El Cronista Comercial

Camellos y cebras: quiénes son los nuevos emprendedores que cautivan a los inversores

La pandemia hizo que surgiera este nuevo tipo de perfil emprendedor, preparado para resistir a ambientes hostiles y a cuidar al máximo sus recursos. A su vez, los emprendimientos liderados por minorías y con foco en el propósito tomaron otro protagonismo. 

Camellos y cebras: quiénes son los nuevos emprendedores que cautivan a los inversores

La pandemia del coronavirus trajo a la mesa de los emprendedores nuevos desafíos que vinieron asociados con la idea de reinvención y agilidad de respuesta. Pero también contribuyó a que los fundadores reforzaran, o directamente adquirieran, características de liderazgo asociadas con la empatía y la capacidad de adaptación. Si el emprendedor estaba acostumbrado a trabajar en un entorno sinuoso, el virus hizo que el terreno se transformara en verdaderas arenas movedizas.

En ese contexto surge un nuevo tipo de emprendedor: el camello, que será el protagonista de la post pandemia por su particular perfil. Según María Julia Bearzi, directora Ejecutiva de Endeavor Argentina, al igual que el animal jorobado, estos emprendedores están preparados para adaptarse a un hábitat hostil, caminar largas distancias y servirse de la tracción de sus patas para no quemarse ni hundirse en la arena caliente. Sobreviven semanas a la escasez y sequía con sus reservas sin alimentarse ni beber agua y soportan cargas pesadas sobre su espalda.

Para la experta, ese es el perfil que saldrá victorioso de este contexto: compañías que vean las oportunidades aun en los ambientes más complejos y aprovechen su naturaleza para seguir adelante. “Sus prioridades son atravesar los desafíos que les presenta la actualidad, pero transformándolos en una estrategia para ampliar su alcance, estar más cerca de los clientes, administrar inteligentemente sus recursos y no descuidar su misión ni propósito”, aporta Bearzi y destaca que esta especie puede encontrarse en cualquier sector, pero todos cuentan con una mentalidad de crecimiento, actitud resiliente y adaptabilidad.

Para Bearzi, el surgimiento de este perfil entrepreneur puede traer grandes oportunidades de negocio, y para afirmarlo se basa en la experiencia: “Según un informe de Startup Genome, más de 50 unicornios tecnológicos comenzaron durante los años de recesión de 2007-2009 y están valorados en un total de US$ 145.200 millones, entre ellos Airbnb, o Uber. Si bien esa crisis no contó con un componente social tan importante como esta, será clave estar alerta a las necesidades y demandas de los consumidores en la nueva normalidad, y transformarlas en oportunidades”.

María Julia Bearzi, directora Ejecutiva de Endeavor Argentina.

Claro que este tipo de emprendedor todoterreno se asimila mucho a la típica actitud emprendedora argentina, acostumbrada a dar batalla contra viento y marea. “Emprender demanda tener una personalidad dispuesta a tomar riesgos y más en la Argentina”, resalta Bearzi. Sin embargo, el modo de actuar de los camellos frente a la crisis provocada por el virus definirá no solo la continuidad de su negocio sino la visión que los inversores tengan de ellos.

“Esta nueva realidad obligó a los emprendedores a revisar sus planes y sus números; tomando, en muchos casos, medidas extremas para asegurar su supervivencia. Seguramente los inversores a futuro valoren mucho más que antes a un equipo emprendedor casi obsesivo con el ROI (retorno sobre la inversión) y el cuidado de los números, el dinamismo y capacidad de negociación, y fundadores que sean buenos líderes, centrados y con capacidad de reacción”, analiza desde Endeavor.

Las cebras resisten

El llamado “movimiento cebra” surgió en los Estados Unidos hace menos de cinco años como una respuesta a los unicornios (aquellas empresas que alcanzan una valuación de mercado superior a los US$ 1000 millones) a cargo de un grupo de mujeres emprendedoras que detectaron que había pocas inversiones destinadas a emprendimientos liderados por minorías.

Con el nuevo contexto, este tipo de empresas toman otra importancia, no solo por su carácter diverso sino porque ponen al propósito en un lugar protagonista. “La principal diferencia con los unicornios es que las cebras existen. Hablan de prosperidad sostenible, de resultados apuntados a la pluralidad, de una mirada más comunitaria”, explica Juan Carlos Ferraris, Idea Amplifier & Product Design de Venturebees, el brazo de apoyo a emprendedores de la tecnológica Redbee Studios, especializados en captar este perfil de emprendedores en la Argentina.

Además de una mirada altruista del negocio, las cebras se caracterizan por tener estructuras más pequeñas, lo que les permite ser ágiles y acomodarse con facilidad a situaciones como la actual. “No necesitan tener un crecimiento exponencial. Se paran de otra manera y al tener menos estructura tienen menos riesgos”, destaca Santiago Lorenzo, Tech & Digital Innovation Lead de la organización.

Sin embargo, los dos destacan que estas características no necesariamente los hacen menos interesantes para los inversores, sino lo contrario. “Buscar un unicornio requiere invertir más y en más cantidad de emprendedores. En un portfolio de cebras, todas buscan ganancia, y no se trata de que haya un ganador que salve al resto”, aporta Ferraris y explica que este modelo también se adapta más a América latina, donde la gran mayoría de la fuerza empleadora proviene de las PyMEs y MicroPyMEs, asociadas al modelo cebra.

Modelos con una visión de triple impacto, como la de las cebras, y más resilientes, como los camellos, son los que mirarán con más atención los inversores. “El inversor invierte en las personas más que en los proyectos. Poder sobrellevar una situación como la pandemia es una capacidad que vale mucho más que el negocio para el inversor. Te muestra los valores, tu poder de adaptación y de transformación, con un crecimiento más orgánico”, apunta Lorenzo.

La versión original de esta nota se publicó en el número 321 de Revista Apertura.

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