El Cronista Comercial

"Falta mayor compromiso del sector empresario con la naturaleza"

Sofía Heinonen es la encargada de continuar legado de Douglas Tompkins frente al The Conservation Land Trust.

Los inviernos durante su adolescencia eran diferentes. Junto a un grupo de amigos mandaban cartas a funcionarios públicos para hacer un relevamiento de campo sobre áreas con potencial para ser protegidas. También organizaban campamentos para hacerlo in situ. Lo que parecía un juego, ella lo abrazó como vocación. Desde 2016, Sofía Heinonen preside The Conservation Land Trust, organización dedicada a proteger y expandir parques nacionales en Argentina y Chile, fundada por el empresario estadounidense Douglas Tompkins, fallecido en 2015. "Ahora hago lo mismo pero con más herramientas, más equipo y más pasión", asegura la bióloga desde Washington D.C.

El proyecto Iberá, declarado como parque nacional en diciembre de 2018, la unió con el filántropo nacido en Ohio. En aquel entonces se mudó a la isla San Alonso con sus dos hijos para trabajar en la creación de una nueva área protegida. El trabajo realizado durante todos estos años rindió sus frutos el año pasado, cuando se constituyeron seis superficies protegidas, sumando así más de 285.000 hectáreas en tierra y 100.000 kilómetros cuadrados en mar.

En sus manos está ahora el legado de Tompkins, quien fue mirado de reojo por muchos en estas tierras cuando inició su camino comprando hectáreas bajo la promesa de que luego las donaría al Estado. "Él creía que los ecosistemas se pueden restaurar, me parecía revolucionario que alguien soñara con que algo degradado pudiera volver a tener esa vitalidad", recuerda la experta.

Había mucho prejuicio respecto a los intereses de Douglas Tompkins cuando comenzó su obra en el país, ¿crees que esa opinión puede haber cambiado con vos al frente de la organización?

Cambió el prejuicio hacia CLT con las donaciones y la muerte de Doug. Cambió al ver que se cumplió lo que prometió porque los hechos hablan por sí mismos. No creo que nadie sepa muy bien que estoy al frente de la fundación.

Ellos tenían una formación empresaria antes de iniciar su rol conservacionista, ¿hay más compromiso hoy de los ejecutivos que en aquel momento?

No, no lo creo. En mi opinión falta mayor compromiso del sector empresario y de los que tienen capital como para dejar un legado al país en naturaleza, ayudando a crear nuevos parques. El rol del sector privado es apostar a las economías regionales restaurativas en torno a los parques para generar servicios turísticos y nuevos productos del boque. Además, sería bueno que ayuden a financiar y equipar los parques para que tengan mejor infraestructura de uso público. Que el sector privado esté también ayudará a que haya empleo en las comunidades vecinas y potencie lo que nace a escala experimental con fondos filantrópicos.

Trabajaste en el Estado y en ONGs, ¿desde qué posición se puede hacer un mayor aporte?

Trabajar en Administración de Parques Nacionales da legitimidad para tomar decisiones, es resolutivo. Tenés la posibilidad de generar regulaciones y procedimiento innovadores, además de poder convocar a todas las partes. Se pueden generar políticas públicas que escalen rápido. En cambio, desde los privados ganas en rapidez para implementar, sobre todo si es en tierras propias. El privado, al igual que las ONG, es muy eficaz a la hora de implementar proyectos.

¿Qué sectores les imponen trabas a la hora de trabajar?

Los miedos generalmente vienen del sector ganadero, aunque deberían ser los que más apoyan. Como ellos, queremos que haya más ruralidad, orgullo por la cultura local y trabajo para que la gente se quede viviendo en el campo. El miedo al cambio del uso de la tierra y, a veces, a tener de vecino al Estado es lo que genera conflictividad. Lleva tiempo entender que el parque permite la convivencia con la ganadería y suma al turismo como una nueva oportunidad.

¿Qué aprendiste de esos conflictos?

Muchos fueron por no trabajar con una visión que integrara las economías locales y las comunidades. Lo fuimos aprendiendo con la interacción con los municipios, la Nación, y al encontrarle una misión más sociales y económica, además de la ambiental. Entendimos que cuando uno habla de proteger la naturaleza tiene que tener un enfoque regional y uno económico y social para que esto realmente sea revolucionario.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Ahora estamos trabajando en el Impenetrable en Chaco, en Santa Cruz con el Parque Patagonia y en Iberá en Corrientes, este último es el proyecto modelo con el que estamos trabajando junto a la Provincia, la Nación y los municipios. El trabajo de crear un parque y generar producción de naturaleza demanda entre 10 y 20 años. La creación de los seis parques de 2018 fue producto del trabajo previo de los años de trabajo previo. Nos gustaría empezar de a poco en la costa de Chubut para hacer un parque costero junto al municipio de Camarones. Además, estamos apoyando la creación del Parque Provincial Península Mitre. Esperemos que la iniciativa del Gobierno de crear áreas marinas protegidas siga siendo una visión cada vez más fuerte y que, en el futuro, podamos contar con un sistema modelo también en lo marino.

¿Qué potencial tiene la Argentina en materia de áreas protegidas?

Hoy el país tiene una ínfima parte de su territorio protegido, alrededor del 8%. En muchos casos, sin manejo ni presupuesto. Ahí tenemos un gran desafío por delante para que funcionen bien porque sabemos que el planeta necesita al menos un 30% de ecosistemas funcionales para que podamos mitigar el cambio climático y frenar la crisis de extinción. Es necesario un cambio de paradigma en las economías regionales a partir de áreas protegidas, hay mucho por hacer en la Argentina.

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