El Cronista Comercial

Un indio y un argentino, los verdaderos ganadores del desafío Pepsi

Dia recibe una inyección de 771 millones de euros

Queremos dar vuelta la página en la Argentina.

-Me parece perfecto.

-Pero va a ser sin el equipo de m... que tenés.

-Es el que venía trabajando. Yo muero con el equipo.

-Bueno. Entonces, lo hacemos sin vos.

Sergio de Francesco estaba aturdido. Era abril de 2017. Promediaba su tercer año como gerente general del negocio de alimentos de PepsiCo Argentina. Era, además, el presidente del directorio de la filial. Había peregrinado a Miami para repasar con su jefe, por enésima vez, la implementación de un proceso que, en ese momento, activaba su fase final. Puertas adentro, se lo llamaba “proyecto de productividad”: el shut-down de la planta de Florida y la migración de su producción de snacks y galletitas a Mar del Plata, donde invirtió u$s 140 millones entre 2009 y 2016.

Su jefe era Roberto Martínez. Argentino, CEO de PepsiCo Alimentos para Centroamérica y Sudamérica. “CASA”, en la jerga de la corporación.

El 19 de junio de 2017, a las 10 de la noche, Florida bajó sus persianas. Hubo 536 despidos. El cierre detonó el aquelarre de piedras, gases, heridos y detenidos que se conoció como “la batalla de PepsiCo”.

Hacía ya semanas que la empresa estaba sin CEO. De Francesco, formalmente, renunció en mayo. Había llegado a su cargo tras la desvinculación de Pablo Montivero Araya, a cuyas espaldas el management regional había empezado a activar el proyecto.

De Francesco y su equipo le habían dado forma. Fue un trabajo de ingeniería legal, financiera y de lobby, de precisión milimétrica y desarrollado con hermética confidencialidad a lo largo de dos años. Capitán acostumbrado a aferrar el timón en la tormenta, le pedían que hiciera desfilar por la tabla a su tripulación. El ímpetu con el que Miami pretendía recorrer la última milla, además, amenazaba con detonar la laboriosa construcción previa. Cuando De Francesco, de 52 años, volvió a Buenos Aires, se tomó vacaciones pendientes. No volvió a pisar la filial.

Martínez había sido un interlocutor confiable. Después, se alineó 100% el indio Laxman Narasimhan, todopoderoso CEO para América latina, primero, y para todos los mercados emergentes, después. Laxman -como se lo llama en la empresa- tenía una misión: revertir los resultados en la región. Chocó, en ideas y métodos, con el management argentino, acostumbrado a una autonomía que le era difícil de tolerar. En 2015, por los resultados de 2014, recortó un 40% su presupuesto. También, impuso decisiones comerciales costosas para un mercado inflacionario y recesivo, recuerda un ex ejecutivo local.

En 2016, con una facturación neta que creció 8%, a $ 4759,7 millones, PepsiCo de Argentina perdió $ 1182,52 millones, casi 12 veces más que el año anterior, también cerrado en rojo. Sus estados contables, auditados por KPMG, mostraron un patrimonio neto negativo de $ 118,8 millones. Había sido positivo en $ 491,36 millones en 2015. Durante el primer semestre de 2017, requirió cuatro inyecciones de capital, por un total de $ 1435,86 millones.

En esos meses, expulsó a perfiles críticos, de Marketing, Comercial, Finanzas, Recursos Humanos, Legal y Asuntos Públicos. Martínez tomó el control remoto del cierre. Todo un desafío. Vista como obsoleta y logísticamente complicada, Florida era irrecuperable por sus niveles de ausentismo (11%) y una conflictividad sindical que frustró intentos de mejoras de productividad.

En octubre, disipada la polvareda, designó un nuevo gerente general. Pablo García, de 40 años, promovido de Marketing. Dejó de serlo a mediados del año pasado, después de una reunión con Martínez. Por las pérdidas de 2017, la empresa necesitaba una nueva capitalización. No habría sido la causa del despido. Entre conocidos, García asegura que la empresa estaba encarrilada hacia la rentabilidad, con tasas de crecimiento de doble dígito, en volúmenes. No habría sido el pupilo dócil que se esperaba en CASA. Se lo reemplazó con otra promesa: Martín Ribichich, argentino de 37 años que era gerente de Comercialización y Ventas en Chile.

Hace dos semanas, PepsiCo anunció cambios en la región. La argentina Paula Santilli, CEO en México, reemplazó a Laxman, promovido a máximo jefe comercial a escala global. Y Martínez, quien ya era responsable comercial de toda la operación (alimentos y bebidas) para América latina, fue designado presidente de la filial mexicana, “uno de nuestros mercados más importantes”, resaltó el indio en el comunicado de los nombramientos. La proclama de los vencedores. Los ganadores del desafío Pepsi.

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