El Cronista Comercial

Todos para uno: cuando la realidad no necesita consensos

Ya las había unido la lucha con el hambre. Con la llegada del coronavirus, la base es el trabajo en red y la articulación.

Todos para uno: cuando la realidad no necesita consensos

La idea era terminar con el hambre y superar la grieta, pero llegó el coronavirus. Si el consenso a principios de este año consistía en activar de manera urgente un esquema público privado para terminar con el hambre en el país -y sus condiciones socioeconómicas asociadas- muchas firmas vieron en el programa del nuevo gobierno, "Argentina contra el Hambre", una posibilidad cierta de articular con el Estado para lograrlo. Por fin, la posibilidad de sumarse a una política de Estado. El GDFE, junto a CEADS y Amcham y el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales comenzaban a hablar.

Para lograr el objetivo, se relevaron más de 150 iniciativas que el sector privado ya desplegaba en 24 provincias y generaban más de 300 intervenciones territoriales y programas de alcance nacional y regional relacionadas con el fortalecimiento de organizaciones de la sociedad civil e infraestructura de bien público. "Sobre esta base de acciones de las empresas -financiamiento de estudios antropométricos, de nutrición infantil hasta donaciones de alimentos, programas de huerta y pediatría rural, entre otros- se atenderían las necesidades detectadas por el Estado; todavía tenemos previsto estructurar iniciativas público-privadas para abordar conjuntamente este problema, potenciando esas iniciativas que ya existen en los territorios", detalla Javier García Moritán, director ejecutivo de Grupo de Fundaciones y Empresas.

Pero irrumpió la emergencia del COVID-19 y las empresas reaccionaron rápidamente: nuevas contribuciones se volcaron a insumos médicos -respiradores, elementos de protección personal, camas de terapia intensiva, donadas a centros de salud, en coordinación con el sector público- y a alimentos. El diagnóstico es que la situación social apremia y sus consecuencias serían más severas que las sanitarias. La Cruz Roja, Cáritas y Banco de Alimentos surgieron como las instituciones elegidas para liderar junto al Estado, la acción social de las empresas.

Acciones coordinadas

Hoy, "Una sola hinchada" es la única campaña social con foco en alimentos que busca cubrir todo el territorio argentino y abastecer a 5000 comedores y centros comunitarios. "Por primera vez los clubes de fútbol se unieron para una acción social y sus figuras son claves para llegar a rincones el país donde otras instituciones no tienen presencia", dicen en GDFE quienes coordinan la acción con auditoría de EY y la participación de los 24 clubes de Primera División de la AFA. La propuesta es simple: donaciones desde $500 para la compra de alimentos y productos de limpieza que llegan directamente a Cáritas y a la Red de Bancos de Alimentos, la opción para atender a los miles de trabajadores informales que quedaron por la cuarentena en situación de vulnerabilidad social, muchos de los cuales nunca habían recibido asistencia alimentaria.

Otra iniciativa, #SeamosUno, es la campaña organizada por Compañía de Jesús, Cáritas, Banco de Alimentos, Consejo de Pastores Evangelistas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA), junto con organizaciones empresariales y sociales, y tiene el objetivo de entregar 1 millón de cajas con alimentos y productos de higiene y limpieza a los hogares con mayor necesidad de CABA y de Provincia de Buenos Aires, llegando a 4 millones de argentinos. La asociación ya está entregando las primeras 100.000 cajas cada una de las cuales contiene 56 raciones, que cubrirán las necesidades alimenticias de una familia tipo durante una semana. Los productos de las cajas solidarias se logran al costo, gracias al aporte de las empresas alimenticias y de productos de limpieza que los elaboran. La logística también es donada por el sector empresario: Cedol, la Cámara de Logística, y varios de sus socios contribuyeron con cuatro naves de distribución estratégicamente.

El rol del tercer sector

Las ONGs ayudan en la identificación de las zonas prioritarias de distribución de las cajas de alimentos, en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de CABA y el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires. Los puntos de entrega son comedores de Cáritas y Banco de Alimentos, parroquias, templos e iglesias evangélicas de cada localidad, ya que las organizaciones religiosas y del tercer sector cuentan con una importante red comunitaria y un amplio conocimiento del territorio. Con 350 voluntarios, que garantizan la profesionalidad del proceso, desde la recaudación hasta la llegada de las cajas a las familias que lo necesitan, y un control exhaustivo de la recaudación, adquisición de productos, control de las cajas alimentarias y entrega de éstas, auditado por Deloitte, E&Y, KPMG y PWC, se asegura la transparencia del proceso.

Cáritas Argentina es parte importante de la iniciativa: puso a disposición sus extensas redes diocesanas y parroquiales que trabajan en barrios en contextos de alta vulnerabilidad e indigencia y aporta su logística para distribuir la ayuda alimentaria. Más allá de la situación de Conurbano y CABA, los datos de la organización caritativa de la Iglesia Católica son elocuentes si se trata de dimensionar la catástrofe social y económica que trae aparejada la pandemia: luego de la declaración de emergencia por el COVID-19, Cáritas tuvo que incrementar en un 50% la asistencia alimentaria que brinda a comunidades vulnerables de todo el país, según Mons. Carlos Tissera, presidente de la institución. También aumentaron los pedidos de ayuda de las organizaciones con las que colaboran además de sumarse otras más. Como ejemplo, en su diócesis de Quilmes, "40% de la población que vive de changas y trabajos informales no tiene qué comer", explica Tissera, motivo por el cual transformaron los merenderos en comedores. "Tenemos 62 centros a los que asistían en promedio unos 10.000 niños y niñas de los barrios más vulnerables. Pero ahora se asiste hasta un 50% más de personas, también adultos", dice.

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