El Cronista Comercial

Violencia de género: tres mitos que obstaculizan a las empresas ocuparse de la problemática

La prevención puede eliminar los patrones de gestión inequitativa y aumentar la rentabilidad de la compañía.

por  GUILLERMINA GORDOA

Directora del Área de Género y Diversidad de Fundación Oportunidad. Lic. en Piscología y Psicodramatista

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Muchas veces nos preguntan por qué una empresa debería ocuparse por la violencia de género. Pero los debates de género están atravesando todo. Incluso el negocio donde u$s 12 trillones aportaría al crecimiento global avanzar en la equidad de género, según Mckinsey&Company. En las empresas se reproduce a nivel cultural y vincular lo que sucede en la sociedad. Las violencias basadas en las jerarquías de género son las más capilares e invisibles y las que hay que trabajar si apostamos a un cambio cultural. 

La pregunta que hago a las grandes empresas es: ¿Cuántas mujeres hay en la firma? Si se estima que una de cada tres mujeres sufrieron violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia sexual por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento, ¿cuántas de sus colaboradoras lo pueden haber sufrido? Si sabemos que hasta el 70% de las mujeres experimentaron violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental. ¿De quién es la responsabilidad de ayudar? De todos. 

La equidad no solo es un debate ético y social, sino un reto económico. La violencia contra las mujeres genera costos invisibles: daña la fuerza laboral, disminuye la capacidad, deficiencia en la toma de decisiones, coordinación y control. Tardanzas, ausentismos, rotación y gastos de salud, entre otros. Está comprobado el alto costo que tiene no ocuparse, y no involucrarse en la detección temprana. Que una empresa asuma el trabajo sobre los micromachismos, los sesgos inconscientes y la prevención de la violencia será clave a nivel de marca empleadora y la atracción del talento.

¿Por qué muchas empresas no se ocupan del tema? Hay tres mitos: de lo privado, de clase y de la incidencia.  El primero es la creencia de que lo que pasa en la familia no es un problema de la empresa. Esta creencia opera negando los efectos que la violencia tiene en términos de productividad. Y opera invisibilizando a las víctimas. Esto nos lleva al mito de clase e incidencia. Las falsas creencias respecto de que mujeres fuertes, profesionales, económicamente independientes no pueden padecer violencia y que en la empresa "no hay casos". 

No se puede no hacer nada. La prevención puede eliminar los patrones de gestión inequitativa y aumentar la rentabilidad de la compañía. Con nuestro equipo de Diversidad y Género acompañamos en las definiciones de cada organización y en la coconstrucción de iniciativas desarrollar.  

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