El Cronista Comercial

Ventas garantizadas por u$s 2500 millones distorsionan el mercado de arte

La mayoría de las obras millonarias salen a la venta con esta práctica. Abarca al 30% del arte contemporáneo, que es el de mayores alzas de precios

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Hace unos días se vendió en u$s 90 millones la obra más cara de un artista contemporáneo, el británico David Hockney (81). Su obra, realizada en California en 1972, no sólo sorprende por la suma sino también porque, curiosamente, la promoción hizo incapié en que se vendía sin reserva (ni base) y al mejor postor, con lo cual se podría haber vendido también en unos pocos dólares. Pero se vendió en la suma que el mercado manejaba.

Desde hace unos años la mayoría de las obras millonarias que salen a la venta tienen garantía de compra por parte de la casa de remates o bien por terceros interesados en ella, o en la posibilidad de ganar dinero sin necesidad de invertir, simplemente comprometiéndose a comprarla en un precio preestablecido, como si fuera una apuesta a futuro. Esto generó pérdidas millonarias durante el período 2008-2010, en donde la burbuja del arte estalló y los rematadores tuvieron que pagar sumas millonarias por obras que no encontraron comprador. Este año se han garantizado ventas por la enorme suma de u$s 2500 millones. Una locura sin duda que, en mi opinión, distorsiona el mercado de arte e infla los precios de las obras. También significa un conflicto de intereses ya que los garantes son clientes reales y potenciales del mercado y tienen información privilegiada antes de la venta, ya que conocen el precio mínimo y además pagan menos comisión si se adjudican la obra, o bien reciben dinero si se supera la garantía que han dado.

Sotheby’s lo llama “oferta irrevocable” y Christie’s “garantía de terceros”. Es lo mismo, ambas lo informan en el catálogo de venta y, cuando es de último momento, lo dicen al comienzo de la subasta donde ya a nadie le importa. Los más activos como “garantistas” son aquellos que tiene un gran stock de obras de los artistas garantizados. Entre ellos, la familia Nahmad (principales tenedores de obras de Picasso entre otros) y los Mugrabi (con centenares de obras de Warhol y de Basquiat, entre otros). Un 30% del arte contemporáneo y de pos guerra que se vende está garantido y es el sector de mayor incremento de precios. El que garantiza la compra, antes de la venta, tiene dos posibilidades: se quedan con la obra en el precio deseado y pagan menos de la comisión del 12% que pagan las compras millonarias o si supera su garantía, no se quedan con la obra pero reciben un porcentaje de la suma pagada sobre la garantía que dio.

La mayoría de las obras que salen a la venta con una estimación de u$s 10 millones están siempre garantizadas por alguien. Las casas de remate dicen que si no lo hacen, no logran que les consignen a la venta las mayores obras. También es cierto que antes de poner a la venta una obra en remate, hay una previa subasta entre tres o cuatro casas de remates, negociando cuánto cobrarán al vendedor y, además, en cuánto garantizarán la venta.

A veces, como ocurrió el año pasado, venden un Modigiliani en u$s 157 millones pero la casa de remates no recibe nada y lo que gastó en la promoción de la misma fue todo a pérdida. Lo mismo pasó con un Picasso y la pérdida se vio reflejada en el balance.

Creo que están jugando con fuego y corren serio peligro de quemarse. Aquí, en nuestro país, no se usa esta práctica y solamente se negocia la comisión del vendedor, los compradores pagan más del 18% sobre el precio de martillo y creo que sería bueno manifestar cuando un lote no se vende. Luego salen los resultados de las ventas y las mismas no son confiables porque algunas casas de remate dicen que un lote este vendido, aunque esto no sea verdad. Otro escándalo del mercado se dio en los ´80 con los préstamos que hacían las casas de remate a sus compradores para pagar los lotes. El caso emblemático fue “Los Lirios”, de Vincent Van Gogh que tenía como base u$s 20 millones y un australiano, Alan Bond, dijo que esa suma la pagaba pero no tenía efectivo para pagarlo más. La casa de remates le dio u$s 25 millones de préstamo a pagar si compraba la obra. Un japonés era también interesado y pujó hasta u$s 45 millones. Finalmente, Bond compró el cuadro en u$s 52 millones. Si no hubiera tenido el préstamo, la obra la hubiese comprado el japonés y el precio de venta sería la mitad. Para colmo de males Bond quebró y la obra fue comprada luego por el Museo Getty en suma no revelada. Hoy lo podemos disfrutar en Pasadena, California.

Este tema de garantías, más otros papelones, como la autodestrucción de una obra de Banksy con complicidad del artista y la casa de subastas, aunque lo nieguen, hacen menos transparente de lo que era a nuestro mercado de arte.

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