El Cronista Comercial

Algo habrá que comer: cómo impacta la pandemia al negocio del agro

Con una posible demanda en alza de alimentos una vez que se normalicen los flujos comerciales, el sector del agro puede ser uno de los que eluda las consecuencias de la pandemia. Cuáles son las perspectivas para los precios de los granos.

Algo habrá que comer: cómo impacta la pandemia al negocio del agro

El paro agropecuario de la semana del 9 de marzo, en respuesta al aumento de las retenciones a la soja –que pasaron del 30 al 33%–, quedó ya en un lejano olvido. Explotó la pandemia del coronavirus y el mundo entero entró en un colapso económico nunca visto. ¿Cómo afectará esta crisis inédita, cuyas consecuencias aún no están claras, al sector agropecuario, el más dinámico de la economía local y responsable principal de la generación de divisas (aportó u$s 40.000 millones en exportaciones en 2019)? ¿Qué escenario enfrenta?

La noticia preliminar para el sector puede ser vista según qué parte del vaso (medio lleno o medio vacío) quiera tomar cada uno. En la lectura “optimista”, los precios internacionales de los granos volvían a subir al cierre de este artículo. La soja en Chicago cotizaba en torno a los u$s 315 la tonelada, el trigo lo hacía en los u$s 210 y el maíz, en u$s 135. En el mercado local, la soja se movía en el rango de los u$s 220 la tonelada en Rosario. Un recorrido opuesto a lo que ocurrió con el precio del petróleo, que sufrió un derrumbe por debajo de los u$s 25 el barril luego de que Arabia Saudita y Rusia no lograran acordar términos de producción en medio de la pandemia –disputa que profundizó la volatilidad.

“Los precios de las commodities agrícolas ya habían ajustado a la baja y difícilmente se vea una caída como la que experimentó el petróleo –analiza Bernardo Piazzardi, experto en agronegocios y profesor de la Universidad Austral. Esta crisis, por lo menos, se da en este contexto de precios bajos”. 

En la mirada al medio vaso vacío, la soja valía u$s 345 la tonelada en el mercado de Chicago a principios de año, antes de que el virus irrumpiera en China. Una diferencia frente a los valores actuales que le restará a la Argentina ingresos por unos u$s 3000 millones, según cálculos de la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara).

Una progresiva vuelta a la normalidad en el gigante asiático, principal comprador mundial –que lograba dominar la pandemia en la provincia de Hubei, donde estalló el foco del Covid-19– y los temores a problemas de abastecimiento en los principales países productores, como Brasil y la Argentina, explicaban la recuperación en los precios internacionales de los granos. También, un convencimiento general de que la comida es lo último que dejará de demandar cualquier sociedad, aun en este contexto, compartían los analistas.

Pero esa situación puntual de precios no ponía al agro al margen del colapso económico generalizado. En el sector preocupaba en lo inmediato, como en todas las actividades, la evolución de la cadena de pagos y el flujo logístico en medio de la cuarentena, justo en plena época de embarques para la exportación desde los puertos de la zona de Rosario. Con la mirada un poco más allá, había incertidumbre sobre qué ocurrirá con el acceso a insumos (fertilizantes y agroquímicos, muchos de ellos, provenientes de China), de cara a la próxima campaña que se avecina.

De acuerdo con las últimas proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, la cosecha actual en el caso de la soja rondará finalmente las 51,5 millones de toneladas, unas 3,5 millones de toneladas menos de las previstas en febrero por la falta de agua en algunas zonas. En cuanto al maíz, se prevén unas 50 millones de toneladas, el segundo mejor registro de la historia. Y en el caso del trigo, unas 19,5 millones de toneladas. “Estamos transitando una muy buena cosecha, que se encamina a ser la segunda mejor de la historia” en su conjunto, de entre 140 y 145 millones de toneladas totales, señala Mariano Tomatis, socio de PwC Argentina y especialista en el sector agrícola. El récord se había alcanzado el año último (cosecha 2018/2019) cuando, luego de la fuerte sequía de principios de 2018 que derrumbó la campaña 2017/18, la Argentina obtuvo 147 millones de toneladas.

“Entre el 60 y el 70% de esta cosecha ya fue vendida antes del cambio de gobierno, por la incertidumbre que generaba un posible aumento de las retenciones”, indica Tomatis. Eso significa que los productores consiguieron un mejor resultado al eludir en los precios el efecto de la suba de impuestos que llegó después. “Será una buena cosecha para el sector”, resume.

Igual, Tomatis admitía que garantizar que la cadena de abastecimiento funcione en condiciones normales –tanto para los embarques de exportación como para la distribución interna– era todo un desafío en plena propagación de la pandemia.

¿Qué puede pasar ahora, cuando a partir de mayo comiencen los trabajos para la cosecha fina de trigo y cebada? El aumento de los derechos de exportación para la soja, del 30 al 33% para los productores que superen las 1000 toneladas por campaña –quienes producen por debajo de esa cantidad recibirán una compensación y tributarán menos derechos– operará en forma plena y ese cambio en la ecuación podría redefinir las estrategias del agro, según los expertos.

“Cuando se achica el margen de los productores por la suba de impuestos, pasa lo que ya pasó en el pasado: se opta por el cultivo más barato posible. En este caso, la soja, en detrimento del maíz”, analiza Piazzardi. “Y con menor rentabilidad, los productores invertirán en menos tecnología y fertilizantes para mejorar sus rendimientos”, proyecta. Sembrar una hectárea de soja cuesta hasta 30% menos que una de maíz (que paga un 12% de retenciones), detalla.

Tomatis comparte el pronóstico. “Veremos una mayor sojización, con menos hectáreas destinadas a maíz y trigo”, prevé. La misma foto de los años previos a 2015, cuando los derechos a la exportación expandieron la superficie de soja en detrimento de otros cultivos. Según el Ministerio de Agricultura, el universo de productores con más de 1000 toneladas anuales representa solo un 26% del total de los actores agropecuarios, pero explica el 77% de la producción de soja. Un dato a tener presente en la configuración de la próxima campaña.

Los especialistas ligados al sector coinciden en que la baja de retenciones al maíz y al trigo luego de diciembre de 2015 fueron factores clave en la expansión de la superficie destinada a esos cultivos, con el mencionado récord de la campaña del año último.

Al maíz le juega otro factor en contra: la caída del precio del petróleo. “Como sustituto de combustible, hace más ineficiente la trasformación de grano en energía, para el caso del biodiesel”, advierte Tomatis.

Aumento de la demanda. 

Con gran parte del mundo paralizado por el coronavirus, ¿qué puede pasar con la demanda de commodities agrícolas? “Esperamos que la actividad agrícola sea de las menos afectadas por su característica especial de proveer alimentos. La oportunidad del sector va a estar en la demanda internacional de alimentos una vez que nos deshagamos de las cuestiones de corto plazo. De hecho, China ya podría estar reponiéndose, conforme algunos análisis preliminares, por ejemplo en lo que respecta a la demanda de carne”, señala Juan Pablo Carrera, gerente General de ADBlick Granos.

Para el ejecutivo, puede haber retrasos en el abastecimiento de insumos en el nivel local pero se tratará más de una demora que de una parálisis. “Cualquier problema de abastecimiento vendrá de la falta de trabajadores o temas de logística. La producción está en marcha”, insiste.

Pablo Adreani, socio fundador de Agripac Consultores y voz autorizada en el rubro, también cree que el sector de alimentos estará entre los menos perjudicados por los efectos de la pandemia. “El mundo debe seguir comiendo y hay más de 140 países que necesitan importar alimentos para satisfacer la demanda de su población. Además, se presupone que podrá haber en el corto plazo un rebote en la demanda y en el precio de los productos agrícolas a medida que los países importadores comiencen a reponer la caída de sus existencias que debieron consumir durante la baja de las transacciones comerciales durante la crisis”, analiza.

Ese aumento de la demanda no representa, con todo, una oportunidad para la Argentina, aclara Adreani, dado que el país ya es un “actor dominante en el comercio mundial de alimentos”. A su juicio, el camino que debería seguir el Gobierno en semejante escenario de incertidumbre es fortalecer al sector agroindustrial. “Algunas de las medidas que debería implementar para provocar un shock exportador son eliminar las retenciones a los productos de las economías regionales, a las specialities y a los productos de valor agregado”, dice. Asimismo, “volver a implementar el diferencial de retenciones a la industria aceitera para que la exportación de aceite de soja y harina de soja sea más competitiva que la exportación de grano de soja”.

Para el consultor, habrá que competir contra un probable aumento de la protección al ingreso de productos importados que muchos países van a imponer y ello obligará a mejorar la competitividad del sector agroexportador, “generando valor agregado real y genuino”.

Piazzardi hace otra observación a tener en cuenta aun en este contexto de parálisis en muchos países: “Estados Unidos y China cerraron un acuerdo comercial por el que el país asiático sumará en dos años u$s 200.000 millones adicionales en importaciones. Dentro de ese total, hay un 15/16% de productos agrícolas”. Y detalla: “Si China venía importando u$s 24.000 millones por año al agro estadounidense, en dos años terminará importando entre u$s 40.000 y u$s 50.000. Ese acuerdo le da una ventaja a los Estados Unidos frente a Brasil y la Argentina, los tres proveedores que nos disputamos el mercado chino”.

Sobre los precios para los próximos meses, el profesor de la Universidad Austral insiste en que parten de una banda inferior, por lo que la volatilidad que pueda verse será una cuestión temporal más que de fondo. “Si miramos la historia, luego de la epidemia del SARS (gripe A) la demanda reaccionó con más fuerza que antes”, recuerda.

“La volatilidad viene de la mano de la logística de distribución de granos y el acceso a mercados, puertos y países. La soja cae cuando China se cierra y su recuperación tiene que ver justamente con la reapertura de este mercado”, observa Marcelo Hegel, CFO de AdBlick Granos, y agrega: “La oferta y la demanda que conforman precios se ven por supuesto afectadas por la cuestión logística y los cierres de fronteras, por eso probablemente sigamos con ciertos niveles de volatilidad”. El ejecutivo, igual, cree que “existen fundamentos alcistas de precio (o por lo menos, que se sostengan)”.

Con la producción en marcha, el sector del agro enfrentará el desafío adicional del financiamiento en un marco de escasez de fondos y plena incertidumbre sobre lo que puede pasar con la oferta crediticia. “Los grandes productores se han venido financiando con la prefinanciación de exportaciones y esas líneas no están disponibles de manera abundante ahora”, indica Tomatis. “Las compañías de insumos son los grandes financiadores del sector y se trata de un circuito que está dolarizado. Con retenciones más altas, el riesgo cambiario y la capacidad de pago del productor se ven afectadas”, remata. Advertencia para cuando pase la pandemia.

(Publicada en la edición número 316 de la revista Apertura; abril de 2020)

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