Mujeres Influyentes

Era la mejor vendedora de la empresa y convenció a su jefe de ser socios: hoy exportan a 30 países

Con 28 años Damaris Reynoso cofundó Novachem, la empresa que provee principios activos para laboratorios del mundo. Combina la visión técnica con la de negocios (un perfil difícil de encontrar en su industria) y representa a las nuevas emprendedoras de la ciencia.

 Antes de tener sus primeros "sí", Damaris Reynoso tuvo que derribar varios "no". Esta ingeniera química de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) obtuvo su título a los 23 años, pero encontrar empleo fue todo un desafío. Se presentó para trabajos en grandes corporaciones, mandó su CV sin parar, hasta que al fin la llamaron de una pyme importadora y distribuidora de materias primas para la cosmética. 

Pero enseguida puso pie en el acelerador. Llegó a destacarse por tener un perfil muy difícil de ver en la industria: tenía el conocimiento técnico, pero también se le daban bien las ventas. 

Con ayuda de su padre compró un Fiat Uno y empezó a visitar clientes de norte a sur hasta que se convirtió en la vendedora que más facturaba en la empresa y le planteó a su jefe que quería crecer, pero al ser una empresa chica, pronto llegó al máximo posible. 

Sin embargo, su jefe le propuso que podría apoyarla si ella quería desarrollar algún proyecto propio. Así se convirtió en "intraemprendedora": "Yo tenía algunas ideas, quería estudiar lo relacionado a lo natural y trabajar en el laboratorio con plantas de Argentina y la región", recuerda. 

Fotos: Nico Pérez

Lo que salió, después de dos años de investigación en paralelo a su trabajo habitual, fue Capilmax, un activo natural engrosador capilar y anticaída hecho a partir de alfalfa, lúpulo, romero, meliloto y 11 aminoácidos, que Reynoso envió a modo de muestra a un cliente en Bolivia. La respuesta fue una orden de compra por 500 kilos. Ese fue el inicio formal de Novachem en el año 2008. Reynoso tenía apenas 28 años. 

Renunció a la empresa y su jefe, Diego Ini, se convirtió en socio. "Siempre tuve una personalidad muy inquieta, fui muy ambiciosa con mi profesión desde chica. Pero no tenía tan claro que quería ser fundadora de una empresa, aunque sí quería progresar". 

La visión desde el primer día fue exportar, por lo que Reynoso se pasó los primeros años arriba de un avión buscando distribuidores en la región. Hoy tienen clientes en 30 países y este año entraron a Estados Unidos, uno de sus grandes objetivos. "Buscamos que el mundo sea nuestro mercado, porque la Argentina es un mercado muy limitado. Veníamos de trabajar con empresas exportadoras y teníamos ese know how, por lo que buscamos armar una cadena de distribuidores", menciona. 

Sus clientes son laboratorios de todo el mundo a quienes les proveen principios activos, es decir, la materia prima natural para luego poder hacer distintos productos de cosmética. Por ejemplo, el colágeno o la elastina que se encuentran en muchas cremas provienen de Novachem. "Y ahora estamos haciendo biotecnología, que implica tecnologías verdes: no generás residuos, se hace todo en el laboratorio sin sustancias químicas y partís de una célula de algo autóctono del país". 

Ahora, como directora Técnica Comercial, su principal foco está en trabajar con el equipo de investigación y desarrollo en detectar tendencias y desarrollar nuevos productos. Pero también tiene la mirada comercial y combina ambas tareas. Ahora, además, ocupa su cabeza la mudanza a una planta propia que inaugurarán este mes en el Parque Industrial de General Rodríguez, donde trabajarán 15 personas además de las 25 que emplea hoy. 

"Buscamos que el mundo sea nuestro mercado, porque la Argentina es un mercado muy limitado".

De sus épocas de estudiante recuerda ser la excepción en una carrera llena de varones. Pero, por suerte, cree que la ecuación se está revirtiendo. 

Hoy, embarazada de su primer hijo, asegura que por mucho tiempo eligió priorizar su carrera y postergar su maternidad, un proceso al que muchas mujeres todavía se enfrentan y resulta un punto de inflexión: "No estaba segura de querer ser mamá. No encontraba el momento, estaba todo el día viajando y no me daban ganas. Estaba con toda mi energía puesta en generar el negocio, exportar, armar equipo. Recién a los 38 años me empezaron a preguntar qué iba a hacer, me había separado y decidí congelar óvulos como para tener un resguardo. Está buenísimo que las mujeres podamos tener esa opción", dice la fundadora de 42 años que hace dos entendió que los tiempos de la empresa y los suyos se alineaban para poder formar una familia. "No sé si en otro momento hubiese disfrutado el embarazo como lo estoy disfrutando ahora. Es muy sacrificado armar una empresa de cero", reconoce.

La versión original de esta nota se publicó en el número 335 de revista Apertura. 

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Comentarios

  • MF

    Manuel Fontalvo

    Hace 28 días

    Estas mujeres no sólo inspiran sino que son dignas de admiración y respeto, que bueno saber esta clase de historias

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