De Banfield al mundo

Empezó en el quincho de la casa de sus padres y acaba de abrir una oficina en México

Noelia Chessari fundó Ninch con solo 26 años y apuesta a traer una visión ágil y emprendedora al mundo de la comunicación. Los desafíos de la industria y los cambios que trajo la pandemia.

Noelia Chessari tiene 36 años y ya es dueña de una agencia que está celebrando su décimo aniversario. Licenciada en Comunicación y Periodismo por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, arrancó a trabajar como periodista a los 18 años, como productora de radio y televisión junto a nombres como Ari Paluch, Sergio Lapegue y Andy Kusnetzoff, mientras también encontraba tiempo para escribir en gráfica. "Siempre fui una apasionada de los medios", se define.

Hubo un momento en el que se encontró trabajando en la radio por las mañanas, en la tarde con el equipo de prensa de Daniel Scioli (cuando era vicepresidente de la Nación) y por las noches, cursando en la universidad. Se preguntó, entonces, cuál sería su próximo paso.

Inspirada por su papá, dejó todo y decidió emprender y en el quincho de la casa de sus padres en Banfield montó su negocio con el objetivo de "hacer la mejor comunicación".

"Veía a la industria muy segmentada entre agencias de PR, de eventos, de social media, de publicidad...y desde mi visión, la comunicación es una", describe la creadora de Ninch, que consiguió sus primeros clientes tocando puertas de locales en Palermo y sin contactos en el mundo corporativo.

"Los primeros años fueron de mucho trabajo. A los 6 meses quedé embarazada de mi primera hija. Y mi novio, mi ahora marido y socio, Fernando Benito, vendió una moto y me prestó US$ 4000 para alquilar un monoambiente que usaba de oficina. Me alcanzaba para 3 meses de alquiler y si no funcionaba, tenía que cerrar", recuerda.

Chessari fundó Ninch con solo 26 años y este año puso un pie en México.

Su estrategia se basó en un modelo de consultoría integral que luego se fue dividiendo en distintas verticales especializadas: contenidos, PR, publicidad, influencers, brand experience, una productora interna y un área de Data.

Todavía no habían cumplido los dos años de vida cuando consiguieron ser la primera agencia de una mucho más chica MercadoLibre. "Ellos siempre fueron muy disruptivo y nos dieron la oportunidad. Gracias a ellos empezamos a crecer y a tomar notoriedad", dice Chessari que a partir de ese momento se reenfocó para captar top brands y hoy, además de MercadoLibre, trabaja con empresas como L'Oréal, Arcor, HBO Max, Electrolux, McDonald's, CCU o Fratelli Branca. "Arrancamos mi marido y yo y hoy somos 93 personas. Empezamos facturando cero pesos y hoy facturamos US$ 5,5 millones al año en Argentina", repasa la emprendedora que este año pasó tres meses en México abriendo operaciones en ese país.

"La comunicación no es algo estático, está en constante evolución, cambia y no se puede definir de forma concreta para siempre. El secreto es entenderla en movimiento. En ese sentido estamos viendo permanentemente lo nuevo que sale", agrega quien también es docente de la universidad que la formó en la carrera de Publicidad y donde se encarga de dar herramientas para que los alumnos salgan con una visión de negocios.

¿Cómo cambió la industria con la pandemia?

La industria de la comunicación cobró más sentido que nunca en la pandemia. Por supuesto al principio tuvimos temor por la situación, pero se demostró que es la comunicación la que mueve el mundo. ¿Qué hubiese sido del mundo en pandemia sin comunicación? Lo que nos mantuvo a flote en el distanciamiento fueron las redes y las distintas formas que hay hoy en la comunicación. Nos permitió seguir trabajando, seguir vendiendo, seguir viviendo a través de la virtualidad. Y las agencias, que brindamos contenidos y soluciones, pudimos ayudar a las empresas a comprender cómo estar en esas conversaciones y ayudarlos en la reconfiguración de sus mensajes.

¿Cómo tuvieron que reconfigurarse?

Cambió muchísimo lo que una marca tiene para decir o debe decir a su consumidor que no es tanto el producto sino llegar con un propósito claro, mucho más humano. Pareciéndose mucho más a una persona que a una corporación. Las empresas se humanizaron y las agencias los ayudamos a dar mensajes alineados al contexto actual. Los ayudamos a tener conversaciones relevantes para el contexto. Hoy una marca que no conversa desde la inclusión, desde su propósito, desde lo sustentable o de los nuevos paradigmas sociales, se queda afuera. Y si además no lo logra insertarse en las distintas plataformas, que son cada vez más, queda afuera del sistema.

¿Qué desafíos enfrentan hoy?

La industria va a ser cada vez más relevante. Pero tiene que profesionalizarse mucho en términos de negocio. Hacer valer el trabajo, el pricing, lo que vale la comunicación. ¿Por qué un estudio de abogados o contadores puede facturar millones pero a la agencia de comunicación no se le permite tener esos valores de mercado? Es un problema de los propios comunicadores. Somos responsables de poner el valor de la profesión. En las carreas nos enseñan de todo menos a hacer negocios, a ser emprendedores. Es una falencia que tenemos desde la carrera y es una de las razonas por las cuales a la industria le cuesta ser fuerte.

¿Qué proyectos vendrán a futuro?

Buscamos ser la agencia independiente más grande de América latina. Porque tenemos una visión integral y buscamos ser los protagonistas de un cambio de paradigma formando profesionales preparados para liderar estrategias con impacto integral. Que realmente la industria se una y deje de estar tan segmentada, porque eso no responde a los paradigmas de la época actual. Mi gran sueño es convencer a los decanos de las universidades para que antes de tener una carrera de especialidad, tengamos que recibirnos de comunicación social. El médico antes de ser pediatra, es médico. Mi sueño es cambiar el paradigma de la educación respecto a la comunicación y sumarle formación emprendedora, con el fin de crear una industria más grande y más fuerte. La comunicación necesita más emprendedores para ser una industria más fuerte.

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