EMPRENDEDORES EN EUROPA

Se fueron con u$s 300 para vender alfajores, chipá y empanadas: hoy son top y la rompen en Europa

Tres emprendimientos argentinos optaron por vender sus productos en mercados lejos de casa. Las historias de Cielos Pampeanos, Sweetmena y Malá Argenta

La cocina argentina es conocida, y halagada, mundialmente por su carne y particularmente por el famoso asado. Se ha ganado un lugar en el mundo por su alta calidad y porque sus sabores encierran perfectamente la identidad de una nación.

Cocineros argentinos: delivery en cuarentena con música para cocinar y comer en casa

En 2019, el sitio web Taste Atlas elaboró una lista de los platos más icónicos de cada región e hizo un ranking teniendo en cuenta su identidad cultural y sus características distintivas. En el ranking "100 comidas más populares del mundo", la Argentina figura en el puesto 24 con "la parrilla", la mayor costumbre argentina.

Sin quitarle mérito al delicioso asado, no hay que olvidar los otros alimentos característicos de las costumbres argentinas: las empanadas, los chipas y los alfajores rellenos del mejor dulce de leche, claro, el argentino. Estos productos no suelen encontrarse alrededor del mundo, menos en Europa, y hay quienes aprovecharon su escasez para crear mercados que inviten sabores argentinos a los paladares del resto del mundo.

ALFAJORES CIELOS PAMPEANOS

La Pyme familiar de Banfield nació como un comercio de productos gourmet, fundada por el matrimonio de Silvia Chus y Ricardo Vittore. Con la crisis del 2001, y la masiva emigración consiguiente, los empresarios notaron que crecían las compras de budines y alfajores para mandar al exterior, y vieron aquí una gran oportunidad de progreso.

Comenzaron con la producción de aproximadamente 200 alfajores diarios en el mismo comercio que siempre tuvieron. Con la intención de comenzar a exportar, empezaron a pedir consejos sobre cómo empezar y se encontraron con el Cónsul Argentino de la Santa Sede, quien les recomendó comenzar por el Mercosur. El matrimonio fue a la cancillería, dejó su carpeta con todos los datos y pidieron que les avisaran sobre cualquier misión comercial que surgiera.

El momento llegó en 2008, en una misión comercial multisectorial a San Pablo y Belo Horizonte. Fueron a probar suerte y ver que los esperaba del otro lado, y se sorprendieron al encontrarse con 20 empresarios brasileños como contraparte.

Pero no todo fue perfecto, les faltaba financiamiento y no pudieron cumplir las exigencias de sus posibles compradores. La historia llegó a los medios y eventualmente recibieron un crédito del Banco Nación que les permitió instalar el laboratorio y cumplir con todas las certificaciones exigidas por los mercados externos.

Otro obstáculo se interpuso: necesitaban el sello de "alimento argentino" para poder exportar. El problema era que el protocolo existía para proporcionar el sello al dulce de leche, pero no a los alfajores. Junto con las autoridades fueron elaborando las normas y consiguieron el sello para su producto.

Hoy en día producen 600 unidades diarias y tienen tercerizada la fabricación de las tapas. La empresa vende su producto directo a importadores que se encargan de su distribución en Brasil, Chile, Bolivia y la Unión Europea.

Según lo que comentaron a La Nación, para sumar clientes participan en ferias y rondas de negocio en distintos países. También promueven la participación de las mujeres en la empresa y forman parte del programa Ganar-Ganar de Naciones Unidas Mujeres, la Organización Internacional del Trabajo y la Unión Europea.

ALFAJORES SWEETMENA

Gimena y Carola con los productos de SweetMena

Gimena Cigliutti, cocinera y pastelera, emigró de la Argentina hace 20 años para encontrarse con su hermana Carolina que vivía en Italia. Hace 13 años que ambas viven en Londres y hoy en día manejan el emprendimiento gastronómico SweetMena, donde Gimena cocina y Carolina es community manager.

Desde que Gimena llegó a Londres, trabajó en iconos gastronómicos de la ciudad como el estrella Michelin Locanda Locatelli, donde conoció a su mentor Ivan Icra Salicru,y el restaurante de cocina-fusión Nobu.

Pero llegó la pandemia y la extrema cuarentena atacó al sector gastronómico como a pocos. Encerrada en su casa, Gimena comenzó a jugar con la idea de crear un emprendimiento que uniera su amor por la pastelería y sus raíces argentinas. Quería que sus productos no sólo se distingan por sus sabores argentinos, sino también por su elegante packaging.

Empezó a tramitar la licencia "making from home" que exige la administración londinense, para la cual un inspector va a chequear las condiciones de la casa donde se elaborará la comida. Pasó la prueba con el máximo puntaje, contrató un seguro y se lanzó.

Hoy en día, vende unas 150 cajas por mes, con precios que rondan entre las £16 y las £32. Producen cinco productos en total, entre ellos infaltables como las medialunas, los alfajores de maicena y la chocotorta.

Todo el packaging es reciclable y cada producto viene etiquetado con sus ingredientes. No sólo reciben pedidos de todas partes del mundo, sino que también trabajan para empresas y hoteles que venden sus productos. Arrancaron en octubre y desde entonces, sus ventas se triplicaron.

MALÁ ARGENTA

"Malá Argenta" es un delivery de empanadas y chipas congelados y listos para comer en mercados de Praga. El emprendimiento comenzó con un aporte de €280 de cada uno de los cuatro socios: Santiago Pérez Izquierdo, Federico Greco, Mauro Gomelsky y Gustavo López Monfrinotti.

Todo empezó cuando la pareja de Pérez Izquierdo, quien trabaja en eventos, los invitó a que pusieran un stand de empanadas argentinas en una ocasión. Los socios se sorprendieron de lo bien que les fue esa noche y el completo éxito que tuvo su producto.

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Se entusiasmaron con la idea de seguir con los stands de comida, pero llegó la cuarentena y se complicó la ilusión. Entonces, se les ocurrió la idea de hacer los mismos productos pero frizados, para poder venderlos y que cada uno los coma cuando quiera. También, para cocinar pudieron alquilar espacios comunes de gastronomía que son accesibles y permiten no tener local propio, y consecuentemente ahorrar un poco de dinero.

Al principio sus únicos clientes eran latinos que vivían en República Checa, pero con el tiempo se dieron cuenta que la clave para entrar en el mercado checo era manejarse con el mismo idioma que sus ciudadanos. Comenzaron a usar el idioma en las redes sociales y publicidades, y hoy en día los checos representan un 60% de sus compradores.

Ahora, trabajan también con la consultora argentina 384, que tiene clientes de perfiles similares en todo el mundo, para intentar seguir creciendo. El pequeño emprendimiento hoy se ha expandido a tal punto que ellos cuatro solos no pueden con todo, por lo cual buscaron asesoría externa, y entre las ideas para lo que se viene está la de sumar más productos argentinos al kiosko virtual por el que venden.

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