El Cronista Comercial

CEO de Lumen: "El tren pasa: el inversor que no se suba en la Argentina lo hará en otro país"

Héctor Alonso, número uno de la empresa que tiene 720.000 kilómetros de fibra óptica en 60 países, advierte sobre los efectos que haber declarado a Internet y a la telefonía celular como servicios esenciales tendrá en las 'telcos'

CEO de Lumen:

Desde el mes pasado, Lumen Technologies es el nuevo nombre de CenturyLink, empresa que tiene 720.000 kilómetros de rutas de fibra óptica que prestan servicios a más de 60 países. Fue más que un simple cambio de denominación. "Hace años que la empresa estuvo trabajando en su transformación de compañía de telecomunicaciones a una de tecnología. En esta cuarta Revolución Industrial, hay una enorme cantidad de datos y una imperiosa necesidad de obtenerlos para analizarlos de forma segura, tomar decisiones e innovar. Existe una infraestructura básica de fibra óptica y el 91% de los decisores mundiales considera que esa es la forma en la que se transmitirán esos datos", resume su titular para América latina, Héctor Alonso.

"La pandemia aceleró mucho la demanda de capacidades. No sólo de conectividad: también, de interacción entre nubes públicas y privadas y de seguridad, por los requerimientos (y enorme cantidad de dispositivos) que implicó el teletrabajo", agrega.

¿Fue muy fuerte el crecimiento de demanda por la pandemia?

En la región, el tráfico subió 35% a 40%. Pero lo pudimos absorber porque nuestras redes están preparadas para administrar mucha más capacidad. El crecimiento se notó más, en particular, en abril y hasta la mitad de junio. En la Argentina, el incremento fue cercano al 35%. Hicimos, sí, un trabajo enorme en resolver, en muy poco tiempo una increíble demanda de ancho de banda. En un entorno de pandemia, a veces, es difícil hacer conexiones nuevas. Pero pudimos reaccionar frente a una demanda en la que no se ve un salto así, de golpe, todos los años.

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¿Ese crecimiento obligó a hacer inversiones no previstas o reorientar las planeadas?

Este es un negocio en el cual hay que invertir continuamente en infraestructura y soluciones de plataforma. Invertimos el 20% de la facturación regional en forma recurrente. Este año, nuestro presupuesto iba a ser más alto que el año pasado; también, en la Argentina. Este fenómeno hizo que algunas no se pudieran realizar. Es difícil construir una red cuando la gente no puede, directamente, salir a la calle. Recientemente, hicimos inversiones importantes, esencialmente, en ampliación de capacidad y expansión de conectividad. También, hicimos un desembolso muy fuerte en redes de distribución de contenidos (CDN), que cubre San Pablo, Bogotá y Buenos Aires.

La empresa no tiene un año tan malo, entonces.

En general, y no sólo en América latina, las industrias de tecnología y telecomunicaciones fueron más resilientes al impacto. Se convirtieron en un activo muy importante para permitir que el mundo siga funcionando, con aumento en la demanda de tráfico, en la de conexiones... Lo digo con vergüenza: hemos tenido un año bueno, de crecimiento. Los clientes necesitan acelerar su transformación digital y ahí tenemos un papel importante a jugar. Hay un escenario de aceleración exponencial de este fenómeno de transformación digital.

Es paradójico: la industria de telcos es clave para atravesar la pandemia y la Argentina, por su crisis económica y decisiones políticas, como la declaración por decreto de la telefonía celular, Internet y la TV por cable como "servicios esenciales", entorpecen las inversiones en el sector.

Efectivamente. En la Argentina, hay un tema que afecta, en general, a todas las empresas con insumos importados. Por un lado, la necesidad de comprarlos con una tasa de cambio que se mueve con una frecuencia relativamente baja. Pero, por otro, existen regulaciones que, en una economía inflacionada, impiden incrementar los precios. Es un tema complejo. Obviamente, tiene más impacto en las empresas que proveen el servicio al público masivo. Tienen inversiones (infraestructura, contenidos) dolarizadas. Pero pagan salarios que se inflacionan, tienen topes para sus tarifas y, encima, les dicen que tampoco pueden cortar el servicio por falta de pago. Eso nos pone, como mercado, en una situación bastante complicada.

¿El decreto es anti-inversión?

En el sector, todavía, se está viendo con mucho detalle cómo impactará. Hay que tener cuidado de que la necesidad de permitir que el acceso a Internet sea razonable no se convierta en algo imposible porque no haya una fórmula económica que lo permita. Es un sector muy dinámico. Es muy difícil manejar un programa de inversiones cuando uno no sabe si podrá aumentar sus precios porque necesitará una autorización que, además, definirá de cuánto será ese incremento. Así, será muy difícil que las inversiones vengan.

Pero hay inversiones en sectores que no van a estar tan afectados. El aumento de capacidad para las empresas va a seguir. No les va a importar pagar precios más altos porque lo necesitan. Distinto es el caso de quienes necesitan hacer grandes inversiones en fibra, por ejemplo, para ampliar la capacidad residencial de banda ancha.

¿Tuvo problemas para conseguir dólares?

Todavía no tuvimos impacto. Habrá que ver qué pasa en estas semanas. Si, por este menor acceso a los dólares, se restringe el pago de importaciones, habrá un problema complejo: por las razones que sea, el esquema productivo argentino tiene muy fuerte dependencia de insumos importados. Estamos en un proceso histórico: la aceleración de la cuarta Revolución Industrial. Sería una pena que no podamos subirnos al tren. Porque pasa igual. Y muchos inversores, si no pueden hacerlo acá, se subirán en otro país: en nigún mercado de la región, la arquitectura de conectividad que teníamos hace unos años va a servir para esto. El dinero para invertir y desarrollarlo está. Además, la Argentina es un mercado con necesidades. Pero, al inversor, hay que darle facilidades para que pueda invertir, con un mercado razonable y en el que, si ejecuta bien las cosas, pueda obtener los resultados que espera.

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