130 por ciento en cantidad de suscriptores”, detalla la emprendedora e hija de Alejandro Romay.

Con un costo de $ 349 por mes, la herramienta cuenta con 150 títulos. “El teatro filmado no es una amenaza ni una solución, sino que le da una nueva ventana comercial”, aclara. En 2018 la compañía alcanzó el break even operativo. “Hasta agosto vamos a estar bien. Después vamos a necesitar una flexibilización para poder, al menos, ir a filmar alguna obra de las que estaban en cartel”, complementa Romay.

El día después

Los más optimistas dicen agosto, otros mencionan a septiembre y algunos comentan que recién en noviembre podría volver el permiso para abrir salas de cine y teatro de manera moderada. Desde ambos sectores concuerdan en que durante esa primera etapa solo un tercio del mercado podría volver a funcionar. “Las medidas se van endureciendo y así parece que cada vez estamos más lejos de la fase de reactivación”, subraya Bisogno, de Aadet. Para volver a ver a la industria del entretenimiento funcionando con normalidad recién habría que esperar a los primeros meses de 2021.

Varios blockbusters que esperaban su estreno en estos meses ya modificaron su fecha de julio hacia adelante. Entre ellas están 007 Bond: Sin tiempo para morir, Viuda Negra, Mujer Maravilla 1984, Mulán, Top Gun 2, Minions 2 y Rápidos y Furiosos 9. “Habrá que ver qué distribuidoras van a habilitar sus películas para entonces”, sostiene Torre Walsh, de Cinesargentinos.com. Tras un 2015 record con más de 50 millones de entradas vendidas, los cines experimentaron tres años consecutivos de caída hasta 2019, cuando volvieron a crecer en un 5 por ciento.

La temporada de estrenos en el teatro estaba por comenzar cuando el semáforo se puso en rojo. Y hay unos cuantos casos que ya piensan directamente en 2021 porque levantar el telón después del invierno no les resulta rentable. Casados con hijos iba a tener su reunión con tres funciones en el Gran Rex en junio, pero se reprogramó para el próximo año. A esto se le suma el tetris que los productores tendrán que hacer con las agendas de los artistas. “Pensábamos estrenar en mayo ‘Mi abuela, la loca’ con Norma Aleandro, pero tuvimos que suspender, sumado a que ella está en el grupo de riesgo. Ahora no tenemos certeza de que algunas obras vayan a ser producidas”, suma Stolier.

El teatro ya venía afectado por la crisis. De 2017 a 2019, el circuito porteño mostró un desplome del 21,5 por ciento en cantidad de espectadores. Bisogno comenta: “La temporada estaba empezando y parecía que iba a ser interesante y vital pero este golpe fue devastador”. Y concluye: “¿La gente aceptará congregarse en salas de miles de espectadores en el futuro cercano? Lamentablemente para esto no tengo respuesta”.

La versión original de este artículo fue publicada en la edición 317 de Revista Apertura.

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