MIÉRCOLES 19/12/2018
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Qué es el job sharing y cómo se implementa en la Argentina

El job sharing despegó motivado por mujeres dispuestas a compartir su puesto y su sueldo para no perder la posibilidad de crecer. Hoy, la práctica se posiciona como una forma de atraer talento. Los desafíos de su implementación. 

Qué es el job sharing y cómo se implementa en la Argentina

Empezar la semana laboral un lunes y terminarla un miércoles o hacer lo mismo pero de miércoles a viernes puede sonar a utopía inalcanzable para la mayoría de los profesionales. En los últimos años, sin embargo, la sucursal paraguaya de Unilever llegó a tener seis empleados en simultáneo –de un total de 200– con esa agenda de trabajo. En la filial local de la multinacional, la cifra asciende a 25 casos históricos y en Europa –según un estudio de la consultora Robert Half International– un cuarto de las empresas ofrece esta modalidad.

El job sharing emergió en los Estados Unidos en la década del ’70 y consiste en una política en la que dos personas se dividen casi en partes iguales la carga horaria de un puesto, pero también sus responsabilidades y su sueldo. En palabras de Fernanda Álvarez Apa, del departamento People & Change de PwC, “se trata de una propuesta de valor que las compañías ofrecen para atraer y afianzar el talento, además de acompañar nuevos desafíos de la era digital”.

Suiza es el principal exponente de esta práctica. La Oficina de Estadística de ese país anunció en 2016 que 3,7 por ciento de los trabajadores full time y 9,8 por ciento de los part time compartían su posición con otra persona. Le siguen en importancia países como Alemania y el Reino Unido, donde en el último trimestre de 2016 había 96.000 asalariados trabajando bajo esa modalidad, popular en puestos de gobierno –el servicio civil tiene un sitio web que matchea perfiles para hacer trabajo compartido– y universidades. Para Álvarez Apa, en esos mercados “se usa sobre todo para las personas que están entrando en la etapa de jubilación”. 

Juan Pablo Peries, gerente de Inhouse Services de Randstad, agrega que “en los Indec de otros países encontrás que tiende a ser la mujer la que pide este tipo de puestos, quizás porque son las que más buscan la autorrealización en otro tipo de actividades”, aunque cree que “en la Argentina esta necesidad se va a empezar a desarrollar a partir del pedido de hombres que busquen un segundo trabajo o quieran flexibilidad”.

También menciona otros motivos que podrían hacer crecer esta modalidad a nivel mundial: “Las nuevas generaciones tienen de por sí otros objetivos. No solo buscan el plato de comida arriba de la mesa sino también trabajar por un propósito. Por eso los millennials están empujando tanto la flexibilidad laboral”. Los números acompañan su hipótesis. El estudio “The Gen Z and Millennials Collide at work” de Randstad muestra que en 2016 el 37 por ciento de los jóvenes pertenecientes a la Generación Z y 32 por ciento de los millennials aspiraban a liderar compañías fundadas por ellos mismos o de su propiedad.

En el caso de Unilever, por el momento y según Melina Cao, directora de RR.HH., todos los casos fueron protagonizados por mujeres, mayormente motivadas por la posibilidad de volver a trabajar menos horas después de tener un hijo.  “En general se hace por períodos, porque se cobra el 60 por ciento del sueldo; por eso hay momentos en los que sirve y otros en los que no”, agrega. En Unilever, según Cao, la política para quienes deciden que su etapa de job sharing terminó es, si la persona desea seguir en la compañía, encontrarle un puesto full time.

Peries agrega que no es una práctica mayoritaria: en los países en los que se aplica con éxito trabaja así entre 3 y 10 por ciento de la fuerza laboral. También reconoce que quienes tienden a ser atraídos por este tipo de prácticas son los interesados en dedicarse a hacer un posgrado o aquellos requeridos para formar parte de proyectos pensados para ser llevados a cabo a través de esta modalidad. 

Otra audiencia target, para Álvarez Apa, son los emprendedores en etapas iniciales. “Tienen una buena idea y buscan un trabajo de cuatro horas para tener un ingreso fijo y cobertura médica, mientras el resto del día desarrollan su propio proyecto. Eso, el espíritu de emprendedorismo, es lo que hace atractivo el job sharing en otras partes del mundo”. 

Los desafíos

Más allá de lo atractivo que pueda parecer el job sharing, la modalidad no es para cualquiera. “No hay tantos tipos de trabajo de medio tiempo y, además, tenés que encontrar dos personas que quieran hacerlo”, dice Cao. “El requerimiento básico es que las dos personas puedan congeniar: no es tan fácil compartir el puesto porque es exactamente eso; no es un trabajo part time, sino un mismo puesto dividido en dos. Por eso desde Unilever buscamos que quien lo pide proponga a su partenaire ideal”. 

Para Álvarez Apa, una regla básica debe ser que no se dividan los clientes: “Los dos lo atienden. Tienen que generarle la sensación de que da lo mismo, se tienen que pasar los temas y que no haya celos”. Además, ambos tienen que tener el mismo nivel de entrenamiento, conocimiento y expertise. Peries, en cambio, opina que es mejor mantener a las parejas que comparten un puesto alejadas del trato con los clientes.

La clave, según Cao, es que las dos personas sean organizadas, tengan mucha claridad de cuál es el output de la función y puedan tener su momento tête à tête en la semana, “porque el traspaso cara a cara es mucho más poderoso que el virtual”.

Además de habilidades blandas y una capacidad de empatizar y llegar a criterios comunes para la toma de decisiones en conjunto, Peries comenta que quien vaya a compartir su puesto debe “estar dispuesto a que el mindset del otro prevalezca en ciertas ocasiones, aunque ninguno tenga un cargo superior”. Por esto, a su vez, las características que deben tener estos empleados no van de la mano con determinadas posiciones. “Si necesitás personas muy competitivas en una dirección comercial, es muy difícil que ese puesto vaya a compartirse”. A nivel creativo, sin embargo, la ganancia es “altísima”, ya que “tenés dos mentes en un mismo rol”. 

Entre otros beneficios para la empresa, el ejecutivo de Randstad señala la continuidad del puesto de trabajo a pesar de renuncias, vacaciones, licencias o cualquier otro motivo. 

Los beneficios en cuanto a costos dependen del lado que se mire la balanza. “Se pagan las contribuciones patronales y la ART por los dos, pero desde el punto de vista de la motivación del empleado es mucho más productivo tener a alguien con una vida equilibrada y no a quien está en la oficina ocho horas pero tres de ellas pensando en que el hijo está enfermo. Rinde más”, distingue Álvarez Apa.

Peries nota que en la Argentina la tendencia “está aterrizando”. Y añade: “Es algo nuevo y cada vez se está utilizando más, aunque tiene que haber una oferta de trabajadores que quieran trabajar part time”.

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